Después de años de enfrentamientos en Libia, los enviados de la ONU han señalado que estaban cerca de concluir un acuerdo este mes que habría llevado a las facciones del país a reunirse en una conferencia para acordar un gobierno unificado y un plan electoral.

Pero Jalifa Haftar, un señor de la guerra de 75 años que aspira a convertirse en el próximo presidente libio, lanzó una ofensiva contra la capital, Trípoli, que dio al traste con el proceso de paz y podría llevar a una nueva guerra civil árabe devastadora, escribió el Washington Post.

“¿Qué motivó a Haftar a creer que debería buscar la victoria militar en lugar de un compromiso? En los últimos días, la respuesta se ha vuelto gradualmente clara: su ofensiva ha sido apoyada materialmente por Arabia Saudí, Egipto y los Emiratos Árabes Unidos”, el mismo trío que estableció el bloqueo contra Qatar.

Según el diario estadounidense: “Haftar obtuvo el apoyo de estas potencias externas, así como de Francia, durante años, incluso cuando consolidó el control del este de Libia y estableció un régimen rival del gobierno de Trípoli, que está reconocido por la comunidad internacional”.

“Pero unos días antes de lanzar su última ofensiva, el llamado general fue a Arabia Saudí, donde se le había prometido ayuda multimillonaria para financiar la operación de ataque a Trípoli, según un artículo publicado en el Wall Street Journal. Este dinero, destinado a pagar a los líderes tribales y reclutar a nuevos combatientes, representa otra apuesta arriesgada por parte del príncipe heredero, Mohammad ben Salman, quien ya lanzó una intervención desastrosa en Yemen, así como intentos infructuosos de someter a los gobiernos del Líbano y Qatar.

Por ahora, el intento de instalar Haftar en Trípoli no parece haber tenido éxito. Las fuerzas de Haftar incluyen a criminales de guerra y representantes del wahabismo saudí.

“El resultado más probable es que la ofensiva quede estancada y estos combates supongan únicamente un sufrimiento inútil para los libios, miles de los cuales han sido ya desplazados por los combates. El flujo de refugiados a través del Mediterráneo hacia Europa podría aumentar y el Daesh podría resurgir y todo esto gracias a las injerencias de algunos gobiernos árabes que la administración Trump califica como aliados próximos y socios en la región”, concluye el Post.

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