«Como seguramente sabrá el lector versado sobre la situación económico-política actual de España, al respecto de los procesos electoral sucedidos y por suceder en lo que va de año, hemos asistido a toda una serie de publicaciones, opiniones, sobre el peligro del «ascenso del fascismo». Grupos políticos perfectamente encuadrados en esa tendencia ideológica estén ocupando espacios públicos vía electoral, en lo concreto refiriéndonos a la entrada del partido Vox en el gobierno de Andalucía así como ahora al «Congreso de los Diputados». Un grupo político cuya campaña estaba fundamentada en explotar, aprovechar y cosechar mediante discursos y consignas populistas el hastío ya bastante común surgido a la sombra de corrupción galopante, y de la crisis económica de la que aún no se ha salido, así como la reducción tanto del nivel adquisitivo de la población como del derecho laboral que ha pauperizado a grandes masas de la población. En el mismo sentido, también hemos de abordar el popularizado temor-creencia que auguraba que dicha formación, Vox, quedaría por delante de partidos tradicionales en las elecciones del 28 de abril de 2019, cosa que finalmente no ha sucedido.

Varias de las cuestiones que vamos a comentar lo haremos por encima, ya que algunas de ellas, y en especial las referidas por organizaciones no comunistas o pseudocomunistas, han sido expuestas en demasía en este medio. De todos modos siempre que sea preciso, dejaremos los enlaces para que el lector que lo desee pueda profundizar.

Veamos algunos puntos.

1. Un análisis de los resultados electorales del 28 de abril de 2019

Para ponernos en situación debemos de atender al hecho que las elecciones del 28 de abril de 2019 fueron convocadas a causa de la incapacidad de Pedro Sánchez, y del Partido Socialista Obrero Español (PSOE), para sacar adelante los presupuestos del año próximo; algo bastante predecible si consideramos que se encontraba gobernando en minoría, y que le arrebató el gobierno al PP de Mariano Rajoy mediante una «vía no electoral» pero constitucional que exigió la colaboración de varios grupos políticos con diferencias programáticas pronunciadas; esto arroja una evidencia clara, la unidad de esas fuerzas políticas solo fue circunstancial y a propósito de la aplicación de la «Moción de Censura» a Rajoy, una vez alcanzado no había nada que pudiera mantenerlas en un propósito común.

Lo primero que hay que observar es la participación: 75,75%, un 9,3% mayor que en las elecciones de 2016. Estas cifras tumban las fantasías de anarquistas y anarcoides disfrazados de comunistas sobre la llamada revolucionarización de las masas y la «presunta completa pérdida de ilusiones sobre el parlamentarismo» con que adornan su propaganda. Y es que si algo han demostrado estas elecciones es la vitalidad del sistema capitalista y sus representantes que se sostienen a pesar de los sonados casos de corrupción e incumplimiento de sus promesas electorales. Además se observa la debilidad manifiesta de la clase obrera y sus organizaciones, ya que no hay ninguna organización ya no marxista sino revolucionaria, que haya logrado representación. Esto será analizado más adelante.

Los resultados en las elecciones son los siguientes, a grandes rasgos.

El sorprendente resultado del PSOE con 28,68% y 123 escaños, supone un amplio ascenso, el cual es difícilmente explicable si tenemos en cuenta que Pedro Sánchez no ha cumplido prácticamente ninguna de sus promesas que esgrimía poco antes de solicitar la «Moción de Censura» contra la Presidencia de Mario Rajoy y el PP. Que en estos meses haya logrado ampliar los apoyos pese a incumplir su programa solo puede explicarse por el miedo que ha causado la irrupción de Vox en el gobierno andaluz y sus primeras medidas reaccionarias tomadas desde una posición de poder. Ha habido pues un efecto rebote por el «ascenso del fascismo», Vox, que ha hecho movilizarse al electorado que generalmente se encuentra en el espectro ideológico a la izquierda del PP-C’s y Vox.

Aclaremos desde ya que en nuestra época histórica la izquierda solo puede ser marxista-leninista, proletaria, y que la denominada izquierda, no marxista, la institucionalizada, en realidad forma parte del espectro político de la derecha que en la práctica defiende las posiciones económicas de la burguesía que van desde una comprensión neoliberal hasta la visión socialdemócrata donde se hipertrofia la discriminación positiva y la asistencia de ciertos sectores.

Continuando con el tema central, si bien ha habido una mayor movilización de votantes del PSOE que se encontraba desencantados y hasta apáticos, este también se ha beneficiado del denominado «voto útil» provocado por ese miedo al ascenso de Vox, lo que se tradujo en que haya habido una migración de votantes de formaciones como Podemos en beneficio del PSOE básicamente resultante de la eterna elección del «mal menor». Esto también explica los grandes resultados electorales que han cosechado los nacionalismos catalán y vasco, como respuesta al desafío nacionalista-ultracentralista propuesto por Vox que pone en la mira a las autonomías y su poder económico-político.

El ascenso al poder del PSOE y su mantenimiento ha sido visto en los medios internacionales como el «milagro de la socialdemocracia». Puesto que como se venía observando, la socialdemocracia se estaba hundiendo a nivel internacional: Así cae el voto socialdemócrata en toda Europa; El Diario.es, 2017

En cuanto al descalabro del Partido Popular (PP) no sorprende a nadie. Ha tenido un 16,70% y 66 escaños. Dicho partido ha estado inmerso en los casos de corrupción más reseñables tanto en los meses anteriores a las elecciones como en los últimos años. La resolución sobre el caso Gürtel fue la gota que colmó el vaso y dio el pretexto para que el PSOE plantease la «Moción de Censura» que echaría de Moncloa a Rajoy hace 9 meses. Durante los últimos meses se han seguido haciendo públicos más casos de corrupción, lo que sumado al ascenso de Pablo Casado a la dirección del PP, y su reiterado intento de igualar la dureza de su discurso al de Vox con la intención de no perder votos entre los más conservadores, los llevó a descuidar y sacrificar a su parque de votantes más moderados y de hecho mayoritarios, un giro que contó con la bendición de la vieja guardia como es el caso del ex presidente José María Aznar. Incluso, al plantear posibles pactos con Vox para formar gobierno como el ocurrido en el Gobierno de Andalucía ha supuesto que gran parte del electorado no viese diferencia sustancial entre el PP y Vox, o que viese que el PP se acercaba peligrosamente a los lineamientos más ultras con el consecuente rechazo. Estos derechistas «moderados» pasaron a dar su apoyo a Ciudadanos (C’s) que posee un discurso más camaleónico.

Finalmente, en las elecciones del 28 de abril, como ya hemos planteado la mayoría de los votos del PP han pasado a apoyar a la nueva formación: Ciudadanos (C’s), que pese a que en sus inicios se definía como centro-izquierda, pese a que todos sus miembros venían de formaciones derechistas como UP&D. Hoy todos los analistas y militantes declaran sin discusión lo reconocen como un partido liberal, o más bien encuadrado dentro del neoliberalismo. C’s obtuvo un 15,86% y 57 escaños. Debe decirse que la estrategia de C’s desde su fundación ha sido combatir el fuego con fuego, podemos decir que se ha tratado de un discurso oportunista-pragmático y de coyuntura. A la demagogia del nacionalismo catalán ha respondido con los mitos y demagogia pertinente del nacionalismo español más rancio, el tono combativo en la cuestión catalana y la pose de mantener el legalismo a ultranza le ha dado un plus entre los votantes de cariz chovinista pero no identificados propiamente con posturas fascistas o filo-fascistas, y ha sido el sucesor del PP entre sus votantes y militantes descontentos, incluso se ha beneficiado del transfuguismo del PP poco antes de las elecciones; esto ha sucedido porque se trata de una organización relativamente nueva con el ya mencionado «discurso camaleónico», que no sufre los niveles de desprestigio por corrupción que el PP en un espacio electoral que no disputa el otro partido derechista, Vox.

Tampoco el descenso de Unidas Podemos (UP) con 13,42% y 35 escaños ha sorprendido. Sin duda lo hemos venido anunciando durante los últimos años. Se trata de una combinación basada en que la irrupción del partido en 2014 con un lenguaje «contra el bipartidismo» y «contra la casta», contra la inservible «Constitución de 1978» y su herencia, con un lenguaje centrado en la reforma social que aunaba ciertas esperanzas entre los votantes cansados del bipartidismo y simpatizantes de izquierda sin demasiados conocimientos políticos; pero como era esperable sus promesas no pasaron del discurso acorde a la funcionalidad de un régimen burgués representativo, básicamente se ha dado el previsible agotamiento de las ilusiones de cambio entre sus votantes que han visto como en poco tiempo se ha dado el giro a la derecha, acompañado de los intentos de equiparar el discurso al socialdemocratismo del PSOE, más los fiascos en los municipios y ayuntamientos gobernados, todo ello ha causado una honda desilusión entre sus votantes más espoleados por la espontaneidad y el voluntarismo que de una relación programática. A eso debe sumarse la permanente y no disimulada lucha entre fracciones que ha dado como fin la salida de prácticamente toda la cúpula inicial del partido formada en el 2014. En consonancia, el hecho de que haya cambiado su nombre de Podemos a Unidas Podemos, es la certificación de que dicho grupo posmoderno ha sido asimilado totalmente por la corriente burguesa del feminismo. Por otro lado, el grupo en coalición con Podemos, Izquierda Unida (IU), convertido cada vez más en una fuerza apenas testimonial al borde de la desaparición y de la integración orgánica en Podemos. De hecho, fuimos testigos de la catadura de sus dirigentes cuando IU realizó una consulta a la militancia sobre si deseaba confluir con Podemos o no en las elecciones, saliendo un resultado negativo, pero como sucede en este tipo de partidos revisionistas, la democracia interna no existe, así la dirección de Alberto Garzón forzó la confluencia con Podemos, lo que creemos va a agudizar el descontento y a acelerar la integración en Podemos de IU. Este declive paulatino ya los vimos en varias de nuestras publicaciones, especialmente en la última donde analizábamos su evolución ideológica y el recrudecimiento del fraccionalismo: «Las luchas de fracciones en Podemos y su pose ante las masas» de 2017.

El ascenso de Vox con 10,26% y 24 escaños no ha sido tan alto como algunos medios anunciaban, pero sin duda ha logrado un gran resultado electoral, sobre todo si tenemos en cuenta que dicho grupo no tenía representación anteriormente. Las causas del ascenso son diversas.

Hechos como la corruptela manifiesta entre los grandes partidos tradicionales como el PP y PSOE durante los últimos años y la incompetencia del sistema político general para procurar estabilidad y progreso como teóricamente garantiza la Constitución de 1978, es siempre el caldo de cultivo donde estas agrupaciones pueden ascender con un discurso áspero y directo, sobre todo si tenemos en cuenta que vivimos en una sociedad política donde el discurso de lo políticamente correcto triunfa. En el caso de Vox lejos de presentarse como antisistema como las viejas organizaciones fascistas, se presenta como el mayor garante del legalismo existente, sobre todo para aprovecharse de ciertos puntos de la Constitución como el art. 155 para intervenir en Cataluña y suprimir el Estatuto de Autonomía de forma permanente –ya que son conscientes que los partidos nacionalistas catalanes no van a cesar en sus empeños–. Esto no significa que en una eventual toma del poder ejecutivo Vox vaya a renegar de forma automática de la Constitución para introducir una visión fascista del Estado, sino que se valdría de ella y sus mecanismos existentes –como los artículos relacionados con el estado de excepción y otros– para suprimir a sus rivales políticos, y en caso de que dicha constitución no sirviese más a sus propósitos, la echarían a la basura como han hecho históricamente todos los fascismos cuando se creían con suficiente fuerza para suprimir la constitución democrático-burguesa, imprimiendo una más acorde a la legalidad fascista.

En el problema de la inmigración y la postura ambivalente de los diversos gobiernos como el PSOE, declarando delante de las cámaras aceptar de forma humanitaria a los inmigrantes y frenando las deportaciones en caliente y en la práctica haciendo lo contrario, creó una postura incoherente donde no se sabe la postura real sobre el tema. Esto aunque no lo parezca también ha contribuido a la demagogia de Vox sobre el tema, sacando a la palestra datos falsos y mitificando al inmigrante como el enemigo de los males endémicos del país. La postura de Vox es clara: los inmigrantes solo serán aceptados siempre y cuando el sistema productivo necesite de mano de obra barata asalariada, en caso contrario no serán bienvenidos. El PP intentó emular y superar a Vox en este punto llamando a cerrar las fronteras y a endurecer la vigilancia y las medidas contra los inmigrantes. También desde Vox se ha hablado de dar prioridad a inmigrantes de cultura hispana o exiliados políticos de regímenes políticos no afines, como medio de propaganda para aparentar ser humanitarios y defensores de la libertad. Esto demuestra que a Vox como partido del gran capital financiero solo le interesa la humanidad y solidaridad con la gente que se ve obligada a dejar su país cuando coinciden con sus intereses económicos o políticos; recordemos que el fascismo tiene entre sus objetivos primarios proteger al capital financiero, ni siquiera la defensa de la nación o de sus camaradas ideológicos es real. En otras ocasiones hemos visto varios artículos con una visión marxista sobre el tema de la emigración.

Por otro lado, en la cuestión de la mujer y la lucha por sus derechos nos encontramos con la postura tanto del PSOE como de Podemos, que han copiado todos y cada una de las teorías, proclamas y eslóganes idealistas del actual feminismo hegemónico, incluso C’s y PP han intentado sumarse al carro del feminismo con el llamado feminismo liberal, coincidiendo las corrientes de unos y otros del llamado «feminismo». Esto ha dejado una puerta abierta a la demagogia en el sentido contrario. El hecho de que Vox sea el único partido que se oponga al feminismo en abstracto, le ha hecho cosechar muchos votos del colectivo masculino cansado del seguidismo hacia estas teorías y medidas idealistas y en muchas ocasiones absurdas. Pero el hecho de que la lucha contra el feminismo sea capitaneado por una formación como Vox, que entre otras cosas niega el aborto, indica el estado de retraso de las fuerzas revolucionarias; dejar en manos de Vox un tema tan delicado e importancia como la cuestión de la mujer significaría que se van a combatir unas ideas pseudocientíficas: las de las feministas –que no aciertan a adivinar las causas de la desigualdad entre hombres y mujeres y mucho menos en las recetas para su solución–, con otras todavía más idealistas y retrógradas: la de los fascistas –que están influidos entre otras cosas por una educación católica–. El lector puede ver nuestra postura sobre la cuestión de género en diversos artículos como: «Feminismos, sus errores de planteamiento y otras especies» de 2011.

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Como apunte final a estos resultados electorales, lo evidente es que el bloque derechista antes representado por el PP se ha fracturado en tres organizaciones diferenciadas que compiten por un mismo grupo de votantes, y que ha provocado tres cosas a saber: el derrumbe de PP como partido unitario de ese espectro ideológico; la consolidación de C’s como la alternativa derechista no fascista, y la irrupción de Vox como representación del fascismo organizado antes estructurado dentro del PP. Lo previsible es que Vox tienda a bajar en influencia una vez pasada la novedad y que a su vez asistamos a una lucha encarnizada por el poder político entre PP y C’s.

Vemos además que hay una fuerte presencia del socialdemocratismo, y a su vez la nula presencia de una fuerza proletaria organizadas; o al menos revolucionaria.

2. ¿Qué características tenía el fascismo fundamentalmente?

Apoyándonos en los profundos análisis de Georgi Dimitrov sobre el fascismo:

Se le puede definir como la dictadura terrorista abierta de los elementos más reaccionarios, más chovinistas y más imperialistas del capital financiero.

Su advenimiento no es un simple cambio de un gobierno burgués por otro, sino la sustitución de una forma estatal de la dominación de clase de la burguesía –la democracia burguesa– por otra, por la dictadura terrorista abierta.

El fascismo logra atraerse las masas porque especula de forma demagógica con sus necesidades y exigencias más candentes.

El fascismo no sólo azuza los prejuicios hondamente arraigados en las masas.

El fascismo especula también con los mejores sentimientos de éstas, con su sentimiento de justicia y, a veces, incluso con sus tradiciones revolucionarias.

El fascismo actúa al servicio de los intereses de los imperialistas más agresivos, pero ante las masas se presenta bajo la máscara de defensor de la nación ultrajada y apela al sentimiento nacional herido.

El fascismo aspira a la más desenfrenada explotación de las masas, pero se acerca a ellas con una demagogia anticapitalista, muy hábil.

El fascismo entrega al pueblo a la voracidad de los elementos más corrompidos y venales, pero se presenta ante él con la reivindicación de un «gobierno honrado e insobornable».

El fascismo capta, en interés de los sectores más reaccionarios de la burguesía, a las masas decepcionadas que abandonan los viejos partidos burgueses.

Impresiona a estas masas por la violencia de sus ataques contra los gobiernos burgueses, por su actitud irreconciliable frente a los viejos partidos de la burguesía.

3. ¿Cómo evolucionó y se mimetizó el fascismo en España ante la muerte de Franco?

«Más allá del intento de lavado de cara, lo cierto es que el fascismo español llamado «nacionalsindicalismo» de José Antonio Primo de Rivera fue la ideología adoptada por el franquismo. El fascismo fue la ideología fundamental del régimen franquista como se postuló en la famosa Ley de Principios del Movimiento Nacional de 1958, que era básicamente una adaptación de los 9 puntos de Falange Española creados en 1933. Generalmente quién evita exponer esto suelen ser personajes filofranquistas, que intentan embellecer a Franco separándolo de las similitudes con las teorizaciones y prácticas de Primo de Rivera, Hitler o Mussolini para intentar no crear antipatías hacia él. De ahí que se haya definido el franquismo de mil maneras menos como es: un fascismo a la española.

Ramiro Ledesma, líder de las Juntas de Ofensiva Nacional-Sindicalista (JONS) que se fusionarían con Falange en 1934 es considerado como otro de los ideólogos fundamentales del fascismo español, incluso como el «ala izquierda y social» del mismo, pero pese a las diferencias ideológicas y sobre todo personales que desarrollaría con Primo de Rivera, tampoco las ideas suponen una diferencia cualitativa, pues en los puntos fundamentales están de acuerdo, para ello dejaremos también las frases de dicha figura. Para ello también dejaremos constancia de referencias sobre esta corriente que se volvió muy crítica con la deriva de J. A. Primo de Rivera durante 1934-1936.

No hace falta comentar también a aquellos «ilustrados», historiadores, analistas políticos, catedráticos y demás figuras del espectro de la «izquierda» –keynesianos, estructuralistas, posmodernos y otros– que en pleno siglo XXI todavía pretenden decirnos que el franco-falangismo no tienen que ver nada con el fascismo, porque según ellos «este rasgo le diferencia de este otro régimen en tal aspecto» o porque «éste otro rasgo está muy pronunciado y no se perfila en estos otros regímenes». Todo no se trata más que de palabrería insulsa, discusiones propias de escolástica moderna para intelectuales aburridos. Estas calificaciones artificiales desorientan y desarman a las masas sobre qué es y no es fascismo, pues el franquismo lo cumple en demasía como para volver a debates estériles». (Equipo de Bitácora (M-L); ¿Acaso el fascismo español falangista era realmente una «tercera vía» entre capitalismo y comunismo?, 2014)

Con la derrota del nazi-fascismo en los eventos de la Segunda Guerra Mundial de 1939-1945, el fascismo español se estrechó con la Iglesia Católica hasta la consolidación del «nacionalcatolicismo», y no es que no se haya dado esa unificación práctica en otros regímenes fascistas, sino que en el caso de España llegó a su completa maduración lo que se ha dado en llamar «fascismo clerical», valga decir que en términos y análisis objetivo y materialista no es más que «fascismo». Aunque en esta etapa tuvo una cierta flexibilización práctica que lo llevó a estrechar relaciones tanto con democracias burguesas occidentales como con regímenes revisionistas.

4. ¿Es Vox un partido fascista?

Ciertamente cumple varios de estos puntos, y en otros está progresando hacia ese punto –como adoptar una postura aparentemente anticapitalista sobre los problemas de la gente–, en otros todavía es pronto para saber si adoptará tal postura –como el usar la violencia para suprimir a los partidos tradicionales–.

Si uno analiza el programa de Vox para las elecciones del 28 de abril, ciertamente no es el programa de la antigua Falange de los años 30, ni siquiera el de Fuerza Nueva en los 70. Hay mayor moderación. Incluso en las declaraciones rutinarias en prensa encontramos mayor apego a conceptos como el «liberalismo» que a otros eslóganes propiamente fascistas –recordemos que en principio el fascismo se presenta como antagónico al liberalismo y como su superador entre él y el comunismo–. Pero quedarnos ahí sería un simplismo, ya que como hemos comentado en alguna ocasión, en España con el fin del franquismo, muchos de los elementos de las clases explotadoras que habían apoyado al franquismo tuvieron que resguardarse en distintas agrupaciones políticas como la Unión de Centro Democrático (UCD) de Adolfo Suarez, o la Alianza Popular (AP) de Manuel Fraga, transformando o moderando el discurso y su política para tener éxito en el nuevo régimen –bajo la monarquía parlamentaria–. De hecho ambos fueron grandes dirigentes en el franquismo lo que implica que la llamada «Transición», que se hizo a costa de no juzgar y de mantener a los responsables del régimen franquista en los respectivos puestos de poder económico, judicial y político, como ya se había hecho en la «Transición» de la dictadura de Primo de Rivera a la II República. Recordemos que Fraga en concreto, significado con la represión antifranquista fue luego fundador de AP, refundado luego bajo el nombre del actual Partido Popular (PP), que hasta hace nada gobernaba España.

Posteriormente con «el abandono» de los principales ideales del «movimiento» –franquista– entre algunos con esta adaptación, hubo varios cruces de acusaciones entre los antiguos «camaradas» del franquismo, dándose con los años multitud de agrupaciones de «derecha» –entre abiertos y orgullos franquistas y de viejos franquistas ahora camuflados como «demócratas»–, surgiendo un problema sobre la militancia que se arrastra y los principios que se dicen defender: por ejemplo tanto el PP como agrupaciones nuevas, como Ciudadanos (C’s), se ha presentado como «liberales comprometidos con la democracia» pero se han negado a condenar el franquismo y sus crímenes en multitud de ocasiones en el parlamento, porque saben que en mayor o menor medida arrastran a los nostálgicos del franquismo en sus filas o votos, sobre todo en el caso del PP.

Los partidos que más trataban de conservar dichos ideales y no quisieron adaptarse al liberalismo político se fueron extinguiendo –como FN–, con lo que se dio pie a otras agrupaciones fascistas o filofascistas como Democracia Nacional (DN), España 2000, y hace poco Hogar Social Madrid (HSM), sin resolver el problema que arrastraban estas organizaciones: el dilema entre reconocer su simpatías o adhesión abierta al franquismo y el problema de tener que ocultarlo en la medida de lo posible, sobre todo de cara a la opinión pública, ya que saben que el franquismo actualmente no es bien aceptado en la mayoría de la población tras 40 años de experiencia pese a su evidente añoranza entre algunos. HS mismamente en su nombre fundacional se denominaba Fundación Ramiro Ledesma (FRL), y tanto con su antigua denominación como en la actual se niegan a reconocer ante los medios que son fascistas, pese a que es conocida su simbología y distribución de material fascista. No es casualidad que como apuntan los medios el ascenso de Vox haya sido el ocaso de HSM.

Vox pues ha hecho de catalizador organizativo de mucha gente proveniente de estas citadas agrupaciones; de hecho, muchos de sus dirigentes también comparten esta procedencia:

«Vox ha hecho público un comunicado en el que anuncia la «renuncia» del número 7 de su lista por Alcalá de Henares, Jorge Bonito Vera, a presentarse por esta formación de ultraderecha tras conocerse que en el pasado había participado en aquelarres nazis de la Hermandad Aria. La noticia, que pueden leer a continuación, fue desvelada por Antonio Maestre en La Marea. (…) Como otros miembros de Vox, Bonito Vera tiene un pasado militante que intenta ocultar: a finales de los años 90 perteneció a una oscura y secreta organización hitleriana. El ahora número siete de la formación liderada por Santiago Abascal en la localidad complutense fue miembro activo de la organización nazi Hermandad Aria, que surgió recogiendo a varios miembros que habían pertenecido al Círculo Español de Amigos de Europa, CEDADE, tras su disolución en 1995. Un grupo nazi al que también perteneció como alto dirigente el miembro de Vox Parla José María Ruiz Puerta». (Antonio Maestre; Jorge Bonito, de aquelarres nazis en Hermandad Aria al número 7 en las listas de Vox en Alcalá de Henares, 6 de mayo de 2019)

En otra noticia se pude ver que esto no acaba aquí:

«El número uno de Vox en Benidorm, proclamado como tal hace apenas unas horas, se presentó en dos ocasiones como candidato en el Congreso y las Corts Valencianes por el partido neonazi Democracia Nacional». (El diario.es; El nuevo número 1 de Vox en Benidorm estuvo en las listas del partido neonazi Democracia Nacional, 30 de abril de 2019)

De los elementos que entran al congreso, destacamos algunos de ellos, de marcado carácter fascista:

«5) Ignacio Garriga Vaz de Concicao. Odontólogo. Es portavoz del Comité Ejecutivo Nacional del partido. Desde hace varios años escribe tuits el 18 de julio, aniversario del golpe de Estado. En 2018 reprodujo un extracto de la proclama del alzamiento franquista, el cual, según él, está «muy vigente». En 2016, difundió otro en el que «agradecía» a sus abuelos que «en un día como hoy se lanzaran a defender nuestros principios». (…) 6) Agustín Rosety Fernández de Castro. Es uno de los militares retirados que suscribió en agosto un manifiesto que enaltecía al dictador Francisco Franco. Rosety, general de Brigada de Infantería de la Marina, colabora con el obispo de la ciudad, Rafael Zornoza, como delegado episcopal de Fundaciones de la diócesis gaditana. (…) 7) Ricardo Chamorro Delmo. Abogado y delegado en esta provincia de la Fundación Denaes. Ya fue candidato a las elecciones europeas en 1999 por Democracia Nacional y un año más tarde por Plataforma 2000 en las elecciones generales. En 2003 concurrió en la lista municipal de Alsasua –Navarra– por UPN como suplente. (…) 10) Magdalena Margarita Contestí Rosselló. Licenciada en Derecho. Es la vicepresidenta de Relaciones Institucionales de la delegación provincial. También es vicepresidenta de Actúa Baleares, un colectivo que proviene de la asociación de extrema derecha Fundación Círculo Balear (FNCB). En 2018 esta organización y Vox anunciaron una coalición electoral». (El diario.es; Quiénes son los 24 diputados de Vox en el Congreso, 28 de abril de 2019)

El candidato para las europeas es un conocido falangista:

«El Parlamento Europeo tendrá por vez primera un diputado falangista. Vox, la nueva fuerza política que ha irrumpido en el panorama español siguiendo el modelo de la pujante extrema derecha europea, presenta como cabeza de lista a un admirador de José Antonio Primo de Rivera. (…) Este abogado del Estado, número uno de su promoción, nacido en Barcelona en 1975, no es nuevo en política. En 1995 ya se presentó a las elecciones europeas por Falange Española de las JONS y en las generales de 1996 fue candidato de Falange Auténtica por Barcelona. Su admiración por el líder del partido que importó a España las ideas de Mussolini en los años treinta del siglo pasado la ha dejado patente en numerosos escritos. En septiembre de 2012 Buxadé calificaba a José Antonio y a Ernesto Giménez Caballero, uno de los ideólogos del fascismo en España, como «dos almas superiores». En ese mismo artículo, publicado en su blog Lo antiguo es lo nuevo, abominaba de la Constitución democrática española: «Eso es lo que nos ha dejado, ya lo podemos decir, la Constitución de 1978: un pueblo desmantelado». (El País; Jorge Buxadé Villalba: un falangista en el Parlamento Europeo, 10 de mayo de 2019)

Hace poco Javier Ortega Smith para frenar la avalancha de acusaciones contra VOX sobre su carácter fascista, declaró que todo aquel que tuviese un pasado totalitario sería expulsado:

«Madrid, 14 may (EFE).- El secretario general de Vox y candidato a la Alcaldía de Madrid, Javier Ortega Smith, ha garantizado este martes que su partido apartará de sus candidaturas a todas las personas que tengan antecedentes penales o un pasado totalitario». (La Vanguardia; Smith: Vox apartará de sus candidaturas a personas con un pasado totalitario, 14 de mayo de 2019)

Curiosamente días después el periodista Antonio Maestre destapó el propio pasado y presente falangista de Ortega Smith:

«No podemos olvidar el pasado de la Falange, no podemos olvidarnos de aquellos momentos de elaboración de nuestra doctrina, momentos en los que nuestros mejores José Antonio, Onesimo, Ramiro, Julio, crearon la doctrina más joven y grande de Europa». (Javier Ortega Smith; No olvidar, 1986)

¿Se va a autoexpulsar Ortega Smith después de esta revelación? Estamos seguros de que no, ya que debería purgarse a casi la totalidad del partido. Y como sabemos, en los partidos fascistas, al igual que en los revisionistas, solo salen por la puerta de atrás no los elementos más hooligans, no los que dan peor imagen al partido, sino solamente aquellos que no sirven a la cúpula, aquellos que se oponen al mandato del líder.

Ante las excusas de miembros y simpatizantes de VOX que alegaban que este escrito de Ortega Smith de 1986 era «cosa del pasado», el periodista destapó un vídeo de una cena de Ortega Smith y reconocidos miembros fascistas, entre ellos Jaime Alonso el presidente de la Fundación Francisco Franco, donde el miembro de Vox decía exactamente lo mismo que en 1986, ¡incluso con más vehemencia!:

«Noviembre de 2018. En una cena en un restaurante de la zona norte de Madrid capital se reunieron simpatizantes y posibles donantes de Vox para conocer el proyecto de mano del secretario general del partido, es decir, Ortega Smith. Se produce entre el multitudinario acto celebrado en el Palacio de Vistalegre y las elecciones en Andalucía, que supondrían la entrada triunfal de Vox en el Parlamento autonómico. En la mesa presidencial del restaurante, estaban el actual diputado y número 2 de la formación junto a Jaime Alonso, exvicepresidente de la Fundación Nacional Francisco Franco, y el general Chicharro, actual presidente de la fundación en honor al dictador.

Al término de la cena, una mujer se acercó a Javier Ortega Smith y le entregó un ramo de flores rojas y las obras completas de José Antonio Primo de Rivera. Después, Ortega Smith enunció el siguiente discurso de agradecimiento, recogido en un vídeo de más de 10 minutos, al que ha tenido acceso La Marea en exclusiva: «Yo os agradezco este gesto, que lo recojo, pues la verdad, en nombre de todos los que formamos este proyecto político de Vox. Yo os lo confieso, que José Antonio Primo de Rivera para mí es uno de los grandes hombres de la historia, un magnífico abogado, un magnífico patriota, un gran ideólogo político y que en su tiempo supo dar respuesta a las necesidades que se le requerían en aquel momento, que se enfrentó, como nos estamos enfrentando todos, a los enemigos de la patria. Los enemigos de la patria van cambiando de nombre y de formas, pero siempre son los mismos, los que vienen amenazando nuestra unidad y nuestra libertad».

En el vídeo, además, el actual candidato a la alcaldía de Madrid hace una extrapolación de los tiempos de José Antonio Primo de Rivera en su lucha con los enemigos de España a la actualidad:

«Es verdad que decía José Antonio que «bienvenidos los tiempos difíciles, porque serán la depuración de los cobardes [sic]». Y hoy en día esas palabras se pueden llevar a su máxima expresión. Hoy, donde la cobardía impera en todas las instituciones, donde la traición a España está institucionalizada, y donde las palabras honor, lealtad, servicio… es casi os diría que una excepción, es cuando hay que demostrar de verdad que se es español, que se ama España, que se ama la libertad, que estás dispuesto a luchar por tus amigos, por tu familia, por la prosperidad económica de todos los españoles. Y por tanto bienvenidos esos tiempos difíciles que nos han dado la oportunidad a algunos de poder rememorar otras épocas de nuestra historia donde otros tuvieron que dar un paso al frente para que hoy pudiéramos todavía disfrutar de esta gran nación». (Antonio Maestre; Las entusiastas loas de Javier Ortega Smith a Primo de Rivera el pasado noviembre, 2019)

Por supuesto podríamos discutir sobre el carácter ecléctico de Ortega Smith, que equipara ideológicamente y reivindica sin diferencias desde Franco, José Antonio Primo de Rivera o Ramiro Ledesma, figuras con hondas diferencias entre ellos y sus seguidores, pero más allá de la ignorancia de Smith lo que demuestra es que es un retrógrado que se agarra a cualquier figura reaccionaria que le sirva. Esto no es anómalo, históricamente la reacción en España ha visto aunar en su seno desde carlistas a falangistas precisamente como se vio en el decreto de unificación de 1937 donde certificaba la unión de la reacción bajo dirección de Franco. Lo importante aquí es ver cómo de los miembros de VOX tienen de referentes o vienen de militancias fascistas, lo que echa abajo precisamente todas las teorías de aquellos «progres» que califican a VOX como un proyecto de «extrema derecha pero sin elementos ni pretensiones de tipo fascista», incluso calificándolos como algunos hacen de un «partido constitucionalista» más. Porque lo cierto es que con esto queda claro que hay elementos y principios ideológicos fascistas muy marcados que constituyen un peligro.

A todo esto, no podemos dejar de recordar que Vox es el proyecto político propio de su líder Santiago Abascal tras sus sendos fracasos electorales en el PP de Euskadi:

«Santiago Abascal. Hijo del histórico de Alianza Popular Santiago Abascal Escuza, se afilió al PP cuando cumplió los 18 años y comenzó su trayectoria como concejal en Llodio (Álava), donde estuvo dos legislaturas (1999-2007). Entre 2003 y 2004, Abascal fue procurador de las Juntas Generales de Álava y entre 2005 y 2009, diputado del Parlamento Vasco.

Esperanza Aguirre lo eligió en 2010 para dirigir la Agencia de Protección de Datos de la Comunidad, un cargo que ocupó hasta diciembre de 2012 con una remuneración de 276.525 euros. Tras el cierre de la empresa pública para «ahorrar gastos», fue recolocado en la Fundación para el Mecenazgo y Patrocinio Social, una fundación que no tenía actividad y solo contaba con dos empleados, él mismo y un ayudante. Por los ocho meses que ocupó ese puesto hasta que la fundación fue extinguida ingresó alrededor de 55.000 euros brutos.

«En noviembre de 2013 abandonó el partido tras acusar a Rajoy de «traicionar los principios» del PP y censurar su política antiterrorista. Meses después, en enero de 2014, reapareció acompañado de José Antonio Ortega Lara para presentar Vox. Puedes leer su perfil completo aquí». (El diario.es; Quiénes son los 24 diputados de Vox en el Congreso, 28 de abril de 2019)

Esto de nuevo los nexos que ha tenido históricamente el PP con los viejos y nuevos franquistas.

Abascal en su salida del PP de hecho le han seguido otros elementos de su confianza:

«Ignacio Gil Lázaro. Licenciado en Derecho. Tras 33 años como diputado en el Congreso primero con Alianza Popular y después con el PP abandonó la formación conservadora en mayo del 2018. Al marcharse aseguró que tomaba esta decisión por la «deriva» de la formación que presidía Mariano Rajoy. Aunque se justificó con estas declaraciones, en realidad su situación dentro del partido no era fácil porque había perdidos apoyos internos tras la caída en desgracia de Rita Barberá. Tanto en las elecciones de 2015 como en las de 2016 la dirección de los populares valencianos lo dejó fuera de los puestos de salida». (El diario.es; Quiénes son los 24 diputados de Vox en el Congreso, 28 de abril de 2019)

Este partido, con estos elementos, acaba de recibir 2,6 millones por sus resultados electorales, lo que le asegura aumentar la popularización de su demagógico discurso.

«El partido ultraderechista pasará de no obtener ingreso alguno por estos conceptos –no tenían representación parlamentaria– a recibir 2,6 millones de euros por sus gastos electorales y 68.088 euros al mes del Congreso de los Diputados, retribuciones de sus parlamentarios aparte, como en el resto de los casos.

Por conceptos, son 508.023 euros por los 24 escaños; 2,1 millones de euros por los 2,6 millones de votos; 39.491 al mes por los diputados y 28.597 euros mensuales por el grupo parlamentario». (El diario.es; Vox recibe 2,6 millones de subvenciones electorales y el PP pierde más de 5: el 28A cambia la economía de los partidos, 1 de mayo de 2019)

Abascal y sus seguidores, exactamente como su antiguo partido el PP, se han definido como «liberal», en otras ocasiones como «conservadores» o cuando son acusados de «extrema derecha» responden con cinismo que son de «extrema necesidad» para eludir el debate sobre su ideología, lo cual no indica que temen decir lo que son abiertamente.

Ha de decirse que los movimientos fascistas en momentos determinados no han arengado a ir abiertamente con la intención de destruir el liberalismo y el parlamentarismo, solo dieron ciertos conatos, que fueron convirtiéndose en amenazas cuando notaron auge en su influencia, y que se cumplieron cuando se veían con suficiente poder.

Ciertamente en este corto periodo de tiempo, hemos podido comprobar en Vox varias declaraciones que, aunque tímidas, con disfraces y matices, apuntan en sus conclusiones a un discurso fascista mal disimulado.

Desde declaraciones belicistas e intervencionistas –como la propuesta de colaborar con EEUU en una invasión a Venezuela–:

«Jaime Bayly: ¿España o los países poderosos de la Europa Libre deberían cooperar con tropas [en Venezuela]?

Iván Espinosa de los Monteros: Yo creo que sí. (…) Aunque creemos en la soberanía de las naciones y en la no intervención. (…) Cuando se produce una situación como las que están mencionando. Cuando hay un opresor que está acabando con su pueblo. (…) Llegará a un punto en que sí, habrá que tomar la última medida [intervención militar].

Jaime Bayly: ¡Que interesante! ¡Saludo, aplaudo tu decisión!». (Entrevista en Jaime Bayly Show, 4 de marzo de 2019)

Habría que preguntar a este señor si en la propia España que no se cumplen los artículos básicos de la propia Constitución, o si más claramente ahora en Francia que han vuelto a estallar verdaderas revueltas, ¿habría que intervenir en nombre de la libertad contra los tiranos que atentan contra los derechos del pueblo y lo reprimen? ¿Habría que hacerlo contra los gobiernos proestadounidenses de Colombia, Israel o con la monarquía teocrática fundamentalista de Arabia Saudí? ¿O solo con aquellos estados gobernados por los que considera rivales ideológicos?

En cualquier caso, se trata de unas declaraciones lacayunas donde las haya que definen las históricas relaciones hispano-estadounidenses siempre en favor de éste último.

Añádase que el fascismo español actual, al igual que el histórico, es profundamente antinacional a pesar de su discurso nacionalista, como se pueden ver en las declaraciones de Iván Espinosa de los Monteros en la entrevista del periodista Jaime Bayly, hablando reiteradamente en favor de EEUU y mostrando su «tranquilidad» por tener a su lado a tan «fiable aliado»:

«Iván Espinosa de los Monteros: Es afortunado que estemos siempre en manos de un país como EE.UU. que tenga que poner esas tropas». (Entrevista en Jaime Bayly Show, 4 de marzo de 2019)

Sencillamente ese pretendido patriotismo es más bien en el caso del fascismo un disfraz, un nacionalismo, del cual tampoco hace que salve a la nación de la servidumbre extranjera. Pues como sabemos el fascismo protege al capital financiero que no se caracteriza precisamente por interesarse por los problemas nacionales sino por vender la patria a un imperialismo más potente como hizo precisamente Franco con el imperialismo estadounidense.

El falseamiento de la historia de España tirando de la antigua educación nacional-católica del franquismo sobre el mito de la «Reconquista»:

«La historia de 800 años no fue una reconquista continuada y no hubo una colisión constante porque los propios reinos cristianos pactaron en numerosas ocasiones con los musulmanes para defender sus intereses», explica Carlos Ayala, catedrático de Historia Medieval de la Universidad Autónoma de Madrid. Ayala recalca que el nacionalcatolicismo de la época franquista quiso eliminar de un plumazo la historia de Al-Ándalus. «La España actual no se entendería sin todo lo bueno que aportó Al-Ándalus, pero la nueva extrema derecha quiere resucitar a un muerto y hace lo mismo que hizo el franquismo», sostiene este catedrático. (…) «La utilización propagandística de la noción de Reconquista, que tradicionalmente se ha usado con un sentido identitario, transmite una idea de una España forjada contra el islam. Me recuerda a cómo usó Franco esa noción para justificar que había que liberar a nuestro país de rojos, ateos y masones y eso es lo mismo que hace ahora Vox, pero esta vez contra los musulmanes», argumenta Alejandro García Sanjuán, profesor de Historia Medieval de la Universidad de Huelva. «El uso de la Reconquista al servicio de objetivos políticos no se veía desde la época de Franco», afirma el autor de «La conquista islámica de la Península Ibérica y la tergiversación del pasado» (2013)». (El Confidencial; Vox y la Reconquista en las elecciones: «Don Pelayo era un tío con dos huevos», 12 de abril de 2019)

En el fascismo la nación es un tótem aglutinador en que apoya parte de su demagogia, nada más que eso. Pero no se parte de conceptos científicos sino de pseudohistoria y por tanto pseudociencia.

Dentro del discurso contra lo extranjero y su condición servil de lacayo de EE.UU. que ya es una contradicción sobre sus presuntos valores patrióticos, Vox cumple con otra paradoja; el haber sido financiados desde el exterior:

«Los seguidores de un grupo opositor iraní financiaron el 80% de la campaña de las elecciones europeas de Vox de 2014, que costó un millón de euros, según tres fuentes conocedoras de las cuentas de la formación. Desde más de una quincena de países —entre los que destacan Alemania, Italia, Suiza, EE UU y Canadá— partidarios del Consejo Nacional de la Resistencia de Irán (CNRI), una fuerza marxista-islámica en sus orígenes, enviaron durante tres meses 146 donativos a una cuenta de la formación de extrema derecha en España, según revelan las mismas fuentes, por valor de 800.000 euros. El caudal de fondos iraní, revelado por el EL PAÍS el pasado diciembre, llegó a una cuenta de Vox en Madrid después de que Vidal-Quadras anunciara en 2014, vía Twitter —donde tiene más de 66.000 seguidores—su intención de aspirar a un escaño en Bruselas bajo la marca de la fuerza ultra, según ha confirmado el propio político. «Algunos de los donantes eran económicamente muy potentes», detalla. Tras el fiasco en las europeas, Vidal-Quadras abandonó el partido». (El País; El exilio iraní financió el 80% de la campaña de Vox de 2014, 13 de enero de 2019)

Por supuesto, desde Vox hay una exaltación fanática de las tradiciones retrógradas como la tauromaquia:

«¿Qué es para ti la tauromaquia y como la vives?

Para mí la tauromaquia es un arte, un arte que tiene que ver de una manera muy estrecha con la identidad de España, y que yo como vasco he visto de una manera emocionante en muchas ocasiones porque ¿dónde se va a escuchar un pasodoble en mi tierra si no era en la plaza de toros? En un mundo donde se querían eliminar todas las señas de España parecía que lo único que entraba por esa rendija de luz pequeña que algunos permitían era todo lo relacionado con la tauromaquia y lo que le rodeaba, la música». (Entrevista en el Burlladero.tv, 4 de mayo de 2015)

Sobre la religión en España se toma como seña de identidad nacional y se insta a «preservar los valores superiores del catolicismo en Europa»:

«Rubén: Sr.Abascal: Con respecto a los católicos, y a la su jerarquía, ¿Cual es la posición de Vox con respecto a la Iglesia, y los proyectos de colaboración conjunta que están dispuestos a fomentar, así como el papel político que ustedes darían a esta Confesión, que es la mayoritaria en España, con respecto a otras como el Islam?

Nuestra identidad y la de toda Europa es cristiana y eso hay que preservarlo porque nuestros valores son superiores y dignifican al hombre. Yo no quiero la islamización de Europa porque va contra lo que somos, contra lo mejor de nosotros. La separación entre Iglesia y Estado es un principio netamente cristiano. El Islam es una ideología política que busca la conquista del Estado». (Entrevista a Santiago Abascal en Infovaticana, 6 de junio de 2016)

Evidentemente que esto es otra mentira propagandística encaminada a encandilar a la feligresía cristiana en general y católica en particular, en el orden histórico, la Europa actual, es el resultado de la lucha contra la influencia de la religión en el Estado, aunque esa influencia nunca se disipó del todo, tanto por fuerzas burguesas como por las fuerzas proletarias en su momento; evidentemente que el cristianismo no ha dado valores superiores, sino que como religión, como comprensión idealista del mundo, solo ha dado pie a discriminación y supremacismo que se ha traducido en matanzas, guerras y genocidios de los «otros». Más importante aún, la separación Estado-Iglesia, la propuesta del Estado laico, que algunos liberales e incluso algunos fascistas vestidos de liberales reivindican, no es un concepto cristiano o nacido dentro de las sociedades cristianas como a priori puede parecer por el tratamiento dado a este tema por la historia. De hecho, fue Averroes, el más sabio entre los árabes andalusíes, el primero en plantear la necesidad de separar Estado y religión que sería uno de los elementos por los que luego sería condenado al ostracismo por el islam, esta ideas sería amplificada por los llamados averroístas, y a la larga es reintroducida en Europa a través de los renacentistas, Maquiavelo le daría una forma terminada pero sería hasta la Revolución Francesa que se lleva a la práctica. Esto nos trae otra enseñanza como en otros muchos variados temas, por ejemplo las matemáticas. En cualquier caso, ninguna cultura se desarrolla por si misma hasta alcanzar el punto más elevado de desarrollo económico-político de la humanidad en una época histórica determinada, todas y cada una de las culturas que han ocupado este puesto lo han hecho gracias a que han recuperado para si los desarrollos de culturas precedentes y contemporáneas. En consecuencia, ningún avance social puede ser atribuido a una cultura en particular y mucho menos a una religión, las que habitualmente han jugado un papel retardatario salvo quizá en su origen por la transformación en la superestructura que plantearon entonces.

Por supuesto para Vox, su fin, su programa económico propone el seguir subvencionando a la religión y sus centros de enseñanza.

Sobre la mujer y la cuestión del aborto se decía:

«¿Qué regulación alternativa proponen, el modelo de supuestos que propugnaba Gallardón o la derogación total del aborto?

Sí, queremos la derogación de la ley zapateril, y la aprobación de una nueva ley que se encamine a lograr el deseable objetivo de aborto cero». (Entrevista a Santiago Abascal en Infovaticana, 6 de junio de 2016)

Para entender este tipo de comentarios que beben de un idealismo filosófico aunque de tipo religioso, recomendamos al lector repasar las entradas sobre Religión.

De hecho parte de los elementos tránsfugas del PP a Vox, son los más afines a esta postura:

«Lourdes Méndez Monasterio. Abogada. También fue representante del partido de Pablo Casado durante tres legislaturas, entre los años 2004 y 2016. Además, ocupó el cargo de consejera de Trabajo en el Gobierno autonómico de Ramón Luis Valcárcel entre 2002 y 2004. Sus intervenciones políticas se han centrado en criticar la interrupción voluntaria del embarazo. Esta política rompió en 2015 la disciplina de voto del partido al no posicionarse a favor de la reforma de la ley del aborto promovida por el Gobierno de Mariano Rajoy.

Un odio visceral hacia los movimientos regionalistas y separatistas queriendo imponer un modelo ultracentralizado –queriendo abolir el sistema de autonomías–:

En su programa se aboga por suspender la autonomía catalana:

«Suspensión de la autonomía catalana hasta la derrota sin paliativos del golpismo y la depuración de responsabilidades civiles y penales». (Programa de Vox: 100 medidas para la España viva, 2019)

Propuestas radicales y absurdas antiinmigración –como construir un muro en Melilla a lo Trump–:

«El presidente de Vox, Santiago Abascal, es partidario de que un muro separe la frontera de Ceuta y Melilla con Marruecos. Y piensa que «quizá» lo debería pagar Marruecos. Mientras se construyen esos muros Abascal propone que sea el ejército el que vigile la frontera, función actualmente encomendada a las fuerzas de seguridad». (Antena 3; Abascal propone un muro como el de Trump en Ceuta y Melilla pagado por Marruecos, 29 de abril de 2019)

Un evidente discurso xenófobo –falseando el número de delitos cometidos por inmigrantes–:

«Hay quienes parecen aferrarse esperanzados a la idea de que una mentira repetida mil veces se convierte en verdad. En los últimos días, el líder del partido ultraderechista Vox ha tratado de inocular la idea de que la violencia de género es culpa de los extranjeros. Incluso ha llegado a decir en varias entrevistas –El Norte de Castilla, Intereconomía, EsRadio, El programa de Ana Rosa…– que la mayor parte de las agresiones y asesinatos por violencia machista son a manos de extranjeros y que este dato se oculta. Pero lo cierto es que ambas afirmaciones son falsas: ni la mayor parte de los asesinatos han sido cometidos por extranjeros ni este dato se oculta: es más, cualquier ciudadano puede comprobarlo. Así lo han denunciado desde la plataforma Newtral. Desde esta plataforma han comprobado que «según los datos oficiales, cerca del 70% de los asesinatos por violencia de género de los últimos cinco años fueron cometidos por hombres nacidos en España». Con datos publicados por el Ministerio de la Presidencia, Relaciones con las Cortes e Igualdad, puede verse que en 2017 el 66,7% de los asesinatos fueron cometidos por españoles; en 2016, el 65,3% también fueron cometidos por españoles, en 2015 el 73,3%, etc». (Público; No, la mayoría de asesinatos machistas no son cometidos por extranjeros: el bulo difundido por el líder de Vox, 6 de diciembre de 2018)

En cuanto a la clásica homofobia –en especial hacia la comunidad gay–, se ha rebajado, pero hay resquicios muy evidentes:

«Entrevistadora: ¿Cuál es la postura de su partido en tema del matrimonio gay?

Santiago Abascal: El matrimonio es la unión entre un hombre y una mujer, pero entendemos que tiene que haber una regulación de las uniones civiles y, por cierto, no nos oponemos a ningún colectivo, porque no creemos en los colectivos…

Entrevistadora: ¿Habla del colectivo LGTB?

Santiago Abascal: Sí. Y lo digo porque hay muchas personas homosexuales que piensan igual que nosotros. Hay muchas personas homosexuales que están en Vox y piensan lo mismo. Y en cuanto hablan de estas cosas…

Entrevistadora: ¿Que piensan qué?

Santiago Abascal: Bueno, pues que el matrimonio es la unión de un hombre y una mujer». (Entrevista a Santiago Abascal en Ana Rosa, 8 de diciembre de 2018)

Se ha propuesto ilegalizar a organizaciones «antinacionales» –que bajo su halo subjetivo incluiría desde partidos independentistas y a «los que ayudan los separatistas como el PSOE y Podemos» y por ende extensible a cualquier revolucionario–:

«2) Ilegalización de los partidos, asociaciones u ONGs que persigan la destrucción de la unidad territorial de la Nación y de su soberanía». (Programa de Vox: 100 medidas para la España viva, 2019)

En otras ocasiones han sido más claros:

«Habría que analizar si tienen derecho estar en el juego político, los que no creen en la unidad de España y quienes no renuncian al marxismo que tanto muertos han dejado», ha espetado Espinosa de los Monteros». (La Sexta; Vox plantea ilegalizar a los partidos «que no creen en la unidad de España o no renuncian al marxismo», 8 de marzo de 2019)

Se insta incluso a penar en un futuro el no acatar los que según ellos son símbolos de la nación:

«3) Dotar de la máxima protección jurídica a los símbolos de la nación, especialmente la Bandera, el Himno y la Corona. Agravamiento de las penas por las ofensas y ultrajes a España y sus símbolos o emblemas. Ninguna afrenta a ellos debe quedar impune». (Programa de Vox: 100 medidas para la España viva, 2019)

En lo económico cabe decir que es:

«De corte rigurosamente neoliberal, en muchos aspectos indistinguible de los de PP o Ciudadanos –reducción del tamaño del Estado, bajadas de impuestos, facilidades a las empresas–, sin rastro alguno de la retórica obrerista de Marine Le Pen, la denuncia de las políticas de austeridad de Matteo Salvini o el proteccionismo comercial de Trump. En realidad, los dirigentes de Vox hablan muy poco de economía, y cuando lo hacen su relato es absolutamente pueril y distractivo: los damnificados de la crisis lo serían en realidad, no de las disfunciones o abusos del mercado y sus agentes, sino de la tributación confiscatoria del Estado, las trabas burocráticas a los emprendedores o el gasto ideológico de las administraciones autonómicas, las asociaciones feministas o las ayudas a los inmigrantes que Vox pide desmantelar, y en el caso de la población rural, de cuya causa Vox hace insistente bandera, de la presión ecologista y animalista sobre sus tradiciones y formas de vida, con especial hincapié en la tauromaquia y la caza». (Jónatham F. Moriche; a variante española, 2019)

En su programa de 2019 ha traído una propuesta económica que beneficia a las élites de las clases explotadoras, con un programa económico que sería un ataque brutal contra el pueblo trabajador: reducción de la indemnización por desempleo, exención de impuestos para las rentas más altas, posibilidad para el empresario de contratar a trabajadores saltándose el convenio colectivo, restricciones para el derecho a huelga, privatización absoluta de pensiones, sanidad y educación, liberalización total del suelo, etc. Recomendamos leer íntegramente el artículo del Diario.es: «El programa económico de Vox: limitar el derecho a huelga, pensiones semiprivadas y el desguace del sistema fiscal» de 11 de abril de 2019.

A diferencia de otras formaciones europeas, Vox no ha tenido mucho énfasis en los barrios obreros:


«Los de Vox consiguieron 24 escaños y 2,7 millones de votos, pero su estrategia, que pasaba por hacerse fuerte en Madrid asegurándose el voto de los electores acomodados desencantados con el PP y entrando en los barrios obreros, como ha ocurrido con otras fuerzas de ultraderecha europeas, no acabó de funcionar.

Vox no ha podido conquistar los barrios pudientes madrileños y ha pinchado en las zonas obreras, según se desprende de los resultados oficiales.En el distrito de Retiro, uno de los más prestigiosos de la capital, Vox fue la cuarta fuerza con 11.658 votos, el 14,6%, muy por detrás del PP, que logró 21.539 sufragios, el PSOE y Ciudadanos.

En Salamanca, otra de las zonas acomodadas de la ciudad, los de Abascal quedaron terceros con el 18% de los sufragios, mientras que el PP alcanzó el 32% y rozó los 30.000 votos y los de Albert Rivera lograron el 21,7% de los sufragios. Algo parecido ocurrió en Moncloa Aravaca, también de alto nivel, donde Vox solo pudo situarse en cuarto lugar por detrás del PP de Pablo Casado, del PSOE de Pedro Sánchez y de Cs.

El partido de Abascal tampoco ha conseguido su objetivo de penetrar en los barios obreros de la ciudad. Así, en Puente de Vallecas solo consiguió 9.832 votos, frente a los casi 45.000 que se llevó el PSOE. En Villaverde también fue quinta fuerza con algo más de 7.000 votos. Un resultado que se repitió en San Blas, con 9.900 sufragios, Usera, con 6.402, e incluso en las áreas del centro de la capital como Madrid-Centro (6.638 sufragios) o Arganzuela (10.800).

En los pueblos de la Comunidad de Madrid se produjo un resultado más o menos similar. En las localidades de elevado nivel adquisitivo como Boadilla del Monte, donde ganó Ciudadanos con el 28% de los votos, Vox solo logró la tercera plaza, lo mismo que en Las Rozas, donde alcanzó un 19% de votos, en Mahadahonda o en Pozuelo de Alarcón.

En las ciudades populares, como Getafe o Móstoles, la formación de Abascal fue quinta precedida por el PSOE, el PP, Ciudadanos y Podemos y en Fuenlabrada solo logró el 12% de los votos, pero se hizo con la cuarta plaza al superar al PP, que solo sedujo al 10% de los votantes». (La Vanguardia; Vox no triunfa en el Madrid acomodado y pincha en los barrios obreros, 2 de mayo de 2019)

Los intentos para las municipales de mayo de tornar en un tono obrerista parecen haber acabado en fracaso. Aquellos eslóganes del «Madrid de las pequeñas cosas, de ser «el partido de los que madrugan», o de quejarse porque el centro de la ciudad quiere ser convertido por Podemos/PSOE en un núcleo «para ricos que se pueden pagar coches eléctricos», no han surtido mucho efecto. Los barrios obreros de Madrid o de las ciudades colindantes no tragaron el anzuelo ni parece que vaya a hacerlo según los sondeos y asistencia a los mitines de Vox en dichas zonas. En especial porque no es un discurso trabajado previamente, por tanto torpe y no creíble.

Por tanto a niveles de partido, Vox es lo más parecido a un fascismo casi sin careta. Pero es que recordemos que la mayoría de partidos fascistas nunca se forjaron de forma unificada y con un discurso claro. Siempre ha habido distintas uniones de grupos más o menos reaccionarios, con tonos populistas más o menos pronunciados, con un obrerismo en el discurso más o menos hondo, algunos incluso rechazando la etiqueta fascista por coyuntura nacional o internacional, o por mero afán de tener una identidad propia y ser originales.

También se muestra la evolución del fascismo actual al aunar abiertamente en su seno a la etnia y cultura gitano-española, y coger de ella los ritmos y costumbres más reaccionarios para hacerlo pasar como valores que concuerdan con los valores universales de lo que ellos consideran «cultura hispana». Esto confirma la máxima de que:

«Dejando atrás a todas las demás formas de la reacción burguesa, por su cinismo y sus mentiras, el fascismo adapta su demagogia a las particularidades nacionales de cada país e incluso a las particularidades de las diferentes capas sociales dentro de un mismo país». (Georgi Dimitrov; La clase obrera contra el fascismo: Informe en el VIIº Congreso de la Komintern, 2 de agosto de 1935)

Todo esto no es un afán cualquiera, sino el viejo intento de homogenizar la cultura española a un estándar único en el que no hay cabida para la diferenciación; es de hecho el viejo intento por estandarizar la superestructura en puntos que entienden esenciales para la persuasión de las mayorías. Reiteramos lo dicho, el fascismo surge para proteger al capital financiero y al gran capital industrial dado el caso, y claro es que bajo un sistema económico mercantil acabado como el «capitalismo monopólico globalizado» la homogeneidad no solo permite el control de la sociedad con medidas propagandísticas más simples, sino que facilita la explotación económica de las masas a través de proceso productivos simplificados y estandarizados, así también facilita el «expolio» de las masas a través del consumo que aparenta ser amplio pero que objetivamente tiene poca variación, esto no solo ocurre al interior de un Estado como España, sino entre los demás Estados, de tal manera que por ejemplo un mismo producto puede ser introducido en varios mercados sin presentar ninguna variación provocada por la cultura.

5. ¿Pero acaso el fascismo no tiene debilidades?

Por supuesto que las tiene:

«¿En qué consisten las causas principales de la precariedad de la dictadura fascista? El fascismo, que pretende superar las divergencias y las contradicciones existentes en el campo de la burguesía, viene a agudizar todavía más estas contradicciones. El fascismo intenta establecer su monopolio político, destruyendo por la violencia los demás partidos políticos. Pero la existencia del sistema capitalista, la existencia de diferentes clases, la agudización de las contradicciones de clases conducen inevitablemente a sacudir y derribar el monopolio político del fascismo. (…) Otra de las causas de la precariedad de la dictadura fascista estriba en que el contraste entre la demagogia anticapitalista del fascismo y la política del enriquecimiento más rapaz de la burguesía monopolista permite desenmascarar el fondo de clase del fascismo, quebrantar y reducir su base de masas. (…) Llevando a cabo la política del nacionalismo económico –autarquía– y apropiándose la mayor parte de los ingresos de la nación para la preparación de la guerra, el fascismo socava toda la economía del país y agudiza la guerra económica entre los Estados capitalistas. Imprime a los conflictos, que surgen en el seno de la burguesía, un carácter violento y no pocas veces sangriento, minando así la estabilidad del poder estatal fascista a los ojos del pueblo. Un poder, que asesina a sus propios partidarios, como aconteció en Alemania el 30 de junio del año pasado, un poder como el fascista, contra el cual lucha con las armas en la mano otra parte de la burguesía fascista –putsch nacionalsocialista de Austria, las luchas violentas de distintos grupos fascistas contra los gobiernos fascistas de Polonia, Bulgaria, Finlandia y otros países–, este poder no podrá mantener durante mucho tiempo su autoridad a los ojos de las extensas masas pequeñoburguesas». (Georgi Dimitrov; La clase obrera contra el fascismo; Informe en el VIIº Congreso de la Komintern, 2 de agosto de 1935)

¿Pero significa eso que el auge del fascismo dentro de la democracia burguesa o una vez llega al poder, se descompone él solo por sus propias contradicciones? Para nada:

«Al liquidar los restos de la democracia burguesa y elevar la violencia abierta a sistema de gobierno, el fascismo socava las ilusiones democráticas y la autoridad de la ley a los ojos de las masas trabajadoras. (…) La clase obrera tiene que saber aprovechar las contradicciones y conflictos existentes en el campo de la burguesía, pero no debe hacerse ilusiones de que el fascismo puede asfixiarse por sí solo. Sólo la actividad revolucionaria de la clase obrera». (Georgi Dimitrov; La clase obrera contra el fascismo; Informe en el VIIº Congreso de la Komintern, 2 de agosto de 1935)

Ya entre las filas de Vox se están manifestando el descontento y choques internos debido al funcionamiento caciquil, al nepotismo en los puestos y demás lacras clásicas de los partidos burgueses y fascistas:

«Un manifiesto publicado hoy por varios exdirigentes y miembros de Vox a los que les une «el desengaño con un partido que se convirtió en un chiringuito para mayor «gloria» y sustento de su actual presidente, Santiago Abascal», ha pedido el voto al Partido Popular de Pablo Casado, a quien «verdaderamente teme» la izquierda «desleal».

Los firmantes del texto ocuparon diversos cargos de responsabilidad en Vox —vicepresidentes y coordinadores provinciales o de distrito— y se unieron a un proyecto «como alternativa al Partido Popular de Mariano Rajoy y Soraya Sáenz de Santamaría, en el que muchos vimos la lejanía de sus valores y principios y el incumplimiento de las promesas que nos llevaron a darle una holgada mayoría absoluta en noviembre de 2011».

Sin embargo, aseguran que el desenlace de las elecciones europeas de 2014 «destapó la verdadera cara de Abascal y la de su entonces delfín Iván Espinosa de los Monteros —Javier Ortega y Rocío Monasterio no eran nada entonces—: quedarse con el partido en el que Alejo Vidal-Quadras los recibió muy generosamente».

Acusan a Abascal de traicionar a los «verdaderos fundadores» de Vox y de haber convertido al partido «en un centro de manipulación y de colocación de familiares y amigos».

De los resultados del 28-A, destacan la necesidad de «hacer una llamada de atención a los buenos españoles» por el «efecto nocivo que ha tenido la dispersión del voto» y «la desatención, por parte de Vox y Ciudadanos, de la invitación que desde la más consolidada de las tres opciones, el Partido Popular, se les hizo antes de cerrar las listas electorales para confluir juntos».

Por todo ello, y con el «único objetivo» de «desear lo mejor para España», piden que «votemos unidos la mejor opción para España: un Partido Popular dirigido por Pablo Casado». Como justificación para ello exponen las declaraciones de Miquel Iceta, líder de los socialistas catalanes, que pidió a Mariano Rajoy que volviera. Según los firmantes, estas declaraciones «demuestran que la izquierda desleal al que verdaderamente teme es a Pablo Casado».

Los firmantes son Ramón Calvo de la Hoz (excoordinador del distrito de Fuencarral-El Pardo), Carlos Eliseo Corrales Bueno (afiliado a Vox desd 2014), Antonio de la Torre Luque (excoordinador provincial de Córdoba), María Concepción Farto Martínez (excoordinadora del distrito de Chamberí), Juan Luis Jara Delgado (ex vicepresidente primero en 2016), Diego López Ordóñez (exsecretario de la Comisión Gestora de Cáceres), Daniel Molina Álvarez (expresidente provincial de Toledo), Francisco de Asís Santos Gómez (excoordinador provincial de Badajoz) y Argimiro Santos Vidal (exsecretario provincial de León)». (La Gaceta; Varios exdirigentes de Vox cargan contra el «chiringuito» de Abascal y piden el voto para el PP, 6 de mayo de 2019)

También, recientemente salió a la luz un audio donde un gran cargo de Vox reprendía sobre aquellos que creían que el partido debía dirigirse por los principios de elección democrática:

«El responsable de campaña de Vox en la provincia de Alicante, Eduardo Martínez Fuster, esgrime en una conversación privada que la formación de extrema derecha «no es un partido democrático ni lo va a ser y al que no le guste que se vaya al club de Ciudadanos o al club de Podemos». (…) En un primer momento, el responsable electoral en Alicante afirma: «Si me tengo que coger e ir a cuatro municipios de la provincia y decir «tú fuera, tú fuera, tú fuera y tú fuera» que aquí se va a poner este coordinador, este coordinador, este coordinador y este coordinador, para que de verdad se den cuenta que el coordinador es la voz y los ojos del CEL [el Comité Electoral] en el municipio». (…) Por último, concluye con otra aseveración polémica: «Este es un partido que quiere subsistir en el tiempo, que está pensando a ocho años y para tener dentro de ocho años unas primarias, primero hace falta pasar por una dictadura, y no hay más». (El Diario.es; El jefe de campaña de Vox en Alicante: «Este no es un partido democrático ni lo va a ser», 18 de abril de 2019)

6. ¿Es posible frenar el fascismo en las urnas de la democracia liberal parlamentaria –es decir, de la democracia burguesa–?

Primero habría que recordar cuales son las causas históricas del triunfo del fascismo:

«¿Cómo y de qué modo ha podido triunfar este enemigo encarnizado? Pudo llegar al poder, ante todo, porque la clase obrera, gracias a la política de colaboración de clase con la burguesía practicada por los jefes de la socialdemocracia, se hallaba escindida, política y orgánicamente desarmada frente a la burguesía que desplegó su ofensiva, siendo por otro lado los partidos comunistas no lo suficientemente fuertes para poner en pie a las masas y conducirlas a la lucha decisiva contra el fascismo, sin la socialdemocracia y contra ella. (…) El fascismo triunfó también porque el proletariado se encontró aislado de sus aliados naturales. El fascismo pudo triunfar porque logró arrastrar consigo a las grandes masas campesinas, gracias a que la socialdemocracia, en nombre de la clase obrera, llevó a cabo una política que era en el fondo anticampesina. (…) El fascismo pudo triunfar también porque logró penetrar en las filas de la juventud, mientras que la socialdemocracia desviaba a la juventud obrera de la lucha de clases, el proletariado revolucionario tampoco desplegó entre la juventud la necesaria labor de educación y no prestó la suficiente atención a la lucha por sus intereses y aspiraciones específicas». (Georgi Dimitrov; La clase obrera contra el fascismo; Informe en el VIIº Congreso de la Komintern, 2 de agosto de 1935)

Por tanto es claro que:

«El impedir la victoria del fascismo depende ante todo de la actitud combativa de la propia clase obrera, de la cohesión de sus fuerzas en un ejército combatiente que luche unido contra la ofensiva del capital y del fascismo. El proletariado, al establecer su unidad de lucha, paralizaría la influencia del fascismo sobre los campesinos, sobre la pequeña burguesía urbana, sobre la juventud y los intelectuales, conseguiría neutralizar a una parte y hacer pasar a su lado a la otra». (Georgi Dimitrov; La clase obrera contra el fascismo; Informe en el VIIº Congreso de la Komintern, 2 de agosto de 1935)

El ascenso en España del fascismo –liderado por Vox pero en comparsa con otras organizaciones también filofascistas– no depende exactamente de que saque más o menos escaños, ni siquiera de si llega a tener cuotas de poder o no, sino y fundamentalmente, de cómo reacciona la mayoría de población conscientemente antifascista, y en especial la clase obrera. Porque si el movimiento antifascista queda liderado por las organizaciones autodenominadas de «izquierda» como el PSOE o Podemos, el movimiento antifascista contra Vox será ineficaz, incluso puede agudizar su ascenso por los errores en la táctica de dicho movimiento.

La historia ha demostrado que la única lucha eficaz contra el fascismo está fuera de las instituciones y no dentro de ellas, o mejor dicho está en una combinación de ambas con predominancia de la lucha fuera de las instituciones con el protagonismo de las masas dirigidas por los comunistas.

Pero parémonos en los dos amplios errores de los oportunistas respecto a las elecciones y sus falsas posiciones.

1) Los que apuestan que todo se decidirá en las elecciones y el reparto de escaños, y las medidas del parlamento.

Criticando el cretinismo parlamentario de las organizaciones revisionistas que viran hacia el reformismo, ya dijimos:

«El parlamento burgués y sus elecciones, responden como tal, a herramientas de defensa de los intereses de la burguesía, sus mecanismos están dispuestos para que los partidos burgueses y de otras clases explotadoras tengan ventaja en tales elecciones al parlamento, sus partidos son apoyados en sus medios de comunicación y financiados por ellos, esta todo conformado precisamente para limitar las posibilidades de victoria del proletariado y las masas populares, de los verdaderos partidos comunistas. Esto tiene su respaldo científico: históricamente se ha comprobado que cuando no ya un partido comunista, sino un partido con ciertas perspectivas progresistas antifeudales, antimonopólicas, anticoloniales [o antifascistas] en su programa, y este llega al poder a través de la vía pacífica y parlamentaria no significa con ello el fin automático del poder político de la burguesía en ese país, ya que la burguesía sigue teniendo grandes cotas de poder político, en los ministerios, en la policía, en el ejército, y los refuerza gracias al poder económico que todavía alberga así como con la superestructura burguesa existente. Cuando tal gobierno progresista perjudica ciertas cotas de poder sobre todo en lo económico de algunas capas de las clases explotadoras locales y extranjeras –desde la gran burguesía extranjera, pasando por los terratenientes, kulaks o la burguesía nacional–, éstas activan todo su poder en el Estado que aún mantiene en sus manos, introducen todo tipo de presiones, incluyendo como recurso el golpe de Estado para derribar a tal gobierno; de hecho, no pocas veces hemos visto fracasar sangrientamente a gobiernos progresistas que simplemente intentaban aplicar desde meras reformas agrarias hasta medidas de nacionalizaciones contra empresas nacionales o extranjeras. Es decir, en el momento en que ciertas clases explotadoras se sienten amenazadas con razón o sin ella, y sientan que está amenazado su poder económico –es el sostén de su poder político y cultural–, estás no vacilaran en romper cualquier legalidad de la sociedad burguesa. Es por ello que los partidos reformistas y revisionistas han ido rebajando cada vez más su programa electoral por miedo a molestar a las capas de la burguesía más reaccionaria, de tal modo que terminan haciendo todo tipo de concesiones; y esta es la razón de que todos estos partidos oportunistas que hablan de «socialismo» y vía parlamentaria, realmente en caso de llegar al poder por vía electoral, lo harían con gran beneplácito de la burguesía, y lo harán como administradores del Estado burgués y no llegarán a tocar realmente el poder económico de la burguesía». (Equipo de Bitácora (M-L); ¿Es Alexis Tsipras el nuevo Enrico Berlinguer?, 2015)


De algunos de estos esperpentos políticos ya analizamos sus ilusiones electoralistas:

«Si bien es ridículo negarse a trabajar en las organizaciones de masas, mucho más es proclamar que un leve apoyo en votos, tras una alianza con un grupo oportunista, supone un avance en la conciliación de la clase obrera. (…) Como se ha visto la alianza temporal de los viejos brezhnevistas del PCPE con los viejos maoístas del UP. Los irrelevantes 24.000 votos del PCPE en las elecciones de 2011 respecto a los 12.000 de 2008 «no reforzaron» nada, tampoco «creó nuevas condiciones» para nada relevante para el movimiento obrero como anuncia orgullosamente Carmelo Suarez, esto no es posible porque incluso con los esfuerzos por converger con otras formaciones en las elecciones, el PCPE no tiene influencia real en la clase obrera para desatar una leve inquietud en el desarrollo político y en la conciencia general de las masas, en cambio esta maniobra de alianzas y este concepto de las elecciones ayudó crear mayor confusión entre sus propios militantes sobre el cretinismo parlamentario y el eclecticismo ideológico. Esta es la clásica ocasión donde el tópico de una consigna de una desviación izquierdista –el no participar en los movimientos y organizaciones de masas– se funde con los objetivos de una desviación derechista –el basar todo en pedir el voto–». (Equipo de Bitácora (M-L); Crítica al documento: «El PCPE explica el porqué de no participar en la Marcha de la Dignidad», 2014)

Su error es diametralmente opuesto al de otros revisionistas:«El PCPE como partido netamente electoralista, por supuesto participa en las elecciones, pero un partido así no tiene capacidad para perjudicar o no a la conciencia de los trabajadores [como dicen los anarquistas y los semianarquistas], porque carece de una influencia real entre los trabajadores y menos ante la clase obrera como para tener ese poder de trastocar nada. Si el PCPE opinase A o B sobre las elecciones y su rol, realmente no importaría demasiado pues su discurso no es elaborado, original ni tiene una influencia como para transcender, ya les gustaría a ellos que les prestase atención alguien más allá de su parroquia insulsa de nostálgicos del brezhnevismo. Lo único que han hecho hasta ahora es lo contrario del PCE (r), si éste se pone eufórico por el número de abstenciones que a las próximas elecciones baja, el PCPE en cambio se emociona por cosechar unos pocos votos más». (Equipo de Bitácora (M-L); Estudio histórico sobre los bandazos oportunistas del PCE(r) y las prácticas terroristas de los GRAPO, 30 de junio de 2017)

Actualmente la postura reformista con fines determinados –la autodeterminación nacional en el caso de la Candidatura d’Unitat Popular (CUP) o una teoría abstracta e idealista de «socialismo» de varios reductos revisionistas como el PCPE– es abanderada por diversas agrupaciones autodenominadas de «izquierda».

Algunos influidos por la teoría de que al fascismo se le para mediante el voto, mediante la exclusividad y legitimidad de las instituciones, como abundan entre Podemos, ¡incluso han escenificado el eslogan de que el enemigo es quién no vota!:

«Voy a reivindicar el derecho a la preocupación. Lo que tenemos enfrente es una triple derecha que da miedo. Pero el gran enemigo es la abstención», insistió Grandes antes de dar paso al escritor Luisgé Martín». (El diario.es; Decenas de intelectuales piden en un acto el voto para la izquierda a dos días del 28A: «El enemigo es la abstención», 26 de abril de 2019)

Querer hacer sentir culpables a los abstencionistas, es como poco vergonzoso. Ese no es el problema. El enemigo no es la abstención, el enemigo es el enemigo de clase claramente visible e identificable a la «derecha» –Vox, PP, Ciudadanos–, como lo es el que tantas veces ha traicionado a los trabajadores hasta volverse parte de la «derecha» por méritos propios (PSOE), es decir, el traidor de clase, esos que abandonaron el marxismo «oficialmente» en 1978 o los trotskos del 2015 –Podemos–, ese que cada tanto resurge en diversas siglas y se engalana en periodo electoral de promesas sociales, retórica de «izquierdas» mientras busca pactar con los mismos que juraba destruir –como ha hecho tantas veces Podemos/IU–; sin olvidar el papel desmovilizador que cumplen partido revisionistas sin presencia parlamentaria y hasta no hace mucho las bandas armadas. En otros términos, los enemigos de los trabajadores también son aquellos que directa o indirectamente siembran la apatía y desconcierto entre las masas trabajadoras. En mitad de una crisis como la que hemos sido testigo:

«Estos fenómenos de la crisis] arrastra espontáneamente quiérase o no al proletariado hacia la lucha de clases, y los que toman concienciación, hacia inclinaciones anticapitalistas. Otra cosa muy diferente es que a falta de un factor subjetivo como es la organización del proletariado y el estudio de su doctrina marxista-leninista y bajo la presión ideológica constante de la burguesía y sus agentes, no lleguen a buen puerto y el proletariado se desvíe». (Equipo de Bitácora (M-L); Estudio histórico sobre los bandazos oportunistas del PCE(r) y las prácticas terroristas de los GRAPO, 30 de junio de 2017)

Nadie puede por tanto, culpar a la gente del hartazgo sobre estas agrupaciones que les han mentido, que han traicionado sus propios programas en más de una ocasión, que les han dejado tirado cuando más necesitaban mantener una posición combativa. No se puede criticar a las masas por haber caído seducidas en brazos de la demagogía fascista cuando uno no hace su trabajo como pretenda organización de los trabajadores. Tampoco se puede criticar el no haber convencido todavía gran parte del electorado apolítico. Porque todo esto precisamente demuestra el fallo en las tácticas de agitación y propaganda de partidos de «izquierda».

Nosotros hemos criticado hasta el hastío las concepciones reformistas y claramente electoralistas de formaciones como el viejo socialdemócratismo del PSOE, del nuevo socialdemocratismo de Podemos, y de agrupaciones minoritarias del revisionismo moderno –PCPE, PCOE y otros–, por lo que no nos extenderemos demasiado en criticar las ilusiones de tipo togliattistas sobre la transición pacífica y parlamentaria al socialismo, el cretinismo parlamentario o el legalismo burgués que este tipo de agrupaciones comparten en mayor o menor medida.

¿Eso significa que los comunistas podemos permitirnos el lujo de despreciar las oportunidades que las elecciones generales, municipales suelen proporcionar? ¿Debemos renunciar a lucha parlamentaria porque existan grupos que creen que las cuestiones vitales se decidirán a través de las instituciones burguesas y están creando falsas ilusiones entre los trabajadores? Por supuesto que no. Pero esto son cuestiones a las que se deberá volver cuando exista un partido comunista serio, organizado y con influencia. Incluso cuando ello ocurra habrá que tener en cuenta si las condiciones no han cambiado que en un país con una ley electoral como el Sistema D’Hondt que perjudica a los pequeños partidos, ni siquiera con la existencia de un partido comunista se podría plantear que la lucha contra el fascismo se decidiría en la lucha parlamentaria por los escaños, simple y llanamente eso sería engañar a la gente. Se entiende pues, que sin la existencia de dicho partido comunista, las cosas se complican aún más, y si miramos las leyes específicas del país como lo que acabamos de ver, mucho más. Este panorama invita aún más a la necesidad de unidad entre comunistas, una tarea pendiente en el caso que nos ocupa. Por tanto más allá de lo que los comunistas no organizados voten o si votan, lo importante es el papel que desarrollen entre el núcleo antifascista en un momento así.

2) Los que en nombre del comunismo abogan por un abstencionismo y que en el fondo se trata de una propuesta anarcoide.

Pero ahora queremos ir al otro extremo sobre la cuestión electoral.

¿Son justificadas las ausencias reiteradas de los grupos revisionistas que se consideran más a la izquierda que estos grupos? No. Ya analizamos las concepciones semianarquistas e izquierdosas de muchos grupos autodenominados comunistas sobre las elecciones en los parlamentos, los sindicatos, y demás, negándose rotundamente a participar y trabajar en ellos, como vimos en el capítulo: «El desprecio del aprovechamiento de los resquicios legales de la democracia burguesa o el fascismo y el nulo trabajo de masas»:

«Hablan de unas elecciones que sí, efectivamente, son pseudodemocráticas, pero como lo son en cualquier país democrático-burgués, en las cuales los partidos proletarios parten con franca desventaja por los motivos que ya sabemos, por tanto no están diseñadas para que el proletariado se haga con el poder, sino para obstruir su expresión a través de los mecanismos de la democracia burguesa como lo son la ley electoral, la división de poderes o las comisiones que supervisan la legalidad y transparencia en la financiación de partidos. ¿Pero por qué pese a todo ponérselo tan fácil a la burguesía? ¿Por qué los comunistas se iban a negar a explicar a las masas dentro del propio parlamento la financiación ilegal de partidos como el PP o el PSOE? ¿Por qué no explicar que partidos como el PCPE o el PCE desde que son financiados por el Estado burgués son más mansos? ¿Por qué no explicar cómo los medios de comunicación embellecen un sistema podrido precisamente porque pertenecen a los grandes empresarios y banqueros que financian a todas estas organizaciones? ¿Por qué no explicar los mecanismos burocráticos y las trampas de la propia legislación electoral burguesa? ¿Por qué no denunciar como se oponen los presuntos partidos de «izquierda» a las medidas progresistas más básicas de vivienda, desempleo o salario o antifascismo? ¿Por qué no denunciar el propio incumplimiento del programa electoral del partido del gobierno de forma sistemática a cada paso en falso? ¿Por qué negarse a que los trabajadores oigan desde el parlamento los privilegios y desmanes de la Iglesia como hizo el propio PCE de José Díaz durante años? ¿Por qué no clamar contra la monarquía como hizo Julien Lahaut? ¿Por qué no luchar contra la represión contra el movimiento obrero y obtener mejores condiciones para su nivel de vida y su libertad de organización como hizo Bebel toda su vida? Simplemente no lo hacen porque no quieren ensuciarse las manos, porque son un charlatanes, unos señoritos, unos abstencionistas políticos de todo lo que sea trabajar con las masas, las elecciones burguesas tiene su parte de falsedad democrática por estos motivos que hemos hablado, pero ellos también son unos farsantes haciéndonos creer que un comunista no tiene nada que hacer en ellas. Los comunistas de ahora que de comunistas tienen bastante poco, deben mirar como trabajaban los miembros la facción parlamentaria del Partido Bolchevique durante el zarismo en la Duma en las peores condiciones de represión. ¿Qué diría Lenin de estos personajes que hablan una y otra vez de no participar en las elecciones porque significa «legitimar al régimen»? Pues que a lo sumo que son herederos de los oztovistas, quienes eran, anarquistas cubiertos de marxistas». (Equipo de Bitácora (M-L); Estudio histórico sobre los bandazos oportunistas del PCE(r) y las prácticas terroristas de los GRAPO, 30 de junio de 2017)

Esconden con posturas izquierdistas propias del anarquismo su derechismo en el ámbito organizativo y de trabajo: pues carecen de una organización disciplinada, de trabajo de masas real, de contacto con las masas, y ante eso, para ocultar su incapacidad o léase inutilidad, teorizan bajo una excusa u otra su negativa a participar en estas luchas.

¿Podemos transigir con estos supuestos líderes comunistas en el Reino de Taifas del mundillo revisionista? ¡Jamás!:

«La crítica –la más violenta, más implacable, más intransigente– debe dirigirse no contra el parlamentarismo o la acción parlamentaria, sino contra los jefes que no saben –y aún más contra los que no quieren– utilizar las elecciones parlamentarias y la tribuna parlamentaria a la manera revolucionaria, a la manera comunista. Sólo esta crítica –unida, naturalmente, a la expulsión de los jefes incapaces y a su sustitución por otros más capaces– constituirá un trabajo revolucionario útil y fecundo que educará a la vez a los «jefes» para que sean dignos de la clase obrera y de las masas trabajadoras». (Vladimir Ilich Uliánov, Lenin; La enfermedad infantil del «izquierdismo» en el comunismo, 1920)

Todos los grupúsculos del revisionismo que se autodenominan «partido comunista» como, los restos del Partido Comunista de España (Reconstituido) y diversos grupos neomaoístas –como los «reconstitucionalistas»–. Si realmente fueran un partido comunista, y si realmente conocieran un mínimo de marxismo, propondrían obstaculizar a la burguesía y frenar el avance del fascismo con su propia candidatura, y en caso de no ser así, valorarían proponer el voto por cualquier formación de izquierda a condición de una crítica despiadada contra su política no marxista. Así lo demandan los clásicos del marxismo, así lo manda la famosa resolución de la Komintern en su IIº Congreso: «El partido comunista y el parlamentarismo» de 1920. Así lo requiere Lenin en su famosa obra: «La enfermedad infantil del «izquierdismo» en el comunismo» de 1918 o en sus alegatos contra Bordiga en la Komintern durante 1920. Así lo recomendaba Dimitrov tanto en los países fascistas como en los países en peligro de fascitización, como recordó una vez más en su repaso a los aciertos y errores del movimiento comunista en su Informe al Vº Congreso del PCB de 1948. Así lo demuestra la historia del Partido Comunista de España (PCE) tanto en la II República como en los primeros años del franquismo, así lo demuestra la historia del PCE (m-l) durante la Transición durante 1979-1986. ¿Qué más pruebas necesitan estos señores de su total desconocimiento? ¿No es claro que dan la espalda a las tácticas históricas de los comunistas para abrazar la inoperancia y la autosatisfacción tan características de las sectas políticas?

En cambio sabemos que este tipo de grupos pseudorevolucionarios, mantienen el mismo infantilismo que algunos grupos trotskistas y la mayoría de anarquistas, todos ellos además, grupos testimoniales por no decir marginales en la actualidad, sin poder de convocatoria ni influencia entre los trabajadores. Por eso no nos engañemos, esta es la razón real por la que se niegan a presentar sus propias candidaturas en las elecciones generales o municipales –con su nombre o en su defecto bajo una tapadera–. Y es porque aparejado a estos defectos, temen sacar menos votos que otros competidores revisionistas que sí lo hacen –como el Partido Comunista de los Pueblos de España (PCPE) y su nueva escisión el PCTE, o el Partido Comunista Obrero Español (PCOE) entre otros–.

El caso más contradictorio es el de Reconstrucción Comunista (RC) que si bien se considera partido desde hace unos años ha rechazado siempre participar en las elecciones, de hecho su lema en las elecciones del 28 de abril fue de abstención contra «la farsa electoral» según su eslogan. En cambio en un giro inesperado para las elecciones del 26 de mayo ha presentado por ejemplo una candidatura tapadera para el municipio de Sedaví llamado «Candidatura Popular de Sedaví» mientras oficialmente han negado y siguen negando toda participación en cualquier elección. Esto que demuestra que lejos de lo que quiere aparentar, sufre los mismos defectos que los otros grupos comentados: falta de influencia y de claridad sobre el tema electoral, un bucle de contradicciones a lo cual debe sumarse las nuevas deserciones de este partido que confirman lo que ya anunciamos en nuestro documento: «Antología sobre Reconstrucción Comunista y su podredumbre oportunista» de 2017. Pero en esto ya nos extenderemos en un nuevo documento.

Como vemos el mundo revisionista sigue naufragando en una lucha de egos pero sin avanzar un ápice, mucho ruido y pocas nueces entre los «partidos comunistas» actuales.

Resulta más ridículo aquellos abstencionistas ad infinitum que argumentan que realizan boicot electoral –bajo diversas excusas– mientras aluden que su «partido» en cambio realiza una «seria labor de agitación política entre las masas».

Nos intentan convencer de esto cuando su «partido» realiza una «seria labor de agitación política entre las masas» cuando sus agitaciones no llegan más allá de su círculo de confianza o se basa en la unión con otros grupos marginales:

«En la llamada «Feria del libro marxista» convocada en Barcelona por primera vez en verano de 2017 por Reconstrucción Comunista (RC) a través de Universidad Obrera (UO), se dieron cita la escasa militancia de RC y la de sus aliados revisionistas: el Partido Comunista Obrero de España (PCOE) y el Partido Comunista de los Pueblos de España (PCPE). Algo bastante gracioso si tenemos en cuenta que RC utilizaba hasta dos años su web de RSA Madrid para criticar sobre todo al PCPE con memes y diversas estupideces porque eran el partido del que provenían. Pero en la vida de los revisionistas los enemigos pueden pasar a ser amigos en un abrir y cerrar de ojos. Cuando los tres respectivos partidos hablan tímidamente del «trabajo de masas» que realizan se refieren casi en exclusiva a este tipo de actos, junto al de las «escuelas de formación» o fiestas que convocan para militantes y simpatizantes. En este tipo de actos los altos cargos dan directivas a los militantes de las células cercanas al acto de acudir y les exigen que intenten llevar a algún simpatizante para hacer bulto. Una vez acabados estos actos en los que encima la intervención de los asistentes es mínima, se vuelven a casa creyendo que «el trabajo con las masas está hecho». Por eso estos actos son más un rito de familias revisionistas y amigos que de trabajo de masas. ¿Esta fórmula es nueva? Ni mucho menos [es común a todos los partidos revisionistas]. (…) ¿Para qué sirven todas estas respectivas ferias a todos estos grupos? Sirven para darse a conocer y convencer a algún incauto que todavía no les conoce; para que vendan sus libros revisionistas y todo tipo de artículos de mercadotecnia del partido, intentando de paso equilibrar el precario estado de las cuentas financieras del partido; para que los jefes de cada partido hagan su discurso y se puedan poner la medalla delante de su militancia de que «luchan por la causa», acordando un pacto de no agresión respecto al resto de partidos asistentes; para que los cabecillas amplíen entre bastidores sus alianzas y acuerden coordinarse en proyectos más ambiciosos». (Equipo de Bitácora (M-L); Antología sobre Reconstrucción Comunista y su podredumbre oportunista, 2017)

Nos intentan convencer de esto cuando su «partido» realiza una «seria labor de agitación política entre las masas» cuando su «partido» no tiene influencia conocida en ningún núcleo sindical entre los obreros, cuando incluso teorizan que no se debe trabajar en estos sindicatos mayoritarios y que hay que abandonarlos a su suerte:

«Sobre el tema sindical hay que decir que básicamente más allá de las características del movimiento obrero de cada país, algunos no entienden o no quieren entender que los trabajadores salvo honrosas excepciones no se autoconciencian solos. La lucha económica del sindicalismo les da ciertamente una cierta conciencia que Lenin llamó conciencia tradeunionista, pero no toda la necesaria para asimilar la ciencia del proletariado que es el marxismo-leninismo, no son conscientes completamente de su rol como clase ni de las luchas más elevadas que pueden llevar fuera del ámbito sindical. De ahí la necesidad del factor subjetivo del partido comunista que da clarividencia en los sindicatos para que los trabajadores eleven la madurez de concienciación. Pero obviamente si directamente el pretendido «partido comunista» abandona el trabajo en los sindicatos, los trabajadores por muy honestos y versados que estén en la lucha sindical caerán presos del anarco-sindicalismo, del reformismo socialdemócrata, del pragmatismo y el gremialismo, cuando no degenerarán y pasaran a formar parte de los esquiroles y del peor amarillismo sindical. (…) No es casualidad que cuando los marxista-leninistas albaneses analizaron el estado de los sindicatos en su época de otros países, notaron que especialmente entre los grupos trotskistas y anarquistas se justificaban este tipo de conceptos y teorías debido a que en realidad estos grupos estaban liderados y se basaban su militancia en las capas del estudiantado y la intelectualidad, de ahí que para ellos el «trabajo sucio sindical» con los obreros fuese un quebradero de cabeza, les horrorizara, por lo que concluían simplemente que eran reaccionarios y que el movimiento revolucionario no debía ya prestarle demasiada atención». (Equipo de Bitácora (M-L); Antología sobre Reconstrucción Comunista y su podredumbre oportunista, 2017)

Esto viene a ser común en todos los grupos abstencionistas.

Si muchos de estos grupos que consideran que son débiles aluden que no se presentan ellos mismos. Eso tampoco sirve de excusa para un partido comunista como tal, se debe presentar a las candidaturas propias. Como segunda opción, sobre todo en un proceso de fascistización, sería factible valorar pedir el voto por una formación o una serie de formaciones para frenar a la reacción en boga, todo sería factible para una organización real como tal. Al menos como táctica temporal hasta acumular las fuerzas necesarias que te permitan poder batirte como partido independiente con fuerzas suficientes en unas elecciones como han hecho los comunistas en otras ocasiones históricas. El abstencionismo político en cambio, tiene más en común con los comunistas no organizados que con los presuntos comunistas organizados.

Pero obviamente, por miedo a ser tachados de oportunistas se niegan a siquiera teorizar tal cosa. Prefieren mantener su «pureza» –aunque en muchos otros temas son ultraoportunistas, incoherentes y eclécticos–.

Todo los «frentes» que los líderes de las organizaciones revisionistas dicen levantan con otros grupúsculos oportunistas –que no son sino una unión entre direcciones–, en cambio no mueven un dedo para establecer un frente desde abajo con las organizaciones antifascistas de todo tipo para frenar al fascismo en los barrios, para establecer medidas concretas de lucha conjunta, para exponer a los falsos líderes antifascistas.

En cambio, les importa bien poco que Vox pueda llegar a tener el poder suficiente –por no decir el absoluto– como para reducir total o parcialmente derechos democrático-burgueses, para legalizar y perseguir a cualquier formación que defienda el derecho a autodeterminación o el comunismo como han prometido abiertamente en varias ocasiones.

Unas libertades democrático-burguesas que si bien es cierto son limitadas pero que disfrutan. De otra manera no podríamos ver soltar sus demenciales teorías en redes sociales, sus reuniones anunciadas a bombo y platillo y demás, mientras entre tanto manchan el nombre del comunismo a ojos de todos, reduciéndolo a la banalidad de análisis y concepciones absurdas. Esto debe de ser aclarado sobre todo cuando algunos grupos caracterizados por el derechismo en sus alianzas y referentes como las CUP nos hablan del «fascismo del Estado Español» porque un régimen democrático-burgués no permite la secesión, lo cual desafortunadamente es normal en toda constitución burguesa, bajo un régimen democrático burgués. Lo mismo que decir para los restos del brézhnevista PCOE, que mientras mantiene una postura ultraderechista en su apología del castrismo, y otras corrientes revisionistas, nos intentan vender en un nuevo giro ultraizquierdista en la cuestión del Estado, incluso han llegado a la conclusión de que como afirman las CUP vivimos bajo un régimen fascista, copiando precisamente las tesis de otro antiguo partido caracterizado por sus bandazos ideológicos que tiene entre sus referentes al maoísmo y al brézhnevismo: el PCE (r). No nos extenderemos más ya que este tipo de desviaciones fueron analizadas en ocasiones de otros análisis en documentos ya citados en el presente texto.

Volviendo a la realidad actual: reducir la lucha contra el fascismo al hecho de si entra o no en las instituciones un grupo afín al fascismo, o a cuantos escaños logra sacar, no es correcto porque ello no es lo principal, ya que esto no determinará el triunfo o no del fascismo, sobre todo en un Estado como el español donde no se dio la pertinente depuración del franquismo, sabiendo que el fascismo se basa generalmente para llegar al poder de la tolerancia o promoción de las instituciones y figuras reaccionarias en el campo judicial, político y militar existente. Pero ignorar que la irrupción de un grupo como Vox y lo que puede suponer su aumento en próximas elecciones, sería un crimen irresponsable para todo hombre que se considere antifascista, ya que precisamente al obtener cada vez más poder podría permitirle presionar desde las instituciones para afianzarse y borrar del mapa político a sus oponentes.

Es claro que:

«En relación con esto, tampoco debemos pasar por alto la serie de errores cometidos por los partidos comunistas, errores que frenaban nuestra lucha contra el fascismo. En nuestras filas existía un imperdonable menosprecio al peligro fascista. (…) Acordaos de Bulgaria, donde la dirección de nuestro Partido adoptó una posición «neutral», oportunista en el fondo». (Georgi Dimitrov; La clase obrera contra el fascismo; Informe en el VIIº Congreso de la Komintern, 2 de agosto de 1935)

Por no comentar aquellos que viven en mundos de fantasía, donde califican a cualquier gobierno burgués de turno como fascista, donde ven cualquier represión como sinónimo de la evidencia del cariz fascista del gobierno. Esto suele ir ligado a aventurarse a teorizar que el triunfo del fascismo abrirá las puertas a la revolución proletaria:

«Cuando en nacionalsocialismo había llegado a ser un movimiento amenazador de masas en Alemania, había camaradas, para quienes el gobierno de Brüning era ya el de la dictadura fascista y que declaraban ceñudos: «Si el tercer Reich de Hitler llega un día, será solamente un metro y medio bajo tierra y con el poder obrero vencedor encima de él». (Georgi Dimitrov; La clase obrera contra el fascismo; Informe en el VIIº Congreso de la Komintern, 2 de agosto de 1935)

Como hemos dicho infinidad de veces, los revisionistas por lo general suelen ser zotes en cuanto a conocimientos históricos, incluso de su país. Teorizan que el fascismo hace avanzar las contradicciones de clase, la crisis, la miseria de las masas y por ende, automáticamente y por arte de magia logra que las masas deseen pronto batirse por el comunismo. A estas cabezas pensantes debe de ser que no les valió la experiencia del fascismo en la España de Franco para percatarse de que si el fascismo triunfa es porque la agrupación comunista no había hecho durante años anteriores un trabajo lo suficientemente eficaz entre las capas trabajadoras como para neutralizar tanto a la socialdemocracia, como al anarquismo, como al fascismo, como para ganarse a su causa a los trabajadores engañados por estas ideologías. ¡Una labor que bajo el fascismo, es mucho más complicado de realizar y lograr por razones obvias!

Por último, debemos advertir contra aquellos que creen que si Vox saca unos resultados iguales o más decepcionantes que el 28 de abril de 2019 su peligro habrá acabado el 26 de mayo. Ya se propagó esta peligrosa tesis en Alemania cuando en las elecciones federales de noviembre de 1932, donde los nazis no consiguieron el resultado esperado de alcanzar la mayoría absoluta, por lo que la socialdemocracia y los liberales gritaban sobre el triunfo de la «libertad y la democracia» augurando de hecho la próxima y rápida descomposición orgánica de los nazis, el fin del efecto de los nazis entre las masas; unos meses después, con una nueva crisis institucional, los nazis llegarían a controlar el poder absoluto, y el resto es conocido por todos. Así pues, repetir esta experiencia sería de idiotas. La burguesía no arma y financia al fascismo por diversión sino por necesidad, por lo que si lo ve precisa no cesará en su empeño por unos resultados electorales no satisfactorios.

7. ¿Es el socialdemocratismo un aliado fiable en la lucha contra el fascismo?

Los líderes de Podemos y gente afín teorizan que esta puede ser la oportunidad para que el PSOE gobierne con Podemos, logre una estabilidad político-económica, y de paso frenar al fascismo. Esto es un espejismo.

El socialdemocratismo ha demostrado, tanto en Europa como en América, que en sus diversos intentos de luchar contra el fascismo, incluso cuando esta puesto entre la espada y la pared por su supervivencia, si no es acompañado y dirigido firmemente por los comunistas, rápidamente imprime posturas totalmente utópicas, oportunistas, claudicadoras o simplemente insuficientes para vencer a dicho fenómeno. Además, se suele caer preso de teorías fatalistas como el «inevitable triunfo del fascismo» o se trazan estrategias titubeantes basadas en la idea de «no enojar a la bestia fascista», creyendo que complaciendo a los fascistas en sus demandas más «sensatas», se quedarán ahí.

Las promesas de Pedro Sánchez de ilegalizar a los partidos intolerantes como prometía en relación a Vox antes de las elecciones del 28 de abril de 2019, no pueden ser tomadas en serio, sino como una estratagema electoralista; además una ley de este tipo puede ser utilizada por la burguesía, «progresista» o no, no solo para eliminar a organizaciones derechistas sino a organizaciones revolucionarias y marxista-leninista bajo la mima premisa de organización intolerante, o directamente empleada únicamente contra estos últimos como ha sucedido en países del antiguo bloque revisionista. Además, las dudas aumentan si tomamos en cuenta que el PSOE fue uno de los culpables de que la Transición se hiciese sin condenar al franquismo, y sin hacer que los franquistas rindieran cuentas por los crímenes cometidos. Incluso si miramos más atrás, varias de las actitudes del PSOE gobernando, no solo fueron en contra de los intereses populares, sino que son la constatación de que ha constituido como un grupo político que sirve a la burguesía y la representa. No en el sentido de que fuesen tan fascistas como los fascistas, sino de que sus líderes decían luchar por el socialismo, pero cuando la situación les pone entre la espada y la pared, con sus medidas antipopulares y el ejercicio de acciones represivas contra el pueblo se comportaban como los gendarmes de la reacción, lo que conectado a otras cuestiones, precisamente dejaban el camino abierto al crecimiento de la demagogia fascista y a la progresiva fascistización del país –durante la crisis republicana-socialista de 1933 o el uso del terrorismo de Estado durante los gobiernos de los 80–. No hace falta citar el papel claudicador y derrotista de la mayoría de líderes socialistas [socialdemócrata en realidad] durante la guerra civil de 1936-1939 como de la postura oportunista de algunos tratando de adaptarse al franquismo, o las simpatías hacia EE.UU. en mitad de la Guerra Fría y la consiguiente disyuntiva entre comunismo y capitalismo, entre marxismo y liberalismo.

¿Qué es lo que lleva a la socialdemocracia a ser tan atractiva para las capas atrasadas y a la vez resulte tan endeble para las capas más concienciadas?

Para las capas atrasadas supone un polo intermedio entre el conservadurismo de la derecha y el aparente radicalismo del comunismo. Debido al bajo nivel político y cultural de las masas, es posible simplificar esto hasta estos extremos en casi todas las cuestiones, si a eso le sumamos la escasa memoria política, cuando no la indiferencia hacia la política, tenemos siempre en la socialdemocracia la opción sensata para el nivel político del votante medio. En el caso español, el hecho de que el PSOE haya conseguido adaptarse oportunamente a los movimientos sociales de moda como el movimiento LGTBI o a las variadas ramas del feminismo, suma un gran número de votantes fieles de diversos colectivos en auge, colectivos a los que por supuesto no se discute ni una coma de todas sus teorías y conclusiones ni siquiera cuando se encuentran disparates de tamaño, ya que contradecir públicamente a cualquier de estos movimientos se interpreta desde la cúpula de los grandes partidos socialdemócratas como una «lucha ideológica estéril» que bien puede hacerle perder votos, algo que no se pueden permitir.

Pero entre las cuestiones siempre pendientes, está la cuestión social. Cuando la socialdemocracia está en el poder, comete como viene haciendo desde hace siglos, una evidente política de colaboración de clases lo que le mete de lleno en una contradicción de la cual no puede escapar: ya que dicen defender a los «trabajadores» o a «toda la nación» sin distinción de clases, mientras en la práctica gobiernan en favor de una parte ínfima de ella, esto es, gobiernan en favor de los explotadores y en contra de la mayoría de población: los explotados. Al colocarse en pro de los deseos de los poderosos no solo no resuelve la problemática de la cacareada «justicia social» sino que ahondan las contradicciones del capitalismo y sus tensiones sociales, y por tanto causa un desapego entre los trabajadores de mayor concienciación socio-política. A su vez, con sus actuaciones la socialdemocracia crea condiciones objetivas para que sus opositores –desde anarquistas, conservadores, comunistas hasta fascistas– puedan aprovechar dicho panorama si son hábiles y audaces en la realización de un buen trabajo de persuasión entre las masas. De hecho, cualquiera grupo político que pueda realizar un buen trabajo de masas estaría en condiciones de radicalizar y llevar hacia su terreno a las masas trabajadoras descontentas con los socialdemócratas.

El PSOE en estos 9 meses de gobierno, ha incumplido varias de sus promesas realizadas ante sus votantes: la exhumación de Franco del Valle de los Caídos, abolir la Ley Mordaza, cambiar la última Reforma Laboral del PP, publicar la lista de los amnistiados fiscales por la ley del PP, retirar las medallas a franquistas torturadores como Billy el Niño –concedida precisamente por el socialdemócrata Felipe González–, parar las deportaciones en caliente de inmigrantes, subida de impuestos a grandes compañías, intervenir y regular el precio de la vivienda, etc.

El hecho de que el PSOE haya sacado una gran victoria electoral para lo que se esperaba, no descarta que no vaya a incumplir de nuevo las medidas más progresistas de su programa. Y cuando eso ocurra de nuevo, ante la inexistencia de un partido comunista, es bien sabido a donde irán a parar estas condiciones objetivas de crisis y desastre provocado por la socialdemocracia: bien por la no resolución del desempleo, por una nueva crisis regional o mundial de la cual no pueda escapar, por el incumplimiento de su programa en las tareas más básicas, o por los factores múltiples que son imaginables. Será aprovechado por la derecha –PP, C’s o VOX–. Ya que la otra formación socialdemócrata, Podemos, ha demostrado en su corta vida no tener capacidad para distanciarse en el discurso y el programa de muchas de las cuestiones claves, y como ya advertimos, el fraccionalismo hará el resto para que desunido y falto de influencias, pase a ser la muleta del PSOE más pronto que tarde, como ha venido sucediendo desde hace unos años.

Es loable decir que en Europa y concretamente España, el PSOE se ha mostrado como un partido altamente derechizado con el paso de las décadas, que más que socialdemócrata se ha comportado como un partido neoliberal. Es el culpable de la adhesión de España a la OTAN y a la Unión Europea, conocido además por las medidas de desindustrialización, terrorismo de Estado, y conocidos casos de corrupción en los 80 y 90. Para muestra un dato: las mayores huelgas del postfranquismo se han producido durante los gobiernos del PSOE en la era de Felipe González, el cual atacó la sanidad, las pensiones, la educación y los derechos laborales. En 1986, sin ir más lejos, se permitió a EE.UU. hacer uso del espacio soberano del país durante los desarrollos de la operación «El Dorado Canyon» dirigida contra Libia, así como apoyó a la intervención de la OTAN en Yugoslavia durante los 90. Durante el gobierno de Zapatero el PSOE propició sendas reformas laborales e inyecciones a los bancos con dinero público, así como varios recortes en todos los sectores público, y ha sido cómplice en la mayoría de aventuras del imperialismo mundial, mientras que en otras ocasiones ha mirado hacia el otro lado cuando convenía.

Recientemente, ya con Pedro Sánchez en la presidencia, hemos observado como en una violación frontal y directa del Derecho Internacional y de la Convención de Viena, el PSOE procedió a reconocer al venezolano Juan Guaidó como presidente encargado de Venezuela, alineándose con los intereses y mandatos de EE.UU. en un empuje intervencionista directo y descarado que se creía de época pretérita. Entiéndase que Venezuela está gobernada por un partido revisionista que debe de ser superado por el pueblo trabajador venezolano organizado en torno a un verdadero partido comunista que no vemos en ningún lugar del país, pues solo vemos caricaturas. Eso ya lo hemos dejado claro en muchas ocasiones. Dicho esto y en este caso, estamos ante un sujeto, que no solo no se presentó a las elecciones generales entre cuyos observadores internacionales se encuentra el expresidente Español por el PSOE, José Luis Rodríguez Zapatero, quién validó esas elecciones como transparentes desde los cánones electorales de un régimen democrático-burgués, sino que Guaidó ha sido electo por terceros Estados, estamos ante el intento de imposición de un gobernante; en el mismo sentido y conforme las tareas que emana la Constitución y la Ley venezolana para la figura de presidente encargado: a estas alturas no solo ha expirado su plazo sino que no siquiera ha cumplido con la tarea mínima de haber convocado a elecciones, lo que por otro lado resulta imposible al no tener el poder económico-político del país caribeño, aunque no creemos que tuviera la intención de convocar a elecciones aun en el hipotético caso de tener suficiente poder como para hacerlo. En cualquier caso, vuelve a estar patente la fragilidad ideológica de los socialdemócratas en temas sensibles que implican en este caso el derecho internacional. Si el lector desea leer más sobre la situación venezolana y sobre nuestra postura, recomendamos: «Las causas reales de la permanente crisis político-económica venezolana» de 2018.

Esta derechización progresiva del PSOE ha sido una tendencia general de la socialdemocracia a nivel mundial:

«Con el devenir de los años, y los acontecimientos históricos, la socialdemocracia viró hacia la derecha, al tiempo que las diferentes tendencias revisionistas también giraron hacia la derecha, buscando la fusión con la socialdemocracia, eliminado las endebles líneas demarcadoras entre los partidos revisionistas y los socialdemócratas. Pero la socialdemocracia siguió en su deriva ideológica propia acercándose a los postulados capitalistas de moda, así en los últimos años, entrado el siglo XXI, los partidos socialdemócratas han sufrido una agudización del proceso de derechización hasta extremos insospechados; de hecho, estas agrupaciones no llegan a cumplir en sus programas y acciones ni siquiera con los viejos esquemas programáticos de socialdemocratismo de mediados del siglo pasado; de hecho, los partidos socialdemócratas en el poder han liderado gran parte de las medidas más reaccionarias de los gobiernos del mundo, son directos representantes y defensores del gran capital, de la gran burguesía, de la oligarquía más insultante, de la reacción, aliado de los monopolios e imperialismo –cuando no los lideran–; y en grandes ocasiones forman parte de la vanguardia teórico-práctica del capitalismo neoliberal. Incluso, en la actualidad es extremadamente difícil diferenciar a un partido socialdemócrata de un partidos considerado de «derecha», o conservadores, o liberales, o neoliberales, fascistas, etc.

Ante esta perspectiva y los fracasos de sus gobiernos, estas organizaciones han caído en el descrédito y la pérdida de influencia en las masas lo que los ha llevado a una profunda y permanente crisis que se ha traducido en la continua traición de los intereses de las masas trabajadoras. Se ha llegado al punto de que tanto viejos como nuevos socialdemócratas tienen miedo a denominarse como tal porque saben de que están desacreditados antes las masas trabajadoras que son conocedoras de sus traiciones, esto les ha empujado a utilizar eslóganes eclécticos propios del fascismo como: «ni de izquierdistas ni de derechas», pero sus propuestas, y sobre todo su práctica, siguen demostrando que son herederos de la II Internacional, así como integrantes de su reedición, la Internacional Socialista». (Equipo de Bitácora (M-L); Terminológico, 2015)

Entiéndase el caldo de cultivo que eso crea para ser aprovechado por el fascismo.

De hecho, para que se entienda el nivel de «fiabilidad», el PSOE ya intentó pactar con Ciudadanos en 2015 para formar gobierno, los mismos que en Andalucía gobierna de la mano con el PP y Vox para aumentar el precio de las guarderías o derrumbar la Ley de Memoria Histórica. Sería una totalidad ingenuidad confiar en la dirección del derechizado PSOE.

Es ya hora de dejar de considerar en general como hace Podemos al PSOE como un «partido progresista» más allá de las medidas en favor de los trabajadores que en un momento determinado haya promovido bajo la presión popular como la ley del divorcio o la ley del aborto en los 80, o recientemente la cacareada subida del salario mínimo que tampoco se equipara a lo esperado con otros países europeos, y que ya está siendo contrarrestada con anuncios de subidas de impuestos. Si pusiéramos en una balanza las acciones del PSOE, veríamos que en su mayoría ha perjudicado gravemente los intereses populares. No olvidemos que fue un cómplice esencial –junto a otros como el PCE, el PNV o CIU– en la estafa de la transición con la «bombardearon» a las masas de que el nuevo régimen de tipo democrático-burgués que salía del franquismo sin depurar, iba a solucionar sus problemas políticos y de clase.

El PSOE ha demostrado sobradamente que es un partido más del gran capital, y que actúa en contra de los intereses populares, y que, en muchas otras ocasiones y cuestiones, simplemente se ve forzado a implementar medidas progresistas acordes a la época. Por ello debemos insistir en diferenciar la cúpula, los cuadros intermedios y los militantes de base, sus votantes o simpatizantes.

De Podemos ya hemos concluido en no pocas ocasiones que aspira a ocupar el lugar dejado por el PSOE en su movilización hacia la derecha, y además padece los mismos problemas que el PSOE ha padecido a lo largo de su historia en todos los sentidos.

8. ¿Es posible influir sobre el campo antifascista sin un partido comunista constituido y fuerte?

«Los movimientos antifascistas pese a tener grandes inclinaciones progresistas e incluso revolucionarias no son garantía de éxito en la lucha contra el fascismo debido a su carácter ecléctico en lo ideológico: la cuestión antifascista, como la cuestión nacional, de género y otras no tendrá una garantía de éxito sino es conducida desde una perspectiva marxista-leninista. En los frentes antifascistas con otras organizaciones no marxistas, lejos de primar la piedad con los conceptos y prácticas antifascistas antimarxistas, debe prevalecer la crítica a los cabecillas de estas organizaciones, enseñando a su base que conceptos políticos derrotistas, reformistas, utópicos, terroristas, idealistas, pacifistas, skinheads, no tienen nada que ver con un antifascismo consecuente. Que lo único que logra ese antifascismo es bañar a la clase obrera en un charco de sangre». (Equipo de Bitácora (M-L); Estudio histórico sobre los bandazos oportunistas del PCE(r) y las prácticas terroristas de los GRAPO, 30 de junio de 2017)

Respondemos tajantemente que no.

Lo primero que tenemos que aclarar de nuevo es lo siguiente:

«La primera obligación de un partido que aspira a ser la vanguardia proletaria es la organización del proletariado; así el objetivo estratégico fundamental en ese fin –y que pasa por la acumulación de fuerzas– no es aunar un buen número de votantes fieles para un mero «contraataque» electoral ni una política de «resistencia» armada como preconizan algunos románticos del guerrillerismo-terrorismo con sus atentados, pues ni ese reformismo ni ese terrorismo llevan al partido a la acumulación real de fuerzas ni a la revolución, sino que nos referimos a trabajar para hacer coincidir las «condiciones objetivas» –que no dependen de nuestra voluntad– con las «subjetivas» para un proceso revolucionario al socialismo; y estas son el fruto de un partido marxista-leninista sólido en pensamiento y acción, con una línea política correcta, que mediante un trabajo de trabajo de masas, logre el aumento del nivel ideológico de las masas y llegue hasta el punto de lograr el autoconvencimiento de esas masas por su propia experiencia de la correcta línea del partido y sus acciones, se vaya viendo una mayor promoción de cuadros probados cada vez con más experiencia y formación, se acumulen y encabecen luchas y experiencias contra las instituciones y sus fuerzas, choques de carácter violento y no violento, y en resumidas cuentas toda una serie de condiciones que puedan hacer desencadenar finalmente la toma de poder y la revolución. Vale decir que el desarrollo de las condiciones subjetivas por tanto, ha de darse también cuando las condiciones objetivas no son propicias, y así estar preparados organizativamente hablando para cuando las condiciones objetivas acaben dándose. De hecho este retraso en la acumulación de fuerzas, esa desorganización del proletariado, es lo que hace que no se avance ni siquiera en luchas menores, lo que ha permitido al capital en crisis, desarrollar todo un enjambre de políticas encaminadas a vaciar de contenido el derecho laboral. Es por ello, que aislando al partido de estos sucesos no puede cumplir la misión de vanguardia, que como organizador de los elementos obreros más conscientes debe ocupar, y se acaba zozobrando en una autosatisfacción de meras consignas». (Equipo de Bitácora (M-L); Crítica al documento: «El PCPE explica el porqué de no participar en la Marcha de la Dignidad», 2014)

Estos requisitos indispensables actualmente no lo cumplen ni uno solo de los autoproclamados partidos comunistas.

Algunos en un intento de cosechar alianzas con fines oportunistas, sacan a relucir sin venir a cuento experiencias históricas como el frente popular de 1936-1939 y proponen también la reedición de otros frentes antifascistas. Por supuesto no citan los errores y deficiencias de los comunistas en las experiencias de dichos frentes, pero olvidan algo aún más importante: la existencia de un partido comunista como tal y con una influencia arraigada, sin el cual es imposible ejercer una influencia sobre el resto de organizaciones –ni siquiera sobre el papel–.

También hay que dejar claro que los comunistas no aspiran –como propone el anecdótico Partido del Trabajo Democrático (PTD)– a mantener la independencia organizativa, y al mismo tiempo ceder el programa y el discurso para convertirse en el furgón de cola permanente de un partido socialdemócrata [Podemos], a bendecir todas sus decisiones bajo la excusa de que es el «mal menor». El considerarse «críticos» pero no criticar ni contradecir ninguna de las decisiones de mayor calado de la organización socialdemócrata, conduce a los presuntos comunistas a un callejón sin salida. Es la misma desastrosa táctica que ha hecho el Partido Comunista de Venezuela (PCE) con el chavismo durante dos décadas, cuyos resultados ya sabemos todos.

Tampoco es lícito adoptar la famosa táctica trotskista del «entrismo» en los grupúsculos revisionistas del montón manteniendo una doble militancia y permitiéndose el lujo de no criticar a la dirección «para no ser expulsados y no perder el contacto con las masas». Históricamente hemos visto como cuando estos «posibilistas» desarrollan esta táctica acaban disolviéndose en estas organizaciones inmundas sin pena ni gloría, como ha sucedido a multitud de formaciones trotskistas en el PSOE, IU o ahora en Podemos con los Anticapitalistas. Esto pierde aún más sentido cuando el entrismo se realiza en grupúsculos marginales.

Para los comunistas su propósito es otro, es aspirar a mantener una posición independiente, clara y científica en todas y cada una de las cuestiones básicas, exista o no el partido comunista. El objetivo siempre debe de ser diferenciarse de los pseudocomunistas, para precisamente poder aunar fuerzas con los verdaderos comunistas, para estrechar lazos y superar el primitivismo organizativo existente en todos los países en la actualidad.

Eso no significa que ante la inexistencia de un partido comunista real los comunistas de hoy no tengan nada que hacer respecto al tema del fascismo en cuestión, que deban quedarse de brazos cruzados.

La tarea de los comunistas respecto al fascismo emergente debe ser intervenir en todo el radio de acción que le sea posible ligarse a las masas, aunque sea escasamente, y desde ahí inocular su visión antifascista, para poder ir acumulando influencia entre las masas. Esto incluye diversas formas: desde el trabajo teórico hasta el influir desde su puesto de trabajo, sindicatos obreros, campesinos y universitarios, aprovechar las reuniones familiares y lazos de amistad, operar en las asociaciones vecinales, y por supuesto no puede descartarse participar en asambleas abiertas de otros partidos u organizaciones políticas sean del signo que sean para hacer oír la voz propia. Hay que aprovechar la cuestión de la urgencia actual del antifascismo, para realizar un trabajo que pueda arrastrar a los elementos más conscientes a un proyecto loable para que precisamente no se tenga que adoptar una posición defensiva sino ofensiva en la cuestión electoral.

9. ¿Significa eso excluir acciones conjuntas con las bases de diversos movimientos? ¿Es menester rebajar la crítica ideológica a dichos colectivos sensibles al antifascismo en sus bases?

En esta cuestión debemos citar nuevamente a Dimitrov. Sobre todo cuando habla de la lucha contra la fascistización en países gobernados por socialdemócratas, y los problemas que eso crea entre los obreros engañados por el reformismo:

«Los comunistas en los países, donde existen gobiernos socialdemócratas, al aprovechar las reivindicaciones concretas correspondientes, tomadas de las plataformas de los propios partidos socialdemócratas y las promesas electorales de los ministros socialdemócratas, como punto de partida para acciones conjuntas con los partidos y organizaciones socialdemócratas, podrán después desplegar con mayor facilidad una campaña para establecer el frente único, basándose ya en otra serie de reivindicaciones de las masas, que luchan contra la ofensiva del capital, contra el fascismo y la amenaza de guerra. Además, hay que tener presente que, si las acciones conjuntas con los partidos y organizaciones socialdemócratas exigen de los comunistas, en general, una crítica seria, razonada, del socialdemocratismo como ideología y práctica de la colaboración de clases con la burguesía, así como esclarecer infatigablemente y con espíritu de camaradería a los obreros socialdemócratas el programa y las consignas del comunismo, esta tarea es de singular importancia para la lucha del frente único, precisamente en los países donde existen gobiernos socialdemócratas. (…) Hemos asociado y seguiremos asociando la presteza para lanzarnos a la lucha contra el fascismo, conjuntamente con los partidos y organizaciones socialdemócratas, con la lucha irreconciliable contra el socialdemocratismo, como ideología y como práctica de la conciliación con la burguesía, y también, por consiguiente, contra toda penetración de esta ideología en nuestras propias filas». (Georgi Dimitrov; La clase obrera contra el fascismo; Informe en el VIIº Congreso de la Komintern, 2 de agosto de 1935)

Por si no ha quedado claro, revisemos lo que el búlgaro diría dos años después contra algunas distorsiones que se estaban dando entre algunos comunistas sobre esta cuestión:

«Sería ingenuo pensar que la realización de la unidad de acción del proletariado se puede conseguir tratando de ganar a los líderes reaccionarios por el camino de la persuasión, las exhortaciones o los exorcismos. La unidad del proletariado internacional no se puede lograr sin una lucha tenaz de todos sus partidarios contra los enemigos declarados o encubiertos de dicha unidad. A veces se escuchan en las filas de los socialdemócratas voces según las cuales los comunistas, con su crítica abierta y franca respecto de la conducta de los dirigentes de la II Internacional y de la Internacional de Ámsterdam, dificultan la creación de un frente único. ¿Pero acaso puede lograr la creación de un frente único si no se critica de la manera más decidida a quienes no escatiman sus esfuerzos por obstaculizarlo? ¿Qué clase de dirigentes del movimiento obrero seríamos, si no dijésemos abiertamente toda la verdad sobre una cuestión tan importante para toda la clase obrera? Quién pasa por alto u oculta los actos nocivos de los dirigentes reaccionarios en las filas del movimiento obrero, no ayudan a la causa de la unidad de la clase obrera. Quién renuncia –so pretexto de que ello redundaría en favor del frente único proletario– a la lucha contra sus enemigos y a la crítica contra el reformismo que subordina el movimiento obrero a los intereses de la burguesía, presta un mal servicio a la clase obrera. (…) Se equivoca profundamente quien piensa que la lucha por el frente popular nos exime de la obligación de llevar a cabo una lucha por una base de principios y por los intereses esenciales del movimiento obrero, contra las teorías y conceptos hostiles a la clase obrera. Esta lucha no perjudicaría a la causa del frente popular; al contrario, solo podría favorecerla. Algo más. Esta lucha es la premisa necesaria para un despliegue y fortalecimiento reales del frente popular contra el fascismo y la guerra. (…) Al aplicar la política del frente popular contra el fascismo y la guerra, al desplegar acciones conjuntas con los demás partidos y organizaciones de los trabajadores contra el enemigo común, al luchar por sus intereses vitales y por sus derechos democráticos, por la paz y la libertad, los comunistas no pierden de vista la necesidad histórica del derrocamiento del capitalismo ya anacrónico, y de la edificación del socialismo, que lleva aparejada la liberación de la clase obrera y de toda la humanidad. Coordinar de manera justa la política del frente popular con la propaganda del marxismo, con la observación del nivel teórico de los cuadros del movimiento obrero, con la asimilación de la gran doctrina de Marx-Engels-Lenin, como una guía para la acción: eso es lo que tenemos que aprender y enseñar diariamente a nuestros cuadros y a las masas». (Georgi Dimitrov; La unidad del proletariado internacional, imperativo supremo del momento actual, 1 de mayo de 1937)

¿Cuáles serían los puntos principales en los que deberían basarse los comunistas para ir conformando un frente antifascista a nivel genérico?:

«La defensa de los intereses económicos y políticos inmediatos de la clase obrera, y su defensa contra el fascismo ha de ser el punto de partida y el contenido principal del frente único en todos los países capitalistas. (…) Esto significa, en primer lugar, la lucha conjunta por descargar de un modo efectivo las consecuencias de la crisis sobre las espaldas de las clases dominantes, sobre las espaldas de los capitalistas, de los terratenientes, en una palabra, sobre las espaldas de los ricos. Significa, en segundo lugar, la lucha conjunta contra todas las formas de la ofensiva fascista, por la defensa de las conquistas y derechos de los trabajadores, contra la liquidación de las libertades democrático-burguesas. Significa, en tercer lugar, la lucha conjunta contra el peligro cada vez más inminente de la guerra imperialista, lucha que dificultaría la preparación de esta guerra. (…) Naturalmente, los comunistas no pueden, ni deben renunciar, ni por un solo minuto, a su labor propia e independiente de educación comunista, de organización y movilización de las masas. Sin embargo, para asegurar a los obreros el camino hacia la unidad de acción, hay que conseguir sellar al mismo tiempo acuerdos a corto y a largo plazo sobre acciones comunes con los partidos socialdemócratas, los sindicatos reformistas y las demás organizaciones de los trabajadores contra los enemigos de clase del proletariado. En estos pactos, la atención principal debe encaminarse a desencadenar acciones de masas en los distintos lugares, que deberían ser llevadas a cabo por las organizaciones de base mediante acuerdos locales. A la par que cumplimos lealmente las condiciones de todos los acuerdos pactados con ellos, desenmascararemos implacablemente cualquier sabotaje, cometido contra las acciones conjuntas por personas u organizaciones, que tomen parte en el frente único. A cuantos intentos se hagan por frustrar los acuerdos pactados, y estos intentos posiblemente se harán, contestaremos apelando a las masas y continuando infatigablemente la lucha por restablecer la unidad de acción violada». (Georgi Dimitrov; La clase obrera contra el fascismo; Informe en el VIIº Congreso de la Komintern, 2 de agosto de 1935)

Por supuesto, a las sectas de presuntos «comunistas» les temblarán las piernas con solo teorizar el hecho de tener que presentarse en sindicatos amarillos, de tener que persuadir a las bases de las organizaciones reformistas o anarquistas, incluso fascistas. Esto se manifiesta como expusimos en varias ocasiones en los grupos que casualmente rechazan bajo una excusa u otra el presentarse a elecciones municipales o generales. ¿Pero qué se creen que hacían los comunistas para avanzar, solamente agitación y propaganda donde les fuese más cómodo? Craso error:

«En la situación actual, el sectarismo, ese sectarismo engreído, como lo calificamos en nuestro proyecto de resolución, entorpece ante todo nuestra lucha por la realización del frente único; ese sectarismo, satisfecho de su estrechez doctrinaria y de su alejamiento de la vida real de las masas. (…) El sectarismo, para el cual todo es una pequeñez; ese sectarismo engreído no quiere, ni puede comprender que situar a la clase obrera bajo la dirección del partido comunista no se consigue espontáneamente. El papel dirigente del partido comunista en las luchas de la clase obrera hay que conquistarlo. Para esto, no hace falta declamar acerca del papel dirigente de los comunistas, sino que hay que merecer, ganar, conquistar la confianza de las masas obreras con una labor cotidiana de masas y una política justa. Esto sólo se logrará si nosotros, los comunistas, en nuestra labor política tenemos seriamente en cuenta el verdadero nivel de conciencia de clase de las masas, su grado de revolucionarización, si apreciamos seriamente la situación concreta, no a través de nuestros de deseos, sino a través de la realidad. Tenemos que facilitar a las extensas masas, pacientemente, paso a paso, el tránsito a las posiciones del comunismo. (…) La política del frente único se suplantaba frecuentemente por meros llamamientos y por la propaganda abstracta». (Georgi Dimitrov; La clase obrera contra el fascismo; Informe en el VIIº Congreso de la Komintern, 2 de agosto de 1935)

10. Errores históricos en la lucha contra el fascismo

Ya hemos comentados algunos errores que no se deben cometer de nuevo en el campo antifascista. Pero hemos de hablar de algunos más.

¿Es verdad aquello de que llamar fascismo a Vox es contraproducente?

Uno de los periodistas españoles más activos en su investigación y denuncia de Vox y sus trapos sucios, nos dice:

«El fascismo de nuestro tiempo no es el que se generó en los años 30. Nos ha tocado vivir una nueva conformación de lo primitivo de su ideología, el odio al diferente y la discriminación a la minoría. El autoritarismo propio de aquellos fascismos adopta nuevas formas y lo prioritario es evitar que puedan llegar a tener la suficiente importancia como para implementar sus medidas reaccionarias y antidemocráticas. Vox es lo más parecido que tenemos al fascismo en España y, sin embargo, por eso mismo es contraproducente usar el término en el combate público para evitar que se retroalimente de él». (Antonio Maestre; Manual de Vox para antifascistas emocionales, 9 de diciembre de 2018)

Lejos de ello, los comunistas piensan que a las cosas hay que llamarlas por su nombre, no abusando de eslóganes machacados, pero siempre argumentando lo que se dice, explicando pacientemente a las masas.

Igual que criticamos cuando se califica de fascismo cuando no lo es, sería un grave error no identificar de forma abierta al fascismo ante las masas cuando si lo es. Preocuparnos por los epítetos que el fascismo vaya a utilizar contra nosotros: totalitarios, sanguinarios, amorales, sería igual que preocuparnos por lo que los revisionistas digan de nosotros: iluminados, sectarios, dogmáticos. Al fin y al cabo, como mecanismo de defensa siempre van a utilizar descalificativos y argumentos indemostrables. Por lo que no hay nada que temer. De lo que si tenemos que guardarnos es de que las masas no lleguen a comprendan el peligro que supone el fascismo.

Por último, dejaremos algunas de las perlas que vendrían bien en repasar muchos doctrinarios, que se les llena la boca al citar a Dimitrov y a la Komintern, pero no han entendido la médula de su pensamiento.

Sobre el considerar a todo fascismo:

«En nuestras filas se manifiesta la tendencia a considerar al fascismo de un modo general, sin tener en cuenta las particularidades concretas de los movimientos fascistas en los distintos países, calificando erróneamente como fascismo a todas las medidas reaccionarias de la burguesía, llegando inclusive a catalogar como fascistas a todos los sectores no comunistas. Lo que se conseguía con esto no era fortalecer, sino, por el contrario, debilitar la lucha contra el fascismo». (Georgi Dimitrov; Por la unidad de la clase obrera contra el fascismo; Discurso de resumen en el VIIº Congreso de la Komintern, 13 de agosto de 1935)

Sobre no distinguir y no apreciar las diferencias entre vivir en una democracia burguesa y un fascismo:

«Hoy millones de trabajadores, que viven bajo las condiciones del capitalismo, tienen necesariamente que determinar su actitud ante las formas que adquiere en los diversos países la dominación de la burguesía. Nosotros no somos anarquistas, y no puede en modo alguno sernos indiferente qué régimen político impera en un país dado: si la dictadura burguesa, aunque sea con los derechos y las libertades más restringidos, o la dictadura burguesa, en su forma descarada, fascista. Sin dejar de ser partidarios de la democracia soviética, defenderemos palmo a palmo las condiciones democráticas arrancadas por la clase obrera en años de lucha tenaz, y nos batiremos decididamente por ampliarlas». (Georgi Dimitrov; Por la unidad de la clase obrera contra el fascismo: Discurso resumen ante el VIIº Congreso de la Komintern, 13 de agosto de 1935)

Sobre creer que los trabajadores cambian de ideología rápidamente:

«No hay que creer que los obreros socialdemócratas que se hallan bajo la influencia de la ideología de la colaboración, inculcada a lo largo de decenas de años, van a abandonar por sí mismos esta ideología bajo la acción de ciertas causas objetivas. No. Es deber nuestro, de los comunistas, ayudarlos a liberarse del paso de la ideología reformista. La explicación de los principios y del programa del comunismo debe realizarse con paciencia y camaradería, y en consonancia con el nivel de desarrollo político de cada obrero socialdemócrata. Nuestra crítica de la socialdemocracia deberá ser más concreta y sistemática. Tendrá que basarse en la experiencia de las propias masas socialdemócratas. Hay que tener presente que, basándose sobre todo en la experiencia de su lucha conjunta y hombro con hombro con los comunistas contra el enemigo de clase, podremos facilitar y acelerar a los obreros socialdemócratas su desarrollo revolucionario. Para que superen las vacilaciones y las dudas, no existe medio más eficaz que su participación en el frente único proletario». (Georgi Dimitrov; Por la unidad de la clase obrera contra el fascismo: Discurso resumen ante el VIIº Congreso de la Komintern, 13 de agosto de 1935)

Un resumen de las desviaciones thälmannianas:

«En Alemania, fue solamente después de la llegada de Hitler, que los comunistas defendieron la clara consigna de defensa de los sindicatos libres, seguido de los lemas de restaurar los sindicatos libres. (…) Por otra parte, un error igualmente grave como la subestimación del peligro fascista fue el hecho de ver fascismo donde no existía. Este error se debió a que una serie de escritores comunistas dieron una interpretación mecánica de la declaración del VIº Congreso de la Komintern de 1928 donde se decía que la burguesía se veía obligada cada vez más por recurrir al fascismo. En Alemania, los comunistas durante mucho tiempo mantuvieron el punto de vista que el gobierno socialdemócrata de Hermann Muller estaba trabajando para la fascistización, que el gobierno de Brüning ya era un gobierno de dictadura fascista. Por otra parte, subestimaron el movimiento de Hitler, bajo la suposición de que en un país como Alemania, donde la clase obrera estaba tan altamente organizada, los hitlerianos no podrían hacerse con el poder y que las masas pequeño burguesas que viraron espontáneamente a acudir en masa hacia los hitlerianos, pronto se apartarían de ellos. (…) Estos errores se debieron a la absolutamente falsa concepción de que todos los partidos burgueses son fascistas, que «no hay dos métodos de dominación burguesa» [democracia burguesa y abierta dictadura terrorista fascista – Anotación de Bitácora (M-L)], y que era indecoroso para los comunistas la defensa de la democracia burguesa. Mientras no podamos sustituir la democracia burguesa por la democracia proletaria, por la dictadura del proletariado, el proletariado está interesado en defender todos los derechos de la democracia burguesa para que puedan ser utilizados para preparar a las masas en el derrocamiento del poder capitalismo y lograr la democracia proletaria». (Wilhelm Pieck; Las actividades del Comité Ejecutivo de la Komintern; Informe en el VIIº Congreso de la Komintern, 26 de julio de 1935)

Esto debe quedar claro». (Equipo de Bitácora (M-L); Las elecciones, la amenaza del fascismo, y las posturas de los revisionistas, 2019)

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