4 de junio de 1943: un nuevo aniversario

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Darío Herchhoren.— El 4 de junio de 1943 el ejército argentino dió un golpe de estado, y separó de la presidencia de la República Argentina al presidente Ramón Castillo. Con ese golpe se ponía fin a lo que se llamó con toda justicia «la década infame», que en realidad duró 13 años. Ese ominoso período de la historia argentina comenzó con otro golpe dirigido por el general fascista José Félix Uriburu, que destituyó al gobierno democráticamente elegido de Hipólito Yrigoyen, el 6 de septiembre de 1930, y que inauguró un tiempo obscuro de falta de trabajo, miseria moral y económica, y entrega de la economía argentina a Gran Bretaña y a los monopolios norteamericanos de la carne y de los granos.

La vieja oligarquía argentina, aliada al capital extranjero y siempre servil ante él gobernaba el país como si fuera una finca privada, y bautizó esa misma época como la del «fraude patriótico». Es decir que además de cometer ese fraude amañando elecciones, se ufanaba de ello diciendo que todo lo hacían «por el bien de la patria». Esto recuerda a Carlos III de España cuando practicaba el despotismo ilustrado. Todo por el pueblo, pero sin el pueblo.

La Argentina surgida del golpe fascista de 1930 era en realidad una colonia inglesa al uso. El primer ministro inglés, que era Sir Winston Churchill bautizó a la Argentina como el «quinto dominio» de Inglaterra. Los otros cuatro eran Canadá, la India, (llamada la India inglesa para que no quepan dudas), Australia y Nueva Zelanda.

El director del Banco de la Nación Argentina era Sir Otto Leguizamón (argentino), que había sido nombrado Lord del imperio británico, por sus importantes servicios a la corona inglesa. Los ferrocarriles argentinos lo eran solo de nombre, ya que su propietario era Inglaterra, y el jefe de los letrados del servicio jurídico de esos ferrocarriles era Roberto Ortiz, que luego fue digitado como Presidente de la República Argentina en la misma década infame.

Es en esa misma época en que la cultura argentina está representada por dos grupos de intelectuales. Uno de ellos era el grupo de Florida, calle donde estaban las tiendas de moda más caras, y que se reunían en la cafetería Richmond, y el grupo de Boedo, una calle de Buenos Aires del barrio del mismo nombre, y donde se reunían los intelectuales comprometidos con la clase obrera.

En el primero de esos grupos militaban Jorge Luis Borges, Adolfo Bioy Casares, Victoria Ocampo, y que escribían una literatura traductora de valores que no eran los nativos. Eran en realidad lenguaraces de la cultura británica y norteamericana de la época.

En el grupo de Boedo militaban autores como Enrique Santos Discépolo, Homero Manzi, Leopoldo Lugones, Elías Castelnuovo, y que escribían letras y música de tangos que era la música del pobrerío, y obras de teatro, que planteaban una problemática popular, ligada a la vida desgraciada que pasaban los sectores populares.

El principal renglón de la economía argentina era sin duda la carne vacuna, que estaba en manos de frigoríficos ingleses, y que con el objeto de su mejor control, el gobierno argentino, firma con el británico el tratado Roca Runciman, por el cual los precios de la carne se fijaban no por el vendedor que era el gobierno argentino, sino que se fijaba según las cotizaciones de la bolsa londinense.

En esa década proliferaron en los grandes núcleos urbanos de Argentina barrios de chabolas (villas miseria según la nomenclatura argentina) sobre todo en Buenos Aires, y en el puerto de Rosario (segunda ciudad del país en aquellos tiempos), y que por cierto pertenecía a una compañía inglesa. Esos barrios de chabolas tenían unos nombres muy expresivos como Villa desocupación, o Villa Cartón.

Proliferaron las enfermedades venéreas como la sífilis y la blenorragia, y miles de mujeres se vieron sometidas a su explotación sexual. Las obras públicas eran ejecutadas por empresas extranjeras, marginando al capital nacional, y esa ejecución se efectuaba sin control alguno del estado, que solo pagaba gordas facturas donde se pagaban sobreprecios enormes, que iban a abultar los bolsillos de los amigos de la oligarquía.

Pero dentro de esa fatalidad, en Europa había estallado la guerra en 1939, y como efecto colateral Inglaterra ya no podía controlar a su quinto dominio como en años anteriores. Las importaciones desde Europa estaban paralizadas, y ello trae como consecuencia no querida por la oligarquía, que comiencen a fabricarse en el país insumos y artículos que no podían importarse. Otra consecuencia no querida es que comienza a crecer la clase obrera, nutrida por contingentes de trabajadores rurales que abandonan el campo y se acercan a las ciudades en busca de salarios mejores y de mejores condiciones de vida con un horario y un sueldo que mes a mes viene en un sobre.

El ejército argentino estaba atravesado por diversas logias secretas de oficiales, que en forma embrionaria comenzaban a pensar en un país independiente, desarrollado y soberano. No tenían claro de qué manera llevar a cabo ese proyecto, pero sabían que era necesario acabar con los gobiernos corruptos de la vieja oligarquía y poner en su lugar a otra clase social, que era una pujante burguesía que había crecido al amparo protector de la guerra europea y que reclamaba «su» lugar.

El golpe militar del 4 de junio de 1943, del que se cumple un nuevo aniversario significó un punto violento de la lucha de clases entre la vieja oligarquía terrateniente y la nueva burguesía nacional no aliada al imperialismo. Eso es el comienzo de una nueva andadura que culmina con el gobierno del General Juan Domingo Perón, que intenta una alianza entre la burguesía nacional y la clase obrera. Esa alianza funcionó bien, hasta que la relación de fuerzas en el mundo cambió, y la burguesía abandona a Perón y provoca su caida en 1955. Pero esa es otra historia de la cual ya hablaremos en otra entrada.

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