Artículo Original: Colonel Cassad

En esta última semana, los votantes de Zelensky han podido saber que:

  • La guerra en Donbass no va a acabar rápidamente, aunque existe el deseo de ello.
  • Criticar a Zelensky, igual que criticar a Poroshenko, puede llevarte a la base de datos Mirotvorets.
  • Las detenciones de cargueros que hayan viajado a Crimea continuarán.
  • Ucrania está perdiendo población, territorio y futuro, pero “da seguros pasos hacia la UE y la OTAN.

Nada de esto es propaganda del Kremlin, son declaraciones realizadas por personas de Zelensky o relacionadas con los grupos de Kolomoisky. Y cada vez es más difícil culpar de todo a las maquinaciones corruptas de Poroshenko (al que el billonario americano Kislin acusa de haber robado 8.000 millones).

Pese a los cambios de caras, la administración de Zelensky es, en su mayor parte, una previsible (salvo para aquellos que verdaderamente creyeron en Zelensky) copia de muchas de las formas de actuar del régimen de Poroshenko. Por el momento, se culpa a las personas que no han sido reemplazadas -el Gobierno, el Fiscal General y el Parlamento, pero todos ellos serán sustituidos a finales de agosto. Y después…

Ahora, la gente de Zelensky deja caer que muchas cosas se mantendrán esencialmente sin cambios porque, evidentemente, Estados Unidos no va a echar el freno en el conflicto ucraniano. Viendo la dinámica de las relaciones entre Estados Unidos y Rusia, es difícil imaginar que el régimen de Kiev vaya a tener la autorización de comenzar negociaciones con la RPD y la RPL tal y como quiere Rusia [y exigen los acuerdos de Minsk].

Así que la cuestión de “detener la guerra en Donbass lo antes posible”, que Zelensky utilizó hasta la saciedad en el periodo electoral (era útil en la primavera de 2019, ya que más del 50% de los ucranianos quería acabar la guerra y una proporción aún mayor defendía negociar con Rusia) gradualmente se sustituye por la retórica de “por supuesto, queremos la paz, pero…” en la que todo lo que viene después de ese pero es propaganda.

En la práctica, a pesar de los cambios en el liderazgo del Estado Mayor y en el comando del Ejército Ucraniano en Donbass, el nuevo régimen de Kiev no ha hecho nada significativo para detener completamente el fuego o para reducir su intensidad. Como muestran los partes de guerra de la RPD y la RPL, así como las informaciones de los corresponsales de guerra de ambas repúblicas, los bombardeos de ciertas zonas, los escarceos y la recogida regular de cuerpos a ambos lados de la línea del frente, sigue siendo la norma.

¿Puede esto sorprender a alguien más allá de quienes se hicieron ilusiones en Zelensky y Kolomoisky? Claro que no, era algo esperado. La cuestión habitualmente surge de quienes creen que Zelensky piensa lo que dice y que realmente quiere poner las cosas en marcha, ya que confunden la propaganda con la política del mundo real, en el que Kiev tiene soberanía limitada.

Se puede atribuir a la inercia del curso anterior y apuntar que algunos oficiales de Poroshenko ya han comenzado a tener problemas legales. Pero si se observa la situación en general, esta no difiere de lo ocurrido en Georgia con el cambio de Gobierno cuando Saakashvili fue derrotado y ocuparon su lugar otras caras que no cambiaron nada (y si había alguna fluctuación contraria a la línea oficial, Tiblisi rápidamente corregía el error, como se vio recientemente con las protestas en Georgia).

Las perspectivas de futuro han sido claramente detalladas por el embajador de Ucrania en el Consejo de Europa, que tras una larga divagación sobre la historia de la “Ucrania independiente”, admitió que, en general, todo está mal (especialmente en términos económicos y demográficos), pero lo principal no es eso sino la “libertad y la democracia”, por lo que es imposible abandonar el camino euroatlántico, a pesar del coste que ha tenido, que tiene y tendrá en forma de sufrimiento de la población. Este camino, que Poroshenko quiso incluir en la Constitución de Ucrania y que Zelensky no va a revertir, implica la desindustrialización, despoblación y pérdida de derechos sociales en Ucrania. En este asunto, Zelensky ya ha insistido en la continuidad que supone su administración con respecto a las de Yuschenko y Poroshenko.

¿Así que dónde están los cambios que había soñado aquellos que aún sueñan con que llegará alguien que no esté manchado y que no será el mismo Hetman? En política, la situación tiene matices y los actos de Zelensky no solo están limitados por la inercia del camino ya iniciado, sino por la dependencia de grupos financieros e industriales que financiaron su campaña y también por la administración Trump, que no está interesada en que haya cambios en Ucrania, que seguirá manteniendo el conflicto controlado en Donbass y que puede utilizarla para torpedear la campaña electoral de Biden [a quien considera el principal rival en las primarias demócratas].

La consecuencia final es que un espacio que podría parecer especialmente amplio tras los resultados de las elecciones presidenciales y legislativas se limita significativamente. Así que, por el momento, el equipo de Zelensky comienza a repetir y copiar los actos y la retórica de Poroshenko en cada vez más cuestiones.

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