Elijah J. Magnier.— Los últimos cuatro días han demostrado que Oriente Medio aún está lejos de ser inmune a la guerra entre Estados Unidos e Irán. El conflicto se extiende ahora a Irak, donde más de 105 personas han muerto y miles han resultado heridas en protestas en Bagdad y en muchas ciudades chiítas del sur, como Amara, Nasiriya, Basora, Najaf y Karbala. Podrían producirse manifestaciones similares en Beirut y otras ciudades del Líbano, dada la similitud de las reivindicaciones económicas en los dos países. La crítica situación económica en Oriente Medio proporciona un terreno fértil para los levantamientos que conducen al caos generalizado.

Irak ha sido un caso especial desde la ocupación estadounidense del país en 2003, debido a su posición como aliado tanto de Irán como de Estados Unidos. Hasta ahora, el Primer Ministro Adel Abdel Mahdi se ha basado en el artículo 8 de la Constitución, que exige el mantenimiento de un equilibrio entre Irak y sus aliados y países vecinos, al tiempo que garantiza que Mesopotamia no se convierta en el escenario de batallas ordenadas entre países en conflicto, como Estados Unidos e Irán o Arabia Saudí e Irán.

A pesar de los esfuerzos de los funcionarios de Bagdad, el deterioro de la situación económica en Irak ha llevado al país a un estado similar al de otros países de Oriente Medio que han experimentado la llamada “primavera árabe”. Aprovechando las reivindicaciones legítimas debidas a la precariedad de los puestos de trabajo y a la corrupción endémica, los levantamientos internos han sido manipulados para derribar regímenes y crear Estados fallidos, como ocurrió en Siria en 2011. Los países extranjeros y regionales han aprovechado las legítimas demandas de la población local para hacer avanzar sus propias agendas, lo que ha llevado a la destrucción total de los países afectados.

Fuentes de la oficina del Primer Ministro irakí han afirmado que “las últimas manifestaciones se habían planeado para unos dos meses. Bagdad ha intentado calmar la situación en el país, sobre todo porque las demandas de la población son legítimas. El Primer Ministro ha heredado un sistema corrupto desde 2003, cuando cientos de miles de millones de dólares fueron desviados a los bolsillos de políticos corruptos. Además, la guerra contra el terrorismo no sólo ha movilizado todos los recursos del país, sino que también ha obligado al Irak a pedir prestados miles de millones de dólares para reconstruir sus fuerzas de seguridad y satisfacer otras necesidades esenciales”.

“Las últimas manifestaciones tuvieron que ser pacíficas y legítimas, porque la gente tiene derecho a expresar su insatisfacción, sus preocupaciones y sus frustraciones. Sin embargo, el curso de los acontecimientos puso de relieve un objetivo completamente diferente: 16 miembros de las fuerzas de seguridad fueron asesinados y al menos 43 viviendas civiles y edificios del gobierno y del partido fueron quemados y completamente destruidos. Este tipo de comportamiento ha desviado los legítimos agravios de la población y ha dado lugar a un resultado desastroso: el caos total en el país. Pero, ¿quién se beneficia del desorden en Irak?”

Los disturbios en las ciudades irakíes coinciden con un intento de asesinato del general iraní Soleimani. Algunas fuentes creen que “el intento de asesinato de Qassem Soleimani, que comanda las Brigadas Al-Quds del Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Iraní, no es una mera coincidencia y está ligado a lo que está ocurriendo en Irak”.

“Soleimani estaba en Irak cuando se eligieron los principales dirigentes del país. Tiene mucha influencia, al igual que los estadounidenses, que tienen a su gente sobre el terreno. Una vez que Soleimani desapareció, los que están detrás de los recientes disturbios podrían creer que esto crearía suficiente confusión en Irak e Irán como para permitir un posible golpe de estado militar alentado por fuerzas extranjeras, en este caso Arabia saudí y Estados Unidos. En la mente de los actores extranjeros, matar a Soleimani podría causar caos y reducir la influencia de Irán en Irak”, explican las fuentes.

Las recientes decisiones de Abdel Mahdi lo han hecho extremadamente impopular en Estados Unidos. Acusó a Israel de ser responsable de la destrucción de cinco almacenes de las fuerzas de seguridad irakíes (Hachd Al-Shaabi) y de matar a un comandante en la frontera entre Irak y Siria. Abrió el puesto fronterizo de Al Qaem entre Irak y Siria, para disgusto de la embajada de Estados Unidos en Bagdad, cuyo personal expresó su malestar a los funcionarios irakíes. Expresó su voluntad de comprar S-400 y otros equipos militares a Rusia. Abdel Mahdi ha llegado a un acuerdo con China para reconstruir la infraestructura crítica de Irak a cambio de petróleo, además de otorgar un contrato de electricidad de 284 millones de dólares a una empresa alemana en lugar de estadounidense. El Primer Ministro irakí se negó a cumplir con las sanciones estadounidenses al seguir comprando electricidad a Irán y permitiendo el comercio que aporta grandes cantidades de dinero a la economía iraní. Por último, Abdel Mahdi rechazó el “Acuerdo del Siglo” propuesto por Estados Unidos y está intentando mediar entre Arabia saudí e Irán, revelando su intención de no cumplir con los objetivos y políticas estadounidenses en Oriente Medio.

Los funcionarios estadounidenses han expresado su profunda insatisfacción con la política de Abdel Mahdi a muchos funcionarios irakíes. Los estadounidenses consideran que su fracaso a la hora de convertir a Irak en un país que se enfrenta a Irán es una victoria para Teherán. Sin embargo, lo que el Primer Ministro está tratando de hacer es muy diferente. Simplemente intenta mantenerse alejado del conflicto entre Estados Unidos e Irán, pero se enfrenta a dificultades cada vez mayores.

Abdel Mahdi tomó el poder en Irak cuando la economía estaba en un estado catastrófico. Está luchando en el primer año de su gobierno, porque aunque las reservas de petróleo de Irak son las cuatro más grandes del mundo, una cuarta parte de su población de más de 40 millones de personas vive en la pobreza.

El Marjaya [el cuerpo religioso supremo de los ayatolás chiítas] intervino para calmar el juego, demostrando su capacidad para controlar a la multitud. Su representante en Kerbala, Sayyed Ahmad Al-Safi, subrayó la importancia de luchar contra la corrupción y de crear un comité para volver a encarrilar el país. Al-Safi dijo que se necesitan reformas serias e hizo un llamamiento al Parlamento, incluida la “coalición más grande”, para que asuma sus responsabilidades.

La coalición principal, que incluye a 53 diputados, está encabezada por Sayyed Moqtada Al-Sadr quien, contrariamente a lo que quería el Marjaya anunció, que se suspendería la participación de su grupo en los trabajos del Parlamento en lugar de asumir sus responsabilidades. Moqtada está llamando a elecciones anticipadas, que no deberían darle más de 12 a 15 diputados. Al-Sadr, que viaja a Arabia saudí y a Irán sin tener un objetivo estratégico, busca superar la ola de descontento para aprovechar las legítimas demandas de los manifestantes. Moqtada y los otros grupos chiítas que gobiernan el país hoy en día, en alianza con las minorías kurda y sunní, son los mismos que deben satisfacer las demandas del pueblo en lugar de esconderse detrás de los que se lanzan a la calle para exigir el fin de la corrupción, el empleo y una mejora de su calidad de vida.

El Primer Ministro Abdel Mahdi no tiene una varita mágica y el pueblo no puede esperar mucho tiempo. Las demandas de los manifestantes eran justas, pero “no estaban solos en la calle”. La mayoría de los creadores de las etiquetas en las redes sociales eran saudíes. Según la fuente, “es muy revelador que las visitas de Abdel Mahdi a Arabia Saudí y su mediación entre Riad y Teherán no le inmunicen contra un cambio de régimen apoyado por los saudíes”. Los vecinos de Irak han dejado claro al Primer Ministro que sus relaciones con Irán son las más sanas y estables de sus relaciones con sus vecinos. Teherán no conspiró en su contra, aunque la bandera iraní fue la única que fue quemada y profanada por algunos manifestantes en las calles de Bagdad en los últimos días del levantamiento.

La crítica situación económica de Oriente Medio la hace más vulnerable a los disturbios sociales. La mayoría de los países sufren las sanciones impuestas por Estados Unidos a Irán y las enormes sumas gastadas en armas estadounidenses. El presidente estadounidense Donald Trump está haciendo todo lo que puede para vaciar los bolsillos de los dirigentes árabes y convertir a Irán en un espantapájaros, para drenar las finanzas de los países del Golfo. La guerra que los saudíes están imponiendo a Yemen es otro factor desestabilizador en Oriente Medio, ya que fomenta las tensiones y los enfrentamientos.

Parece que Irak se dirige hacia la inestabilidad, como frente en la guerra multidimensional de Estados Unidos contra Irán; Estados Unidos pide la solidaridad de los países árabes y del Golfo con sus planes. Irak no está cumpliendo con las demandas estadounidenses. Como el parlamento y los partidos políticos irakíes son representativos de la mayoría de la población, es poco probable que se produzca un cambio de régimen, pero los países vecinos y Estados Unidos seguirán explotando los agravios de los ciudadanos irakíes. No se sabe si Abdel Mahdi logrará mantener la estabilidad en Irak. Pero una cosa está clara: la tensión entre Estados Unidos e Irán no perdonará a ningún país de Oriente Medio.

https://ejmagnier.com/2019/10/05/the-us-iran-silent-war-is-transformed-into-an-iraq-uprising/

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