Darío Herchhoren.— En 1776 en el Cogreso de Filadelfia se firmó el acta de nacimiento de la nación norteamericana. En efecto, en ese año las trece colonias inglesas que ocupaban las tierras colindantes con el océano atlántico pasaron a ser una nación independiente.

Mucho ha cambiado el mundo desde esos tiempos, y la nación norteamericana ha pasado de ser la más poderosa de la tierra, a tener que compartir el poder real  (el que sale de la boca de los fusiles), a tener que compartir ese poder con países como la República Popular de Corea o Irán.

Pero este imperio en decadencia, se resiste a admitir que ya no es la potencia hegemónica, y que ha perdido la hegemonía para siempre.

Asistimos a hechos asombrosos tales como que un pequeño país como Corea se encara de tú a tú con el gigante norteamericano, en una nueva edición de la pelea entre David y Goliat.

En este momento, la política exterior de los EEUU gira en torno al Medio Oriente, al Pacífico Norte, al Medio Oriente ampliado (Irán), y en menor medida a Venezuela y Cuba.

Si algo caracteriza a la política exterior de los EEUU, es precisamente la carencia de una política de estado hacia el exterior, ya que siguiendo la lógica del Far West, no hace falta nada más que la fuerza bruta para imponer los propios puntos de vista. Es así como asistimos al hecho de que cada presidente de los EEUU tiene su propia política exterior, aunque en lo sustancial esa política siempre sea la misma.

En este momento las guerras que el imperio desata cada equis tiempo es llevada a cabo por los tenientes del imperio. Tal es el caso del Estado Islámico en Siria e Irak, que si bien han producido enormes daños a esos países, no han logrado el resultado apetecido, y han significado una dura derrota para el imperio.

Las provocaciones contra  Irán han sido respondidas con radicalidad por la nación persa, que ha hecho llegar un claro mensaje al imperio en el sentido de que esa nación no tolerará ingerencias de ningún tipo, y que nunca se pondrá de rodillas ante el imperio. Jamás. La guardia revolucionaria iraní ha puesto en fuga a los buques imperiales, y en Yemen la agresión saudí contra ese desgraciado país ha sido un fiasco para las armas saudíes que ahora están intentando llegar a un acuerdo con su enemigo, Irán, para salir de la guerra contra Yemen, guerra que desataron por mandato de los EEUU.

En Siria, el llamado «Estado Islámico» ha sido aniquilado, y sus restos huyen en desbandada, abandonando sobre el terreno todo tipo de armas y utilajes.

Otro tanto le ocurre al imperio en Corea, donde no tiene más remedio que negociar una salida medianamente honrosa frente a un pequeño país que le ha hecho morder el polvo.

Hace pocos días la prensa mundial publicó una fotografía del portaviones Ronald Reagan, completamente rodeado por buques de guerra chinos que le impedían seguir navegando en aguas de las islas Paracelso en el Mar de China.

Todo esto sería impensable hace 20 años.

La relación de fuerzas ha cambiado, de tal manera que asistimos al hecho de que los EEUU no atacan a Irán abiertamente, ni a Corea, ni a Venezuela, y todo ello no es por falta de ganas, sino simplemente porque no puede, y sus militares, sensatamente le dicen al payaso mayor Donald Trump, que no podrían ganar una guerracontra esos países sin provocar el incendio de todo el mundo.

Conclusión: sin hegemonía no hay imperio, y sin imperio el mundo se hace más habitable.

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