El tipo “geek”, esa persona obnubilada por los artilugios mecánicos, no es de ahora sino que nace con lo que Marx llamó “maquinismo” en El Capital.

Ese tipo de ideologías, tan extendidas, producen muchos equívocos. Uno de ellos es el de tratar de asimilar las máquinas a las personas, o sea, el intento de crear máquinas (robots) “mejores” y, por lo tanto, cada vez más parecidas a los seres humanos.

Muy recientemente se ha comprobado el fracaso de dicho intento, por lo que la investigación va ahora en la dirección contraria: tratar de asimilar las personas a las máquinas.

Sólo entonces tiene sentido la prueba de Touring, es decir, la capacidad técnica que tiene un ser humano para diferenciar a otro ser humano de una máquina.

Sin embargo, a veces cuando navegamos por internet, lo que vemos es lo contrario: entramos en un sitio que nos exige demostrar que no somos una máquina. Ya no es el ser humano el que no sabe diferenciar a otro ser humano de una máquina; las máquinas tampoco lo consiguen tan fácilmente.

En definitiva, así es el capitalismo: como decía Marx, todo lo cosifica, lo convierte en mercancía, en pequeños autómatas sin personalidad propia, capaces de funcionar siguiendo las directrices de un código preestablecido, como un tren encima de la vía.

Pero siempre ocurre lo mismo. Siempre hay algún cretino con título académico que distrae la atención escribiendo sobre los robots, la inteligencia artificial y cosas parecidas. A nadie parece preocuparle lo contrario: la transformación de los seres humanos en clones, fabricados a la imagen y semejanza de un único prototipo androide.

Los cretinos se especializan en darle la vuelta a las cosas. Por ejemplo, hace años se esforzaron por inventar el polígrafo, una máquina que -según decían- era capaz de discernir si una persona decía la verdad o mentía.

Nunca existió nada de eso. El polígrafo no sólo no es capaz de discernir la verdad de la mentira sino que es una mentira o, como se dice en lógica matemática, genera la paradoja del mentiroso (y ya saben Ustedes que NO es cierto que cae antes el mentiroso que el cojo).

Ahora los investigadores vuelven a la carga y aseguran que han creado algoritmos capaces de discernir la verdad de la falsedad en medio del marasmo de noticias que circulan por internet. Vuelve el mito de la “máquina de la verdad”. Una persona no sabe si otra la dice la verdad o le miente, pero una máquina sí puede lograrlo.

Es otra tontería, pero como la universidad está llena de ellas, se convierte en una más. Hay algoritmos mucho más estúpidos que van al grano: crear noticias falsas. De esa manera el periodismo se abarata: baja el precio de esa mercancía que son las noticias. No hace falta periodistas, ni periódicos, ni corresponsales, ni columnistas, ni tertulianos.

Yejin Choi, de la Universidad de Washington

La inventora de la máquina de noticias falsas es Yejin Choi, profesora de la Universidad de Washington e investigadora del Instituto Allen de Inteligencia Artificial. Como hay muchos artículos falsos (“propaganda”, los llama Choi) circulando por la red, es posible conseguir que una máquina “aprenda” a redactarlos sin necesidad de pagar a periodistas, publicistas o “negros” (*).

Naturalmente, si Choi se equivoca y le entrega a la máquina artículos veraces para que “aprenda”, entramos otra vez en la paradoja del mentiroso que estudia la lógica formal: la máquina “aprenderá” a redactar artículos verídicos, o quizá se haría un lío y escribiría un poco de todo, que sería lo más probable; posiblemente por ese camino volveríamos al punto de partida.

La desinformación artificial a gran escala no sólo es posible, sino que es barata y creíble”, dice Sarah Kreps, profesora de la Universidad de Cornell y coautora del estudio junto con Choi. Su difusión en internet, añade, podría crear “campañas de influencia maliciosas”.

Ya ven: hasta ahora la humanidad nunca había conocido “campañas de influencia maliciosas”, pero desde este momento se van a abaratar considerablemente. Los lectores ya no se preguntarán sólo si la noticia es verdadera o falsa (“tertium non datur”, diría Leibniz) sino, además, si la noticia procede de una máquina o no.

Lo más probable es que ocurran las dos cosas a la vez, o sea, una falsedad por partida doble: la noticia es falsa pero a Usted nadie le engaña porque la ha redactado una máquina, uno de esos “bots” que proliferan en las redes sociales, en donde a la falsedad de la noticia se le añade la falsedad del autor.

La máquina de Choi que fabrica noticias falsas abaratadas ya tiene nombre. Se llama Grover. Israel tiene la suya y se llama Haim. Si Ustedes tienen un detector de mentiras en su casa, sepan que no les bastará: necesitarán también un detector de máquinas mentirosas.

El Pentágono ya está en ello y también le ha puesto un nombre que, de momento, es bastante anodino: “Semantic Forensics” (Análisis del Significado).

(*) https://www.wsj.com/articles/readers-beware-ai-has-learned-to-create-fake-news-stories-11571018640

2 COMENTARIOS

  1. No todo es oscuridad.
    Muchas personas se han dado cuenta de que volver al papel no solo crea trabajo sinó dignifica las personas partícipes en el proceso de los diferentes oficios involucrados.

    No se le llama vino si no se cosecharon viñas.

  2. La información cambió de medio o canal, la vuelta al papel es el símil a volver a las asambleas municipales, la fuga de la urbe al campo, cuestionar cultivos intensivos y poner en práctica cultivos extensivos.
    La revolución hace décadas que empezó. Es multidireccional, internacional y consciente del momento histórico actual.

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