Las cadenas de intoxicación se hacen los escandalizados con los crímenes cometidos por las milicias que acompañan al ejército de Turquía en su invasión de norte de Siria: ejecuciones de presos, decapitaciones de cadáveres, asesinatos de políticos y periodistas…

En la prensa estadounidense, los portavoces y columnistas denuncian a los pelotones de ejecución, bandidos, piratas y asesinos en serie que “deberían ser barridos de esta tierra”.

Son lágrimas de cocodrilo. Esos criminales no son sicópatas reclutados aletariamente por la calle. La mayor parte de ellos procede de lo antes llamaban “ejército sirio libre”, es decir, aquellos famosos “rebeldes moderados” adiestrados por la CIA y la OTAN que hasta ahora las cadenas de intoxicación alababan tanto, frente al malvado “carnicero de Damasco”.

En el futuro habrá muchas noticias como la siguiente: un informe publicado por SETA, un grupo turco de expertos favorable a Erdogan, pinta un panorama impresionante de la colaboración de Estados Unidos con los criminales: “De las 28 facciones [que componen las fuerzas mercenarias turcas], 21 fueron apoyadas anteriormente por Estados Unidos y tres a través del programa antiyihadista del Pentágono. 18 de esas facciones fueron equipadas por la CIA a través de […] un centro de operaciones conjunto de los ‘Amigos de Siria’ que apoyan a la oposición armada. 14 de las 28 facciones también habían recibido misiles antitanque americanos”(*).

En el norte de Siria están todos esos que antes los políticos imperialistas y los intoxicadores consideraban como la alternativa política al malvado “carnicero de Damasco”, incluidos los Cascos Blancos, propuests para el Premio Nobel de la Paz.

Los crímenes de guerra no son casualidad; se entrenan exactamente igual que las demás operaciones militares imperialistas.

(*) https://setav.org/en/assets/uploads/2019/10/A54En.pdf

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