El jefe del Estado Mayor Conjunto, Mark Milley, en una conferencia de prensa.

El Pentágono cuestiona la veracidad de las afirmaciones de Trump sobre cómo supuestamente murió en Siria el líder del EIIL, Al-Bagdadi.

El jefe del Estado Mayor Conjunto, Mark Milley, dijo el lunes a los reporteros que no sabía de dónde había sacado el presidente de EE.UU., Donald Trump, que el cabecilla del EIIL (Daesh, en árabe) estaba “gimiendo” antes de morir.

Expresando ciertas dudas, Milley dijo que entonces asumió que Trump había escuchado detalles del comportamiento de Abu Bakr al-Bagdadi durante la redada, donde hubo “gemidos y llanto” y “pánico”, mientras las fuerzas estadounidenses buscaban al terrorista.

“Sé que el presidente había planeado hablar con la unidad y con los miembros de la misma, pero no sé cuál fue la fuente de eso. Supongo que estaba hablando directamente con la unidad y los miembros de la unidad”, explicó el funcionario en relación con la información manejada por el presidente.

Agregó, sin embargo, que él no había escuchado los mismos informes, y así se convirtió en el segundo funcionario del Departamento de Defensa (el Pentágono) que, en solo dos días, plantea dudas sobre la veracidad de las afirmaciones de Trump respecto a la muerte del líder terrorista. El secretario de Defensa, Mark Esper, ya había comentado que no tenía los mismos “detalles” que Trump compartió.

Estados Unidos, tras llevar años buscando al dirigente terrorista que sembró el terror en un inmenso territorio entre Irak y Siria, recibió información sobre su presencia en una casa en la región de Idlib, en el noroeste de Siria, “donde vivía de forma permanente”.

Donald Trump anunció el domingo a bombo y platillo que sus fuerzas desplegadas en Siria habían localizado el escondite del terrorista y después lo habían matado.

Según Milley, Al-Bagdadi detonó el cinturón de explosivos que portaba al verse acorralado en un túnel junto con tres de sus hijos. Posteriormente ha agregado que sus restos fueron luego “transportados a un lugar seguro para confirmar su identidad gracias a un análisis de ADN”.

Como destacan varios analistas, Trump aprovecha la muerte de Al-Bagdadi para intentar reducir su impopularidad y recabar más votos para su campaña electoral, también para distraer a la opinión pública del impeachment (juicio político) impulsado por los demócratas en su contra.

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