SI VIS PACEM, PARA BELLUM: Lucha de clases en América Latina (Iª PARTE)- Jon Ibaia, militante de HERRI GORRI.

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El cristianismo reaccionario de diferentes sectas evangélicas o del propio catolicismo, el racismo puro y duro unido al anti-indigenismo o diferentes formas de clasismo aporofóbico, constituyen diferentes formas de acumulación de fuerzas y de creación de bloques populares por parte de las oligarquías latinoamericanas. Unamos a estos vectores ideológicos toda una red de medios de comunicación al servicio de los intereses de las oligarquías, en los que de manera sistemática, planificada e intensiva, se producen discursos y mentiras para legitimar su poder.

El golpe de estado en Bolivia contra el gobierno popular y progresista de Evo Morales, efectivamente tuvo en la “sugerencia” del ejército para que abandonara la presidencia, su punto crítico y resulta obvio que la oligarquía era profundamente hostil hacia el gobierno popular del MAS, pero no perdamos de vista que en las recientes elecciones, Evo Morales ganó… con un 10% de diferencia, es decir, la ultraderecha oligárquica, a lo largo de estos años, ha sido capaz de organizar un bloque social y político de amplia base, dispuesto a apoyar activa o pasivamente el golpe de estado o a “entenderlo”.

En Argentina, cuatro años de gestión macrista que han conducido a la pobreza al 60% de las y los argentinos y a declarar una alerta alimentaria inédita en Argentina, con capacidad para alimentar al triple de su población actual, le llevó a perder las últimas elecciones, pero obteniendo un 41% de apoyos electorales.
¿Qué decir de Bolsonaro y su triunfo gracias a un 34% de apoyo electoral? ¿Y el pinochetista Piñera en Chile?.

En Latinoamérica asistimos a un contexto en el que más importante aún que el triunfo de gobiernos populares progresistas, con programas de mejora de las condiciones de vida de las masas y de ampliación de derechos sociales y políticos, es la capacidad de defender y consolidar dichos logros frente a las oligarquías con capacidad creciente de articular bloques populares de apoyo a sus políticas reaccionarias.
Los 14 años de gestión del MAS en Bolivia, no sólo han mejorado la macroeconomía cumpliendo con las “recomendaciones” del Fondo Monetario Internacional, sino que han reducido los valores de pobreza relativa y absoluta, mejorado los niveles educativos, de salud y de infraestructuras y han significado una democratización y -esencial- un reconocimiento a las culturas indígenas, elevándolas de su anterior situación de opresión, marginalidad y desprecio a una nueva e inédita realidad de respeto y dignidad. Pero la oligarquía no podía tolerar que se cuestionaran sus privilegios e intereses… y el descubrimiento de las mayores reservas de litio de Latinoamérica en Bolivia hicieron el resto.
Las fuerzas armadas, las que han “sugerido” a Evo Morales que se vaya, asistieron a un aumento del presupuesto y obtuvieron unas condiciones socio-laborales que les convertían en verdaderos privilegiados en comparación al proletariado y al campesinado. Pero el gobierno del MAS no pudo romper con su tradición reaccionaria que les ha llevado a apoyar el golpe de estado reaccionario.

La mayor aportación del inolvidable Comandante Hugo Chávez al acerbo revolucionario latinoamericano -y seguramente mundial- es que los procesos populares revolucionarios en los que las masas avanzan, mejorando sus condiciones materiales de existencia, logrando derechos y libertades fundamentales, deben contar con los mecanismos necesarios para defenderlos y ampliarlos. Si el intento de golpe de estado en Venezuela encabezado por el fascista Guaidó no triunfó, fue porque el Movimiento Bolivariano transformó a las fuerzas armadas en uno de los pilares fundamentales del proceso revolucionario.
El regreso de Evo Morales a su patria, no será fácil. En estos momentos, según escribimos estas líneas, el campesinado y el proletariado que apoya a Evo y al MAS, se enfrentan a las fuerzas reaccionarias desplegadas por la oligarquía. No será una victoria fácil, pero debe ser decisiva y con ella, todo el entramado político, ideológico y económico de la oligarquía debe ser destruido. No habrá segundas oportunidades.

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