Terrorismo mediático: la construcción social del miedo al cambio.

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En 2013 Carlos Fazio, profesor de la UNAM, escribió un libro fascinante, “Terrorismo mediático. La construcción social del miedo en México” (*), sobre algo tan simple como el poder político y sus mecanismos de influencia que, como bien dice Fazio, no son otra cosa que terrorismo, del cual el terrorismo mediático es una variante.

El Estado y los grupos dominantes mantienen el poder a través -entre otras cosas- del control mediático sobre la sociedad. El terrorismo mediático busca crear realidades ficticias, miedos colectivos y convertir mentiras en verdades que permitan manipular a la sociedad de acuerdo al conflicto y al enemigo. Si partimos de la idea de que para el poder todo sujeto que considere una amenaza a sus intereses, se concibe como una guerra, entonces el terrorismo mediático es parte de esa premisa.

La guerra psicológica utiliza una caracterización simplista y maniquea (bueno/malo, negro/blanco) para describir al enemigo. El propagandista debe utilizar las palabras claves capaces de estigmatizar al contrario y activar reacciones masivas. Se trata de utilizar el mito de la guerra, satanizar al adversario, arrancarle todo viso de humanidad y cosificarlo, de tal modo que eliminarlo no equivalga a cometer un asesinato.

Informar es proponerle al espectador asistir al acontecimiento mediático como a un espectáculo. No hay causas. No hay actores. No hay contexto. No hay memoria. No existe la historia. La realidad se muestra como un espectáculo. Las leyes del espectáculo mandan sobre las exigencias de la información.

El origen de todo este tipo de técnicas es siempre el mismo: las estrategias contrainsurgentes de los militares estadounidenses, particularmente después de los atentados del 11 de septiembre. Uno de los elementos claves de estas estrategias es el papel asignado a los grandes medios de comunicación, y a la tergiversación de la realidad como arma de guerra.

Fazio dibuja una lúcida descripción de los acontecimientos más polémicos que se han dado en los últimos 15 años, esto es, aquellos que descubren y revelan los mecanismos del poder, y colocan en entredicho la ética de la política, explicando por qué cada vez más la ciudadanía no confía ni en los políticos, ni en las instituciones políticas.

El autor explica lo que significa la guerra psicológica, los distintos tipos de propaganda (blanca, gris o negra) y su puesta en práctica por Estados Unidos en las guerras de Irak y Afganistán

La propaganda blanca es aquella que se difunde y se reconoce por la fuente o por sus representantes oficiales; es una actividad abierta, franca, en la que el emisor no oculta su identidad; la propaganda gris es anónima, es decir, no es identificable por su fuente (no lleva firma alguna) y queda librada a la imaginación del público. La propaganda negra es aquella que aduce otra fuente y no la verdadera; esconde su origen detrás de nombres ficticios, o bien, material falso se atribuye a fuentes reales. Esta última es la utilizada en las operaciones clandestinas de los servicios de inteligencia para desinformar al enemigo y se utiliza generalmente a través de filtraciones.

Fazio llama la atención sobre las estrategias propagandísticas que Estados Unidos ha utilizado en la historia reciente, para justificar su intervención en los casos de Irak, Afganistán y Libia, entre otros, y subraya que el gobierno estadounidense es la principal matriz del terrorismo mediático.

Un ejemplo de ello es que se haya aceptado públicamente lo que llamaron “errores de inteligencia” que llevaron erróneamente a la agresión e invasión de Irak. El caudal de información relativo a las estrategias puestas en práctica para conservar intactas las estructuras del poder político y económico, nacional y transnacional, pretenden generar miedo al cambio, a las alternativas, a las variadas formas de lucha de la sociedad, introyectando en la conciencia colectiva la incapacidad del sujeto para organizarse.

El poder es el poder de mentir, de manipular, que hoy dispone de una tecnología sofisticada.

(*) http://ciid.politicas.unam.mx/cgeografia/index.html

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