Como muchos otros países, Irán vive jornadas de protestas en la calle e incluso de levantamientos populares masivos. La situación es intercambiable con lo que está pasando en Líbano o en Irak. La población tiene motivos sobrados para quejarse porque la situación económica es realmente muy complicada.

El gobierno de Teherán, cabe añadir, tampoco ha mostrado mucho tacto a la hora de tomar decisiones difíciles, como el aumento del precio de los combustibles, sobre todo porque buena parte de las protestas que han estallado en el mundo son consecuencia de ese mismo problema, lo cual es algo a tener muy en cuenta.

Tampoco es casualidad que el levantamiento se produzco en un momento de máxima tensión con el imperialismo y tiene razón el gobierno cuando dice que las protestas sirven a intereses extranjeros (Estados Unidos, Israel, Arabia saudí), cuando el recuerda el sabotaje económico internacional y la inmejorable plataforma que los “extranjeros” tienen en algunos foros, asociaciones y redes sociales, es decir, a los tentáculos internos de los imperialistas y sus secuaces.

El precio de la gasolina en Irán es el más bajo del mundo y después de la subida lo sigue siendo. Es diez veces más barata que en España. Un bidón de 20 litros costaba menos de dos dólares y después de la subida el precio es de tres dólares si consumes menos de 60 litros al mes y seis dólares si consumes más.

Claro que los salarios también son muy bajos, pero el precio de la gasolina en Irán también es “política”, aunque una “política” del revés. En España la gasolina recauda impuestos, en Irán redistribuye la riqueza.

Así podríamos seguir explicando lo que son el petróleo o el gas en Irán, una de las mercancías que pasa por las fronteras de contrabando y, por lo tanto, consecuencia del embargo económico impuesto por el imperialismo.

Al aumentar el precio, el consumo se ha reducido un 20 por ciento y el contrabando a la mitad, impidiendo la fuga de divisas que, en una situación de bloqueo, son un tesoro más valioso que el oro negro.

Estados Unidos no se ha limitado al guion típico de bloqueo económico + revolución de colores + desestabilización en la calle. Está echando el resto y por eso ha dejado su cartas al descubierto. Los peones han salido a la luz y el gobierno de Teherán esperará pacientemente para capturar a todos los que pueda.

Es un pulso y “el que ríe el último ríe dos veces”.

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