Darío Herchhoren.— Cuando los volcanes entran en erupción se anuncian con explosiones y lanzamientos de humo, gases y lava, y esto es lo que está sucediendo socialmente en América Latina.

En efecto, todo comenzó a calentarse con las elecciones primarias en Argentina, que anunciaron un triunfo rotundo de las candidaturas de Alberto Fernández y Cristina Kirchner, y que fue confirmada posterioremente por el brillante resultado en primera vuelta (no fue necesaria una segunda) de esa opción y la humillante derrota del macrismo y su ideario neoliberal. Pero esa derrota del macrismo hay que leerla dentro de un marco continental, que vuelve tozudamente a expresarse en términos de izquierda, tras la tragedia que significó para los argentinos y para el bloque popular el triunfo de Mauricio Macri, con su ideología de los «Chicago Boys» de Milton Fridman.

A partir de esa derrota, se produjeron en Ecuador grandes manifestaciones contra las politicas macristas que venía aplicando Lenin Moreno, cada vez más escorado a la derecha, y que a raíz de los graves hechos en Quito, le obligó a trasladar el gobierno a Guayaquil, ante la imposibilidad de controlar la capital que estaba prácticamente tomada por los manifestantes.

En Brasil, y dentro de la misma erupción, se produjo la liberación de Lula, luego de pasar maś de 500 días encarcelado bajo una acusación de corrupción que nunca pudo ser probada, y que movilizó a millones de brasileños. El Tribunal Supremo de Brasil, ante la presión popular no tuvo más opción que liberar a Lula, aunque siempre se supo que no había prueba alguna contra él. Esto significó una grave derrota para Jair Bolsonaro, un ex militar fascista e ignorante, y de su ministro de justicia, Moro que antes había sido el que mandó a encarcelar a Lula.

En Chile hay manifestaciones desde hace un mes, con un número de muertos que ya superan los 20, con innumerables heridos y con miles de detenidos y gente que ha perdido la visión de un ojo por disparos de perdigones efectuados por los carabineros, un cuerpo históricamente brutal y criminal, con una larga lista de abusos a sus espaldas. Allí el presidente Sebastián Piñera, un ex funcionario de la dictadura cívico militar de Pinochet se jactaba de la paz social de que disfrutaba Chile.

Pero nunca dijo que esa paz se obtuvo mediante el terror impuesto al pueblo chileno mediante torturas, encarcelamientos y desapariciones, y que ahora como se dice por aquellos pagos «la vaca se les hizo toro».

Y ahora nos toca Bolivia. Allí se ha producido un golpe de estado cívico militar, que mediante violencias, torturas y amenazas ha conseguido desplazar del gobierno a Evo Morales, auténtico líder popular que había ganado las elecciones en primera vuelta hace pocos días, en octubre pasado. Pero a pesar de todo, el nuevo e ilegal gobierno boliviano, no consigue hacerse con el control del país, y en las calles se está librando una batalla entre los sectores más politizados de las clases humildes, y la fuerza bruta ejercida por la policía y el ejército.

Llama la atención dos cosas en la tragedia boliviana. La primera, es la falta de información y la deformación y manipulación de esa información, y la segunda, es la ingenuidad de Evo Morales que no supo ver que el ejército no estaba depurado ni tampoco la policía, y que en todo momento creyó en la legalidad construida, sin alcanzar a ver que esa legalidad no estaba construida para que el pueblo de Bolivia instaurara el socialismo.

Vamos con la primera. Se informa que los habitantes de El Alto marcharon hacia La Paz en demanda de justicia y contra la asonada militar. Hay que decir que la ciudad de La Paz, es la sede del gobierno de Bolivia, pero su capital es Sucre, y que La Paz está construida en un valle. El Alto es una meseta que está a mucha más altura que La Paz, de ahí su nombre, y que es allí donde está el aeropuerto de La Paz. Lo que se llama pomposamente ciudad de El Alto fue en un principio una serie de chabolas, allí llamadas Villas Miseria, y que en un principio se construyeron en forma caótica, pero con el tiempo se fueron trazando las calles y la construcción se hizo con materiales de mejor calidad.

Y se construyó de la nada una verdadera ciudad, que está habitada en su inmensa mayoría por trabajadores pobres, que han sido enormemente beneficiados por las políticas inclusivas puestas en práctica por Evo Morales.

La segunda dijimos que era la ingenuidad de Evo Morales. He visto una entrevista que Rafael Correa, ex presidente de Ecuador le hace a Evo en el canal Rusia Today, que es un canal ruso en español y que transmite para España y América Latina. En esa entrevista Correa le hace la pregunta obvia, que es ¿cómo te confiaste en el ejército? A lo cual Evo contestó que conocía a algunos oficiales patriotas, y que confió en que iban a respetar al pueblo y que no se alzarían contra alguien elegido democráticamente.

Craso error. Los ejércitos de América Latina se formaron ideológicamente en la Escuela de las Américas en Panamá, donde oficiales superiores yanquis, les inculcaron las ideas de la guerra fría, y donde se les dijo que había un enemigo interno, que eran los trabajadores y campesinos, donde había un frente interno que había que cuidar contra ese enemigo.

Allí se enseña a torturar y a matar y a desaparecer. Baste decir que de esa escuela salieron Videla, Banzer, Pinochet, Massera y toda una pléyade de criminales. Hay que aprender que esos ejércitos están hechos a la medida de los intereses del imperio y de sus servidores nativos, y que nada hay que esperar de ellos, y que las leyes y las constituciones de América Latina, están hechas para defender esos mismos intereses, y que si se quiere hacer una nación justa, libre y soberana hay que crear unas nuevas fuerzas armadas, y hacer nuevas leyes que defiendan a los marginados y a los desposeidos.

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