Otro gran mito del batiburrillo seudoecologista: la acidificación de las aguas oceánicas.

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“La acidificación de los océanos puede acabar con la vida marina este siglo”, aseguraba un titular de la agencia Efe (1), basándose en un estudio en el que participaron investigadores del Consejo Superior de Investigaciones Científicas, de la Institució Catalana de Recerca i Estudis Avançats y de la Universidad Autónoma de Barcelona (UAB), publicado por Science en 2012.

El titular es falso de arriba abajo y se aprovecha de que quienes lo han escrito no vivirán 80 años años más para que alguien les eche en cara sus bobadas.

Un océano no es un acuario, ni una piscina. Tampoco es agua con sal. Es una sopa con muy distintos ingredientes químicos, muy distintas temperaturas, muy distintas corrientes, muy distintas profundidades y muy complejos procesos químicos, tanto internos como externos.

La acidificación alude a una única característica del agua marina que se mide por el pH, por lo que volvemos a la carga con las mediciones y los promedios porque el pH no es uniforme: depende del lugar en el que se hagan las mediciones, de la temperatura en dicho lugar, de la profundidad y de otras variables.

Las mediciones siempre dan lugar a comparaciones y en este caso Andrew Hudson, jefe del Programa del Agua y los Océanos del PNUD, asegura que “en los cerca de 150 años transcurridos desde la Revolución Industrial, el pH promedio en la superficie de los océanos ha descendido alrededor de 0.1 unidad. Este cambio aparentemente insignificante representa un aumento del 30 por ciento en la acidez de los océanos en comparación con la época preindustrial”.

Naturalmente, el “factotum” es el mismo de siempre: la acumulación del CO2 en la atmósfera, con la que interactúa el agua del mar. A mayor CO2 en la atmósfera, más ácida se vuelve el agua.

Los que tienen un acuario o una piscina en su chalet lo suelen hacer: comprar un aparato de medida de la acidez (o alcalinidad) del agua por internet, que no son muy caros, de manera que se pueden poner a medir el pH marino en la costa más cercana a su chalet y comprobar si lo que dice Hudson es cierto: que la superficie de los océanos tiene una gama básica de pH que va de 8.0 a 8.3.

Si lo mide de manera regular verá que el pH cambia de un mes para otro y que las mayores variaciones (de 0,5 a 1,0) se dan en las costas en muy pocos días. Si pudiera viajar en un valero para probarlo en diferentes mares, contrastará la diferencia entre la costa y el interior y verá mediciones muy diversas, algunas de ellas por encima de las de “la época preindustrial”.

A partir de entonces se estrujará la cabeza: si las mediciones actuales son tan diferentes, ¿cómo serán las de “la época preindustrial”?

Como es habitual, dicha medida es indirecta, o lo que es lo mismo, aproximada, aunque el IPCC nunca ofrece el margen de error, posiblemente porque quiere dar a entender que no equivoca ni un poquito.

El pH marino cambia mucho con la temperatura del agua, así que el aficionado a la ecología deberá viajar en su velero en diferentes épocas del año para realizar sus comprobaciones. En un mismo lugar el pH cambia 0,16 de una estación del año a otra.

El concepto de pH se inventó en 1909 y los primeros aparatos capaces medirlo se fabricaron en 1924. Ahora bien, a diferencia de las temperaturas ambientales, no hay registros históricos de la evolución del pH a lo largo del tiempo.

Así que no es posible calcular el promedio del pH del agua marina, ni en la actualidad, ni mucho menos en el pasado. Las series de datos que se han realizado hasta hoy sólo se refieren a lugares muy concretos del mar, que quizá se puedan extrapolar al conjunto, aunque lo más probable es lo contrario.

El pH disminuye con la profundidad. A 100 metros el nivel es ya de 7,8, por lo que la supuesta acidificación del océano no afecta a los que vivan a partir de ciertas profundidades y, en consecuencia, asegurar que “la acidificación de los océanos puede acabar con la vida marina” es una auténtica aberración.

La biomasa marina influye sobre los niveles de CO2 y, en consecuencia, modifica el pH del agua. El biotopo interacciona con los organismos que viven en el medio marino. Los unos se adaptan a los otros, de manera que tampoco aquí hay ninguna clase de estabilidad. Cualquier otra concepción, como la de los seudoecologistas, niega las leyes más básicas de la evolución.

(1) http://www.larazon.es/detalle_hemeroteca/noticias/LA_RAZON_439232/4128-el-cambio-en-el-ph-de-los-oceanos-puede-acabar-con-la-vida-marina-este-siglo#.UoDAgyeVs1J
(2) https://www.undp.org/content/undp/es/home/blog/2017/3/14/Ocean-Acidification-What-it-means-and-how-to-stop-it.html

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