Una imponente velada de lucha libre.

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Terminaos las palomitas porque el espectáculo acabó. Irán ha respondido, EEUU ha hablado. Los dos se han ido a los camerinos sin problemas. Una imponente velada de lucha libre, una representación de disciplina de combate y de arte escénico. Eso es lo que hemos visto ahora, aunque la cosa ni está terminada ni se va a quedar aquí. Por eso Jamenei ha dicho que esto es una simple bofetada y que la venganza por la muerte de Soleimani es otra cuestión.

Los dos han hecho lo que tenían que hacer, los han dicho lo que tenían que decir. Los dos han salvado la cara, un ejercicio de relaciones públicas para evitar el enfrentamiento bélico. Aunque quien sale ganando, moralmente, es Irán que puede argumentar que no se arredra y que es capaz de responder a EEUU sin que haya reacción por su parte.

Está claro que Irán está jugando la carta diplomática, que la votación del parlamento iraquí para expulsar a las tropas de EEUU es la principal carta que se está jugando porque es legal y acorde con el derecho internacional y ahí EEUU no tiene ningún asidero. Si en el caso de Siria se acoge tangencialmente a la resolución de la ONU sobre el llamado Estado Islámico, de 2014, aquí no hay resolución que valga porque la decisión es un acto soberano del parlamento. Del parlamento, y no del gobierno que, aunque sea interino, está obligado a dar cumplida respuesta a la decisión.

Lo que no se ha dicho es que la votación establece que se da un año a EEUU para la retirada de Irak, por lo que este es el tiempo que EEUU tiene para enredar y es a lo que se acoge ahora, insisto, ahora EEUU para decir que no se va. No hace falta, pero ese es el plazo. Justo el plazo que necesita Trump para afrontar con cierta comodidad las elecciones de este año.

Por eso hoy, tras el ataque de respuesta iraní, se ha vuelto a hacer hincapié en la resolución del parlamento iraquí. Y junto a ello, y lo más importante, es que Irán ha presentado queja formal de las acciones de EEUU (tanto de las sanciones como del asesinato de Soleimani) en las estructuras internacionales, o sea, ante el secretario general de la ONU y ante el Consejo de Seguridad de este organismo multinacional (de naciones). Esto es imporante en estos momentos porque cambiará la situación en Oriente Próximo a largo plazo, mucho más allá de las escaramuzas de ahora.

La respuesta iraní ha sido medida, casi al mismo nivel que los ataques de EEUU en Siria otras veces, golpeando pero poco y sin muchas víctimas. Un gesto directo que también sirve para contener las posibles acciones autónomas de las milicias iraquíes, muy predispuestas a atacar y que ahora se ven imposibilitadas de hacerlo porque ha respondido Irán como país. Ha sido un golpe limitado y demostrativo que satisface a todo el mundo. Pero la guerra asimétrica continuará por una y otra parte.

Como véis, aquí hay dos cosas a tener en cuenta: que los impactos han sido casi en el extrarradio de la base, evitando o intentando evitar víctimas, y que no es cierto que EEUU argumente que en la misma no tenía sistemas de vigilancia y antimisiles. Dos datos que refuerzan la idea de que hemos asistido a un espectáculo de lucha libre y tal vez con otros actores entre bambalinas.

No me voy a equivocar si digo que Irán está presentándose ahora como el principal defensor del derecho internacional al hablar de «respuesta limitada» y de aplicar el artículo 51 de la Carta de la ONU (Capítulo VII) relativo al derecho a la legítima defensa en caso de ataque armado. Irán está jugando con el tiempo, dejando pasar el necesario para las elecciones y apostando por la derrota de Trump. Y si no lo ve posible, será entonces cuando la guera asimétrica adquirirá todo su esplendor. Y no me extrañaría que Irán haya amenazado con lo definitivo: esta vez sí, esta vez atacaría a Israel y no solo los objetivos militares de EEUU. Y eso son palabras mayores tanto para el régimen sionista como para EEUU.

EEUU ha matado a Soleimani, sí, pero está perdiendo la guerra. Su posición en Irak es tremendamente inestable no solo desde un punto de vista político, sino de seguridad como acaba de demostrar este ataque casi coregrafiado.

Y a todo esto, un dato no menor tampoco: Irán se retira de ciertos aspectos legales del acuerdo nuclear, pero no cierra la puerta a algún tipo de negociación. El domingo anunció que no cumpliría con las limitaciones impuestas en cuanto al número de centrifugadoras, producción, enriquecimiento y porcentaje de uranio enriquecido pero también que seguía permitiendo que la Agencia Internacional de la Energía Atómica revisase sus instalaciones y que volvería a implementar del todo el acuerdo nuclear si se eliminan las sanciones. O sea, de nuevo una puerta abierta a la diplomacia y, sobre todo, a Rusia, China y la moribunda Unión Europea. Por cierto, es muy probable que este viernes el ministro de Exteriores iraní viaje a Bruselas.

Y curiosamente, es algo a lo que también se ha referido Trump en su discurso post-ataque.

Lo dicho: ahora hemos asistido a un espectáculo de lucha libre, no a una lucha abierta. Eso quedará para más adelante, puede que para noviembre.

El Lince

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