Las confesiones de un pelele cuyos hilos empiezan en Washington y acaban en… Camboya.

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Recientemente la radio La Voz de América (VOA), financiada y controlada por el Departamento de Estado de Estados Unidos, informó que estaban reorganizando su red de emisoras en Camboya.

El pretexto es “proteger a los reporteros en riesgo” y crear una nueva asociación de periodistas. “Esta evolución tiene como telón de fondo la represión gubernamental de la prensa, que ha llevado al cierre de organizaciones de prensa y emisoras de radio independientes en el país”, asegura la VOA (1).

Entre los periodistas en riesgo se encuentran los de Radio Asia Libre, que forma parte del conglomerado de medios de comunicación del Departamento de Estado de Estados Unidos en Camboya y el resto de Asia.

La VOA asegura que los fundadores de la nueva asociación son los miembros de la Alianza de Periodistas Camboyanos (CamboJa): “Los 15 miembros fundadores de CamboJA son periodistas actuales o antiguos de seis medios de comunicación, entre ellos Voice of Democracy, The Cambodia Daily, Radio Asia Libre y VOA, así como periodistas independientes”.

Blanco y en botella: CamboJa es el mismo Departamento de Estado de Estados Unidos en al país asiático. El nuevo tinglado se prepara, pues, para reforzar a la oposición al gobierno camboyano que dentro de poco se tendrá que enfrentar a la típica desestabilización “de colores”: manifestaciones de jóvenes y estudiantes por las calles, reivindicaciones en contra de la corrupción y a favor de los derechos humanos… Un guión conocido.

Estados Unidos se vuelca en su apoyo al Partido Nacional de Rescate de Camboya (CNRP) que ejercerá el papel de escaparate de la desestabilización de cara a los corresponsales de prensa que envíen las agencias de noticias y televisiones del mundo entero.

El cacique del CNRP es Kem Sokha, a quien no se le puede reprochar que tenga pelos en la lengua: ha admitido abiertamente que es el representante de los intereses de Estados Unidos, que es quien dirige a la oposición camboyana.

El diario Phnom Penh Post publicó un artículo titulado “El productor de vídeo Kem Sokha cierra la oficina de Phnom Penh por miedo”, en el que repasaba las confesiones de este títere:

“Sokha dice que ha visitado Estados Unidos a petición del gobierno cada año desde 1993 para conocer el ‘proceso de democratización’ y que ‘decidieron’ que debía retirarse de la política para crear un cambio en Camboya”.

“Dijeron que si queremos cambiar la dirección, no podemos ir a la cabeza. Antes de cambiar el nivel superior, tenemos que desarraigar el nivel inferior. Tenemos que cambiar el nivel inferior primero. Esa es una estrategia política en un país democrático”, dijo.

Sokha admite claramente que es el imperialismo quien mueve los hilos: “Estados Unidos me ayudó. Me pidieron que tomara el modelo de Yugoslavia, Serbia, donde pudieron cambiar al dictador Slobodan Milosevic”.

“Milosevic tenía muchos tanques. Pero cambiaron las cosas al usar esta estrategia, y [Estados Unidos] está compartiendo esta experiencia conmigo para implementarla en Camboya. Pero nadie lo sabía”, reconoce Sokha.

“Sin embargo, ya que estamos en esta etapa, tengo que hablarles hoy sobre esta estrategia. Tendremos otras cosas que hacer y tendremos éxito”. Luego Sokha va más allá y asegura: “No hago nada por mi propia voluntad. Sus expertos, profesores de universidades en Washington, DC, Montreal, Canadá, son contratados por los americanos para aconsejarme sobre la estrategia para cambiar al dirigente dictatorial en Camboya” (2).

La hija de Sokha, Kem Monovithya, también trabaja abiertamente con Estados Unidos para derrocar al gobierno camboyano. Cuando comenzó a tomar medidas contra el NPRC y las organizaciones financiadas por los imperialistas, Estados Unidos amenazó con sanciones y otras medidas punitivas. Monovithya desempeñó un papel central en la promoción de estas medidas punitivas en Washington.

En un artículo de 2017 titulado “Estados Unidos dicen que hay más sanciones sobre la mesa en respuesta a la represión política”, el diario Phonom Post dijo:

“Un grupo de ‘testigos’ convocados por el Comité de Asuntos Exteriores de la Cámara de Representantes, entre los que se encontraba la hija de Kem Sokha, Kem Monovithya, pidió medidas adicionales en respuesta a la represión política. En una declaración, Kem Monovithya pidió que se impusieran sanciones financieras selectivas a los funcionarios gubernamentales responsables del debilitamiento de la democracia. También pidió a Estados Unidos que suspendiera ‘toda la asistencia al gobierno central de Camboya’ y que ‘continuaran los programas de asistencia a la democracia para la sociedad civil, especialmente los que se dedican a cuestiones relacionadas con las elecciones’.

No se puede ser más claro: debilitar al gobierno, cortarle las vías de financiación y fomentar las ONG, las redes sociales y la desestabilización.

Al igual que su padre, la colaboración de Monovithya con el imperialismo se remonta a mucho antes. En 2006 un artículo del Washington Post titulado “Mientras están en Estados Unidos, a los camboyanos se les enseña una lección sobre los derechos en el hogar”, admitió: “Kem Sokha, ex senador y funcionario camboyano, dirige el Centro Camboyano de Derechos Humanos, que cuenta con el apoyo de fondos del gobierno de Estados Unidos. El centro ha organizado foros públicos para escuchar las quejas sobre las condiciones de vida en Camboya”.

En cuanto a Monovithya, el Washington Post señalaba: “Monovitha Kem, graduada de una escuela de negocios y aspirante a abogada, dijo que presionaría a las instituciones estadounidenses e internacionales para luchar contra la decisión de Hun Sen”. El gobierno camboyano debía ceder a las presiones: “Me gustaría que se retiraran los cargos no sólo contra mi padre, sino contra todos los demás activistas”, dijo en una entrevista. “Espero que cambien la ley de difamación”, añadió (4).

En Washington Monovitha se reune con funcionarios del Instituto Nacional Demócrata de Asuntos Internacionales (NDI), el Instituto Republicano Internacional (IRI), la Agencia de Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (USAID) y las ONG “humanitarias” de siempre, lo cual no es ningún secreto (5).

Por ejemplo, Licadho es una organización financiada tanto por el gobierno británico como por Estados Unidos a través de la USAID (6). Otros son tinglados bien conocidos de la Guerra Fría, como Radio Asia Libre y la VOA. También está el Centro Camboyano para Medios Independientes, financiado por las filiales de la NED, Freedom House y el IRI, así como la embajada británica y la omnipresente Open Society de Soros.

Como no podía ser de otra forma, el plan de Estados Unidos para desestabilizar Camboya es consecuencia del acercamiento del gobierno camboyano a Pekín, su negativa a secundar las sanciones a las empresas chinas y el esfuerzo de Estados Unidos para desatar la guerra en el Mar de China Meridional.

(1) https://www.voacambodia.com/a/journalists-form-a-new-press-association-plan-to-protect-at-risk-reporters/5136043.html
(2) https://www.nationmultimedia.com/detail/breakingnews/30325945
(3) https://www.phnompenhpost.com/national-politics/us-says-more-sanctions-table-response-political-crackdown
(4) https://www.washingtonpost.com/wp-dyn/content/article/2006/01/31/AR2006013101508.html
(5) https://journal-neo.org/2018/05/29/washington-post-denies-us-meddling-in-cambodia-cites-us-meddlers/
(6) https://www.licadho-cambodia.org/donors.php

Kem Monovithya: la hija del pele es otra pelele

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