lunes, agosto 10, 2020
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Los seudoecologistas no tienen razón: no aumenta el número de acontecimientos meteorológicos extremos.

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La empresa de seguros AON acaba de publicar su informe de 2019 sobre los desastres naturales en el mundo (*). Por noveno año consecutivo, el número de muertes causados por ellos es inferior al promedio a largo plazo. Con 11.000 muertes, 2019 se sitúa entre los 13 años de menor coste en vidas humanas desde 1950.

El informe confirma que no hay ningún cambio significativo en el número y la gravedad de los fenómenos meteorológicos extremos, en particular los ciclones, cuyo número e intensidad se contabiliza con precisión desde la era de los satélites.

Los tres informes anteriores de los años 2016, 2017 y 2018 abundan en lo mismo: el número de fenómenos meteorológicos extremos no está aumentando.

Un evento debe cumplir al menos uno de los siguientes criterios para ser considerado como un desastre natural:

– pérdidas económicas por encima de 50 millones de dólares
– pérdidas aseguradas por encima de 25 millones de dólares
– muertes por encima de 10
– heridos por encima de 50
– casas y estructuras dañadas o reclamaciones presentadas por encima de 2.000

Según esos criterios, en 2019 se produjeron 409 desastres naturales (incluidos 32 terremotos), cifra ligeramente superior al promedio de 2000-2019 (377).

Ese aumento es ficticio. A partir de 2018 la aseguradora incluye acontecimientos que hasta ahora no consideraba como fenómenos meteorológicos extremos. Por consiguiente, en los informes anteriores a 2018 se subestimó considerablemente el número de casos ocurridos en el período 2003-2017.

Los principales desastres fueron las inundaciones (158 eventos), seguidas de “eventos climáticos severos” (114), ciclones (32 eventos) y terremotos (32 eventos).

La aseguradora califica como “eventos climáticos severos” fenómenos como las tormentas eléctricas, los tornados y las granizadas, aunque sólo las analiza para Estados Unidos.

Ninguna de las inundaciones más mortíferas de las que se tiene constancia se ha producido en los últimos 30 años. China ha pagado el precio más alto por las inundaciones. En 1887 una inundación en el río Amarillo mató entre 1 y 2 millones de personas. En 1931 la inundación del río Yangtsé mató a 3,7 millones de personas. Estas dos inundaciones se consideran los mayores desastres naturales del siglo XX.

En segundo lugar, los datos hidrométricos son escasos y limitados en el tiempo debido a la falta de sistemas de observación a largo plazo. Además, las tendencias a largo plazo de las variables hidrológicas suelen estar enmascaradas por una importante variabilidad interanual y decenal.

El año pasado las inundaciones más graves se debieron al monzón en China (300 muertos) y en India (1.750 muertos) y a las consecuencias de los ciclones Hagibis y Faxai (Japón), Lekima (China, Filipinas, Japón) y Dorian (Caribe y América del norte). El informe se centra en un período excepcionalmente húmedo en Estados Unidos, de enero a mayo del año pasado, que causó varias inundaciones importantes en las llanuras del medio oeste y en el valle del Misisipi.

El huracán Dorian, que azotó las Bahamas en septiembre del año pasado con vientos de 295 kilómetros por hora, tuvo una intensidad comparable a la del huracán del Día del Trabajo de 1935, que fue el huracán más intenso jamás registrado en el Océano Atlántico.

Sin embargo, en el período más largo (1990-2019) se ha producido una disminución del número de huracanes.

Lo que aumentan son las pérdidas económicas vinculadas a esos desastres naturales. La década 2010-2019 registró 417.000 millones de dólares de daños materiales, es decir, casi 10 veces más que la década 1950-1960 (45.000 millones de dólares).

Esta tendencia está relacionada con el aumento de la población mundial, que ha pasado de 3.000 a 7.000 millones, y el incremento de la urbanización y la exposición a los riesgos.

Las tormentas de convección severas causan importantes daños materiales, particularmente en Estados Unidos donde las tormentas eléctricas generan tornados, granizo y vientos fuertes. Extraoficialmente el año pasado Estados Unidos registró 1.520 tornados y el récord está en 2011 con 1.691 tornados. El Centro de Predicción de Tormentas de la NOAA ha registró el año pasado 36 tornados clasificados (severos) o EF4 (devastadores) en la Escala de Fujita. En 2011 se registraron 84 eventos de este tipo y en 1974 la cifra subió a 131 tornados EF3+, siete de los cuales fueron clasificados EF5.

El daño principal lo causan las granizadas, particularmente en el cinturón tradicional de granizo de Estados Unidos (Colorado, Texas, Oklahoma, Dakota del Sur, Kansas Nebraska). La NOAA define como una granizada severa la caída de bolas de 5 centímetros o más de diámetro. Desde que se introdujo el radar Doppler en 1990, los informes de granizo han mostrado una tasa de crecimiento anual de poco más del 2 por ciento, lo que sugiere una mayor frecuencia de las tormentas. Sin embargo, el informe de la aseguradora dice que las mediciones de granizadas están contaminados por un sesgo relacionado con la urbanización.

Los recientes incendios en California, Brasil y Australia han sacudido al mundo entero, dando la sensación de un planeta en llamas. Sin embargo, como ya hemos expuesto en otras entradas, en los últimos decenios se ha producido una reducción mundial del número de incendios, en particular en Europa. Los datos de los satélites muestran que las áreas quemadas han disminuido en un 25 por ciento, en general, en los últimos 18 años.

(*) http://catastropheinsight.aon.com

Más información:
– Los mitos de la seudoecología que provocan pánico: los acontecimientos meteorológicos extremos
– El incendio en Australia no tiene nada que ver con el clima
– Los Cuatro Jinetes del Apocalipsis: el hambre, la guerra, la peste y el… pico del petróleo

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