Una guerra del petróleo a tres bandas.

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El hundimiento de los precios del petróleo el lunes no es consecuencia de una “guerra” de Rusia con Arabia saudí sino de una guerra (otra más) de Rusia con Estados Unidos.

Rusia y Arabia saudí explotan yacimientos petrolíferos convencionales, mientras Estados Unidos explota (o trata de hacerlo) petróleo de esquisto.

El esquisto ha cambiado el mercado mundial y, en consecuencia, la correlación de fuerzas, o al menos eso es lo que pretende Estados Unidos. A causa de ello, se han opuesto al tendido del gasoducto Nord Stream 2, al coste de enfrentarse también a Alemania.

Estados Unidos quiere aumentar su cuota de mercado y, en parte, lo ha logrado a costa de Arabia saudí, los demás países miembros de la OPEP y Rusia.

La extracción de petróleo de esquisto disminuye mucho más rápidamente que en los yacimientos convencionales. En una planta de esquisto la producción disminuye en un 70 por ciento después de un año y un 85 por ciento en tres años, mientras que en un pozo convencional las reservas se reducen un 5 por ciento cada año.

Como consecuencia de ello, el coste del esquisto es más elevado que el convencional, por lo que no es una inversión a largo plazo.

Para ser rentable, el petróleo de esquisto debe venderse a más de 60 dólares el barril. A principios de este año la rentabilidad ya era limitada, pero con la caída del precio casi a la mitad en tres meses, la rentabilidad ha desaparecido.

A ese nivel, el esquisto causa pérdidas. Los planes de Estados Unidos han fracasado y la OPEP (Arabia saudí) y Rusia vuelven a recuperar el control del mercado.

Es sólo la mitad de la historia, porque la OPEP (Arabia saudí) y Rusia también pierden dinero.

Ahora bien, hay tres factores más a tener en cuenta. El primero es que Arabia saudí pierde más dinero que Rusia porque sus yacimientos son menos rentables. El segundo es que Rusia tiene el respaldo de China, su mejor cliente. El tercero es que Rusia ha preparado un fondo gigantesco de reservas para aguantar el déficit durante al menos ocho años. La pregunta es si Arabia saudí puede aguantar durante ocho meses.

Por un lado, esa situación explica la purga interna que han emprendido los sátrapas de la Casa Real saudí.

Por el otro, si Estados Unidos no aguanta y Arabia saudí tampoco, ¿cómo es posible que Irán aguante una sacudida mucho más fuerte y más prolongada en el tiempo? También parece evidente que si Irán ha aguantado, Rusia también lo puede lograr porque está en condiciones mucho más favorables.

En otros tiempos un barril de petróleo a mitad de precio sería una noticia excelente, la oportunidad para relanzar una economía moribunda. Sin embargo, no es así por un motivo: porque, a diferencia de Rusia, los monopolios de Estados Unidos están endeudados hasta las cejas y en su caída van a arrastrar a los bancos.

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