miércoles, mayo 27, 2020
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Los europeos nos hemos convertido en ‘una nube de puntos que se mueve en un mapa’ gracias a la pandemia.

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La Comisión Europea ha pedido a los principales operadores de telecomunicaciones de Europa que le informen de los datos privados de los abonados que consten en sus teléfonos móviles.

Orange, Vodafone, Deutsche Telekom y otros cinco operadores de telecomunicaciones ya han acordado cotillear los datos de sus clientes a la Comisión Europea.

El pretexto no hace falta decirlo: comprobar si los usuarios siguen las ordenanzas de confinamiento para impedir la propagación de la pandemia de coronavirus.

La solicitud la hizo a principios de esta semana Thierry Breton, el Comisario Europeo para el Mercado Interior y la Agenda Digital, directamente a la Asociación GSMA, que reúne a 750 empresas del sector de la telefonía móvil en todo el mundo.

Orange ya trabajaba con el Instituto Francés de Investigación Médica, una colaboración fructífera, según nos quieren vender. Los datos de geolocalización proporcionados por el operador permitieron evaluar los movimientos de la población antes de la ley marcial y después de ella.

De esa manera los “expertos” se enteraron de que el 17 por ciento de los parisinos habían abandonado la capital francesa en ese momento. Se supone que los parisinos no se olvidan nunca el móvil en casa, como tampoco olvidan nunca de su nariz.

“No hay un seguimiento individual […] No transmitimos sus fotos, sus contactos”, se excusó Stéphane Richard, el director general de Orange, ante los micrófonos de Europe 1. “Nada identifica a los clientes como individuos. No es más que una nube de puntos que se mueve en un mapa”, añadió. Fue un alivio escucharle porque por un momento creíamos que nos consideraban como personas titulares de derechos, libertades y garantías cívicas.

Es exactamente lo mismo que dijo Obama cuando hace años saltó el escándalo del espionaje al mundo entero: nosotros no nos quedamos con los datos de nuestras víctimas (ya los tenemos), sólo nos interesan los metadatos.

A partir de este tipo de fechorías llegan las justificaciones hipócritas para tranquilizar la conciencia de los defensores de los derechos humanos. A la Comisión Europea le preocupa nuestra salud. Quieren “mejorar las estimaciones epidemiológicas”. Lamentablemente las epidemias anteriores fueron desvastadoras porque… ¡los europeos no estaban enganchados a sus móviles!

Afortunadamente la tecnología avanza una barbaridad y ahora es posible “verificar la eficacia de las medidas de contención”. Necesitan recordarnos algo que no sabíamos: que la vigilancia de los móviles no cura nada. Lo que quieren saber es si sus medidas son realmente eficaces, pero eso ya se lo decimos nosotros sin cotillear ningún móvil: sus medidas son inútiles al 100 por 100. No tienen otro objetivo que el control preventivo de la población.

¿Qué podemos decir de esos lobos que han puesto a cuidar del rebaño? Es el caso de Andrea Jelinek, presidente del Comité Europeo de Protección de Datos Personales, que hace lo contrario de lo que dice su cargo: en lugar de proteger se dedica a airear los datos personales.

Según Jelinek, en Europa no hay novedades legislativas porque el cotilleo ya estaba autorizado por la normativa europea y, naturalmente, él nunca puso ninguna objeción, sino todo lo contrario. Una veces es el terrorismo, otras el narcotráfico, otras el yihadismo… Ahora lo toca el turno a la salud.

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