Preocuparse por 4 y tragar con 21

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Lo bueno del confinamiento es que hay tiempo para enredar, o sea, para ir descubriendo otros entresijos del mundo y que, a la postre, van en la línea de lo que ya es obvio: que el sol sale por el este.

Decir que Occidente está de los nervios con China es quedarse corto. Está en modo pánico total. China no solo ha vencido al coronavirus -aunque ya está circulando la teoría, occidental, por supuesto, de que no, que todo es falso y que va a haber un rebrote porque se han ocultado datos y bla, bla, bla- sino que se está permitiendo el lujo de enviar ayuda médica, gratuita, en plan donaciones y haciendo jugosos contratos, en metálico, a un total de 89 países en estos momentos. Es lo que pomposamente los plumillas habituales de los medios de propaganda habituales denominan «diplomacia de mascarillas». Y dicen, con razón, que China va a sacar rédito de ello de una u otra forma.

¿Y cómo? Pues como el coronavirus va a hundir la economía mundial, aún no recuperada de la crisis anterior de 2008, hay muchas formas de hacerlo. Y una de las que más preocupa en estos momentos a Occidente es la ONU.

Vereis. La ONU no sirve para mucho desde que EEUU mandó a la mierda el derecho internacional en 2003 con la invasión y ocupación neocolonial de Irak. Lo está demostrando desde entonces aceptando la ilegalidad manifiesta y la violación constante del derecho internacional que suponen las mal llamadas sanciones por parte de EEUU, que violan todos y cada uno de los principios de la Carta bajo la que se rige la ONU. Que el patético secretario general de la ONU salga a llorar ahora diciendo que hay que parar las guerras para combatir al coronavirus sería de risa si no fuese trágico. Porque este individuo, portugés y ex primer ministro «socialista», no tiene ni una palabra sobre las sanciones que matan mucho más que las guerras clásicas. Que se lo digan a Irán, o Venezuela, por ejemplo. O a Siria.

Pues resulta que este año la ONU tiene, ni más ni menos, que seis altos cargos para elegir en otras tantas agencias de un total de 32 que tiene la ONU. Como es lógico, no se hará nada hasta que termine toda la historia de la pandemia, pero los nervios occidentales están a flor de piel ya, sin posibilidad de relajación.

Occidente controla 21 de esas 32 agencias (EEUU, Francia, Gran Bretaña y Alemania, principalmente, aunque también hay que dejar un poquito de poder a vasallos fieles como Australia, Dinamarca, Corea del Sur o Brasil, por no mencionar todos), 4 China y el resto países africanos (el director de la Organización Mundial de la Salud es de Etiopía, por ejemplo) y asiáticos. Supongo, y es un suponer, que a lo mejor os habéis preguntado el por qué de la agresividad de Occidente con la OMS cuando esta agencia ha defendido siempre lo que ha hecho China con el coronavirus y diciendo, por ejemplo, que no se ocultó información (el mantra de Occidente para tapar sus vergüenzas). Pues aquí podéis tener una respuesta.

Y resulta que Occidente tiene miedo de que en las votaciones de esos seis altos cargos que se tienen que elegir este año ganen los candidatos chinos cobrando, así, los favores que ahora está haciendo con la solidaridad médica y sanitaria. No os preguntéis qué pasa con el resto del mundo, si tiene o no quejas contra Occidente por su control absoluto de esas 21 agencias y, por ende, de la ONU. La única opinión que importa es la occidental, faltaría más. O si el mundo -el mundo, no el mantra occidental de «comunidad internacional», es decir, ellos- está preocupado por ese control. No, lo que preocupa e importa a Occidente es lo que no controla Occidente. Si como muestra basta un botón de lo que digo, solo comentar el papel que ha desempeñado y sigue desempeñando la Organización para la Prohibición de Armas Químicas (OPCW) en Siria, acusando sistemáticamente al gobierno sirio de la realización de ataques químicos contra la población de sitios controlados por la «contra» amparada, armada y financiada por Occidente y encubriendo los informes de los técnicos de la propia OPCW en los que se desmonta esa falacia y en los que se acusa a la «contra» amparada, armada y financiada por Occidente de esos ataques como ocurrió, por ejemplo, en el caso de Duma. ¿Y a que no sabéis quién es su director general? Pues el español Fernando Arias.

De esas seis agencias que se tienen que renovar este año, a Occidente le preocupan especialmente tres: la UNCTAD (Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Comercio y el Desarrollo), la CTBTO (Organización del Tratado de Prohibición Completa de Pruebas Nucleares) y la OMC (Organización Mundial del Comercio). Partiendo de la base de que no está claro aún si China va a presentar candidato propio o no, Occidente ya está poniéndose la venda antes de la herida. Pero demuestra el nivel al que está llegando. Porque, por ejemplo, China no tendría que mover un dedo en la UNCTAD porque el actual presidente es de Kenia y este país ha sido uno de los que primero se ha movido para lograr la solidaridad de China con África por el COVID-19. Y lo mismo pasa con la presidencia de la CTBTO, dirigida por Burkina Faso, otro de los países que han formado parte de la petición a China para que los ayude. En cuanto a la OMC, es un brasileño y es poco probable pasase a ser dirigida por algún país aliado de China. Esa «joya» no la quiere soltar de ninguna manera Occidente.

Pero así están las cosas. Todo lo que hemos conocido hasta ahora ya no vale, el coronavirus lo ha acelerado todo de una manera espectacular. Y todo va apuntando en la misma dirección: hacia el este. ¿A que cada día véis unas pocas canas más a Occidente? Eso se llama miedo a perder, más aún, su hegemonía.

El Lince

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