Bolivia: del proceso de cambio al golpe de Estado

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Jorge Petinaud Martínez.— El proceso de cambio que encabezó el presidente Evo Morales priorizaba el progreso social y, con el objetivo de revertir esa política, se evidenciaron los cinco pasos de una denominada ‘revolución de colores’, descritos por Gene Sharp en su ensayo De la dictadura a la democracia, sobre 198 variantes no tradicionales de golpe de estado.

Al relevar a Pedro Rioseco López-Trigo al frente de la corresponsalía, dialogamos sobre la necesidad de garantizar información objetiva sobre la realidad de Bolivia y, al propio tiempo, en favor de la justicia, en el sentido definido por Jorge Ricardo Masetti, fundador de Prensa Latina.

Asimismo, mediante contratos de servicios informativos con diversas empresas, ministerios y medios de comunicación, debíamos mantener la autosustentabilidad económica de la oficina, además de asegurar la superación profesional de los periodistas y especialistas más jóvenes.

Ninguno de estos objetivos se dejó de cumplir, ni siquiera en momentos en que fue necesario tomar precauciones para enfrentar las amenazas que recibieron integrantes de nuestro colectivo y evitar las provocaciones que desde finales de 2018 elementos opositores y vinculados a la embajada de Estados Unidos realizaron contra los representantes de Cuba en La Paz.

Una vez que el Órgano Electoral Plurinacional, sobre la base de un veredicto del Tribunal Constitucional, habilitó a finales de 2018 al mandatario, Evo Morales, y al vicetitular, Álvaro García Linera, como candidatos del Movimiento al Socialismo (MAS) para las elecciones generales de octubre de 2019, comenzó una campaña de para imponer en la opinión pública la matriz del fraude.

Paralelamente y de forma ininterrumpida, con el periódico Página Siete a la cabeza, los medios de comunicación al servicio de las políticas neoliberales desarrollaron una intensa cruzada ‘en defensa de la libertad de prensa y de los derechos humanos’, acompañada de acusaciones contra Morales, a quien calificaron de ‘dictador’.

Ya en vísperas de los comicios, los denominados cabildos de Santa Cruz, Potosí, Chuquisaca y La Paz, además de la cúpula del Colegio Médico, centraron sus demandas en reivindicaciones políticas y sociales, y manipularon a colectivos juveniles -en particular los de la paceña Universidad Mayor de San Andrés y grupos paramilitares de Santa Cruz, Cochabamba y Potosí- para que emprendieran manifestaciones violentas.

La fase de guerra psicológica y de desestabilización del Ejecutivo comenzó una vez concretadas todas estas acciones, como parte del esquema golpista en marcha contra un gobierno que, confiado en los logros económicos y sociales de su exitosa gestión de casi 14 años, centró sus esfuerzos en la vía electoral y evitó emplear la fuerza.

Para ello, se recurrió incluso a las amenazas, el secuestro y la violencia contra los dirigentes del MAS y sus familiares hasta imponer un clima de ‘ingobernabilidad’.

A esas alturas, sin detener las revueltas callejeras para mantener la presión y lograr el control de los ministerios e instituciones estatales, entraron en acción la Policía y el Ejército, cuyos mandos -según diversas fuentes- recibieron fuertes sumas de dinero y forzaron la renuncia de Morales y sus colaboradores en el proceso de cambio.

En medio de este caos social y de diversas amenazas, Prensa Latina mantuvo hasta mediados de noviembre de 2019 la actualización diaria de su web PLBolivia.bo, distribuyó entre sus cientos de clientes el boletín electrónico Bolivia al día, los dos noticiarios radiales, actualizó la parrilla de su emisora radial On-line y, desde La Paz, aseguró un turno de edición del servicio mundial de nuestra agencia.

No faltaron a lo largo de 2019 los intentos de la Alcaldía de La Paz -controlada por la oposición- de realizar sospechosas inspecciones sorpresivas dentro de la casa en que radicaba el grueso de nuestro equipo, acceso que nunca se permitió con una posición firme y sobre la base de las leyes del país.

Tras la renuncia de Evo Morales el 10 de noviembre, la agresividad de los golpistas en las calles y las provocaciones contra los médicos internacionalistas cubanos, aconsejaron limitar la salida a las calles, que para entonces sólo se efectuaban en dúos o grupos y previa autorización del Corresponsal-Jefe.

La nueva ministra de Comunicación, Roxana Lizárraga, ya había advertido que cualquier medio de prensa, nacional o extranjero, que informara al margen de la pauta trazada por las autoridades sería considerado ‘sedicioso’ y procesado penalmente. Un mensaje a la medida de Prensa Latina.

En ese contexto y ya filmados, fotografiados y perseguidos en autos tripulados por agentes del régimen de facto, se efectuó el traslado de las dos integrantes femeninas del equipo hacia la embajada de Cuba, mientras que los hombres se concentraron en la sede de Prensa Latina.

Como Corresponsal-Jefe, la primera tarea que realicé tras poner a buen recaudo las computadoras fue destruir la documentación administrativa y los contratos para evitar que Prensa Latina fuera objeto de una provocación en caso de un posible allanamiento.

De hecho, los cuerpos policiales bolivianos, con apoyo de funcionarios de la embajada de Estados Unidos, efectuaron allanamientos contra las casas de los miembros de la Brigada Médica Cubana, quienes prestaban colaboración en Bolivia.

Pese a la tensión del momento, los cinco hombres que permanecíamos en ese apartamento -junto a Princesa, la perrita mascota del colectivo- priorizamos la continuidad de las misiones encomendadas por Prensa Latina.

Ya en la noche, después de compartir un criollo congrí, Julio César Mejías convirtió el sofá de la sala en su cama, mientras Zeus Naya y Luis Beatón se acomodaron en el piso dentro de dos colchonetas de campo adquiridas para coberturas especiales. Durmieron tan plácidamente que hasta algunos ronquidos dejaron escapar.

Una fuente amiga me informó el domingo 17 de noviembre que estaba en curso una denuncia contra mí por la presencia en la vivienda de ‘un grupo de cubanos’.

La mala noticia forzó la decisión de partir ese mismo día hacia el aeropuerto internacional de El Alto, no sin antes dejar en manos amigas a Princesa, para lo cual caminé cerca de un kilómetro junto a Mejías, hasta una estación del sistema de transportación aérea por cable (teleférico).

Ya en la noche, aprovechando que en esa fecha la ruta hacia el aeropuerto estaba desbloqueada, tanto por parte de los militares golpistas como de los integrantes de los movimientos sociales partidarios del retorno de Morales, todos los integrantes de Prensa Latina partieron hacia esa terminal aérea.

Nadie se desanimó por tener que permanecer y dormir en el piso durante más de 48 horas, hasta que en la madrugada del martes 19 emprendimos el retorno a La Habana vía Lima y Panamá.

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