Julio Díaz.— En cualquier momento, pero mucho más en este tiempo de estado de alarma y alerta sanitaria, debiera ser la hora del protagonismo inequívoco del pueblo organizado. Solo las masas tienen la capacidad de dar la respuesta que requiere una realidad como la que enfrentamos; únicamente el pueblo organizado en torno a la prioridad absoluta de valores sociales y el desarrollo de las necesidades comunitarias, puede alcanzar las metas de disciplina social consciente que requieren las medidas sanitarias, sociales y económicas que, no solo, es necesario implementar para vencer el coronavirus, sino para que las personas no dejen de tener atendidas todas y cada una de sus necesidades básicas.

Es esta afirmación una lección inequívoca de los diferentes modelos de gestión aplicados en esta crisis sanitaria y que, tan patentemente, están demostrando la superioridad de los estados articulados en torno a una economía planificada y el protagonismo social del pueblo. Personas vs monopolios, pueblo organizado vs militarización, son las únicas respuestas útiles para salvar a la Humanidad de una mortandad imprevisible, pero que pudiera llegar a ser de dimensiones apocalípticas, por la única responsabilidad de anteponer los intereses del Capital a los de la Humanidad, negando, como tan claramente han expresado sin ningún tipo de rubor determinados dirigentes políticos y empresariales, cualquier posibilidad de paralizar la producción o intervenir los recursos privados que en este momento necesita la sociedad.

APRENDAMOS DE LA REALIDAD

Si tomamos nota de nuestra realidad, no solo veremos la brutal escasez de medios de nuestra sanidad pública como consecuencia de los recortes, privatizaciones y desvío de fondos a la privada mediante vergonzosos conciertos con empresas “sanitarias”, sino que seremos conscientes de la práctica inexistencia de una mínima red de organización social popular. Desarticulado socialmente y desmantelado ideológicamente, el pueblo trabajador confía su presente y futuro al gobierno de un estado que, incapaz de movilizar por inexistentes suficientes recursos civiles, plantea como única alternativa el poder omnímodo en la calle de los cuerpos represivos. Más sanitarios y menos militares, más personal de limpieza y reparto de comida a las personas dependientes y/o necesitadas y menos policías y Burguer King. Es una emergencia social y sanitaria lo que enfrentamos, y sin embargo, la han convertido, además de en una oportunidad de negocio para fracciones del gran capital, en un Estado de Alarma y en un ejercicio práctico de recorte de derechos y libertades.

En consecuencia con este análisis que, sin duda, compartiremos con un buen número de personas conscientes, el conjunto de las fuerzas revolucionarias, y el PCPE en particular, tenemos la obligación de convertir en consignas políticas y táctica programática, propuestas estratégicas para enfrentar esta realidad tan negativa para los intereses populares. Bases para la necesaria contraofensiva obrera y popular que, desde ya, desde el propio confinamiento, tenemos que empezar a pensar y a levantar con carácter de urgencia

CONSTRUIR LA UNIDAD OBRERA Y POPULAR, LUCHAR POR EL SOCIALISMO.

Es la consigna del momento, ya no hay discurso que soporte la defensa de la superioridad del capitalismo. El ejemplo de la catastrófica gestión de los países capitalistas ante la crisis sanitaria del Covid19, contrasta con modelos en los que, desde una base material de economía planificada, el estado no solo ha activado todas sus capacidades para combatir exitosamente la pandemia, sino que ha utilizado toda la estructura de organización social existente para implementarlas.

Para alcanzar este objetivo de avance en la estructuración social de la clase obrera y los sectores populares, la propuesta estratégica del PCPE es desarrollar lo que denominamos el FOPS (frente obrero y popular por el Socialismo).

El FOPS, no es una sigla, ni una organización a la que sumarse adhiriéndose a un programa determinado, nada de eso; el FOPS es una amplia alianza social contra la explotación, la opresión y la injusticia social y nacional..

Desde el movimiento obrero y sindical clasista, a la lucha feminista de las mujeres trabajadoras, el internacionalismo y el antiimperialismo, las reivindicaciones populares por la mejora de vida en los barrios y en la prestación de los servicios sociales privatizados, a la defensa de los derechos civiles y políticos, la lucha campesina contra los monopolios, la defensa democrática y científica del Medio Ambiente al servicio del pueblo trabajador, o la organización de la juventud obrera y popular, todos ellos requieren de una propuesta política y organizativa para articularse y ser verdaderos escudos de defensa de los intereses obreros y populares. Espacios de organización constituidos por las masas y del que ellas deben ser sus únicas protagonistas.

Organización popular, destinada a construir contrapoder desde la confrontación política clasista y la progresiva elevación del nivel de conciencia de las masas, para que, entre éstas, del modo más natural y desde las más diversas experiencias de lucha, se dé una progresiva asimilación de las consignas de confrontación y resistencia en defensa de sus intereses.

Concebimos este proceso como un hecho dialéctico, vinculado al mismo desarrollo de la lucha de clases en la realidad concreta en cada momento. Experiencias reales de organización y participación popular no integradas en las redes de clientelismo del Estado, que sitúan en cada momento el nivel y alcance de las consignas, pero que, indudablemente y con apoyo de la intervención decidida de la militancia comunista, se orientarán hacia la derrota económica, política e ideológica de la burguesía y de su modelo de sociedad.

Ahora, cuando se muestran más incapaces y solo les queda destruir fuerzas productivas –paro- e incrementar la violencia para tratar de enfrentar esta crisis, que es su crisis, es el momento de enfrentar, sin concesiones, esta batalla en la que solo puede ganar una de las partes en liza. La burguesía tiene todo el poder y la fuerza, pero sus pies son de barro; nosotros/as somos la mayoría social y tenemos la argamasa para levantar el dique que los entierre definitivamente en el mar.

Si la unidad y la organización del pueblo es nuestra fuerza; no hay más excusas, todos y todas organizados y luchando por la defensa inequívoca de los intereses populares.

Nos va la vida en ello

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