La rebelión negra, un salto cualitativo

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Darío Herchhoren.— Toda discriminación racial es en realidad una discriminación social, y la historia norteamericana está plagada de situaciones que vienen a confirmar esta afirmación.

Siempre se nos ha vendido que la guerra de secesión norteamericana era una suerte de cruzada de los buenos del norte contra los malos del sur, que venían a liberar a los esclavos negros, y a instaurar una república donde todos fueran iguales. La literatura norteamericana está llena de ejemplos de esto, y si leemos «La cabaña del Tío Tom», veremos como esta leyenda se inscribe dentro de esta gigantesca y falaz historia.

Uno de los mitos más recurrentes de todo esto es la especie de que se trató de una guerra del norte industrial, protestante y rico contra el sur rural, católico y pobre, presentando a los confederados (sur), como esclavistas brutales, que lo eran, en contraposición a los libertadores del norte que venían a llevar la libertad en una epopeya alimentada durante cientos de años por el cine, la televisión y la literatura. Hasta un poeta como Walt Withman un hombre de enorme sensibilidad que vivió en primera persona esa guerra en sus poesías abona esta falacia.

La realidad es que la guerra de secesión fue una guerra de clases entre la burguesía pujante del norte, en su afán de expandirse desata la guerra con el objetivo de lograr una mano de obra barata, y acabar con las prácticas feudales de los grandes terratenientes. Los negros, trabajadores rurales forzados, sirvieron en realidad como soldados en el ejército nordista, con la promesa de su libertad, y acabada la contienda pasarían a ser mano de obra barata para las industrias del norte, que iban a ocupar las tierras del sur. Este era uno de los objetivos del norte, y el segundo objetivo era el acabar con la clase terrateniente, pero no para beneficiar a los campesinos sin tierra, sino para saquear esas tierras y apoderarse de ellas en un nuevo reparto de la riqueza pero nunca para beneficiar a los antiguos esclavos.

Los negros lograron dejar la esclavitud, pero nunca alcanzaron la libertad en equidad con los blancos; y siempre fueron considerados como una raza inferior ocupando casas de mala factura, empleos malos y mal pagados; profesiones y oficios que los blancos no querían.

En realidad la sociedad norteamericana nunca aceptó a los negros como iguales a los blancos. Pero el gran desarrollo del capitalismo llevó a que la clase obrera negra aprendiera que no se consigue la igualdad yendo a rezar y a cantar en los coros de las iglesias. Hacía falta algo más. Y surgieron líderes como Angela Davies, Martin Luther King o Malcolm X.

¿Pero en realidad algunos de estos líderes planteaban que los negros querían ser explotados como los blancos? Seguramente no.

El maltrato a los negros por la policía, las malas escuelas para negros; la enorme población carcelaria negra en comparación con la blanca, fueron creando el clima necesario para una gran explosión social, y la última muerte de un negro a manos de la policía de Minneápolis, fue la gota que rebalsó la copa, y produjo el cambio cualitativo.

A las protestas de los negros, se han unido miles de blancos, hispanos y asiáticos han cambiado las tornas, y el movimiento de protesta en muchos casos violento tomó otro rumbo; y las reivindicaciones también fueron distintas. Ya no se trataba de lograr la igualdad, sino más bien se trataba de cambios más profundos, que implicaban demandas de cambios estructurales, y todo esto hace pensar que esta vez si todos los que salieron a las calles se organizan las cosas pueden cambiar, y convertirse en el motor de cambios de mayor calado. La bomba ya está armada, y solo hace falta que alguien encienda la mecha.

Lo que está ocurriendo enseña el camino.

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