‘Sol y camas baratas’: el paradigma de Manuel Fraga

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Darío Herchhoren.— Según Manuel Fraga Iribarne, el turismo extranjero en España era el maná del cielo que iba a caer, y que acabaría para siempre con el atraso secular español. Para eso había que aprovechar la cantidad de días de sol de que gozaba la península ibérica, y las camas las pondrían los hoteleros que llenaban sus hoteles con turistas ingleses y alemanes.

Si miramos con atención veremos que esta consigna significó que España recibiera año tras año con la presencia de millones de turistas provenientes de toda Europa, que dejaran su dinero en el país y que fueron el germen del crecimiento español, y que muestran a las claras cual era el concepto de desarrollo que la burguesía española tenía, y todavía tiene, sin pensar en la diversificación de la economía nacional, sin invertir una sola peseta en otros renglones de la economía como podía ser la industria naval, la investigación en materia de pesca, la ciencia aplicada, la siderurgia y la minería.

Otro de los campos donde la burguesía española ha invertido muchísimo dinero es la construcción de viviendas, y para ello no hacen falta grandes científicos, ya que para pegar un ladrillo con otro, no son necesarios grandes conocimientos.

Tanto en la industria (¿Industria?) hostelera como en la construcción los aportes en tecnología son muy limitados. Para un hotel, sea de cinco o menos estrellas hacen falta edificios con buenas habitaciones, muebles y una buena decoración y un personal entrenado sobre todo en idiomas, y en dar un buen trato a los pasajeros.

En la construcción, ocurre otro tanto. Hacen falta ingenieros y arquitectos, constructores, albañiles, personal que pegue azulejos y ponga vidrios en las ventanas, y sobre todo bancos que financien la construcción con garantías hipotecarias.

La burguesía española todavía no ha asimilado la idea de clase para si, y se ha quedado en lo de clase en si. La burguesía española no invierte en investigación, ni en ciencia, ni financia a estudiantes de carreras de ciencias, solo se dedica a aquellas actividades de beneficio inmediato, y por eso no ha peleado para la conservación de los altos hornos de Vizcaya ni los del Mediterráneo en Sagunto.

España no tiene tecnología propia, y se limita a fabricar bajo licencia de patentes extranjeras, pagando altos royaltis por su uso.

Si miramos a la industria del automóvil y la fabricación de camiones, observamos que todas son marcas extranjeras. Las únicas fábricas españolas que había eran Pegaso (fabricante de camiones) que fue comprada por Fiat, y Seat, fabricante de automóviles, que fue comprada por el grupo Wolksvagen.

Si todas las fábricas extranjeras decidieran cerrar, en su lugar crecería el pasto, y lo estamos viendo con el cierre de la fábrica de automóviles japonesa Nissan, y con el cierre de Alcoa, el gran holding mundial del aluminio.

El turismo es la gran teta que da leche todos los años, pero este año los turistas no podrán venir por la pandemia de coronavirus, lo cual implicará que toda la industria hotelera entrará en una situación de ruina.

Este es el resultado de no diversificar la economía española, y jugar todo a una sola carta. Es indispensable gastar mucho dinero en la formación de jóvenes en carreras de ciencias y de investigación como lo hace Alemania y Francia, y desarrollar tecnologías propias, y no depender del pago de royaltis que son muy caros, y que siempre los países centrales nos van a alquilar cuando ya sean viejas, con lo cual España será siempre un país de segunda.

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