La inviabilidad de la educación bajo el capitalismo: El caso de la Región de Murcia

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  1. Introducción

Desde el PCOE rechazamos todas y cada una de las instituciones privadas-concertadas y privadas que emplean la enseñanza y los fondos públicos como medio para obtener beneficios económicos privados, ocupando un porcentaje del gasto educativo inaccesible a las clases más humildes. Además, al estar la mayoría de estos centros bajo control de las instituciones de la Iglesia, se observa de forma transparente el adoctrinamiento religioso y anticomunista que se realiza a los estudiantes que acuden a estos centros.

No obstante, la crítica de los comunistas no puede frenarse aquí. Es preciso expresar que la educación en el modo de producción capitalista – incluida la pública – atiende a los intereses de los monopolios y, por ende, a los dueños de los medios de producción: la burguesía. Defender, por tanto, la educación pública sería caer en el idealismo de la inmensa mayoría de la izquierda española y mundial, que no dudan ni por un segundo en salir al paso en la defensa de las instituciones públicas para engañar al pueblo trabajador y convertirse en fieles de la burguesía cuando llegan al Congreso de los Diputados.

Lo público también forma parte de la superestructura jurídica-política-ideológica, cuyo fin es la reproducción de la ideología de la clase dominante y su transmisión a los estudiantes procedentes de la clase trabajadora. Sería un error olvidar el entrelazamiento, siempre dialéctico, que existe entre la superestructura con respecto a la estructura económica.

Con la llamada crisis del coronavirus – que ya sabemos que no es tal, sino otra evidencia de la bancarrota del capitalismo monopolista de Estado – los antagonismos de clase se acentúan sin descanso. El fracaso y abandono del sistema educativo, así como el acceso a estudios superiores, están estrechamente ligados a las características socioeconómicas de las familias. El atributo con más peso en la salida del sistema educativo es la clase social del alumno.

  1. Sobre la situación en la Educación Secundaria Obligatoria (ESO) y Formación Profesional (FP)

Lo público, además, se está desmantelando y convirtiendo poco a poco en privado, lo cual afecta, sobre todo, a la accesibilidad de la educación de los hijos de la clase trabajadora. Esta situación se vuelve completamente desesperada cuando hablamos de la Región de Murcia.

La brecha digital, la cual con la actual crisis económica se ha constatado como totalmente demoledora, deja a los estudiantes sin medios a su disposición para acceder a las clases online. El 44% del estudiantado sólo tiene un ordenador en casa, mientras que el 14% ninguno. Cifras nada desdeñables y que demuestran la realidad del capitalismo: un sistema que se sostiene en base a la explotación y las desigualdades. Esto implica que una buena parte de los estudiantes no dispone de medios para conectarse a las clases virtuales cuando el ordenador del que se dispone – en los casos en los que se dispone – es necesario para el trabajo de sus padres o el actual sistema de teletrabajo, o para el estudio de sus hermanos. A esto se le añade que muchas familias de clase trabajadora no disponen en sus hogares de espacios para el estudio adecuados.

Ante esta situación las medidas del gobierno estatal, el gobierno más progresista de nuestra historia, son completamente irrisorias, limitándose a establecer la semipresencialidad en la educación, dejando completamente abandonados – al igual que en el curso anterior – a los estudiantes de las zonas rurales donde la conexión a internet es deficiente, cuando no directamente inexistente.

En la Región de Murcia, el gobierno de la comunidad únicamente habló de establecer la ratio de estudiantes que acudirán a clase – clases, por otro lado, cuya realidad era la del hacinamiento de 30 estudiantes o incluso más en espacios preparados para 20 personas a lo sumo – sin atender de ninguna manera a las diversas problemáticas derivadas de la situación de crisis y pandemia mundial. Para más inri, esta medida ni siquiera se cumple: muchos de los institutos de la Región siguen manteniendo un número de estudiantes en las aulas muy superior a lo establecido por ley, a lo que se suma que en muchos cursos existe completa presencialidad, debido a que no se poseen espacios, medios ni personal para cumplir con las medidas necesarias.

Las instalaciones y los medios se encuentran totalmente obsoletos, cuando no en condiciones lamentables, que derivan en que las clases, cuando pueden darse, se vean interrumpidas constantemente por los problemas de conexión a internet.

La semipresencialidad en los cursos más avanzados implica cortar el temario a la mitad, reduciendo enormemente la formación de los estudiantes de Bachillerato hasta unos límites absurdos. Mientras esto sucede, no se da ninguna solución a cómo van a realizarse las pruebas de selectividad en estas condiciones, dejando a los estudiantes en una situación de total incertidumbre hacia su futuro y generando enormes problemas de salud mental derivados de esa irresponsabilidad, siendo los más habituales la ansiedad, el estrés o incluso la depresión. Las medidas, por supuesto, tampoco han contado en su elaboración con la opinión del personal docente ni con los estudiantes, que son, a fin de cuentas, quienes conocen la realidad de los centros.

  1. Las políticas universitarias contra los estudiantes de la clase obrera

En la universidad la situación no es menos desastrosa. Tras pasar el Estado de alarma oyendo las promesas del irrisorio Ministro de Universidades – Manuel Castells Oliván – y del rectorado, estas quedaron en papel mojado cuando comprobamos que el precio de las segundas matriculas se ha mantenido. El conocido tasazo supone un abuso brutal y representa una política criminal hacia los estudiantes, duplicando y hasta triplicando los costes de sus matrículas y suponiendo una de las principales razones por las cuales los estudiantes de clase trabajadora se ven obligados a abandonar sus estudios.

Por otro lado, las condiciones para optar a una reducción del precio de las segundas matrículas o superiores son, como mínimo, un insulto a los estudiantes, pues se les exige demostrar que por causas relacionados con la Covid-19 han necesitado incorporarse al mundo laboral. Entonces, ¿qué ocurre con aquellos estudiantes que ya necesitaban trabajar para pagar sus estudios? Quedan totalmente abandonados por las instituciones serviles a la burguesía, a los monopolios. Por si fuera poco, la Universidad no ha dudado ni por un instante en cobrar – en el proceso de matriculación – nuevas tasas administrativas a los estudiantes, algo totalmente ilógico cuando el trámite es realizado por el estudiante de forma totalmente telemática desde su domicilio. Para eso existe la Universidad hoy día, para saquear a los estudiantes de la clase trabajadora en el proceso de convertirlos en piezas que ingresen las cadenas de producción y explotación capitalistas. Eso sí, con un título bajo el brazo. Un título que, en la mayoría de los casos, su consecución supone un endeudamiento para la familia y obliga al estudiante a compaginar estudios con la explotación laboral, con el trabajo esclavo de la sociedad capitalista.

  1. Las paupérrimas condiciones del profesorado

A todo lo expuesto anteriormente debe sumarse la situación del profesorado, el cual no ha recibido una formación real para impartir docencia telemática, habiéndose limitado ésta a algunas charlas que se han demostrado totalmente insuficientes nada más comenzar el curso. Además, pese a que se anunció una subida de sueldo para el personal docente (un bochornoso 2%), esto resulta una cantidad totalmente insuficiente para los trabajadores asociados y peor pagados de la Universidad; unos profesores que están teniendo que realizar su trabajo en condiciones nefastas, con horarios que superan ampliamente su jornada laboral, sin medios y obligados a improvisar nuevos modelos de evaluación, lo que, evidentemente, repercute también en los estudiantes, que acaban sosteniendo sobre sus espaldas una carga de trabajo absolutamente desproporcionada. La semipresencialidad ha derivado en que la cantidad de prácticas, trabajo y entrega de tareas se haya doblado. Una absoluta barbaridad.

  1. Conclusiones

Los países que se definen a sí mismos como democracias liberales no cesan en su empeño de rellenar las leyes, decretos y currículos educativos con fraseología inclusiva e integradora, dando a entender por quién se acerque a estos sin una marcada visión de clase que su objetivo primario es combatir las deficiencias existentes en el sistema educativo. Nada más lejos de la realidad, los marxistas somos conscientes de que tras estas palabras existe un aparato ideológico cuyo único fin es dificultar el acceso de los hijos de la clase obrera a la educación; la igualdad  y la libertad en el orden capitalista no son otra cosa que la presión del Estado y las instituciones que forman parte activa de los distintos procesos culturales en la reproducción de la voluntad ideológica de la clase dominante, como un elemento vertebrador del sistema existente de distribución desigual de la propiedad.

Todo esto nos lleva a una conclusión muy clara: la pandemia ha sacado a flote la completa inviabilidad del sistema educativo actual. No es suficiente la defensa a ultranza de la educación pública, pues los abusos en todos los niveles se seguirán produciendo mientras las instituciones del Estado, como la educación, sean administradas por la burguesía.

El carácter de la educación debe ser popular y al servicio de la clase obrera. Sin embargo, conseguir esto no es posible de la mano de la reforma y de charlatanes socialdemócratas cuya función es la de servir de sostén del sistema que nos explota y condena a la miseria. Es necesario construir un sistema completamente nuevo. De ahí se extrae la necesidad de la clase obrera de organizarse para construir el Socialismo, que establezca una educación realmente gratuita y universal, en la que los trabajadores nos veamos como compañeros inseparables, un sistema que elimine la explotación del hombre por el hombre y en el que las instituciones educativas velen por elevar el nivel cultural de los estudiantes, que no tenga el objetivo de saquearlos y adoctrinarlos en ideología burguesa.

Construyamos un sistema educativo de carácter humanista, donde no exista el beneficio privado y en el que la formación no sea un medio para adaptarnos al sistema productivo, sino un fin en sí mismo.

¡Por una educación por y para los trabajadores!
¡Contra la educación del capital!
¡Por la educación socialista!

Comité Regional del Partido Comunista Obrero Español (PCOE) en la Región de Murcia

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