La descontrolada situación en Galicia demuestra cual es la única salida [esp/gal]

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Lejos de seguirle el juego a los diversos políticos del capital y a los medios de comunicación, que señalan falsamente quienes son los responsables de los rebrotes y diferentes olas de contagios, cabe señalar que las consecuencias de la situación actual las están sufriendo la clase trabajadora, en un contexto de absoluta inhumanidad que está imperando en el Estado Español y en el mundo entero, donde la dicotomía de libertad-confinamiento se está volviendo en la nueva normalidad que se inauguró a finales de 2020. En otras palabras, los Estados capitalistas, antítesis del humanismo, tienen mucho más control en el día a día de los trabajadores hoy que en ningún otro momento.

Este control se está sufriendo en la Sanidad, puesto que la carga de trabajo completamente desmesurada con respecto al personal sanitario y logístico, que en su inmensa mayoría tienen condiciones contractuales de extrema temporalidad y precariedad, lo lleva a alzar la voz contra un sistema público completamente deficiente. Así, podemos ver la auténtica odisea que está aconteciendo en Ourense, donde los trabajadores no pueden más que denunciar por redes sociales la arbitrariedad de las medidas tomadas, que incluyen la convivencia de pacientes positivos de coronavirus con pacientes sanos. Las quejas vienen tanto por la cúpula que gobierna el hospital como por las medidas de la Xunta de Galicia. La enfermería, los auxiliares y los médicos no son dueños del hospital y, por lo tanto, no tienen ninguna capacidad de gobierno sobre las decisiones que se toman en el a pesar de que son ellos los que están trabajando día y noche en esta situación de pandemia. Así es la democracia del capitalismo, en la que una pequeña parte ajena a las condiciones reales de un centro de trabajo toma decisiones que pueden ser de vida o muerte.

También sufre el control capitalista la Enseñanza pública, que desde el inicio del segundo trimestre ve triplicados los casos de coronavirus lo que implica en algunos centros como el IES O Mosteirón (Sada) que tiene que dar de baja a 13 de los 17 profesores con los que cuenta, siendo una terrible situación para los alumnos y su desarrollo académico. Una vez más, los trabajadores de la enseñanza pública no tienen ningún tipo de decisión sobre su futuro. Van todos los días a jugar a la ruleta rusa con su salud como bien indica la sección sindical de CSC en el IES A Sardiñeira. Todo esto mientras leemos al Consejero de Educación Román Rodríguez y a la ministra de educación Isabel Celaá decir que la enseñanza primaria y secundaria es segura puesto que según ellos no se está dando transmisión interna en los centros educativos. La realidad es, sin embargo, que la presencialidad de la enseñanza solo se puede justificar en términos económicos, puesto que la enseñanza esencial de forma telemática implicaría una nueva inversión importante de dinero público (material digital para la comunidad educativa) y privado (en términos de conciliación familiar).

De la misma manera, la enseñanza universitaria tiene que ver como se realizan exámenes de forma presencial en enero, con acumulaciones de incluso cientos de estudiantes para realizar las pruebas. Ni los alumnos ni los profesores tienen ningún poder de decisión sobre sus vidas en un contexto capitalista.

El caso de la Sanidad y la Enseñanza son solo una muestra de la realidad que estamos viviendo, que nos indica que el 55,9% de los trabajadores del Estado Español estamos condenados a contagiarnos de coronavirus. Sin embargo, no tenemos ningún poder de decisión sobre esto ya que el reciente decreto sobre el teletrabajo establece que este solo se dará cuando exista acuerdo entre empresario y trabajador. En otras palabras, un Estado burgués solo puede emitir leyes que favorezcan a los empresarios.

Queda latente, por tanto, que quien lidia día a día con este virus, la clase obrera, tiene todo por ganar aún, puesto que la estructura democrática que emana del sistema social y económico del Capital solo es una democracia para una parte reducida de la población, para la parte explotadora, burguesa. Las instituciones de esta democracia burguesa no sirven a nuestros intereses, de ahí que medidas ya de por sí irrisorias como las ayudas sociales sean irrealizables y en la práctica no las esté recibiendo nadie. Solo resta acabar con ellas y construir la democracia que lleve a los trabajadores a una toma real de decisiones, en la que el personal sanitario no tenga que hacer malabares con un presupuesto e infraestructura limitados, sino que sea capaz de tomar medidas factibles en función del análisis de la realidad que vive cada día. Una democracia en la que la enseñanza no tenga que autoconvencerse de que la presencialidad es segura y pueda realizarse de forma telemática, puesto que es la única vía que preserva con total seguridad la salud. En definitiva, necesitamos una democracia obrera que adopte la forma de Socialismo. De no ser así, la clase trabajadora solo verá aumentado su sufrimiento en esta profundización de la crisis del sistema.

El medio para alcanzar este objetivo no es más que la agrupación de los sectores obreros y populares al rededor del Frente Único del Pueblo (FUP), que adoptará la forma de órgano de máxima representatividad de los trabajadores, pensionistas, amas de casa, estudiantes… confrontándose, como no podría ser de otro modo, con la democracia burguesa del capitalismo, que en ningún momento representa otros intereses que no sean los que favorecen a la propiedad privada de los medios de producción.

¡Por la construcción del FUP!
¡Todo el poder para el proletariado!
¡Socialismo o barbarie!

Secretaría de Propaganda del P.C.O.E. en Galicia

A descontrolada situación en Galiza demostra cal é a única saída

Lonxe de seguirlle o xogo aos diversos políticos do capital e aos medios de comunicación, que sinalan falsamente quen son os responsables dos rebrotes e diferentes ondas de contaxios, cabe sinalar que as consecuencias da situación actual a está a sufrir a clase traballadora, nun contexto de absoluta inhumanidade que está imperando no Estado Español e no mundo enteiro, onde a dicotomía de liberdade-confinamento estase volvendo na nova normalidade que se inaugurou a finais de 2020. Noutras palabras, os Estados capitalistas, antítese do humanismo, teñen moito máis control no día a día dos traballadores hoxe que en ningún outro momento.

Este control estase a sufrir na Sanidade, posto que a carga de traballo completamente desmesurada con respecto ao persoal sanitario e loxístico, que na súa inmensa maioría teñen condicións contractuais de extrema temporalidade e precariedade, o leva a alzar a voz contra un sistema público completamente deficiente. Así, podemos ver a auténtica odisea que está acontecendo en Ourense, onde os traballadores non poden máis que denunciar por redes sociais a arbitrariedade de medidas tomadas, que inclúen a convivencia de pacientes positivos de coronavirus con pacientes sans. As queixas veñen tanto pola cúpula que goberna o hospital como polas medidas da Xunta de Galicia. A enfermería, os auxiliares e os médicos non son donos do hospital e, polo tanto, non teñen ningunha capacidade de goberno sobre as decisións que se toman nel a pesar de que son eles os que están traballando día e noite nesta situación de pandemia. Así é a democracia do capitalismo, na que unha parte pequena allea ás condicións reais dun centro de traballo toma decisións que poden ser de vida ou morte.

Tamén sofre o control capitalista o Ensino público, que desde o comezo do segundo trimestre ve triplicado os casos de coronavirus o que implica en algúns centros como o de IES O Mosteirón (Sada) que ten que dar de baixa a 13 dos 17 profesores cos que conta, sendo unha terrible situación para os alumnos e o seu desenvolvemento académico. Unha vez máis, os traballadores do ensino público non teñen ningún tipo de decisión sobre o seu futuro. Van todoos días a xogar á ruleta rusa como ben indica a sección sindical de CSC no IES A Sardiñeira. Todo isto mentres lemos ao Conselleiro de Educación Román Rodríguez e á Ministra de Educación Isabel Celaá dicir que o ensino primario e secundario é seguro posto que según eles non se está dando transmisión interna nos centros educativos. A realidade é, sin embargo, que a presencialidade do ensino só se pode xustificar en termos económicos, posto que o ensino esencial de xeito telemático implicaría unha inversión importante de diñeiro público (material dixital para a comunidade educativa) e privado (en termos de conciliación familiar).

Do mesmo xeito, o ensino universitario ten que ver como se realizan exames de forma presencial en xaneiro, con acumulacións de incluso centos de estudantes para realizar as probas. Nin os alumnos nin os profesores teñen ningún poder de decisión sobre as súas vidas nun contexto capitalista.

O caso da Sanidade e o Ensino son só unha mostra da realidade que estamos a vivir, que nos indica que o 55’9% dos traballadores do Estado Español estamos condenados a contaxiarnos de coronavirus. Sen embargo, non temos ningún poder de decisión sobre isto xa que o recente decreto sobre o teletraballo establece que este só se dará cando exista acordo entre empresario e traballador. Noutras palabras, un Estado burgués só pode emitir leis que favorezan aos empresarios.

Queda latente, por tanto, que quen lida día a día con este virus, a clase obreira, ten todo por gañar aínda, posto que a estrutura democrática que emana do sistema social e económico do Capital só é unha democracia para unha parte reducida da poboación, para a parte explotadora, burguesa. As institucións desta democracia burguesa non serven aos nosos intereses, de aí que medidas xa de por si irrisorias como as axudas sociais sexan irrealizables e na práctica non as estean a recibir ninguén. So resta acabar con elas e construír a democracia que leve aos traballadores a unha toma de decisións real, na que o persoal sanitario non teña que facer malabares cun presuposto e infraestrutura limitados, senón que sexa capaz de tomar medidas factibles en función do análise da realidade que vive cada día. Unha democracia na que o ensino non teña que se autoconvencer de que a presencialidade é segura e poida realizarse de xeito telemático, posto que é a única vía que preserva con total seguridade a saúde. En definitiva, precisamos dunha democracia obreira que adopta a forma de Socialismo. De non ser así, a clase traballadora só verá aumentado o seu sufrimento nesta profundización da crise do sistema.

O medio para acadar este obxectivo non é mais que a agrupación dos sectores obreiros e populares ao redor da Fronte Única do Pobo (FUP), que adoptará a forma de órgano de máxima representatividade dos traballadores, pensionistas, amas de casa, estudantes… confrontándose, como non podería ser doutro xeito, coa democracia burguesa do capitalismo, que en ningún momento representa outros intereses que non sexan os que favorecen á propiedade privada dos medios de produción.

Pola construción da FUP!
Todo o poder para o proletariado!
Socialismo ou barbarie!

Secretaría de Propaganda do P.C.O.E. en Galiza

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