El Golpe Perfecto

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Cómo una patraña ha podido ser vendida como algo heroico.

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Una batalla que tenemos perdida, aunque no por eso debemos dejar de darla, es la de la comunicación. Los medios del convencimiento nos señalan el camino. Nos dicen qué hay que odiar, a quién hay que creer, a quién hay que escuchar y quién y qué es lo bueno y quiénes son los malos. Hoy 23 de febrero de 2021 llevamos todo el día teniendo que soportar esa letanía del triunfo de la democracia, del comportamiento del emérito aquel día, del compromiso de los militares y las instituciones con la Constitución, de los ataques que sufrieron la corona, la democracia, la libertad y alguna cosa de la que seguro me olvido.

El relato que dura cuarenta años (tanto como aquella dictadura que se nos está haciendo eterna) ha dado resultado. No son pocas las personas, en buena medida jóvenes, a quienes se les ha negado la Historia reciente del país donde viven. Gracias a eso mensajes tan básicos y zafios como los ladridos lanzados por organizaciones cristofascistas tienen repercusión en algunos de ellos. Y no son pocas las personas adultas que por desinterés en informarse o por el propio martilleo incesante de los medios en cuatro décadas, han caído en el olvido. El hace poco fallecido Alfredo Grimaldos, señalaba que se encontraba con viejos camaradas que habían asimilado ese relato del triunfo de la democracia, de la Transición mágica, olvidando incluso que ellos fueron parte activa de esa Historia y que ésta se contaba al revés.

Así que vamos a recordar, sin teorías, solo con los datos que sabemos, pero sin adornos. Quizá sirvan para hacer entender las contradicciones y las situaciones absurdas que nos han repetido hasta la náusea. No pocas son llamativas. Ojalá sirvan al menos, para reflexionar sobre este régimen monárquico que padecemos. Y si a alguien le sirve para conocer algo nuevo, pues habrá valido la pena el tostón que ya empieza:

El 23 f del 81 fue el primer golpe de estado que se llevó acabo, sin tratar de perjudicar mínimamente a la jefatura del estado, o sea, a la corona. De hecho no se enviaron unidades a la residencia del monarca, ni éste ni su familia se desplazaron a un lugar seguro libre del peligro de ser detenidos o inhabilitados. Los golpistas ni siquiera cortaron las comunicaciones con Zarzuela.

El 23 f del 81 el rey emérito estaba tan desprevenido respecto al golpe de estado que avisó a Bárbara Rey (a la sazón una de sus amantes en aquel momento) para que se quedara en casa aquella tarde. Los hijos del Borbón tampoco fueron al colegio aquel día. El monarca no solo era un salvador de la patria, era también un ser de luz con dotes adivinatorias.

El Tte. Coronel de la Guardia Civil Tejero era un oficial sin mando en tropa. Carecía de unidad alguna bajo su mando. A pesar de este detalle, consiguió reunir a dos centenares de guardias civiles y ponerlos bajo su mando. Algo así solo se puede conseguir con la colaboración y beneplácito de la propia unidad. El relato del demente solitario tampoco funciona en este punto.

Entre los guardias que asaltaron el congreso se encontraba el capitán Muñecas, reconocido torturador de la Guardia Civil y que en la actualidad está reclamado por la Justicia Argentina por crímenes de lesa humanidad. La justicia del estado español y los sucesivos gobiernos, impiden su comparecencia de igual manera que con Billy el Niño o Martín Villa. ¿Proteger a golpistas? El relato…

El golpe lo dirigieron precisamente dos reconocidos monárquicos: el general Armada y general Milans del Bosch. La madrina de Armada fue nada menos que la madre del rey Alfonso XIII. Recordemos que Armada fue también el tutor de Juan Carlos I.

Ambos militares era reconocidos nazis que sirvieron en la infame División Azul la cual combatió con el ejército de Adolf Hitler, hecho que a Milans le granjeó el respeto y la admiración de sus compañeros de armas.

Durante el 23 f el CSID (actual CNI) grabó más de una veintena de cintas con conversaciones telefónicas entre los diferentes responsables civiles y militares, las cuales jamás hemos escuchado, salvo una conversación entre Tejero y el falangista García Carrés, único civil procesado. La conversación estaba a la altura de ambos personajes.

En 2010 el gobierno de turno incluso negó su existencia tras pregunta parlamentaria.

El relato del golpe de estado del 23 f en la que nos dicen que salvo los sublevados el resto de militares fue leal a la legalidad y la Constitución es falso. Solo fueron leales a Juan Carlos I y harían lo que él ordenara con todas las consecuencias. De hecho, el rey le preguntó a Milans si tenía tanques desplegados en Valencia y tras la respuesta afirmativa de éste, el Borbón le dijo que las llevara de vuelta al cuartel a lo que el general golpista, obedeció de inmediato. Curiosa manera de sublevarse esa de acatar las órdenes sin rechistar.

El golpe de estado del 23 f fue el primero de la historia en el que un subordinado (Armada) fue a título personal al Congreso para nombrar, nada menos, que un gobierno y autoproclamarse jefe del mismo.

El famoso mensaje salvador del rey emérito llega a RTVE sobre las 22:30 en formato vídeo que no necesita revelado (también en película) pero se emite a la 1:15 de la madrugada del 24 f, justo tras conocer que la actuación “personal” de Armada no había tenido éxito.

Afortunadamente, los golpistas no mantuvieron secuestrada TVE, la única televisión que existía. De hecho desaparecieron de las instalaciones sobre las 20:30. Gracias a ese “despiste” el monarca pudo enviar el mensaje. De no ser así el rey hubiera quedado aislado.

Los cerebros del golpe de estado del 23 f Armada y Milans, fueron condenados en 1983 y 1982 respectivamente. El primero cumplió cinco y el segundo ocho años de prisión. Consiguieron la libertad aduciendo problemas de salud. Ninguno de los dos mostró jamás arrepentimiento alguno. Milans falleció en 1997 y Armada en 2013.

Los criminales que perpetraron el golpe de estado del 23 f como Armada, Milans o el mismo Tejero, cumplieron su sentencia en prisiones militares con servicio de camareros, recibiendo visitas y numerosos regalos. También gozaron de permisos.

El golpe del 23 f es tan extraordinario que los autores impusieron sus condiciones de rendición. Se llamó “el pacto del capó” y el golpista de la guardia civil Tejero Molina ordenó que “de teniente para abajo” no hubiera responsables. El documento lo firmó por la parte golpista el comandante del ejército español Pardo zancada.
Llegamos al final. El relato del golpe de estado del 23 f que nos llevan contando 40 años es falaz. Cuando dicen que tiene puntos negros es simplemente porque la construcción de tamaña mentira es incompatible con un análisis serio de aquel autogolpe, pero aun así se insiste año tras año y ha acabado por convertirse en el golpe perfecto.

Habrá que devolvérselo.

Fuente: Koldo Madrid

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