Nuestro 1 de mayo

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Sergio Sáenz.— Durante más de un siglo, el 1 de mayo viene siendo una jornada de lucha y reivindicación. Representa, junto a la bandera roja quizás, la tradición más universal y persistente del movimiento obrero. Es un acto internacional que pone a la clase obrera de todos los países del planeta frente a un espejo, donde se refleja una misma lucha universal. El 1 de Mayo tiene su origen en un combate de enorme actualidad en el movimiento obrero, como es la lucha por la reducción del tiempo de trabajo. Históricamente ha sido un día de huelga, de lucha, ha sido parte de esa conciencia obrera que moldeaba una manera de pensar en la cual los hijos sabían que la lucha era un camino que conducía a vivir mejor que sus padres. Todo eso es el 1 de Mayo.

 

Por segunda vez durante la pandemia del Covid-19, este día está condicionado por medidas sanitarias y restricciones de libertades. Mirar hacia atrás, después de 135 años, nos deja reflexiones importantes. Fueron organizaciones políticas las que impulsaron este día allá por el final del siglo XIX. Nadie regaló nada, puesto que cada victoria estuvo regada de un importante sacrificio. En cada batalla, el capitalismo se defendió con uñas y dientes, bajo el edificio del orden social. Al frente, un ejército de trabajadores con un solo grito. ¡Adelante con valor! Hoy, somos la primera generación que va a vivir peor que sus progenitores y los sacrificios siguen existiendo, pese a la censura a la que someten al movimiento obrero los monopolios de la información.

Desde un punto de vista general, el 1 de Mayo ha servido como altavoz de las reivindicaciones de la clase trabajadora a nivel internacional y como elemento aglutinador. En España, producto de la penetración de las ideas socialdemócratas y nacionalistas en el seno de las centrales sindicales más importantes, la dispersión se ha afianzado como síntoma de la falta de organización de la clase obrera. Ahora bien, pese a todo, ¿cuál es la situación de la clase obrera española?

Los elementos más importantes de la vida de cualquier trabajador se miden por la seguridad económica, la seguridad física y personal y las condiciones de trabajo. Los retrasos en los pagos por ejemplo, son indicadores que nos muestran la incapacidad de hacer frente a gastos económicos imprevistos, que reflejan los riesgos económicos y la vulnerabilidad de los hogares de las familias trabajadoras. Tanto la Encuesta de Condiciones de Vida como la Encuesta Financiera de las Familias que publica el Banco de España nos indican que la seguridad económica de las familias trabajadoras no ha dejado de empeorar. Hoy, las familias trabajadoras hacen frente a situaciones económicas adversas en peores condiciones que hace diez, veinte o treinta años.

Por otra parte, la seguridad física y personal, que nos indica la tasa de homicidios, infracciones penales, vandalismo, crimen o percepción de inseguridad al pasear solos de noche, ha empeorado en los últimos años. Las Infracciones Penales y Medidas Cautelares aumentan de manera constante desde el año 2016, pero en el cómputo global es patente un claro empeoramiento desde hace 30 años. Esto nos indica también que la inseguridad aumenta en los barrios obreros de la mano del desempleo y el empeoramiento de las condiciones de vida y trabajo. Y en las empresas, con cifras dramáticas de accidentalidad laboral.

El mercado laboral, que es el lugar donde se compra y se vende el trabajo en unas condiciones y con unas reglas dadas, está siendo reformado de manera profunda. Y no sólo porque hayamos asistido en los pasados años a reformas laborales que han sido demoledoras para la clase obrera en España. Por el contrario, los costes laborales y salariales, que es lo que a las empresas les cuesta tener trabajadores, no han dejado de disminuir en los últimos años. ¿Qué significa esto? Significa que si la empresa tiene menos costes y aumenta beneficios, a la par que aumenta el índice de precios al consumo, los trabajadores cada vez tenemos menos seguridad económica, porque tenemos peores salarios con respecto a los precios. Porque una parte de nuestro salario, hablando claro, se va trasvasando a los bolsillos de las empresas. Y además tenemos la certeza de que el plan que se está siguiendo es ese, atacar la seguridad económica de los trabajadores, porque la violencia policial contra la clase obrera organizada lo demuestra claramente. Y no es un plan, precisamente, que se haya inventado el año pasado en medio de la pandemia. Es un plan que se llama lucha de clases y existe desde que el estado es estado y las clases sociales son clases sociales.

El 1 de Mayo ha sido, es y seguirá siendo, mientras no se acaben las contradicciones entre clases sociales de esta sociedad, un día en el que la manifestación y el mitin serán protagonistas. Porque la clase obrera necesita decir, escucharse, conocerse y organizarse. El 1 de mayo suena a convenio colectivo, a reforma laboral, salario, jornada y tiempo de trabajo. Suena a reivindicación y a lucha de clases. Sin embargo, si algo le da el sentido al 1 de Mayo hoy en día, es la reorganización, la afiliación, la conciencia de clase y el orgullo de pertenecer a la clase social que participa en todos los procesos sociales. Somos, sin duda alguna, los imprescindibles. Ya va siendo hora de ponernos en el lugar que nos corresponde.

Sergio Sáenz

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