El Estado fascista de Colombia masacra a su pueblo

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«Que tiemblen clases dominantes ante la perspectiva de una revolución comunista. Los proletarios no tienen nada que perder, sino sus cadenas. Por el contrario, tienen un mundo entero que ganar»
— Karl Marx & Friedrich Engels

La crisis del sistema capitalista

El capitalismo se encuentra social, política y económicamente agotado. Nos encontramos en una fase del ciclo capitalista en el que estallan todas las contradicciones que alberga este podrido sistema – siendo la contradicción fundamental la que existe entre el carácter social de la producción y la forma capitalista privada de apropiarse de los resultados de esta – y traduciéndose en la actual crisis de superproducción, agravada por el drama sanitario de la COVID-19.

Los Estados capitalistas, que observan como sus cuotas de ganancia no dejan de retroceder, han aprovechado la pandemia para justificar la quiebra de su sistema económico y, a la par que reducen todo tipo de libertades, han elevado sin parangón el grado de explotación que sufre el proletariado, reduciendo al máximo el nivel de vida de los trabajadores.

En este contexto, la demanda solvente de la población empieza a rezagarse de las posibilidades de su producción, lo cual conduce, inevitablemente, a que las mercancías no se vendan y a que las empresas no se repongan de sus gastos; imposibilitadas para continuar la producción, estas cierran o reducen sensiblemente la producción de mercancías, creciendo el paro forzoso en masa, desequilibrando las relaciones monetarias y crediticias, y produciéndose la quiebra de firmas comerciales y bancarias. Una crisis que no tiene nada que envidiar al Crack de 1929, la crisis del petróleo de 1973 o el pinchazo de la burbuja especulativa inmobiliaria de 2008.

La miseria crece en Colombia

Las consecuencias de la caducidad del modo de producción capitalista son muy visibles en Colombia, donde el Estado está llevando a cabo un exterminio masivo de su población, en lo que es, de facto, un régimen paramilitar completamente sanguinario que no tiene otro fin combatir la lucha del pueblo colombiano y sus masivas protestas para salvaguardar las medidas económicas de saqueo capitalista, impuestas por el FMI, y el exterminio continuado, para salvaguardar así la acumulación capitalistas de multinacionales y latifundistas.

Según el Departamento Administrativo Nacional de Estadística (DANE), el 42’5% de los colombianos se encontraba en 2020 en situación de pobreza monetaria y el 15’1% en condiciones de pobreza extrema. Es decir, en un país con poco más de 50 millones de personas, aproximadamente 21 millones de colombianos se encuentran en la pobreza monetaria y 7’5 millones en la pobreza extrema. A esta situación, ya de por sí dramática, habría que sumar las más de 74.000 personas que han fallecido por la COVID-19, el paro forzoso que supera el 20% y los más de 1200 líderes sociales que han sido asesinados tras aquel 26 de septiembre de 2016 donde se firmaron los acuerdos de paz entre el gobierno colombiano y las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia – Ejército del Pueblo (FARC-EP).

La creciente desigualdad entre las zonas rurales y urbanas, la extensa corrupción, el desempleo, la inseguridad, el narcotráfico – recordemos que el Estado colombiano es el mayor productor de cocaína del mundo (70%) – y la inflación no pueden sino abocar al Gobierno terrorista de Iván Duque al fracaso, siendo la reforma tributaria la gota que colmó el vaso.

La reforma tributaria y el Paro Nacional

La reforma tributaria, que recibió el nombre de “Ley de Solidaridad Sostenible”, tenía como fin sanear el enorme déficit fiscal del Estado colombiano a costa de los sectores más vulnerables del país; el objetivo era la recaudación de 23’4 billones de pesos a través de la creación de impuestos que ahogasen, aún más, a la clase trabajadora de Colombia, la cual está siendo fuertemente golpeada por los efectos de la nueva crisis capitalista y el drama sanitario de la pandemia del coronavirus.

«Los manifestantes exigen el retiro de la reforma tributaria porque en medio de la pandemia del coronavirus profundiza el hambre, profundiza la precariedad en el sistema de salud y los colombianos están absolutamente cansados», denunciaba la periodista colombiana Rosalba Alarcón Peña.

Ante las protestas, la decisión del Estado fascista de Colombia fue la militarización completa de las calles y la represión más cruenta para aplacar la voluntad popular, con el objetivo de eliminar la rabia contenida por mucho tiempo por los explotados y oprimidos, por los parias de la tierra, que se materializó en el Paro Nacional del pasado 28 de abril. Desde entonces y hasta el 1º de mayo, se contabilizaron 940 casos de abusos policiales, 672 detenciones arbitrarias, 30 casos de uso de armas de fuego, 21 homicidios y 4 víctimas de violencia sexual por parte de la Policía de Colombia. Unas cifras que aumentan cada día y que confirman, nuevamente, los planteamientos del marxismo: «el Estado es una máquina para mantener la dominación de una clase sobre otra». Allá donde exista el Estado existirá también un aparato de coerción, de violencia extrema. Y esto se comprueba con las más de 200.000 personas desaparecidas en la actualidad en Colombia, junto a los miles que se encuentran en fosas comunes creadas por militares y paramilitares para eliminar a líderes sociales y disidentes.

Las consecuencias no se hicieron esperar y el Estado colombiano ya se ha cobrado su primera cabeza de turco a fin de recuperar la “paz social”, la paz para los burgueses y los explotadores, llevando al Ministro de Hacienda y Crédito Público de Colombia, Alberto Carrasquilla, a la dimisión junto a su Viceministro, Juan Alberto Londoño, al tiempo que Iván Duque anunciaba la retirada de su criminal reforma tributaria.

Iván Duque, además de corrupto y fascista, es el responsable directo de la muerte de más de una veintena de manifestantes, así como del resto de crímenes que el pueblo colombiano ha sufrido en sus carnes a causa de la enorme represión y violencia policial.

El caos que vive Colombia, y que se ha intensificado desde el pasado 28 de abril a raíz de las multitudinarias protestas contra la criminal reforma tributaria del Gobierno, está siendo deliberadamente silenciado y manipulado por los medios de comunicación occidentales, que no dudarían en dedicar tertulias enteras si hubiera sucedido algo parecido en el país vecino, Venezuela, o en países contrarios al imperialismo estadounidense y a la OTAN como son Cuba o la República Popular Democrática de Corea (RPDC).

¡ABAJO EL ESTADO FASCISTA DE COLOMBIA!

¡QUE VIVA LA LUCHA DEL PUEBLO COLOMBIANO!

Secretaría de Relaciones Internacionales del Comité Central del Partido Comunista Obrero Español (P.C.O.E.)

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