Quimeras y realidades de la recuperación económica

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Mucha alharaca, poca realidad

Al comienzo de la segunda quincena de agosto, el títere presidente Duque cantó victoria anunciando el 17,6% de crecimiento en el PIB colombiano, según cifras entregadas por el instrumento estadístico del gobierno. Alharaca que de inmediato fue secundada por los ministros, gremios capitalistas y sus sirvientes en los medios.

¡Victoria pírrica! de un gobierno corrupto, mafioso y odiado por el pueblo. Algunas voces de los mismos empresarios calificaron de “agridulce” el ruidoso anuncio presidencial. Y tienen razón, pues en cuanto a las cifras, haciendo la salvedad de que son cifras oficiales confeccionadas a la medida de los gobernantes, el tal 17,6% es rimbombante y engañoso, pues resulta de la comparación con la sima decreciente de -15,7 hasta donde bajó la economía en el mismo trimestre de 2020 y en realidad, está por debajo de las cifras del mismo período en el 2019 todavía sin interferencia de la pandemia ni del Paro nacional. Aún más, si se amplía el período a todo el primer semestre de 2021, la economía creció el 8,8% en relación con el 2020, pero decreció -7,26% en comparación con el primer semestre del 2019.

Y lo más irónico de la “gran victoria económica del gobierno”, es que en ese trimestre de “extraordinario crecimiento económico” la tasa de desempleo fue del 15%, a sabiendas de que esta medición es muy tramposa pues la población ocupada en el trimestre se tasa en 20.520.000 que incluyen a 9.112.000 de trabajadores “por cuenta propia”, de los cuales la inmensa mayoría son trabajadores con “empleo informal” esto es, en realidad desempleo disfrazado pues sin salario ni prestaciones sociales sobreviven gracias a empeorar su alimentación, prolongar la jornada y sacrificar su calidad de salud, educación y de vida en general; la población inactiva en el trimestre fue de 16.643.000 de los cuales 7.104.000 están clasificados en “hogar” donde se ocultan otros millones de desempleados que ni siquiera buscan trabajo. Con tales trampas, para la estadística oficial suman apenas 3.630.000 los desempleados durante el segundo trimestre.

En el universo del desempleo es donde sobreviven y deambulan millones de jóvenes entre 15 y 28 años que no tienen cómo estudiar ni dónde trabajar. Por eso, han sido la fuerza social vanguardia en el Paro nacional.

Buscando el ahogado río arriba

Los capitalistas han encontrado en la pandemia del covid-19 y en el Paro nacional, motivos a la mano para endurecer su régimen gobernante, usando el poder del Estado y sus instituciones en la imposición de medidas políticas y económicas, muy onerosas para los trabajadores pero de sumo beneficio para los empresarios explotadores. Es apenas natural: usar el poder político para fortalecer su poder económico.

Pero además, los capitalistas creen que los remezones económicos de sus negocios en estos tiempos, las bancarrotas y altibajos han sido a causa principalmente de la pandemia y de los Paros “instigados por infiltrados”. Ahí sí ¡buscan el ahogado río arriba!

La economía colombiana como parte de la economía mundial, sigue por estos años sumergida en la crisis económica del capitalismo a nivel global. A períodos de prosperidad económica suceden períodos de crisis que no dependen de la voluntad de las clases explotadoras ni de las explotadas; son crisis regidas por profundas leyes económicas del capitalismo; crisis cíclicas, inevitables, cada vez más frecuentes, profundas y prolongadas, que como todo proceso, se desarrollan a través de saltos, con altibajos, tales como la profunda caída en mayo de 2020 (acelerada por la pandemia y las cuarentenas) o en el segundo trimestre del 2021 la recuperación entendida como un leve crecimiento luego de cuatro trimestres con decrecimiento, y afectada por el Paro nacional que logró paralizar la producción y distribución capitalista en importantes regiones económicas tales como la del sur-occidente. A un mes largo de iniciado el Paro, 11 billones de pesos (US$3.000 millones) en pérdidas, ya causaban dramáticos chillidos empresariales.

La sociedad capitalista en sus dos fases, de libre competencia e imperialista, no escapa a la contradicción económica más universal de todas las sociedades divididas en clases (desde la antigua esclavista hasta la futura socialista): la rebelión de las dinámicas fuerzas productivas (medios de producción y fuerza de trabajo) contra las conservadoras relaciones sociales de producción que en un momento dado impiden su desarrollo. Bajo el imperialismo, por ser la fase agónica del capitalismo mundial, se vuelve más explosiva esa rebelión, del trabajo contra el capital, de la fuerza de trabajo contra la explotación asalariada, y se manifiesta en forma de crisis económicas (financieras, industriales, comerciales), crisis no por escasez sino por superproducción relativa, por demasiada industria, demasiado comercio, demasiado capital financiero, demasiados medios de vida… que como una “maldición” consumen la sociedad en el lodazal de la miseria, el hambre, el paro forzoso. En pocas palabras, la crisis económica saca a la superficie, pone al descubierto, la anarquía en la producción capitalista, y sobre todo, la producción cada vez más social y la apropiación cada vez más privada, contradicción económica fundamental del capitalismo que inevitablemente se refleja en el terreno social como acumulación de la miseria en las grandes masas trabajadoras del mundo y acumulación de la riqueza en un puñado de grupos monopolistas.

Y para rabia de los capitalistas, esas irreconciliables contradicciones económicas y sociales, sí son las verdaderas y profundas causas de los paros, de los levantamientos y estallidos sociales, de las insurrecciones y revoluciones. La pandemia, los paros, las inundaciones, los terremotos… y hasta las mismas medidas burguesas “anti-crisis”, solo actúan como causas completamente secundarias acelerando o menguando la profundidad y el rigor de la crisis económica. No sigan “buscando el ahogado río arriba” porque la muerte de su sistema está determinada por leyes estrictamente económicas. Las rebeliones y revoluciones que le darán sepultura son solo consecuencias necesarias del desarrollo histórico. El régimen atacó con balas el estallido social iniciado el 28 de abril, balas que cegaron la vida de heroicos combatientes pero son balas que no pueden matar los ideales y voluntad de lucha de pueblo, porque tampoco pueden acabar los problemas económicos que causan los levantamientos sociales.

Los trabajadores pagan los costos y los capitalistas se embolsan las ganancias

El imperialismo es capitalismo en descomposición, un sistema incompatible con la existencia de la sociedad, porque amenaza la existencia de quienes lo sostienen con su trabajo.

Como se ha visto a lo largo de la actual crisis económica iniciada en el 2008, y como se ha vivido en el último año, el régimen de la mafia uribista, actual jefe político de los capitalistas y administrador general de sus negocios, ha cargado todos los costos de la depresión económica a los trabajadores, mediante innumerables leyes y decretos que intensifican la explotación del trabajo, rebajan el valor real del salario, legalizan los cierres de empresas y despidos masivos, imponen el trabajo virtual y por horas, encarecen el costo de la llamada canasta familiar, elevan impuestos y servicios públicos… multiplican el hambre, el desempleo, las enfermedades, la miseria en amplias masas de la población.

Y en períodos de leve recuperación, como el pasado segundo trimestre, las nuevas ganancias fluyen hacia los dueños del capital. El gobierno dice que esa recuperación favorece a todos los colombianos. ¡Mentira! Los trabajadores no se benefician en nada de su tal recuperación; para ellos continuó el desempleo, el hambre no da tregua, la miseria es más espantosa, a pesar de que el Paro nacional logró detener el zarpazo tributario que el Ministro Carrasquilla había preparado contra el pueblo. Esto de socializar las pérdidas de las crisis en los trabajadores y cuando hay una leve recuperación privatizar las mayores ganancias en los explotadores… equivale al truquito que en lenguaje popular se llama “con cara gano yo y con sello pierde usted”. Significa que con el criterio capitalista de la ganancia al mando, la recuperación económica sea solo temporal porque agrava las causas económicas de las crisis, y agudiza aún más la contradicción entre la miseria acumulada en las masas trabajadoras y la riqueza acumulada en los pulpos monopolistas, que es precisamente el reloj histórico que marca el tiempo de vida que le queda al capitalismo.

Un sistema económico social que condena a la inopia a las clases que producen, mientras llena de privilegios y ganancias a las clases que no producen… es un sistema que no merece seguir existiendo. ¡El vetusto capitalismo debe darle paso a otro sistema social, al socialismo!

Esa es la ley inexorable del desarrollo social, pero requiere de la actuación consciente y revolucionaria de todos los pisoteados por este podrido sistema capitalista, para acercar su fin que es el fin de todos los sufrimientos sociales, para acelerar su derrota que es la derrota de la desigualdad social, para avanzar al socialismo donde las nuevas relaciones sociales de producción no serán de explotación sino de colaboración entre todos los trabajadores.

Para lograrlo hay que destruir el dique que con la fuerza armada protege lo viejo y reprime lo nuevo. Hay que destruir el poder político de los explotadores capitalistas, poder político personalizado hoy en el régimen paramilitar de la mafia uribista, que debe ser derribado violentamente, pues la vía pacífica electoral es una vía alterna para empuñar con guante de seda el látigo de la opresión y la esclavitud asalariada. Un nuevo gobierno es necesario, pero éste ha de ser el gobierno revolucionario de los obreros, campesinos y sectores sinceramente democráticos. Un gobierno de transición que dé paso al avance hacia la destrucción revolucionaria del actual Estado burgués, terrateniente pro imperialista. Tales son las banderas del Programa Inmediato que la Unión Obrera Comunista (mlm) ha puesto a consideración de las nuevas formas de organización asamblearias surgidas al calor del estallido social; ha propuesto para facilitar los caminos de unidad de todos los enemigos de la dictadura uribista y del Estado terrorista; ha planteado para unificar las reivindicaciones más sentidas del pueblo colombiano, y desarrollar nuevas y elevadas formas de lucha directa y violenta como lo imponen los métodos criminales de los adversarios.

¡Si los dueños del capital solo aumentan el hambre, miseria y muerte de quienes producen… entonces que muera el capitalismo ajusticiado por la revolución de los trabajadores!

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