Carta desde la prisión de Aranjuez. Manuel Pérez Martínez, ‘Arenas’, desmonta a Santiago Armesilla y su «marxismo» patriotero

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Cartel de La Cheka. «Manuel Pérez Martínez Libertad».

Cartas desde prisión

Manuel Pérez Martínez
Aranjuez, 25 julio 2021

…Al fin me han entregado tu carta. Así que aprovecho la ocasión para hacer algunos comentarios de pasada a propósito de la ideíllas del tal S. Armesilla.

Desde luego, bastaría con echar una ojeada a su currículum para dar carpetazo a este asunto. No obstante, a mí me parece que los planteamientos teóricos que hace este individuo en la entrevista que me has enviado pueden originar confusión en algunas personas “bien intencionadas”, por lo que no resisto a la tentación de hincarle el diente.

Ya el título del libro que menciona, Marxismo y cuestión nacional española resulta “perturbador”: dado que, como tantas veces hemos explicado, España no puede ser definida como una nación sino que debe ser encuadrada dentro del concepto de Estado, como órgano de represión de una clase sobre las otras; aquí no existe una “cuestión nacional española”. En todo caso tendríamos que hablar de tres “cuestiones” nacionales (la vasca, la catalana y la gallega), todas ellas originadas y sostenidas en el tiempo, de la forma que ya sabemos, por el Estado imperialista español. De modo que plantear este problema como lo hace Armesilla puede llevar –y es lo que a todas luces está tratando de conseguir- a defender la “nación española”; es decir, al Estado imperialista y fascista español en peligro de desintegración.

Ciertamente esto no es nuevo. Lo nuevo u “original” es el empeño que está poniendo este sabio barón en presentar esta vieja cantinela fascista con la etiqueta marxista-leninista.

I.- Comencemos por el principio. Armesilla parte de la consideración según la cual, de la “ausencia de un marxismo netamente español, y en español, se deriva la no solución de la cuestión nacional española”. Así que la proposición no puede ser más clara: nos está invitando a que abandonemos el único marxismo realmente existente; es decir, la teoría y el programa revolucionario del movimiento obrero y comunista internacional, y qua abracemos ese “marxismo netamente español” que él está preconizando.

En ningún lugar de su extensa entrevista, Armesilla aclara cómo piensa resolver la “cuestión nacional española”; no dice si ese “marxismo netamente español” tiene planteado acabar con el sistema de explotación capitalista y con el régimen monárquico-fascista que le guarda y le sostiene; lo que resulta lógico, habida cuenta de que el mantenimiento de este sistema y de la monarquía que nos regaló Franco, supone la más segura garantía del mantenimiento de la unidad de la “nación española”… Más claro, ni el agua.

Salvado ese escollo “teórico”, Armesilla encuentra el camino despejado para ir a buscar los apoyos que necesita en el “marxismo alemán”, en el ruso, el chino y en otros “marxismos” del mismo cuño, dando por buenas y revolucionarias las distintas corrientes del revisionismo ¿pero acaso no hemos tenido aquí, en la socialdemocracia española y el eurocomunismo, un “marxismo netamente español”, entregado a la defensa de la monarquía, del Estado de las autonomías y toda la pesca? ¿Qué más hace falta para que merezcan ese título?

El revisionismo –ya lo apuntó Lenin con toda claridad- es un fenómeno internacional, que nace y se desarrolla junto al capitalismo y la “aristocracia obrera”, y adopta diferentes formas en cada país, pero cuyo contenido ideológico y político burgués, anti-obrero y anti-marxista es en todas partes el mismo.

No creo que haga falta demostrar aquí las numerosas traiciones a la clase obrera y al movimiento popular cometidas a lo largo de la historia por el revisionismo en todos los países, la ayuda de todo tipo que presta al capitalismo y el apoyo descarado a la política agresiva del imperialismo. Lo que importa ahora destacar es que Armesilla hace suya la interpretación que presenta el leninismo en “clave” nacionalista: un nuevo “paradigma” que avalaría su tesis sobre la necesidad de un “marxismo netamente español, y en español”, tan alejado de la vieja ortodoxia, representada por el “marxismo” oficial socialdemócrata, anterior a la bancarrota de la II Internacional, como del verdadero marxismo de Marx y Engels.

Y es que al igual que sucede a todos aquellos que conciben el marxismo en abstracto o como un dogma desligado de la vida y de la práctica, Armesilla es incapaz de comprender la esencia revolucionaria del marxismo, consistente en adaptar sus principios y su teoría general a las condiciones siempre cambiantes de cada época y de cada país, lo cual hace posible su continuo enriquecimiento con nuevas ideas y experiencias y su desarrollo.

Tal es, como es bien sabido, el significado del leninismo como el “marxismo de nuestra época”; es decir, adaptado a nuestras condiciones históricas, a la última etapa de desarrollo del capitalismo (la etapa monopolista o imperialista) y comienzo de la revolución proletaria; lo que rebasa ampliamente el estrecho marco de lo “netamente” nacional ruso. Y esto no solo en lo que se refiere al análisis económico y político, sino también respecto a la cuestión nacional y colonial y otras cuestiones sobre las que Marx y Engels, limitados por la época en que les tocó vivir, solo pudieron tratar de manera general, formulando los principios y las orientaciones de los que partió Lenin en sus trabajos teóricos y políticos.

Pero aquí, según Armesilla, “nadie ha engarzado el marxismo con la formación de España como nación política en el siglo XIX y nuestros autores liberales e ilustrados de entonces, y de ahí los problemas que se derivan de aquello respecto a la cuestión nacional española. Y excuso decir que la conexión de nuestra filosofía marxista con la tradición filosófica autónoma de España y el mundo hispánico desde la edad media hasta hoy día, que es escolástica católica, desarrollada por curas y, en principio en latín, es absolutamente inexistente”.

Ahí tenemos las fuentes cristalinas de las que ha bebido Armesilla para la elaboración del “marxismo netamente español, y en español”. Y se comprende, ya que el verdadero marxismo no solo es irreconciliable con toda superstición y con toda reacción, sino que resulta imposible poder “engarzarlo”, si no es para combatir desde las posiciones más avanzadas de la economía, la política y la filosofía (conquistadas en la lucha, precisamente, contra esta misma tradición medieval), esa “escolástica católica, desarrollada por curas”.

Armesilla no ha querido explicarnos que fue gracias al imperio español y al santo oficio, por lo que muy pronto los españolitos y españolitas fuimos vacunados contra la “funesta plaga del materialismo”, difundido por los enciclopedistas franceses. ¡No hablemos de tiempos más recientes! ¿Cuándo comenzaron a circular en España las obras de Marx, Engels y Lenin? Es cierto que esa “desconexión” ha afectado gravemente al conocimiento y desarrollo del marxismo en nuestro país, aunque resulta muy dudoso que de haber penetrado antes y de mejor manera hubiéramos podido evitar la degeneración revisionista; esa plaga ideológica y política burguesa que azota actualmente al mundo.

II.- Por aquí entramos en la tristemente famosa “leyenda negra antiespañola” inventada, según Armesilla, “sobre todo por los estados de la actual Italia y del actual Benelux que acusaban a España de los peores crímenes y de la barbarie más atroz”. La diferencia –asegura este “marxista” ultraespañolista- “es que los otros imperios no sufrieron un nivel de propaganda política tan radical, intenso y continuo como el que sufrió España”.

¿A que se debió tanto encono? Por supuesto que nada tuvo que ver las masacres perpetradas en tierras italianas por los forajidos comandados por el “Gran Capitán”, ni con la de los otros bandidos de los tercios de Flandes que registra, como la mayor gloria, la historia militar española. Tampoco tiene nada que ver esa “leyenda negra antiespañola” con el golpe militar fascista de 1936 dirigido contra la República Popular ni con los 40 años de dictadura terrorista abierta de los grandes terratenientes y el capitalismo financiero.

En todo caso de lo que aquí se trata es de resaltar que nuestro imperio colonial “fue mucho más civilizado” que otros imperios. Tan solo es de lamentar que hayamos sufrido por cochina envidia o por otros pecadillos inconfesables, “un nivel de propaganda política tan radical, intenso y continuo”; algo verdaderamente “atroz”.

Al parecer no tienen ninguna importancia las condiciones históricas en las que fueron creados los distintos imperios ni las causas de su desintegración, lo que impidió, entre otras cosas que, por ejemplo, los conquistadores españoles y portugueses no pudieran exterminar a todos los aborígenes de las américas que fueron a cristianizar como lo hicieron los anglosajones en los territorios que conquistaron en el norte del mismo continente.

La revolución burguesa en el occidente europeo, al liberar a las masas campesinas de las ataduras feudales, hizo posible el transporte marítimo, como si fuera ganado, de una parte considerable de esa “población flotante” (que no podía ser absorbida por la incipiente industria), a las tierras del norte de América. Así se explica la “conquista del oeste” y el exterminio de los indios, menos “civilizados” que los inmigrantes europeos y en permanente estado de guerra frente a los “rostros pálidos”.

Esta es la razón por la cual la “obra civilizadora” de los españoles en América se asemeje más, como argumenta Armesilla, a la de los griegos y romanos de la antigüedad que a la de los ingleses y holandeses modernos. Aunque, en realidad, a lo que más se parece el estado feudal español, como lo escribió bien clarito Marx, es a un estado semiasiático como Turquía. De modo que podemos decir sin temor a equivocarnos que el imperio feudal español no fue, ni por el forro, mejor ni más civilizado que los otros imperios feudales de la época como el ruso, el turco y el austro-húngaro, y la prueba concluyente de ello la tenemos en el hecho histórico de que el desarrollo capitalista en otros países acabó antes con el imperio colonial español que con los otros imperios europeos.

III.- Volviendo a donde habíamos empezado, nos encontramos con que Armesilla, después de hacer encajes de bolillos con las ideas de Lenin, llega a la brillante conclusión de que “Cataluña no es una nación desde el marxismo-leninismo”…”desde el marxismo-leninismo” desde luego, no; en todo caso lo es desde sí misma, como todas las naciones, independientemente de lo que podamos pensar nosotros o un señor tan inteligente como Armesilla. No obstante, la cuestión que se nos plantea es la siguiente: ¿cómo “superestructura política, jurídico-administrativa”, que viene a ser la definición que nos ofrece este teórico “marxista”, puede ser considerada España como una nación? Para él, desde luego, no hay ninguna duda de ello, de lo que se desprende que confunde el Estado imperialista español con la nación española (o castellana); confunde e identifica el concepto de Estado con el concepto de nación.

No hace falta haber estudiado mucho para saber que la susodicha “superestructura política, jurídico-administrativa” no es otra cosa, en esencia, que la máquina burocrático-militar; lo cual no es –dicho sea de paso- una cualidad exclusiva del Estado español. Todos los Estados la tienen, sea cual sea su carácter de clase, y esto, como se puede entender fácilmente, tiene muy poco que ver con el concepto de nación, concebido como la existencia de un pueblo formado históricamente, con un territorio propio, una economía, una cultura y una lengua común, etc.

Naturalmente, de todo esto no se puede deducir que no existen Estados nacionales (hoy lo son la inmensa mayoría) e incluso multinacionales, constituidos democráticamente; es decir, naciones constituidas como Estados y Estados federados (o federación de naciones) que poseen o se han dado de común acuerdo una “superestructura política, jurídico-administrativa”; lo que no es, -apenas si hace falta decirlo- el caso de las naciones sometidas por el Estado imperialista español.

IV.- En fin, para no extenderme mucho diré que para nosotros, que como se sabe aún no hemos alcanzado el nivel del “marxismo netamente español”, España jamás ha sido una nación. Es más, siempre hemos compartido la opinión expresada por Joan Comorera, dirigente comunista catalán, según la cual “España es un nombre que, hecha a abstracción del Estado, no dice nada, no es nada. En tanto que Catalunya, Euskadi y Galicia si son naciones en el plano significado de la palabra, como lo es la nación española (o castellana)”.

Foto. S. Armesilla.

Armesilla hace malabarismos con la historia para acabar afirmando que “romper, e incluso federar o confederar la nación política española supondría un atraso reaccionario”. Y prosigue: “me temo, por otra parte, que Marx, Engels, Lenin, Stalin y Rosa Luxemburgo, si dijeran eso de la España de hoy, serían calificados de “fascistas” por el izquierdismo indefinido infantil y posmoderno dominante en nuestro país”. Ya vemos que por su parte no ahorra calificativos con los que fulminarnos. No obstante, hemos de reconocer que con esas palabras ya nos tiene casi “camelados”, tanto, al menos, como para poder convencernos en nombre de los clásicos del marxismo, y “siguiendo sus textos”, “que si España acaba rompiéndose, lo revolucionario sería entonces organizar nuestro risorgimiento, es decir, nuestra reunificación, como lo hicieron Italia y Alemania en el siglo XIX”.

Como acabamos de leer, Armesilla no se queda corto y nos traslada dos siglos atrás, a fin de que nos dispongamos, liderados por Marx, Engels, Lenin, Stalin y Rosa Luxemburgo, a librar la gran batalla, ¡no para liberar a nuestra clase de la esclavitud capitalista!, sino para el “risorgimiento” y la “reunificación” de la España imperial, monopolista y fascista.

No dice expresamente este teórico “marxista” contra quienes habríamos de librar esa gran batalla histórica para hacer esa reparación a la España rota, aunque tampoco hace falta. Basta para saberlo con tener en cuenta su señalamiento de los “izquierdistas”… No obstante, lo más destacado a tener en cuenta de su discurso es ese paralelismo que establece entre la época de las revoluciones burguesas y la constitución de los Estados nacionales en Europa occidental, y la situación actual de crisis general del capitalismo y bancarrota de la “nación política española” o “Estado de las autonomías”

Pero por más que se empeñe este mamarracho no podrá ocultar que fueron Franco y sus victoriosas legiones los que más hicieron por el “risorgimiento” y la reunificación del imperio español o “nación política española” (que, como hemos visto, viene a ser lo mismo) “rota” por rojos y separatistas. Que Armesilla proponga ahora repetir el mismo genocidio y la barbarie que una obra de tal naturaleza traería consigo (como están dispuestos a llevar a cabo los herederos del Caudillo), nos debe alertar acerca del verdadero carácter del “marxismo” patriotero que predica.

Manuel.

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