CJC: Madrid, región para la explotación juvenil

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Durante los últimos tiempos venimos observando que el acceso al mundo laboral es todo un reto que nos estrangula hasta asfixiarnos, y esta realidad no es ajena al ámbito de la Comunidad de Madrid. Los jóvenes madrileños, ya sea por haber finalizado su etapa formativa en los niveles educativos o porque se ven necesitados de un trabajo con el que contribuir a la economía familiar, pasan a formar parte del engranaje del capital. Y si ya era complicado hacerlo en la época de recuperación posterior a la anterior crisis económica, con la llegada de una nueva crisis, agudizada por la crisis sanitaria de la COVID-19, el panorama para la juventud obrera de nuestra región es desalentador.

El paro sigue siendo uno de los principales problemas que encontramos los jóvenes madrileños en nuestro día a día, estando uno de cada tres jóvenes madrileños desempleado, problema que además se agrava entre las mujeres jóvenes trabajadoras, que siguen siendo las que más sufren el desempleo. El 2020 se cerró en la Comunidad de Madrid con 127.700 parados más, hasta un total de 480.000 trabajadores en paro. La evolución de la tasa de desempleo juvenil, por otro lado, es desalentadora, pues si en Madrid en 2019 el porcentaje era de un 24.27%, en 2020 se ha incrementado hasta un 34.20%, según datos de la Encuesta de Población Activa (EPA). Al acabar el 2020, la cifra de parados menores de 25 años en la Comunidad de Madrid era de 74.200, sumando 3.400 respecto al cierre del trimestre anterior, por lo que hablamos de un aumento del 4,8% en el último trimestre del 2020. De este modo, ante la crisis, nuevamente asistimos a un proceso de destrucción de fuerzas productivas, siendo los jóvenes para los capitalistas la mano de obra barata y más sencilla de desechar.

También vemos cómo los y las jóvenes de nuestra Comunidad tienen que firmar múltiples contratos a lo largo del año, pues la temporalidad es prácticamente la única opción que se nos deja. Este asunto cada vez es más grave, aunque viene gestándose desde hace un tiempo, pues en el último trimestre de 2019 casi 9 de cada 10 contratos que firmaron trabajadores madrileños de entre 16 y 29 años fueron temporales. Esta temporalidad viene de la mano de la parcialidad, siendo los contratos a tiempo parcial habituales en la juventud de nuestra región. La continuidad de los contratos temporales repercute además en la menor afiliación a la Seguridad Social. Tenemos, por tanto, que los contratos parciales y temporales se convierten en una herramienta más con la que cuentan los capitalistas para explotar y utilizar a la juventud madrileña a su antojo, haciéndolo por un número de horas y por unos períodos de tiempo a gusto y conveniencia de las empresas. Frente a esto, la temporalidad también impone unas mayores dificultades para la organización, la representación legal de los trabajadores y la lucha político-sindical, encontrándonos con que muchos jóvenes trabajadores se encuentran indefensos ante los abusos del capital.

El resultado de la temporalidad y de la parcialidad son los trabajos precarios a los que nos vemos conducidos los jóvenes madrileños. La insuficiencia de los salarios que recibimos por los trabajos que desempeñamos, las horas extras no remuneradas y la falta de estabilidad laboral son solo algunos ejemplos que además se traducen en que nos veamos imposibilitados a la hora de emanciparnos, pues de media la juventud madrileña no puede afrontar el precio de los alquileres a través de los ingresos que percibe. Directamente se nos imposibilita el acceso a una vida digna, aprovechándose los capitalistas de la desesperanza que impera en la juventud por una realidad que nos aplasta, en la que las ofertas de trabajo que nos llegan son, por lo general, insuficientes para cubrir nuestras necesidades. En el caso de Madrid, el salario medio de los jóvenes de entre 16 y 24 años es de 10.531,04 euros anuales, dato que por si solo ya nos deja ver que de media los jóvenes madrileños tienen una retribución mensual de 877,58 euros. Sin embargo, si solo nos quedáramos con esto, estaríamos dejando de hablar de los miles de jóvenes con contratos de prácticas no remuneradas, de los miles de falsos autónomos y falsos becarios que hay en nuestra región, o de las horas extraordinarias que no se pagan en Madrid. Quedándonos con esto último, nuestra Comunidad es líder tanto en horas extras que no se pagan como en exceso de horas trabajadas que superan las pactadas. Ya en 2019 la EPA calculaba que en Madrid cada semana quedaban sin pagar 2,7 millones de horas semanales, dándose esta situación especialmente en sectores como la industria, el comercio o la hostelería, donde encontramos mayor presencia juvenil. Encontramos aquí, con datos como estos, otra vía fraudulenta de precarización laboral que perjudica a los trabajadores en beneficio de las empresas.

A esto se le suma que muchos jóvenes han sido víctimas de los ERTEs. Esta medida afectó a más de 400.000 trabajadores en Madrid, y según la Consejería de Economía los mayores porcentajes se daban en micro pymes de entre 1 a 5 trabajadores, sobre todo en sectores de empleabilidad joven como el comercio, la hostelería y las actividades culturales. Los ERTEs fueron promovidos en su día como una forma de evitar la destrucción de puestos de trabajo, pero en la práctica ha terminado por traducirse en un mecanismo que permitió a los empresarios ahorrar costes, y debido a la situación económica, muchos ERTEs se convirtieron en expedientes extintivos y despidos. Por tanto, lo que fue publicitado por el gobierno socialdemócrata como la salvación del empleo, más bien ha sido un “caballo de Troya” que hizo que durante un tiempo los trabajadores recibieran menos ingresos de los que habitualmente recibían para terminar siendo despedidos sin contemplaciones y agrandar las cifras de paro joven, como señalábamos anteriormente.

En el sector prodelivery vemos claramente como afecta el recrudecimiento de la explotación por medio de la uberización, y las políticas del Gobierno han apostado por regularizar la situación de los riders mediante concesiones a la patronal en lugar de hacer cumplir el Estatuto de los Trabajadores, dejando desamparados a los trabajadores de este sector, en muchos casos mano de obra juvenil y migrante. Hablamos de falsos autónomos en condiciones extremadamente precarias, sometidos a la geolocalización y a las imposiciones que surgen del pago por puntuaciones, que llegan a trabajar hasta 70 horas semanales, sin estar dados de alta en la Seguridad Social y que se arriesgan cada día a sufrir accidentes de tráfico, algunos de ellos mortales, como el que sufrió un repartidor el 7 de febrero en Madrid. Además de todo esto, cabe resaltarse que con la crisis económica los riders, concretamente los de Glovo, vieron reducida durante 2020 su tarifa base a menos de la mitad en ciudades como Madrid, produciéndose así un recorte en los ingresos que precarizó aun más las condiciones de los trabajadores del prodelivery, cuestión que ya fue motivo de protestas.

En la hostelería, la Comunidad de Madrid es donde más puestos de trabajo de restauración hay desde comienzos de marzo. La presión ejercida por los empresarios hosteleros y las medidas llevadas a cabo por el Gobierno Autonómico han favorecido que la patronal hostelera regional haya amortiguado sus pérdidas o incluso se haya visto reforzada mediante todo tipo de ayudas, mientras que en el lado de los trabajadores lo que ha habido han sido despidos, rebajas salariales, ERTEs convertidos en EREs, prestaciones que tardaron en llegar, o incluso que nunca llegaron. A esto se le suma una realidad que ya se venía observando desde hace mucho tiempo: la extrema precariedad que sufren los trabajadores de la hostelería, muchos de ellos jóvenes que trabajan muchas más horas de las acordadas y no se les remuneran, que llegan a hacer jornadas de hasta 12 horas, que trabajan en negro, que se ven sobrecargados por el trabajo y que sufren todo tipo de abusos por parte de una patronal hostelera que a la vez les pide que “arrimen el hombro” para salvar a la hostelería. No caben aquí, por tanto, discursos interclasistas, pues las reivindicaciones de la patronal hostelera madrileña van en contra de los intereses de los trabajadores de este sector, que han visto cómo se primaba el asegurar los beneficios para los capitalistas por encima de la salud de los trabajadores.

En sanidad encontramos también múltiples problemas de gravedad. En el ámbito de los MIR, PIR, FIR y EIR encontramos largas jornadas de trabajo, bajos salarios, falta de supervisión y desempeño de funcionalidades que exceden las competencias como alguno de los principales problemas, resultando esto en un empeoramiento de la calidad asistencial e incluso en riesgos para la seguridad de los pacientes, ante lo cual lo mínimo es reivindicar unas condiciones laborales, retributivas y formativas dignas, así como exigir una disponibilidad de plazas acorde a un sistema sanitario público de calidad. Por otro lado, en Madrid acusamos una falta de medios y de personal sanitario para hacer frente a la pandemia, mientras que la inversión en el Hospital Zendal, el recurso a los voluntariados y los acuerdos firmados con la patronal de la sanidad privada se han hecho nuevamente para asegurar los beneficios a costa de nuestra salud, a la vez que se sigue desmantelando la sanidad pública madrileña y la atención primaria. La solución debe pasar entonces por asegurar unas condiciones de trabajo adecuadas para el personal sanitario, el acceso del pueblo trabajador a una sanidad, atención psicológica y fisioterapia pública, y por hacer del sistema sanitario un medio para garantizar nuestra salud y no que sea un negocio del que los capitalistas obtengan beneficios.

En el ámbito educativo, cerrábamos el 2020 con la triste noticia del despido de 1.117 profesores en Madrid, la gran mayoría jóvenes que se iniciaban así en el mundo del profesorado, que habían sido contratados para reforzar la vuelta a las aulas, pero una vez cumplida su función los capitalistas y sus gestores entendieron que sería una aberración mantener esos puestos de trabajo. Encontramos aquí un ejemplo más de las carencias existentes en el capitalismo para asegurar la atención educativa a los alumnos, unas condiciones dignas para el profesorado y un sistema educativo que sea efectivamente público, de calidad y que responda a los intereses de la clase obrera. A este respecto, la organización de estudiantes, docentes y trabajadores relacionados con la educación, así como la unidad entre los distintos actores de la comunidad educativa, se torna esencial para conseguirlo.

La juventud es el futuro, y concretamente los jóvenes madrileños somos el futuro de nuestra región. Sin embargo, cada vez nos encontramos con menos oportunidades para acceder al mundo laboral, con peores condiciones laborales cuando nos incorporamos a nuestros puestos de trabajo, y con unas perspectivas que ensombrecen nuestro futuro. La desesperación y el descontento forman parte de nuestro día a día. La llegada de una nueva crisis económica, acentuada por la pandemia y sus efectos que han transformado nuestras vidas, ha hecho que nuestra generación haya sido testigo ya de dos de las mayores crisis de la historia del capitalismo. Tarde o temprano también saldremos de esta, pero sin duda lo haremos con peores condiciones de trabajo, con menos derechos laborales, y solo será cuestión de tiempo que llegue la siguiente crisis.

Sin embargo, existe la posibilidad de cambiar la historia. El capitalismo, sus voceros y aquellos gobiernos que lo gestionan, ya sean de corte más liberal y conservador o de corte más socialdemócrata y progresista, esperan que nos resignemos, que aguantemos hasta la extenuación. Nos dicen que no hay otra salida, que creamos en las soluciones que nos ofrecen unos u otros, y que nos limitemos a lo posible. Que aceptemos ser una mano de obra barata, fácil de despedir, que viva para trabajar y trabaje para vivir, y que no nos salgamos de los márgenes que el capitalismo nos marca.

Frente a eso, nosotros diremos que no nos resignaremos, pues hacerlo es dejar vencer a la clase que nos explota y que nos roba el futuro. Diremos que no nos limitaremos a lo que nos dicen que es lo posible, sino que construiremos lo necesario, y lo haremos con la organización de la juventud en los centros de trabajo, con la lucha y la unidad de nuestra clase frente a aquellos que nos explotan, y tomando partido, reforzando las filas del Partido y la Juventud Comunista en los barrios, pueblos y municipios madrileños. Decidiremos luchar por un futuro mejor, decidiremos elegir lo necesario.

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