Una puñalada trapera que se veía venir desde hace tiempo

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En Francia se sienten traicionados por Estados Unidos por la cancelación de un contrato para construir 12 submarinos nucleares para Australia, es decir, Washington ha presionado a Australia para que no compre equipos militares a París.

Estados Unidos devuelve el golpe recibido tras la entrada en funcionamiento del Nord Stream 2 que traerá gas ruso a Europa. La unidad atlántica y la OTAN se resquebraja de forma acelerada.

El enemigo principal de Estados Unidos es China, lo que convierte al Extremo Oriente en el teatro principal de operaciónes del Pentágono, por encima de Europa y por encima de Oriente Medio. Es lo que Obama llamó “pivot hacia Asia”. Para Estados Unidos el principal eje para enfrentarse a Pekín son Australia, Japón e India, la llamada “Cuatrilateral”, que se reunirá próximamente, además de Reino Unido.

El miércoles Biden, el Primer Ministro australiano, Scott Morrison, y el Primer Ministro británico, Boris Johnson, celebraron una cumbre en la que anunciaron un nuevo acuerdo, denominado Aukus (1), para intensificar la cooperación militar entre los tres aliados anglosajones para compartir tecnología militar. Los demás quedan fuera.

El acuerdo implica que Australia tiene que romper un acuerdo de 2016 de 43.000 millones de dólares con Francia para construir los submarinos, una medida que ha provocado indignación en París, que acusa a Estados Unidos de traición. En junio Macron dijo que el acuerdo representaba la promesa de una cooperación continuada durante años. Hace apenas quince días, los ministros de Defensa y de Asuntos Exteriores de Australia volvieron a confirmar su compromiso con el acuerdo con Francia.

El ministro de Asuntos Exteriores francés, Jean-Yves Le Drian, ha declarado: “Hoy estoy muy enfadado. Esto no se hace entre aliados… Esta decisión unilateral, brutal e imprevisible se parece mucho a lo que hacía el señor Trump… Es realmente un golpe en la espalda. Habíamos construido una relación de confianza con Australia y esa confianza está siendo traicionada”.

Estados Unidos ha dejado oficialmente sentadas sus cartas sobre los aliados que realmente le importan, y los que no, en la guerra con China. Europa queda al margen y tendrá que tomar sus propias decisiones acerca de sus propios aliados, aunque desde luego, Washington presiona a Europa para que tome partido.

Las diferencias entre Trump y Biden son retóricas. Trump lo hacía a las claras, no se escondía, mientras Biden llegó a la Casa Blanca comprometiéndose a renovar los lazos con Europa. “El problema no era solo Trump, es Estados Unidos”, ha dicho Maria Zajarova, la portavoz del Ministerio ruso de Asuntos Exteriores, con su proverbial acierto.

Sólo unas semanas antes de la toma de posesión de Biden, la Unión Europea y China habían firmado un acuerdo general de inversiones que daría a las empresas europeas un mejor acceso a los mercados chinos que el que tiene actualmente Estados Unidos.

Washington se opuso en nombre de la “solidaridad transatlántica”. El asesor de seguridad de Biden, Jake Sullivan, se posicionó a favor de las primeras consultas con Europa sobre “nuestras preocupaciones compartidas sobre las prácticas económicas de China”. Estados Unidos convenció a la Unión Europea para que impusiera nuevas sanciones a China, lo que provocó la respuesta de Pekín y, a su vez, llevó a los parlamentarios europeos a congelar el acuerdo sobre inversiones en señal de protesta.

Trump no restó importancia a la OTAN por una estrategia personal errática, como dijeron los medios en Europa, sino porque los intereses estratégicos de Estados Unidos habían cambiado. Ya no estaban centrados en Europa, por lo que Francia, Alemania y otros tendrían que financiar su propia defensa, es decir, al margen de la alianza atlántica.

Europa ya no es estratégicamente relevante para Estados Unidos como lo fue durante décadas, no sólo con respecto a Rusia sino también a Oriente Medio. Esta es una nueva era, y la Guerra Fría no es como la anterior porque el centro de gravedad no está en Europa, sino en Asia.

Si la Unión Europea no resucita el acuerdo de inversiones con China y refuerza su propia capacidad militar, es porque realmente “son unos pringados”, concluye Tom Fowdy (2).

(1) https://www.bbc.com/news/world-58564837
(2) https://www.rt.com/op-ed/534991-geopolitical-shift-france-us-australia/

Fuente: mpr21.info
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