El Magreb en llamas

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Tomás F. Ruiz.— La bestia marroquí ha vuelto a matar. Esta vez no se trata de ciudadanos o ciudadanas saharauis (asesinatos tan repetidos por la fuerzas de ocupación marroquíes que el mundo se muestra impávido al respecto) sino de tres camioneros argelinos que estaban atravesando el desierto fuera del territorio marroquí. Tres conductores de profesión, que trabajaban transportando mercancías a través del noreste del Sahara, perdieron la vida a manos de unos pilotos de guerra marroquíes que jugaban a matar personas con sus mortíferos drones.

Hasta ahora, la despreciable Europa (con España incluida), principal cómplice del genocidio saharaui que Marruecos lleva a cabo, ha intentado evitar que estos asesinatos de hombres y mujeres saharauis no llamen mucho la atención en los foros internacionales, esos que dicen defender los derechos humanos con la ONU a la cabeza. Por eso, han pedido al nauseabundo tirano alauita que se contenga un poco, que mate sólo de vez en cuando, gota a gota, al estilo israelí, que así se nota menos. Ahora bien, lo que ha ocurrido ha sido la gota que ha rebosado el vaso y Argelia no está dispuesta a dejar que esa gota se derrame en vano, que para eso es el país africano que más desierto tiene. Que Mohamed VI mate impunemente a tres civiles argelinos es “agua de otro costal” y, desde luego, hay que reconocer que, aunque sea descendiente directo del Profeta, los asesinatos que acaba de cometer lo convierten en un descendiente bastante tarado.

Si hay algo que pueda decirse de Mohamed VI, el inmundo y rastrero rey de Marruecos, es que es peor aún que nuestros dos monarcas juntos: Juan Carlos I y Felipe VI… ¡Que ya es decir! Considerado uno de los diez reyes más ricos del mundo, Mohamed VI tiraniza a su población manteniéndola en la penuria y aterrorizándola con sus sanguinarios cuerpos represivos. Mientras él y su familia nadan en la abundancia, el pueblo marroquí se mata a trabajar para no salir nunca de la pobreza. Siendo Marruecos el cuarto país africano con más multimillonarios en su territorio, hay cerca de 5 millones de pobres que sobreviven en la miseria.

Dicen los analistas políticos -esos que salen en TVE por las noches simulando discutir en una tertulia- que es que la población marroquí es tan precaria e inculta que acepta esa situación de abismal desigualdad social como algo cotidiano e inevitable. Yo, sin embargo, no me lo creo.

Ahora Mohamed VI ha cruzado la línea roja y ha asesinado civiles que no eran súbditos suyos. Argelia, con toda la razón, asegura que no va a encajar de ninguna manera el golpe y que responderá con toda la contundencia que Marruecos se merece. El ingenuo sátrapa alauita piensa que si enciende la mecha de una guerra con su vecino argelino, la Quinta Flota estadounidense vendrá a apoyarlos a toda prisa, tal y como su perverso “aliado” presionó ante la ONU para que ésta aceptase su soberanía sobre los territorios ocupados al Sahara Occidental. Hay que ser más que estúpido para no darse cuenta de que la atención de Joe Biden ahora está puesta en el norte de Europa, más concretamente en el mar Negro, desde donde disfruta haciendo cosquillas al gigante ruso mientras juega a la guerra con ridículas maniobras de la OTAN. Por decirlo de una manera castiza pero contundente: a Estados Unidos, lo que el reino de Marruecos y su mezquino rey puedan hacer en estos momentos “se la trae floja”.

El tranquilo ciudadano de la península ibérica, incluso el que puebla el sur de Europa, se agita en su sillón y se intranquiliza un poco cuando oye la noticia de que Marruecos ha bombardeado a tres camioneros argelinos que no le habían hecho nada. Si en el Magreb hay guerra, los españoles, especialmente los de la Costa del Sol y alrededores, tienen todas las papeletas para llevarse alguna hostia; que entre obuses antiaéreos que pierden su rumbo, proyectiles teledirigidos que se extravían y misiles descarriados que son capaces de atravesar en un abrir y cerrar de ojos el Mediterráneo, no se vive tranquilo.

Sin embargo, los fabricantes de todo tipo de engendros bélicos -no solamente los de España, sino los de todo el mundo-, están que se frotan las manos ante la perspectiva de que el Magreb se incendie con esta conflagración que Marruecos acaba de prender. Ya tienen nueva guerra a la vista, en esta ocasión bien cerca de Europa, lo que les proporcionará una buena excusa para aumentar la fabricación de todos sus mortíferos productos. Resulta fácil imaginarlos brindando con champán por los muertos que su despreciable negocio va a provocar en este nuevo conflicto, menospreciando de una forma tan infrahumana la vida, atragantándose con su inmunda codicia… Nos ha tocado vivir en un mundo donde los malnacidos carecen en absoluto de escrúpulos.

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