La obsesión capitalista y el hecho socialista

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De nuevo al charco, mi especialidad. Además, hoy está lloviendo en el lugar donde vivo. Y de nuevo porque todo el Occidente “democrático” (y más allá) se está revolcando en el barro que deja una nueva ola del coronavirus COVID-19.  Algo que ha desaparecido de los medios de propaganda, más preocupados por lo inexistente (“los luchadores por la libertad de Cuba”) que por lo real.

En este caso voy a hablar de ese zombi que es la Unión Europea.

Porque todo este mundo se las prometía muy felices con los fondos de recuperación postpandemia y cosas así. Fondos que, por otra parte, se diseñaron como un decorado para las reformas estructurales que tenía que acomenter cada país receptor, unas “reformas” decididas por el capital multinacional que no tienen como objetivo mejorar las condiciones de vida de la población sino preparar un retorno a la austeridad dando todos los recursos a las empresas mientras se vuelve a comprimir los salarios hasta el umbral de la supervivencia. Es un hecho que hoy día el tener un trabajo no es indicativo de que no se sea pobre. Las empresas (y los gobiernos que se pliegan a sus designios) se las prometían muy felices, pero ahí está el COVID-19, de nuevo, como una bomba que estalla debajo de la silla.

El capitalismo occidental está demostrando una criminal -no puede ser otro el calificativo- indiferencia hacia la salud de la población. Los índices de crecimiento de la pandemia en Alemania, Francia, Italia, España… son significativos y demuestran que los adalides del “mercado libre” han sido, y serán, incapaces de tomar ninguna medida efectiva contra la pandemia: la sanidad pública sigue desmantelándose en aras de la privatización.

El capitalismo occidental decidió que la economía tenía que estar antes que la salud, dijo que quienes morían, mayoritariamente ancianos, eran “socialmente improductivos” (sic) -como dijo un dirigente empresarial español- y se aferró a la vacuna como una esperanza (temporal). Los transportes siguieron abarrotados, las fábricas siguieron trabajando… aunque se intervino en las actividades recreativas.

La vacuna, occidental, por supuesto, parecía ser la única y definitiva solución. Y no. Por razones científicas de cajón, el virus cambia, muta, circula. La vacuna contra el coronavirus no inmuniza en sentido estricto, da cobertura temporal. Además, mucha gente no quiere vacunarse. Y se les dio esa opción de no vacunarse.

En esas estamos. Ahora está lo del “pase verde” o “pase COVID” como forma para incentivar la vacunación. Pero de lo que no se habla es de que es la patronal quien más lo solicita. Es decir, que estamos ante otra decisión más económica que sanitaria. Y lo hacen porque en su obsesión por no “obstaculizar el crecimiento” (sic) se aprieta a los gobiernos capitalistas en unos momentos en los que, como ocurre en Austria, se está planteando la posibilidad de un nuevo cierre y hacer la vacunación obligatoria para frenar el aumento imparable de los contagios.

Y todo esto por ignorar la realidad, que la pandemia llegó para quedase y que la vacunación solo es eficaz si es obligatoria para toda la población (como ha sido el caso de China, Cuba y Vietnam). Aún así, esto no resuelve el problema porque los vacunados también se infectan y contagian a su vez. Por eso hay que volver a China, Cuba o Vietnam, porque su estrategia se ha revelado como la mejor.

Hablando de Cuba, el país de moda esta semana por los quejidos, los aullidos y las fugas, un país asediado por EEUU desde hace más de 60 años, es de destacar un hecho que no se produce en el zombi europeo: no solo manda sus médicos a otros lugares del mundo donde son necesarios (como han hecho con la pandemia, y antes con el ébola), sino que ha logrado desarrollar su propio sistema de salud (que privatizarían los de los quejidos, los de los aullidos y las fugas) y donde hacen un ejercicio de soberanía en la producción de medicamentos y otros productos sanitarios. Sí, ya sé que con limitaciones aún, pero ahí está. Pero sobre todo lo que quiero resaltar es que lo hace a diferencia de muchos países europeos, por no decir todos, que incluso han renunciado a desarrollar sus propias vacunas contra el COVID-19 atándose así de pies y manos a las multinacionales farmacéuticas.

Fue Fidel Castro el muñidor de todo ello y hoy la realidad es que Cuba se autoabastece en un 56% de medicamentos y otros productos para la salud, la agricultura, la ganadería y demás. El problema está en ese otro 44% que tiene que importar y eso, con las 243 sanciones de todo tipo aprobadas por EEUU en los últimos 4 años, ha llevado a la escasez de medicinas.

Sin embargo, Cuba diseñó hace tiempo, antes del COVID-19, un plan estratégico para el 2030 que consistía en producir el 80% de los medicamentos y fortalecer así su soberanía en este sector. De hecho, ya antes de la pandemia Cuba había logrado fabricar totalmente los productos secundarios (envoltorios, etiquetas, etc.) de los medicamentos. Y eso, aunque parezca una minucia, es dinero que no sale porque son productos que no se importan.

El caso de las vacunas cubanas es un claro ejemplo de soberanía y el impacto que han tenido y tienen en los indicadores de salud es significativo. Sin el desarrollo totalmente nacional de ello no hubiese sido posible la reapertura del país. Y sin el costo desorbitado que han tenido que pagar los países occidentales, subyugados por las vacunas estadounidenses. Es por ello que Cuba ha vendido lotes importantes de sus vacunas a Vietnam (10 millones), Nicaragua (7 millones, aunque una parte son donaciones) y ha alcanzado acuerdos de co-producción con Irán y Siria.

Aquí no puedo evitar una comparación: cómo es posible que en el zombi europeo, tan atento siempre a cuestiones de dinero, no se le haya ocurrido a nadie algo similar. Respuesta: un zombi es un cadáver andante, no piensa.

La pandemia está demostrando que Cuba puede lograr resultados mayores y más rápidos en términos de soberanía que los países occidentales. Incluso en una situación de acoso y derribo como está ahora. Aún quedan equipos, dispositivos y medicamentos que tiene que importar pero el objetivo es producir todo internamente sin tener que hacerlo. Eso incluye los ventiladores mecánicos, que ya son propios en una gran parte o en fase de investigación muy avanzada.

Por eso el prestigio de la medicina cubana, porque no es necesaria una explicación mayor sobre el primer país del mundo en este ámbito.

Cualquier parecido con otro país de América Latina es pura coincidencia. Al igual que con muchos países occidentales. Esa es la diferencia entre un país socialista y un país capitalista.

Y hablando de fugas, aquí tenéis un simpático vídeo sobre el valiente luchador fugado.

El Lince

Fuente: El Lince

1 COMENTARIO

  1. O capitalismo só tem um rosto – o do horror! Seja a fome, o capitalismo tem; seja a guerra, o capitalismo é o pai; seja a ignorância, o capitalismo semeia; mas a paz, a paz o capitalismo odeia; o desenvolvimento que combate e aniquila a fome e a ignorância, o capitalismo odeia; as escolas o capitalismo destrói; a liberdade de facto livre, o capitalismo corrompe, invade, mata. O capitalismo não presta!

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