A 114 años de la masacre de Santa María de Iquique en Chile

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El capitalismo no solamente nació, ha crecido y se ha desarrollado chorreando sangre, sangre obrera, campesina, indígena y negra. Así, en su etapa superior y última, el imperialismo, no dejará de verterla hacia donde mire.

De esta manera, literalmente, en Santa María de Iquique corrieron ríos de sangre campesina, en realidad, de la naciente clase obrera, cuando esta levantó de nuevo la cabeza llena de dignidad ante el oprobio al cual ya por bastante tiempo las clases dominantes de Chile, socias de los mercaderes de la muerte ingleses, la tenían sometida.

Para comenzar, producto de la Guerra Salitrera o del Pacífico de 1879 a 1883, en la cual Chile derrotó a Perú y Bolivia, a cuya cuenta, el país creció en una tercera parte al tomarse las regiones costeras de Tarapacá y Antofagasta respectivamente de estos países y con ellas, de los más grandes depósitos naturales del mundo, de nitrato de sodio o salitre, como se le conoce en Chile.

El triunfo de esta guerra, le permitió a Chile desarrollarse intensamente pues siendo el nitrato de sodio, un fertilizante indispensable en el mercado europeo, cuyas desgastadas tierras agrícolas lo exigían ante la inminente explosión demográfica. Este producto, también fundamental en la fabricación de explosivos, años después encontró en la I Guerra Mundial otro caudal de exportaciones, 3 millones de toneladas exportó Chile en 1916, siendo por demás, el único productor de salitre. Así, como parte de las tierras que producen una renta extraordinaria para la burguesía y los terratenientes, es la explicación más profunda sobre la razón de la guerra por estos territorios de parte de las burguesías chilena e inglesa, hecho que favoreció enormemente el desarrollo del capitalismo en el país latinoamericano. Triunfo efímero sin embargo, por cuanto más adelante Alemania produciría sintéticamente el nitrato.

De todas maneras, mientras duró, las burguesías chilena e inglesa defendieron a muerte tan suculento botín, a cuya cuenta, el proletariado chileno se convirtió en su principal víctima, pues como lo decíamos, fueron ríos de sangre los que corrieron con la masacre perpetrada por estos explotadores de su fuerza de trabajo, demostrando que el progreso originado de las salitreras era para los explotadores y opresores, no para los trabajadores, no para el conjunto de la sociedad.

Antecedentes de la masacre

El levantamiento de los salitreros en 1907, no fue el primer levantamiento obrero, campesino y popular. Además de las expropiaciones individuales y colectivas como la manera de reivindicar un poco su situación, algunas huelgas y venganzas personales contra los ricachones o sus administradores hicieron parte de las luchas espontáneas de los oprimidos y explotados antes de 1834, dentro de lo que se diría, la infancia del movimiento obrero.

De aquí a 1878, fueron alrededor de 21 movimientos entre huelgas, rebeliones y otras formas de lucha libradas por el proletariado en todo el país; movimientos que obligaron a la burguesía a legislar por ejemplo, la minería, obviamente a su favor, retrocediendo incluso, por ejemplo al azote y otras prácticas propias de la colonia y en respuesta a sus temores al levantamiento popular. Igual, de esta manera fueron regulando los diferentes oficios.

A pesar de toda la experiencia obrera y de que la huelga de los salitreros se presentó en medio de otra serie de conflictos por todo el país y luego de la Guerra del Pacífico, la cual partió la historia del hermano país en dos, por cuanto contribuyó intensamente al desarrollo del capitalismo, el proletariado aún confiaba en que las instituciones burguesas resolverían su situación. Luego de la guerra del Pacífico sobrevino la Guerra Civil de 1891.

Condiciones de vida de los salitreros

Los trabajadores ya habían sufrido lo suyo e iban por todo, exigían unas condiciones de vida digna, se oponían el pago en fichas y a la imposición de que debían comprar en las entidades de las empresas donde trabajaban, todo debían adquirirlo allí (ropa, calzado, alimentación) a pesar de la carestía y hasta donde el mísero salario lo permitía.

La marcha

El 14 de diciembre de 1907 decidieron partir en masa, salieron de San Antonio, la oficina (forma como estaban organizados estos antros explotadores) de San Lorenzo fue la primera en lanzar la huelga. Dos días y una noche se vieron obligados a caminar los luchadores, en medio del desierto, para discutir las exigencias con los dueños de las salitreras, fue el engaño patronal. Llegarían a Iquique, se concentrarían en la escuela Santa María, donde serían las conversaciones. Por el camino se fueron adhiriendo a la lucha trabajadores de otras oficinas.

El mismo 14 en Santiago, Rafael Sotomayor, ministro del Interior envió un telegrama donde ordenaba al subintendente subrogante, si había desórdenes, procediera contra los instigadores y prestara amparo a personas y propiedades y reprimir de inmediato antes de esperar a que los desórdenes tomaran cuerpo, garantizando el respeto de la fuerza pública independiente del sacrificio de las masas trabajadoras.
Propuesta patronal

Cuando llegaron, en horas de la tarde las autoridades les propusieron una tregua de 8 días, tiempo para consultar a los jefes de Londres y Alemania, los trabajadores volverían y los patrones les harían saber la respuesta y luego les dejaban las manos libres para hacer la huelga. Los trabajadores se negaron, insistían en un plazo de 24 horas. Hubo la intervención de las autoridades tratando de levantar la huelga a conveniencia de las salitreras.

A la vez, otra serie de oficinas también se levantaron y decidieron irse para Iquique, participando en el mitin que había en Zapiga. Tal como lo expresó el autor de uno de tantos informes, llamaba la atención sobre cómo, a pesar de la gran cantidad de trabajadores que había bajado al puerto, no se optó por lanzar la huelga general y de solidaridad, que pudiera enfrentar con mayor contundencia al Estado defensor de los capitalistas.

Los opresores preparan sus garras

Sí, el Estado se preparaba para cobrarles a los luchadores su osadía, así, el día 16 el ministro ordena al Intendente de Iquique proceder bajo Estado de Sitio, prohibir la bajada allí e ir utilizando la fuerza necesaria para impedir su llegada, además, le informa sobre la llegada del Crucero Esmeralda y más fuerza pública, mientras ordena el alistamiento del Crucero Zenteno.

El 17, los luchadores organizaron los asuntos de logística y las decisiones para cuando fuera resuelta su problemática. A las cinco de la tarde llegó otro contingente de manifestantes. En la Plaza Prat hubo un mitin con alrededor de 6000 personas, luego irían a la intendencia, donde bajo las promesas de las autoridades, se retiraron. A las 8 de la noche llegaron unos 1200 trabajadores más, los días 18 y 19 seguían llegando más trabajadores. Alrededor de 12000 trabajadores ya estaban congregados en el pueblo, pero el compromiso era mucho mayor, alrededor de 40000, pero desde un principio, la decisión era que sería un movimiento pacífico. También llegó el Crucero Esmeralda.

Ya por el camino las autoridades empezaron a impedir el acceso a los trenes y de igual manera, en Iquique comenzaron las dificultades con los locales. El presidente de la Unión Mancomunal rechazó la invitación a vincularse al movimiento huelguístico, fue decretado el Estado de Sitio, del cual los obreros se enteraron la madrugada del 21.

Las autoridades pasaron la mañana tratando de “convencer” a los directivos, quienes, como dignos representantes de los trabajadores expresaron una y otra vez su decisión, no se irían con las manos vacías. Pasadas las 2 y 30, fueron colocadas las ametralladoras frente a la Escuela. Hubo media hora más de discusiones ante las cuales, los obreros manifestaron que preferirían dejar Chile a volver a la Pampa. Dos descargas fueron ordenadas, una hacia la azotea donde se encontraban los dirigentes del movimiento huelguístico y otra hacia la puerta de la Escuela donde se encontraba la inmensa mayoría. Luego la infantería entró masacrando a quienes trataban de salir y los lanceros se fueron recorriendo la Calle Amunátegui, lanza en ristre contra quienes huían de la masacre.

Y una vez más, la realidad no se conoce, las cifras de fallecidos son inciertas, lo cierto es que por un tiempo, la burguesía chilena acalló la lucha obrera, pero ante la persistente explotación y opresión, los luchadores una y otra vez han vuelto a levantar la cabeza. “De derrota en derrota hasta la victoria final” decía el presidente Mao Tse-tung y seguramente el proletariado de este hermano país reivindicará más temprano que tarde a quienes fallecieron aquel fatídico día en manos de los explotadores y de hecho, seguramente los levantamientos de hoy en día y la persistente lucha, dará el puntillazo final a tanto atropello como parte de la hora final en la que se encuentra el imperialismo.

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