Quizás, quizás, quizás

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Entre los debates sobre si las elecciones en Chile han servido para algo o no y entre si sirve para algo que los progres estén en los gobiernos o no (véase el caso español o el alemán) hay algo que se nos escapa, y no, no son los golpes de pecho de Lula por lo que no hizo y dice ahora que va a hacer. Es algo que me recuerda una canción entrañable del no menos entrañable Nat King Cole con este tipo de debates y lo que hacen, o no, los progres (si es que hacen algo): “quizás, quizás, quizás”.

 

Quizás sea buena la apuesta por el menos malo, quizás, quizás. Acaso, probablemente, tal vez sea buena esta apuesta. Quizás, quizás, quizás. Tiempo al tiempo.

Porque lo que se ve no es un quizás, sino una certeza: los progres han sido, están siendo, una gran tragedia como diría Marx. En “la primera ola progresista” cuando menos. Véase el caso latinoamericano y, cómo no, el europeo, esa Europa neocolonial que sige teniendo ínfulas de ser lo que hace tiempo que no es y que todos los gobiernos latinoamericanos, por ejemplo, se rifan para que de su visto bueno a las elecciones. No está mal, nada mal. Alguien debería releer (o leer, puesto que dudo que se haya hecho) a Frantz Fanon.

La moribunda Unión Europea, ese zombi que solo se mueve a impulsos estadounidenses, acaba de dar una muestra más de su no-vida, de su muerte cerebral y lo digo por los progres de aquí y de acullá: acaba de demandar a Rusia ante la Organización Mundial de Comercio por violar las reglas del comercio mundial porque… ¡Rusia ha buscado suministradores alternativos para los productos que hasta 2014 recibía de la UE!

A ver, ni sonriáis si quiera porque esto es muy serio: la UE sanciona a Rusia por la “anexión” de Crimea en 2014 y Rusia reacciona con sanciones similares, aunque centradas en productos agrícolas sobre todo. Es decir, los productos agrícolas europeos no llegan al mercado ruso. Rusia dice que aplica el ojo por ojo, pero la UE no se da por aludida porque, es sabido, nadie en su sano juicio puede no doblegarse ante los “valores occidentales” y ni mucho menos, responder casi igual. Véase, también, el caso de la respuesta china a la guerra de aranceles impuesta por EEUU. Inaceptable para Occidente.

Pues bien, la UE acaba, como digo, de presentar una denuncia contra Rusia por valor de 256.000 millones de euros por la “discriminación de bienes europeos a través de la política de sustitución de importaciones” y que eso, “viola las reglas de la OMC”. O sea, me sancionas, te devuelvo la pelota y el malo soy yo. Es como cuando hace años, en una conferencia sobre Palestina, una persona, sentada en primera fila, me dijo que yo defendía el “terrorismo”. Que según el derecho internacional vigente (que no “el mundo basado en reglas” del que habla ahora Occidente, y de eso fue el circo con animales amaestrados organizado por Biden sobre la democracia) los palestinos puedan recurrir al uso de la fuerza armada contra el ocupante, y que eso sea legal, “siempre que no se emplee contra civiles”, según la expresión textual del derecho internacional, es terrorismo. O sea, que tú te metes en mi casa, en mi cocina, incluso en mi cama y yo te doy una bofetada y el terrorista soy yo. Pues muy bien. Pues eso es lo que acaba de hacer el zombi europeo: acusar a Rusia por defenderse.

La denuncia de la UE (y digo que no vale reír) añade que “durante varios años Rusia ha estado desarrollando medidas que infringen gravemente los intereses de las empresas de la UE”, por lo que para que la denuncia no siga adelante en la OMC “pide a Rusia que levante las restricciones”. ¿Y quién ha salido a defender al zombi? El gran patrón, EEUU. Tampoco vale reír cuado leáis que el argumento es que “la sustitución de importaciones y preferencias por bienes y servicios de producción nacional es una salida de Rusia de las reglas de la OMC”.

A ver si lo pilláis: la producción nacional está en contra del “libre comercio”. ¿A que no oís a los progres, en este caso españoles y alemanes? Quizás, quizás, quizás digan algo al respecto. O no.

EEUU sigue: “Los principales reclamos de EEUU y de sus aliados europeos están relacionados con el hecho de que Rusia otorga preferencias por bienes y servicios de su propia producción, implementa un programa de sustitución de importaciones, mantiene restricciones a las importaciones científicamente infundadas en el sector agrícola, expande el control estatal sobre la economía y endurece las restricciones comerciales”. Si no tenéis la boca abierta es que sois tan crédulos como los progres.

Por supuesto que nada de cómo se origina esta situación, las sanciones occidentales que se mantienen igual que las contramedidas. Por supuesto que los progres callan y que, quizás, quizás, quizás alguna vez digan algo, como que pertenecer a la OMC no supone ningún beneficio especial (o a la UE, ya que estamos, o ganar unas elecciones sin tocar el sistema económico). Que volvemos a la guerra fría es cada vez más evidente. Que la OMC es otro de los mecanismos de ese “orden basado en reglas” en el que Occidente quiere mantener su hegemonía es palpable.

Pero todo esto tiene una contra-lectura: ¿alquien recuerda cuando Occidente dijo que la economía rusa no iba a aguantar las sanciones? Pues ahora resulta que es la UE quien está sangrando, porque de eso va esta denuncia, porque esa es la cantidad que ha perdido la UE en estos siete años, desde que impuso las sanciones a Rusia a instancias del progre Obama, y que ahora quiere recuperar porque las finanzas están sangrando por la pandemia.

Quizás los progres españoles digan algo de tamaña estupidez. Quizás. Quizás los progres alemanes, Los Verdes, sean un poco menos estúpidos de lo que son (y acaban de presionar para que se cierre el canal ruso RT en Alemania) y quizás los progres del mundo mundial dejen de mirar con la boca abierta a los progres occidentales.

Quizás Nat King Cole haya sido “la primera ola” de cantantes de swing en castellano y quizás hay una “segunda ola” que quiere recuperar la esencia de la primera. En política, la primera ola de la marea rosa progre fue una gran tragedia, lo de la segunda está por ver aunque no pinta nada alentador. Y, por supuesto, esta segunda ola política progre no llega ni a los zapatos de la segunda ola musical que, aquí sí, recupera las esencias. Y también es rosa.

El Lince

 

Fuente: El Lince

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