El mundo pide paz y alimentos, la OTAN más armas y bases militares

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Solo entre enero y mayo de 2022, EE. UU. ha comprometido más de 40 000 millones de dólares en apoyo a Ucrania en el contexto de la guerra, y la Unión Europea más de 27 000 millones de euros; sin embargo, para afrontar la actual crisis de alimentos, Occidente ha aportado a los esfuerzos de la ONU apenas 5 000 millones de dólares

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Francisco Arias Fernández.— La pasada semana el secretario general de la Organización de las Naciones Unidas (ONU), António Guterres, alertaba que el mundo atraviesa una «crisis global de hambre sin precedentes», que afecta a cientos de millones de personas; una catástrofe provocada por la escasez de alimentos devenida de los impactos del cambio climático, los años de pandemia del coronavirus, la desigualdad, la pobreza, la crisis mundial, la guerra de Ucrania y las políticas de sanciones.

 

Insistió en que ningún país será inmune a sus repercusiones sociales y económicas, mientras auguraba que esta situación conllevará que se declaren varias hambrunas en 2022, y que en 2023 podría ser incluso peor.

Guterres ha insistido en los esfuerzos de la ONU por la paz en Ucrania y por desbloquear la exportación de alimentos y fertilizantes desde los países en conflicto, una de las causas principales de la estampida de los precios de los alimentos y combustibles, que ha profundizado la crisis actual.

El alto funcionario pidió que se alivie la deuda de los países pobres para ayudar a sacar a flote sus economías, y que el sector privado ayude a estabilizar los mercados de alimentos.

Por su parte, la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) reveló, en su reciente informe Perspectivas Alimentarias, que el costo mundial de las importaciones de alimentos aumentará en 51 000 millones de dólares con respecto a 2021, y que «es preocupante que muchos países vulnerables paguen más, pero reciban menos alimentos».

Mientras crecen los llamados a la paz, a atenuar deudas del Tercer Mundo, crear fondos financieros de la ONU para afrontar el momento crítico, a parar la guerra de Ucrania como fuente abierta de inestabilidad en Europa, a asumir políticas responsables contra el cambio climático y a enfrentar la inestabilidad migratoria global, la respuesta de Occidente es de amenazas y más confrontación, con aportes ridículos a la solución de tales desafíos y apostándolo todo a la guerra.

Cada pronunciamiento del Gobierno de Estados Unidos, de sus aliados más íntimos y de la OTAN, desborda prepotencia, injerencia y la irresponsabilidad de atizar aún más el conflicto en Kiev, y descubrir una velada declaración de hostilidad, sin mucha diplomacia, contra Moscú y Beijing.

Ese propósito hegemónico, imperial, proestadounidense y confrontacional lo puso de manifiesto, en la apertura de la Cumbre de la OTAN en Madrid, su secretario general Jens Stoltenberg, quien arremetió abiertamente contra Rusia y China desde sus palabras inaugurales, señalando a ambas potencias, con términos ofensivos, como los enemigos del presente: «regímenes autoritarios» que «desafían abiertamente el orden internacional».

Más que una Cumbre para arreglar los problemas que amenazan a la humanidad, sus proyecciones son de más armas, de ayuda militar multimillonaria para Ucrania, de incrementar el cerco de la OTAN contra Moscú; de aumentar gastos e inversiones en la industria bélica; de nuevas bases militares de EE. UU. en Europa; de más coordinación de inteligencia que de ayuda humanitaria para frenar flujos migratorios desde el «flanco sur» (nueva denominación); de más miedo para justificar nuevas sanciones concertadas contra rusos y chinos, con un arrogante discurso de guerra fría en tiempos de riesgos nucleares, cuando los líderes estadounidenses y británicos persisten en mostrar los dientes.

Solo entre enero y mayo del presente año, EE. UU. ha comprometido más de 40 000 millones de dólares en apoyo a a Ucrania en el contexto de la guerra, mientras la Unión Europea y sus bancos han aportado más de 27 000 millones de euros, según cifras del Instituto Kiel para la Economía Mundial, de Alemania.

Para afrontar la actual crisis de alimentos, Occidente no ha aportado a los esfuerzos de las Naciones Unidas más de 5 000 millones de dólares.

Como si fuera poco, los primeros anuncios de la delegación encabezada por Biden en la Cumbre de Madrid fueron que reforzará su presencia militar en Polonia, Rumanía, España, Italia, el Reino Unido y Alemania, además de en la región báltica. Asimismo, informó que «aumentarán» los despliegues rotatorios con blindados, aviación, defensa aérea y fuerza de operaciones especiales en el Báltico.

Mientras el mundo necesita y pide paz, reclama rebaja de los precios de los alimentos, de los combustibles y de los fertilizantes, redoblan los tambores de guerra bajo la batuta de Joseph Biden, Stoltenberg y del premier británico, quienes aprovechan la grave crisis que fomentaron con la guerra de Ucrania para consolidar aún más el expansionismo de la otan y los intereses geoestratégicos de Washington.

A contrapelo del hambre, de la muerte o de la Tercera y última Guerra Mundial (de exterminio nuclear), la Casa Blanca y Occidente persisten en impedir la paz pese a los elevados números de víctimas, gastos, impactos o crisis provocadas en el planeta, ya aturdido por la pandemia, sequías, hambrunas, migraciones descontroladas y otras guerras de rapiña o de despojo, a cargo del Pentágono.

Aunque algunos comentaristas estadounidenses y europeos describen crudamente los peligros potenciales de la actitud belicista de Biden y sus aliados, no esconden el peso que tienen, en todo lo que está sucediendo, los intereses del grupo del Partido Demócrata, que está centrado en impedir el regreso de Trump y de los republicanos, y necesitan de un conflicto de muchos voltios y gran tensión que les facilite situarse en la corriente «patriotera» que les permita ganar las elecciones parciales de noviembre próximo.

A propósito de los resultados de la Cumbre de Madrid, un comentarista español refería sin tapujos:

«La OTAN, que había sido diagnosticada de “muerte cerebral” por el presidente Macron, ha recibido un milagroso impulso expansionista (…). Si dicha expansión ofrece más seguridad está escrito en las estrellas, aunque sean las estrellas de la bandera americana, pues los gobiernos americanos han operado siempre según sus propios designios o intereses, unilateralmente, como hemos visto en Afganistán y en otros conflictos».

Fuente: granma.cu

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