Reunión Blinken – Petro: el imperialismo yankee clava más sus garras sobre Colombia

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El pasado 3 de octubre, Gustavo Petro se reunió con el secretario de Estado de los Estados Unidos, Antony Blinken. Los temas de los que hablaron fueron la implementación del Acuerdo de paz, la llamada reforma rural integral, la descriminalización de los campesinos cultivadores de la hoja de coca, sobre el fortalecimiento de la inteligencia colombiana para la lucha contra el narcotráfico, migración, Cuba y extradición, principalmente.

 

El secretario de Estado de Estados Unidos, afirmó que por medio de la USAID se impulsará la inclusión étnica, la innovación en agricultura y energías renovables, la seguridad en zonas rurales y la disminución de la violencia de género. Se mostró agradecido con Colombia por brindarles un estado de protección temporal a los migrantes venezolanos que han llegado al país. También se reunió con Francia Márquez con quien conversó sobre el capítulo étnico del Acuerdo de Paz firmado en La Habana. Ambos mandatarios se manifestaron a favor del encuentro cordial y positivo para la relación bilateral de dos países “soberanos” e “independientes”.

En realidad, la visita representa un recordatorio de los Estados Unidos a Colombia, en cabeza de ambos gobiernos, de la dominación que ejerce el país imperialista sobre su semicolonia, la cual continúa y se refuerza. Que Colombia es un país capitalista y en relación con el imperialismo, es un país oprimido, principalmente por el imperialismo estadounidense. Que a pesar de que la presidencia de Colombia esté en manos de una facción socialdemócrata reformista, las cadenas de dependencia económica, política y militar real entre el país del norte y Colombia, continúan existiendo a pesar de los discursos y palabrerías que emita Petro y su gabinete de un lado, y que en apariencia son recibidos de buena forma por parte del gobierno del carnicero Biden.

El apoyo de los Estados Unidos a diferentes programas sociales, al Acuerdo de Paz, en apariencia actuando como una potencia benefactora y padrina de un país oprimido por el imperialismo como Colombia, es apenas la máscara con que, de fondo, ocultan la dependencia real que existe por parte del país suramericano con los EEUU. El imperialismo yankee con esta visita, clava aún más sus garras sobre su principal presa en esta parte del mundo, y el gobierno genuflexo del Pacto Histórico lo recibe con alfombra roja. Y tan así es, que el gobierno de Petro, ni siquiera es capaz de exigirle a Biden que retire las bases militares que Estados Unidos tiene regadas por toda Colombia y que representan en los hechos, con el poder militar yankee, la injerencia directa de ese sector de los imperialistas sobre Colombia y Suramérica.

Los imperialistas, de diferentes países y a nivel mundial, ya están desatando una carnicería militar en unas partes como Ucrania; en otras los preparativos de guerra interimperialista avanzan como en la zona limítrofe entre China y Taiwan; y en otras, como en el cono sur de América, mueven sus fichas militares, políticas y económicas como parte de esos preparativos, y se evidencia por ejemplo, con la injerencia estadounidense en Colombia y la china, rusa e iraní en Venezuela, sólo por nombrar un ejemplo.

El capitalismo mundial está en crisis y el reformismo le ayuda en medio de su agonía a no perecer. Ese es el papel del Pacto Histórico con el imperialismo norteamericano en esta parte del mundo. Responde al carácter de la burguesía colombiana, socia y lacaya de los imperialistas, principalmente de los estadounidenses. El pueblo debe comprender que esta relación sólo puede traer ruina, muerte y destrucción en el momento en que se desate la guerra imperialista abiertamente, pues un enfrentamiento militar en esta parte del mundo sería catastrófico para los pueblos de Colombia y Venezuela, entre otros.

El “gobierno del cambio” refuerza la dominación yankee sobre Colombia. La clase obrera debe romper por medio de su organización y su lucha directa esas cadenas de dominación, levantándose violentamente contra las clases dominantes colombianas, socias y lacayas de los imperialistas.

La clase obrera es la única capaz de levantar un Programa realmente revolucionario, que rompa de raíz la dominación imperialista existente, pues ya está visto que el reformismo es más de lo mismo. La revolución es la única solución y se debe preparar, se debe organizar, iniciando por construir el Partido político de la clase obrera, de corte leninista, clandestino, de cuadros o dirigentes políticos revolucionarios profesionales, en medio de la severa discreción conspirativa para evitar los golpes de la reacción. Ese será el Partido que verdaderamente dirija un cambio real para las masas oprimidas del país.

1 COMENTARIO

  1. En Colombia es imposible la democracia si no se interrumpen los vínculos de vasallaje con los EE.UU. y se desvincula también al ejército colombiano de los acuerdos que lo convierten en carne de cañón para las guerras de la OTAN.

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