La vida bajo la ley marcial

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Se han producido cambios radicales en la RPD en las últimas semanas: la adhesión a la Federación Rusa y la declaración de ley marcial sin embargo, el principal tema de la agenda de la República sigue siendo la seguridad: la calma solo será posible cuando la línea del frente se aleje de la ciudad, solo entonces será posible hablar de una solución completa a los problemas, los viejos y los nuevos. ¿Cómo vive ahora mismo Donetsk y cómo lidia con los problemas humanitarios?

 

No había estado en la RPD desde hace más de un mes. Resulta que me fui de un Estado y he vuelto a otro. Sin embargo, esas transformaciones no han cambiado algunas cosas: a pesar de la unificación, aún tuve que pasar por dos aduanas y esperé dos horas en la cola. Hace unos días las estructuras de fronteras de la RPD fueron finalmente desmanteladas. Ahora mismo, hay un puesto de controla en el lugar, en el que la aduana rusa verifica los documentos e inspecciona los vehículos. Eso hace que las colas perdures. “Se ha hecho algo más fácil respirar”, afirmó un residente de Donetsk con el que coincidí en el cola. “Sentiremos que la unificación es completa cuando todas las barreras desaparezcan finalmente”.

Lo primero que llama la atención al entrar en Donetsk son las madres con niños e incluso bebés por las calles. Siguiendo lo que ocurre por las noticias, en Rusia están perplejos: “¿Sigue quedando alguien allí? ¿Se puede vivir allí?”. Sí, la vida es dura y peligrosa. Pero la población permanece ahí, son cientos de miles. Al mismo tiempo, el sonido de los cañonazos, que se puede escuchar en todas las zonas, no se detiene una sola hora. Se registran víctimas a diario, no hay excepción a esa regla. Solo a causa de las minas pétalo, más de 80 civiles han resultado heridos en los últimos tres meses según el Centro de Control y Coordinación.

El 25 de octubre, una de esas personas, un hombre de 76 años, murió durante un bombardeo en el cruce de Univertsitetskaya y Panfilov, prácticamente en el centro de la ciudad. Yacía en la escena de la tragedia junto a las ventanas rotas de un café, con su boina negra llena de sangre. A su lado había una botella de kéfir. Mi amigo Ruslan, que trabaja en una de las fábricas de la ciudad, también resultó herido ahí. Circulaba en bicicleta hacia su casa y se encontró en ese fatídico instante en aquel cruce.

“Un momento, un zumbido en el cielo, un silencio y acabas tirado en el asfalto”, explica Ruslan. “Un segundo en el que no te orientas, no te escondes… Tras la explosión, la gente corre gritando. Vi que mi mano derecha estaba cubierta de sangre, mi chaqueta estaba rasgad, pero podía mover los dedos. Me di cuenta de eso a pesar del shock. Podía volver a trabajar, estaba cerca. Me subí en la bici y seguí. En el puesto de control, el guardia dijo: “Estás herido, traeré una venda”. Me curó, me dio agua. Entonces empecé a sentirme mal. Fue cuando llegó la ambulancia. En el hospital resultó que la metralla había atravesado el brazo y rompió tres músculos. Pero el hueso está intacto. Todo está cosido. Todo está bien, hasta he tenido suerte. De milagro”.

El reciente decreto de ley marcial no ha cambiado nada en la RPD, todo sigue igual. Algunos artículos en el régimen especial han causado preocupación entre la población, como “la posibilidad de reclutar a residentes para realizar tareas de defensa, por ejemplo cavar trincheras”, o “requisar propiedades, incluidos vehículos, a cambio del consiguiente pago”. Pero prácticamente al momento de la publicación del decreto, las autoridades republicanas explicaron que “no habrá cambios drásticos y las libertades de la ciudadanía no será limitada. La República lleva ocho años y medio viviendo bajo la ley marcial. Ahora solo se ha hecho oficial”.

Una de las localidades que lleva experimentando ocho años y medio de ley marcial es Alexandrovka. Hay 300 metros a través de los campos hasta las posiciones ucranianas y tres kilómetros por la “carretera de la vida” hasta Donetsk.

“Es muy estresante, atacan cada día”, afirmó Konstantin Chaly, el alcalde, que ha resultado herido dos veces en los últimos dos meses. “El colegio, en cuyo sótano hay un refugio y que fue reparado y adaptado hace dos años, ha sido destruido y no puede ser reparado. El cuarto piso se colapsó sobre el tercero; el tercero sobre el segundo, etcétera. Pero el refugio aún hace su función: nuestra gente se esconde ahí a diario”.

Sigue habiendo muchos residentes en Alexandrovka. Pese al peligro, siguen siendo al menos 700.

“Hay buenas conexiones con la ciudad. Los taxis no llegan, es demasiado peligroso, pero hay transporte público: dos minibuses. Dos heroicos conductores arriesgan sus propias vidas varias veces al día. Me inclino ante ellos. No se rompen por nada”.

Una de las cuestiones que más apremian en Donbass en el agua. Actualmente simplemente no hay suministro. Desde febrero, la aglomeración urbana que incluye a Donetsk está cortada de su principal fuente de suministro: el canal Seversky Donets-Donbass, que se origina en Slavyansk.

En junio, con ayuda de constructores militares y compañeros de Moscú que acudieron a ayudar a los empleados de Voda Donbassa, lograron construir varios nuevos canales y hacer circular el agua desde tres reservas situadas en la parte central de la RPD. Pero el tiempo se acaba, solo hay reservas para el resto del año. Además, estas fuentes solo cubren alrededor de un cuarto de las necesidades de la ciudad.

“Estamos tomando las siguientes medidas de emergencia”, explicó a Izvestia Sergey Mokry, ingeniero jefe de Voda Donbassa. “Ha comenzado la instalación de una tubería subacuática desde Kipuchaya Krinitsa, que está situado a 35km al sur de Donetsk en la zona de Starobeshev. Con esa ayuda, podremos surtir a los barrios del sur de la ciudad. Con esta tubería, Donetsk podrá aguantar otros 150 días”.

¿Cómo se puede evitar una catástrofe humanitaria? Los expertos afirman que se está discutiendo un proyecto de tubería para transferir agua desde Rusia, desde el Don, a 200 kilómetros de distancia. En términos de coste y escala, su construcción es comparable a la del puente de Crimea, por lo que su construcción es difícilmente posible. La principal esperanza es que se recupere por lo militar el territorio a través del que pasa el canal.

La escasez de agua afecta directamente a la temporada de calefacción, que aún no ha empezado en la RPD (a excepción de las infraestructuras sociales). El principal motivo es la falta de agua en el sistema de calefacción. Actualmente se están perforando pozos para las calderas y tuberías en los patios de Donetsk, no hay otra opción. También se usa el agua sobrante de las minas. Se utiliza todo lo que hay.

A la razonable pregunta que se hace a la población de Donetsk “¿Por qué no os marcháis si estáis en peligro mortal a diario, si las condiciones de vida son tan difíciles”?, la población responde “¿Adónde? ¿Quién nos quiere?”, “Da miedo empezar de cero”.

En el teatro de la ópera de Donetsk trabajan varios centenares de personas: vocalistas, bailarines, músicos. Sin embargo, el teatro (como otras instituciones culturales) no actúa actualmente entre sus cuatro paredes: los eventos masivos están prohibidos. “Pero los artistas y músicos siguen reuniéndose, se mantienen en forma y ensayan”, explica Oxana Antonenko, directora del teatro. “No es una rendición, entendemos lo que necesitamos”. Según la directora, nuevas producciones y actuaciones de los artistas se realizan regularmente en pequeños locales de la ciudad o en giras en Moscú. “En primavera actuamos cerca de Mariupol con el programa En la calle con la orquesta”, añade Oxana. “Vamos a hospitales, colegios. En septiembre estuvimos en Moscú en el festival Ver la música, actuamos en el nuevo escenario del Teatro Bolshoi con el ballet Peer Gynt y en la ópera Las aventuras amorosas de Sir John Falstaff. Estamos preparando más programas para noviembre.

Elmira A., empleada del departamento local de historia de la Biblioteca Central de la República, afirma que hasta el verano estaba completamente segura de que nunca se marcharía de Donetsk, “ni se me pasaba por la cabeza”. Pero a principios de otoño, cuando quedó claro que la situación no iba a cambiar, se presentaron las dudas. “A veces incluso empiezo a hacer la maleta”, admite. “Pero siempre he tenido esta sensación: si me marcho, quiere decir que no he podido aguantar, que me he rendido. La ciudad es su gente. ¿Qué pasa si todos se van? Puede que esté mal, pero esta sensación se mantiene y, de alguna forma, me hace seguir adelante.

Fuente: iz.ru

1 COMENTARIO

  1. Certamente será dificil a vida vivida de forma opressiva, mas viver junto a nazis seria bem pior, e depois de tudo resolvido será novamente uma vida para viver em paz e alegria com a restante população dessas zonas libertadas, força a luta contina.

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