China con un 2022 de diplomacia reactivada

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El ámbito diplomático de China trascendió en 2022 por la reactivación de los contactos presenciales, pero también por la agudización de conflictos en las relaciones con Estados Unidos y Occidente que requirió precisar posturas en defensa de la soberanía.

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Yolaidy Martínez*.— A la nación oriental llegó un número importante de dignatarios y altas personalidades para dialogar con los anfitriones, tras dos años de pandemia de Covid-19, cuando las videoconferencias fueron la principal opción en los intercambios con el resto del mundo.

 

Con las 24 Olimpiadas y Paralimpiadas de Invierno en Beijing, China dio la bienvenida a 33 gobernantes, miembros de la realeza y dirigentes de organismos internacionales que, aparte de participar en la inauguración de los juegos, desarrollaron agendas oficiales.

Luego, durante el resto del calendario viajaron hasta aquí delegaciones de alto nivel de todos los continentes y especialmente noviembre fue bien movido con los periplos de los máximos líderes de Alemania, la Unión Europea, Vietnam, Pakistán, Cuba y de otros Estados.

En la agenda exterior destacó que el presidente Xi Jinping realizó sus primeras salidas desde 2020 y escogió como destinos a Uzbekistán, Kazajastán, Indonesia, Tailandia y Arabia Saudita.

Los viajes fueron oportunos para dinamizar los nexos estratégicos con cada nación, exponer las propuestas de China para superar los desafíos globales y regionales, ratificar posiciones y consolidar alianzas.

En esos periplos fue foco de atención el primer encuentro cara a cara entre Xi y el mandatario de Estados Unidos, Joe Biden, que aconteció en Bali mientras persisten los roces en diferentes frentes y mayor intensidad en el terreno comercial, tecnológico y por los contactos oficiales de Washington con Taiwán.

Se trató de otra oportunidad donde cada parte hizo acotaciones sobre sus posturas en asuntos de alta fricción como la situación de Taiwán, derechos humanos, libertad y democracia, si bien coincidieron en distender las relaciones.

La reunión tuvo lugar pocos meses después que los desencuentros entre ambas potencias tocaron niveles críticos por la visita a Taipéi de la presidenta de la Cámara de Representantes, Nancy Pelosi.

A ese incidente el gigante asiático respondió con una combinación de medidas diplomáticas, políticas, comerciales y militares. Éstas últimas incluyeron una semana de maniobras aeromarítimas a fuego vivo alrededor de la isla.

China interrumpió ocho mecanismos de diálogo y cooperación con Estados Unidos, sancionó a Pelosi y sus familiares, y a individuos, compañías y organizaciones vinculadas al secesionismo.

También suspendió algunas exportaciones e importaciones a Taiwán.

Aparte del contrapunteo de Estados Unidos, los nexos de China con Canadá, Reino Unido, Alemania, Lituania e India también atravesaron y despiden el 2022 con momentos de peligro.

Con Ottawa y las naciones europeas siguieron las discrepancias por cuestiones económico-comerciales, la injerencia en asuntos internos y un movimiento para reducir la dependencia de este mercado.

Respecto a India, se repitieron los enfrentamientos entre las tropas en zonas fronterizas bajo disputa, aunque con menor intensidad que las escaramuzas de hace dos años.

En este diciembre, como añadido, emergieron discordias con Nueva Delhi, Japón y Estados de Occidente por la decisión imponer controles antiCovid-19 a viajeros procedentes de China, que simplificó sus medidas sanitarias pero experimenta un rebrote violento de la enfermedad con millones de casos diarios y muchos muertos.

Si bien Beijing se mantuvo firme en la protección de sus intereses, soberanía y seguridad ante cada una de esas diferencias, dejó las puertas abiertas al diálogo, insistió en soluciones negociadas y salvar la cooperación mutuamente beneficiosa.

También optó por seguir adelante con su política de reforma y apertura, y apuntalar las alianzas con zonas prioritarias en su agenda exterior, como el resto de Europa, Rusia, África, el Sudeste Asiático, Medio Oriente, América Latina y El Caribe.

Mientras se agudizaron las relaciones con Occidente, China sostuvo contactos con altas autoridades de esas regiones, planteó alternativas de desarrollo y cooperación, así como la necesidad de trabajar juntos por la salvaguarda del multilateralismo y el libre comercio.

Esos consensos primaron en la cumbre de dignatarios del grupo Brics (Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica) y en otras reuniones temáticas del bloque que organizó Beijing durante el año, como su presidente temporal.

Al decir del ministro de Relaciones Exteriores, Wang Yi, la labor diplomática de China en 2022 fue desafiante y requirió adaptarse a cambios, encarar adversidades e irrumpir en nuevos terrenos.

Las proyecciones de la agenda exterior en 2023 serán profundizar la política de reforma y apertura, sin buscar aspiraciones expansionistas ni poner en peligro a otras naciones, mientras se avanza en el desarrollo por el camino pacífico.

Igualmente, desea unir fuerzas con el resto de la comunidad internacional para enfrentar y resolver problemas como el cambio climático, la seguridad alimentaria y la paz. Pero al mismo tiempo, será otra etapa de lucha para “defender los principios y realzar la moral”.

“No toleramos en absoluto el perjuicio de los intereses medulares del país, la violación a la soberanía y la integridad territorial, ni el sabotaje contra la gran causa de la reunificación de la patria y la revitalización de la nación china, esto es la determinación, fortaleza (…) y la noble cualidad de la nación china”, acotó el canciller.

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*Corresponsal jefa en China de Prensa Latina

 

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