Crónica: Semilla de la Memoria Histórica y Antifascista en Kanpezu

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Juanjo Basterra, kazetaria eta m. soziala * E.H.— Se han completado dos días de repaso de la Memoria Histórica y la lucha antifascista en Kanpezu con la implicación directa de Kanpezu Antifaxista. Se ha puesto la semilla para avanzar en el reconocimiento. El primer día con la intervención de Edu González, miembro de Sare Antifaxista, que expuso en una charla “Dos décadas trabajando la Memoria Histórica en Euskal Herria”. Hizo un repaso para llegar a la conclusión de que “nos robaron nuestra Memoria Historica”. El segundo día fue una sesión musical ‘antifa’ en Oxido en la localidad alavesa.

 

Durante la charla se pusieron varios casos “sólo con rascar un poco” de personas que lucharon o fueron fusiladas en aquella zona y sobre la que se puede profundizar para llevar la Memoria Histórica a primer plano, a la vez que se recordó que las diferentes leyes del Estado español sobre Memoria Histórica “no cumplen con los diez preceptos que la ONU fija” para lograr “memoria, verdad, justicia y reparación”. El representante de Sare Antifaxista dejó claro que “nosotros seguimos en la lucha” y “no queremos participar allí donde se dan codazos por salir en las fotografías”.

En Kanpezu, como en muchos lugares, se fusilaron, huyeron y se incautaron propiedades, etc de vecinos en y desde la guerra de 1936. Edu González expuso unos casos “que he podido localizar escarbando un poco”: Valentín Blasco Alberdi, natural de Los Arcos, fue fusilado en Kanpezu en 1936 y Félix Vergara Rodríguez, de Lodosa. Ambos figuran en el Parque de la Memoria de Sartaguda. También otras como Nicolás Estrada Pascual, del Valle de Lana, o Francisco Iriarte Iriarte, de Gandesa (Tarragona) cuyos restos fueron trasladados al Valle de los Caídos. Son datos que recopila de informes y trabajos de CNT de Gasteiz. O el de María Badiola Martínez, exiliada de guerra, primero en Francia “desde donde se embarcó en el Buque Sinaia con destino Veracruz (México). Recibió ayuda del JARE, Junta de Auxilio a los Republicanos a Francia, y no se sabe nada”. Son algunos ejemplos que Sare Antifaxista puso encima de la mesa para ir trabajando la Memoria Histórica en esa zona alavesa. Porque como recuerda el periódico requeté ‘El Pensamiento Alavés’, editado en Gasteiz entre 1932 y 1967, que se opuso a la Segunda República Española y al nacionalismo y que dio paso a la cabecera franquista ‘Norte Express’, “para nadie es un secreto que la simpática y risueña villa campezana era un feudo rojoseparatista. La labor funestísima de los secuaces de Sabino Arana y de Carlos Marx, no fue estéril. Esta villa de un recio abolengo carlista, se vio un día sorprendida y convertida en un fuerte, cerril y rabioso separatismo. Los nietos de aquellos bravos requetés que se batieron en las dos guerras carlistas, llegaron a avergonzarse de las hazañas de sus antepasados y a renegar de su sangre española”.

En el centro sociocultural de Kanpezu, Edu González hizo un repaso de hechos destacados en los 20 años trabajando la Memoria Histórica en Euskal Herria, contando algunos de los episodios que considera claves en esa falta de actuación real para reconocer y reparar los crímenes del fascismo. Retrotrayéndose a la muerte del dictador y la posterior evolución, recordó que la “falsa Transición” permitió una ley de amnistía que, aunque salieron presos a la calle, encerraba “una letra pequeña, que no se leyó y ocultó, en la que los criminales fascistas no iban a pagar por sus crímenes durante la guerra ni la dictadura”.

En este caso, recordó como familias de Nafarroa “azada en mano y cestos fueron a las cunetas a recuperar restos de sus allegados”. Hizo referencia a Bermeo por la Batalla de Matxitxako, a Otsoportillo y la zona de Sakana y otros ejemplos. “En los 70 y 80 la Memoria comenzó así. El ‘pecado original’ es que llegamos tarde. No pasó como en Argentina con las Madres de la Plaza de Mayo” porque a juicio de González “el reloj biológico” siguió funcionando y muchas personas testigos de los crímenes fascistas “han ido muriendo y a penas quedan supervivientes”.

En este relato, recordó que en Gernika en 1987 se realizó “en el aniversario de la Memoria un fiestón” y “parecía que iba a remotarse, pero sufrió un parón. Muy pocas cosas salían: algún libro, algún trabajo universitario…muy poco”. Con el nuevo siglo, admite que se va desmontando cada vez más “esa farsa” pactada en la Transición y comienza a salir la Memoria Histórica. Recuerda que el lehendakari Ibarretxe pactó con la IU de Javier Madrazo, “que le sonaba algo la guerra, pero sin mucha idea y pasando por encima de todos firmó el Decreto de Reconocimiento de las Víctima del franquismo, que pasaron por las cárceles y campos de concentración”. Sin embargo, ese decreto chocó con la realidad en “cómo podía demostrarse quienes pasaron por esos centros” ya que los registros estaban “cerrados a cal y canto”.

En esa trayectoria, Edu González recordó el nacimiento de Geureak 36, “nosotros, Sare Antifaxista, que aparecimos en 2004/2005 por la necesidad que veíamos de poner la Memoria Histórica en primer plano y lograr un reconocimiento sociopolítico de quienes lucharon en una guerra y por unos ideales frente a los fascistas”. Más tarde surge Ahaztuak 1936-1977, “donde se empiezan a realizar homenajes”. En este caso destacó la placa que colocaron en la Universidad de Deusto, “que tardaron poco en quitarla”. Ahaztuak recordó que fue “el mayor campo de concentración durante la guerra en Bilbao. Con la entrada de las tropas franquistas en Bilbao el 19 de junio de 1937 y la posterior rendición del ejército de Euzkadi en Santoña, el País Vasco quedó convertido en una inmensa cárcel, en la que, además, los pelotones de ejecución funcionaban sin parar”. No hay que olvidar que “el campo de concentración más importante fue el de Deusto, ubicado en el que hoy es el edificio de la Universidad. De aquí salieron los hombres que nutrieron los batallones de trabajadores, la mano de obra esclava que el franquismo empleó en las minas, en las industrias de guerra o en obras tan singulares como el aeropuerto de Sondika. Las cifras de estos hombres reprimidos son más de 9.000, que evidencian que detrás de los números existieron personas concretas, de carne y hueso, como se pone de manifiesto a través de las cartas que dejaron algunos prisioneros antes de morir”.

Como indicó González, esta acción generó bastante controversia, porque se trataba de imponer el silencio, que no lo lograron porque se intensificaron los homenajes. También se refirió a Euskal Memoria, “que se nutre de aportaciones cuando debiera, cumpliendo los principios de memoria, verdad, justicia y reparación, ser financiado por quienes generaron esa desfachatez”.

También recordó la coordinadora Lau Haizetara Gogoan, que fue un encuentro entre diversas organizaciones para llevar adelante la Memoria Histórica. En este momento sacó a colación al juez Garzón que “mandó detener a Franco, Primo de Rivera, el general Moscardó por la Guardia Civil. Sabía que estaban muertos, pero fue para quedar bien, porque en realidad esas actuaciones no llegaban a ningún destino”. Sin embargo, destacó que un gallego con doble nacionalidad, española y argentina, denunció los crímenes en el Estado español en Argentina. Edu González destacó, a partir de ahí, el trabajo que la jueza Servini y su equipo están haciendo, “lo que no ha hecho el Estado español”, analizando y poniendo en marcha querellas que “desde el Estado español se han ido metiendo por los crímenes del franquismo. Los procesos continúan en Argentia, aquí, no; no hay voluntad a pesar de las leyes aprobadas”.

En este amplio relato, el representante de Sare Antifaxista recordó que tras esa fase de silencio institucional llegó, tras las actuaciones desde Argentina, etc, una fase en la que “se dan codazos por salir en las fotos” como ocurre en Artxanda cuando se recuerda la caída de Bilbao por los fascistas. “Nosotros no nos pegamos por las fotos, nosotros estamos atrás con la pancarta reclamando la Memoria Histórica” y “no hacemos negocio político y económico de la misma”.

En este repaso, Edu González insistió en que las leyes de Memoria Histórica de Rodríguez Zapatero, de 2007, y la del Gobierno de coalición de Pedro Sánchez de 2022, “Ley de Memoria Democrática”, “no cumplen con el decálogo de la ONU” de “memoria, verdad, justicia y reparación”. Recordó el paso de los relatores de la ONU por suelo vasco y criticó que con leyes de esas vigentes “se siguen haciendo actos de apología del nazifascismo con total impunidad”. Recordó que en la CAPV aparece antes el Instituto Gogora, “que la ley, que sigue sin aprobarse”, y que, a su juicio, es “un chiringuito más del PNV como el Ararteko, Emakunde…”. En Nafarroa dijo que con Yolanda Barcina se realizó una ley sobre Memoria, pero “no se ha puesto en marcha por falta de financiación”, lo que dio paso después a que Uxue Barkos creara “un instituto de la memoria, similar a Gogora” y con “resultados similares”.

Para acabar, el miembro de Sare Antifaxista recordó que en Azazeta, cerca de Kanpezu, “participamos en los homenajes con Lau Haizetara Gogoan, porque son nuestros muertos y se lo dijimos a la cara a Urkullu”. Por eso, Edu González dijo en Kanpezu que “con esta charla abrimos una puerta para que se conozca la Memoria, también aquí y alrededores, porque estuvo el frente de Legutio, la cárcel de Orduña, los bombardeos en Areta Laudio, Orozko…”.

Se despidió contando como Félix Padín, un militante histórico de CNT, que vivió en Miranda de Ebro estuvo encarcelado en lo que hoy es el Parlamento de Gasteiz. Pero no hay ninguna placa que reconozca a quienes pasaron por ahí”. Por eso, dijo en el centro sociocultural de Kanpezu que “nos han robado la memoria” y llamó a trabajar “a pesar de que el reloj biológico está en nuestra contra para recuperar lo sucedido”.

Por último, recordar como Félix Padín escribía en sus memorias “ de ésta, fuimos a otra prisión, donde hoy se encuentra el Parlamento Vasco, en los Jardines de la Florida, aquí estuvimos unos tres dias, escoltados por los Guardias de Asalto, hoy es el día que cuando paso por allí, recuerdo la ventana donde tenía el camastro donde dormía. El día que nos sacaron de allí para ir a Murguía, dijo el sargento, desde hoy tener mucho cuidado, donde os llevamos os tratarán muy mal. Esto sería a mediados de Julio de 1937, nos hicieron subir a unos autocares y salimos rumbo a Seminario de Murguía, no entramos por la puerta principal, lo hicimos por la parte de atrás, junto a una tapia que tenía una puerta, al formar lo primero que nos dijo nuestro amigo el guardia, formar bien, no saliros de las filas y no hablar, que os pegarán y así fue como ocurrió, con uno de los compañeros”.

La Memoria oficial no marcha, pero sigue viva en los escritos, testimonios, recuerdos, cunetas y fosas de Euskal Herria y el Estado español, mal que les pese a quienes ampararon y amparan sus crímenes.

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