Inhumanidad creciente

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John Saxe-Fernández*.— A pesar de la oposición –hay que decir, tibia y convenenciera– de sus aliados en la OTAN, Estados Unidos está decidido a prolongar el conflicto alentando crímenes de guerra al decidir incluir en su ultima transferencia de armas a Ucrania, bombas de racimo, cuyo uso, desarrollo, fabricación, adquisición y almacenamiento están prohibidos desde la Convención de Oslo 2010, importante adición al derecho internacional humanitario, y ratificado por 111 países, no así por EU, Rusia y Ucrania. Biden informó que también, como el Reino Unido, enviaría uranio empobrecido.

Se intensifica así no sólo el conflicto, sino la voracidad y los costos civiles de una guerra convencional que es alargada, con riesgos de intensificación nuclear.

Enviar ese tipo de armas a Ucrania ante el agotamiento de los arsenales de EE.UU y aliados es una política sin reparos éticos, basada en lo que internacionalmente han sido declaradas como responsables de crímenes de guerra.

Según Branko Marcetic Los gobiernos de Reino Unido y EE.UU insisten en que el uranio empobrecido es inofensivo. Sin embargo, en documentos filtrados del Ministerio de Defensa Británico (1997) se reconoció que la exposición al mismo aumenta los riesgos de desarrollar cánceres de pulmón, linfático y cerebro. Según investigación de la Royal Society el uso de uranio empobrecido en Irak, por parte de las fuerzas de la coalición estadunidense (más de 300 mil municiones), desataron una explosión de cánceres y defectos de nacimiento en Faluya.

Un estudio en más de 700 hogares en la ciudad lo comparó con las secuelas del bombardeo de Hiroshima, con casos de leucemia notablemente mayores indicando así la tasa más alta de daño genético en cualquier población jamás estudiada. (EE.UU quiere envenenar a Ucrania para salvarla, Rebelion.org, 7/7/2023).

El uso del uranio degradado genera en la opinión pública la falsa idea de que este tipo de armamento nuclear se puede confinar al espacio de conflicto. Desde luego que no es así. ¿Qué pasa con las bombas de racimo? Matan indiscriminadamente, sobre todo a civiles, y de manera abrumadora a niños (40 por ciento de las víctimas) atraídos por los cientos e incluso miles de minibombas de atractivos colores que confunden con juguetes. Estas armas se mantienen explosivas muchos años después de terminado el conflicto. (Reuters, 2/12/2008).

Este armamento fue utilizado por primera vez en la Segunda Guerra Mundial y después por 15 países más. Entre 1964 y 1973, EU dejó caer aproximadamente 260 millones de municiones de racimo en Laos, Vietnam, que a decir de Jacinto Anton tiene el siniestro récord de país más bombardeado por EU, pero de los millones de toneladas de bombas, 30 por ciento no han explotado… aún. Los efectos dañinos a la vida y salud humana se extienden en el tiempo dejando campos minados como en Colombia o en Nicaragua. En el sur del Líbano han quedado incontables bombas de racimo israelíes, 1.5 por habitante. Hasta ahora un porcentaje ínfimo ha sido desactivado. Estas bombas sin explotar son un legado mortal, harán falta 150 años para limpiar el mundo de bombas de la II Guerra Mundial (Jacinto Anton, La muerte llega del pasado El País, 17/10/2009).

Ante tales evidencias organizaciones como la Coalición Contra las Armas de Racimo, ciudadanos y gobiernos firmaron la Convencion de Oslo 2010, pero no todos los gobiernos han ratificado el acuerdo.

En su visita de 2016 al norte de Yemen, Amnistía Internacional encontró indicios de uso de municiones en racimo estadunidenses, británicas y brasileñas (¡!) por las fuerzas de la coalición dirigida por Arabia Saudita, pese a que su uso está prohibido .

Persisten las incongruencias. Ante la justificación de Biden de enviar este armamento, Jens Stoltenberg, secretario general de la OTAN, vergonzosamente dejó en manos de los aliados la decisión de suministrar este tipo de armamento a Ucrania ya que argumenta que no hay consenso y que, además, Ucrania lo usa para defenderse y Rusia para atacar (sic), como si las bombas pudieran discriminar entre rusos y ucranios, entre soldados y civiles, en vez de exigir la prohibición total de este tipo de armamento letal, peor aún, pese a que fue uno de los principales promotores de la Convencion en Oslo y de su firma cuando era primer ministro de Noruega.

Con este tipo de decisión (cada cual haga lo que le parezca), tomada al margen de la institucionalidad, se diluye la autoridad de la convención y que la posición ambigua de la ONU parece estar avalando, situación que, tratándose de crímenes de guerra, es inadmisible.

Hipocresía, falta de ética, de principios y humanidad es lo que ha caracterizado al actual liderato europeo para perpetuar la guerra, sin atisbos de ir preparando una agenda para la paz. Tan bárbara actitud que se generaliza refleja la deshumanizacion de la dirigencia política europea y estadounidense.

*Doctor en Estudios Latinoamericanos de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM). Primer premio nacional de periodismo 2008; Investigador nacional Nivel III; Coordinador del programa «El Mundo en el Siglo XXI» del Centro de Investigaciones Interdisciplinarias en Ciencias y Humanidades (CEIICH) de la UNAM.

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