Fidel camino a Vietnam: días memorables

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Esa carga de afecto y de gratitud (hacia Cuba y Fidel) ahora se expresaba en las calles, aceras y espacios públicos de una Hanói rebosada de pueblo, al paso del barbudo de verde olivo

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Fidel visita las zonas liberadas de Vietnam del Sur.i Junto a él, el primer ministro vietnamita, Phan Van Dong. Foto: Archivo Granma

José Llamos Camejo | Hanói, 1973.–El objeto que irrumpió bajo el Astro Rey, sobre el miércoles vietnamita, empezaba a modificar poco a poco su aspecto lumínico y diminuto, mientras descendía. Ya no es un punto que, centellea desde el aire, sino el avión que, desde un extremo de la pista, al filo del mediodía, busca la terminal del aeropuerto Gia Lam.

Los motores se detienen, la escalerilla se extiende; al pie de ella se abrazan las patrias de Ho Chi Minh y Martí. El afecto recíproco, la historia, la aspiración y hasta el enemigo común de dos pueblos se funden con el Sol, el calor y la condición tropical que los emparentan. Fidel y Pham Van Dong cruzan abrazos entre sí, y con los demás representantes de ambos gobiernos, presentes en la bienvenida.

Después, la caravana buscó la ciudad. Pueblo adentro, a lo largo de diez kilómetros, el Comandante regaló y recibió saludos y expresiones de simpatía. Entre los vietnamitas ya eran familiares los nombres de Cuba y Fidel, que desde el principio se mostraban dispuestos a todo, junto a los hijos de Ho Chi Minh, enfrentados a la intervención militar de Estados Unidos.

Esa carga de afecto y de gratitud ahora se expresaba en las calles, aceras y espacios públicos de una Hanói rebosada de pueblo, al paso del barbudo de verde olivo, que sonreía mientras saludaba con las manos en alto, y Pham Van Dong a su lado.

«Por primera vez, los vietnamitas usaban en suelo propio un carro descapotado para el recorrido de un dignatario extranjero», recordaría Nguyen Dinh Bin, quien trabajó como traductor en aquella visita.

LA COPA EN ALTO, UN BRINDIS POR LA AMISTAD

Dicen que al final de aquel día de septiembre, en la noche, tras una recepción de bienvenida, la voz afilada y febril del recién llegado derramó jirones de afecto, y que, solidaria y limpia, su mirada buscaba a los anfitriones: Le Duan, Truong Chinh, Pham Van Dong, Vo Nguyen Giap…: «fue un honor infinito este encuentro con el pueblo», reveló ante ellos el Comandante, en alusión a lo vivido en Hanói ese día. «En cada hombre y mujer –continuó entre aplausos–, en cada joven y anciano, en cada niño, veíamos un héroe de la resistencia patriótica, de la lucha por la salvación nacional, un forjador de la victoria».

Evocó «a los miles que dieron la vida por la patria», destiló gratitud hacia los héroes y mártires vietnamitas: «ellos lucharon también por los demás pueblos del mundo, por nuestro propio pueblo; Vietnam ha sido para nosotros ejemplo y aliento».

A esa misma hora, Chile sufría ensangrentado; no es difícil imaginar la indignación que la acerada voz de Fidel adquirió al evocar las noticias que llegaban de la nación sudamericana, asolada por un golpe de estado: «No se tienen noticias exactas de la suerte del presidente Allende, no se sabe si vive o si está muerto», dijo.

Luego recobró su entusiasmo, elogió la inteligencia, el valor y la obra de Ho Chi Minh, expresó el deseo de Cuba de participar en la reconstrucción de Vietnam, y en nombre de la Isla les ratificó nuestra solidaridad invariable: «allá, a las puertas de Estados Unidos, a 90 millas de sus costas, tendrán a su compañero, a sus hermanos de lucha».

Después, Fidel levantó su copa, hizo una pausa breve, y…: «brindo por los éxitos del heroico Vietnam, ¡por la eterna e indestructible amistad de los pueblos de Vietnam y Cuba».

EN BUSCA DE HO CHI MINH

Al día siguiente (13 de septiembre), Fidel, acompañado por Pham Van Dong, visitó el que fuera último hogar en vida de Ho Chi Minh, construido cuando las bombas yanquis llovían sobre Hanói. Cuentan que en el patio de la vivienda, el líder cubano se detuvo meditabundo, ante el espejo de agua en el que, con sus propias manos, el fundador de la nación vietnamita alimentaba a sus peces, y desde donde solía contemplar los atardeceres. Emocionado parecía el visitante en aquella casa que, orlada de naturaleza y leyenda, a primera vista resume la austeridad de una vida consagrada por entero a su patria y al pueblo.

Desde allí, el líder cubano se trasladó al Museo del Ejército Popular de Vietnam, donde tuvo lugar un animado intercambio entre dos estrategas del arte militar: Fidel y Vo Nguyen Giap. Auxiliados por una maqueta, repasaron los pormenores de la batalla de Diên Bien Phu, cuyo nombre identifica el sello que el héroe vietnamita colocó en el pecho de su interlocutor, al finalizar el encuentro.

La semilla da frutos medio siglo después. Somos dos pueblos «en las antípodas», como dijera el Tío Ho: «cuando uno duerme el otro sigue despierto», acaso para cuidarnos los sueños, el Comandante había sugerido la noche anterior, al resumir con dos adjetivos la hermandad entre Cuba y Vietnam: «eterna e indestructible».

Fuente: granma.cu

2 COMENTARIOS

  1. Buenas! Desconocía que Fidel había viajado a Vietnam. Conmovedor relato en estos días, que conmomeramos los 50 años del demoledor golpe de Estado pinochetista al gobierno de Chicho Allende, el compañero presidente. Extrañamente, Vietnam y Chile se caracterizan por sus poetas revolucionarios: Ho Chi Min y Pablo Neruda respectivamente.
    El mundo es redondo y no dejo de soñar con que algún día hocicará para siempre el imperialismo y Cuba, lagarto verde del Caribe se sacudirá el infame bloqueo yanqui.
    Gracias! Gracias! Desde San Juan, Argentina

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