Couso: “la élite rusófoba de EEUU” buscó debilitar a Rusia con el Euromaidán, “pero falló”

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Con el golpe de Estado de 2014 en Kiev, "la élite abiertamente rusófoba" de Occidente buscó debilitar a Rusia, pero falló, asegura el exeurodiputado Javier Couso. El político resumió cómo la UE torpedeó su propia credibilidad por Ucrania y se dejó arrastrar hacia la actual crisis por los intereses de EEUU.

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Sputnik te presenta la entrevista completa de Javier Couso, a 10 años del Euromaidán.

 

— ¿Por qué la UE quiso impulsar el acuerdo de asociación entre Ucrania y los países europeos? ¿Qué puntos particularmente importantes contenía? ¿Si se hubiera firmado inicialmente, será que la situación se habría desarrollado de otra manera?

— No se puede descontextualizar lo que sucedió hace diez años, sin recordar el intento también de injerencia en el año 2004, lo que se llamó la Revolución Naranja. Ahí tenemos, además, todos los elementos que luego confluyeron agrandados en el golpe de Estado del Maidán. Hubo una clara injerencia por parte de las autoridades de EEUU a todos los niveles: a nivel político, con declaraciones a máximo nivel, como también financiación en virtud de determinadas leyes que permitían fondos del Gobierno de EEUU para supuestamente promover la democracia en el espacio postsoviético.

Realmente, lo que hay detrás de ese acuerdo de asociación entre Ucrania y la Unión Europea, como todo acuerdo de asociación que tiene la Unión Europea, tiene bastante de injerencia. Es decir, siempre se obliga a reformas políticas, y realmente lo que era y por no ahondar en las reglas o los puntos partículares que tenía ese tratado, simplemente servía como una palanca para desligar a Ucrania de una buena relación con Rusia. Y así se hizo en todo el espacio postsoviético, por medio de esos acuerdos de asociación o por medio de esa reorganización de ese espacio por medio de movimientos injerencistas y golpistas, que se llamaron revoluciones de colores.

Si se hubiera firmado inicialmente y no hubiera habido pues una preocupación evidente para poder balancear las relaciones de un país como Ucrania, tanto como con la parte occidental —la Unión Europea— como con su parte este —el espacio ruso—, teniendo en cuenta, además, la composición cultural del país, una parte más cercana a Occidente, pero además levantando la bandera de un nacionalismo ucranio de tintes fascistas. Pero también la parte este del país, amplia, en la cual se quería mantener, pues, una relación clara con su vecino, porque cultural, étnicamente, lingüísticamente, son parte de esa cultura compartida.

Y luego lo vimos claramente, como el Gobierno que surge de ese golpe de Estado, primero Poroshenko y después el señor Zelenski, con leyes que no podrían ser aceptadas en ningún caso entre la Unión Europea. Y hablo de leyes lingüísticas o leyes que han modificado la historia del país, como la desovietización, o leyes étnicas que han convertido a ucranianos de primera y ucranianos de segunda, pues denotan claramente lo que había detrás de esa palanca que se utilizó con el acuerdo de asociación, cuando la mayoría del país y el Gobierno legítimo intentó realizar un acuerdo que favoreciera todas las partes que diversificara por los puntos de comercio de Ucrania, tanto con la Unión Europea como con Rusia y con su espacio geopolítico.

Ya han pasado 10 años del sangriento golpe de estado en Kiev. En aquel entonces, Occidente quiso resolver el problema de una vez por todas mediante este golpe en Ucrania, pero no logró sus objetivos. ¿Qué cree que ha fallado?

— Bueno, está claro que lo que ha fallado, pues, podríamos decir la ensoñación de determinada élite estadounidense abiertamente rusófoba y sus subalternas élites europeas que pretenden construir la realidad en base a su ideología. Una ideología en la cual el punto fundamental no es solo contener y debilitar a Rusia, sino incluso, como se viene teorizando desde hace muchas decenas de años, que Rusia debe ser troceada porque es demasiado grande y tiene ingente riqueza natural.

En toda la teoría angloamericana del poder, es decir, del Imperio británico y después de Estados Unidos, tanto en su bipolaridad como en su unipolaridad y luego su subalterna Unión Europea, está esa idea. Y de hecho tenemos pruebas evidentes. Hace poco, auspiciadas por el Parlamento Europeo y patrocinadas por estamentos de la Unión Europea, se han dado, por ejemplo, conferencias en las cuales se hablaba de trocear y dar independencia a diferentes estados y regiones de Rusia.

Con lo cual lo que falló es no entender que Ucrania es un país diverso, que es un país que tiene diferentes minorías culturales y lingüísticas, rumanas, húngaras y rusófilas, y tratar de imponer un nacionalismo ucraniano prooccidental, pero que curiosamente tuvo como punta de lanza elementos neofascistas o neonazis que reivindicaban el pasado atroz de los criminales de guerra nacionalistas ucranianos, como puede ser Stepán Bandera.

Entonces claro que falló totalmente. No se podía lograr esos objetivos de unificación étnica y lingüística de un país, y culturalmente, si no es a través de la guerra, como se intentó y de hecho pues vimos, hasta el inicio de la operación militar especial iniciada por Rusia. Es decir, de 2014 hasta 2022, más de 14.000 muertos por ataque directo de Fuerzas Armadas lideradas por esos grupos neonazis contra regiones de Donbás que se habían alzado contra este golpe de Estado, exigiendo su derecho a participar en una Ucrania diversa y poder seguir manteniendo su lengua materna como es el ruso.

Todo enmascarado en una operación antiterrorista, pero utilizando armamento pesado —artillería, lanzadores múltiples o bombardeos— contra su propia población. Lo dijo claramente Poroshenko: “nuestros niños en Kiev o en Leópolis van a estar jugando en los jardines y sus niños, los niños de Donbás, de Donetsk y de Lugansk, van a tener que estar en sótanos”. Eso es lo que ha fallado: no entender la diversidad y que hay una parte del pueblo que pertenecía a Ucrania en aquel momento, que no se iba a dejar pisar por un golpe de Estado, supuestamente proeuropeo y prodemocrático, pero que escondía la peor cara del fascismo y del nazismo.

— Los acontecimientos de los últimos años nos han demostrado con claridad que los acuerdos con los políticos europeos no valen nada. El protocolo de Minsk, por ejemplo, fue una cortina de humo para evitar la derrota inevitable de Ucrania en 2014 y facilitar su rearme con el fin de prorrogar y agudizar el conflicto, en vez de terminarlo. ¿Cómo sería posible garantizar el cumplimiento de los acuerdos entre Rusia y la UE en el futuro, teniendo en cuenta la hipocresía innata de la clase política europea actual?

— Bueno, se ha producido un daño terrible a la credibilidad diplomática y en la política internacional por parte de la Unión Europea y, sobre todo, de los grandes países que han tirado por la borda parte de su historia, y hablo de Alemania y de Francia. ¿Y por qué hablo de estos dos países? Porque en los Acuerdos de Minsk, tanto el 1 como en el 2, se creó lo que se llamó, sobre todo a partir del 2, el Cuarteto de Normandía, en el cual estaban representados Alemania y Francia, aparte de Rusia y de Ucrania. Y estaba claro que se negoció para dar una solución, en teoría, eso es lo que creía una de las partes.

Además, los Acuerdos de Minsk, yo creo que daban la oportunidad clara de lograr la paz y lograr una integración en una nueva Ucrania, que diera espacio a esa parte que estaba siendo reprimida militarmente y bombardeada directamente. Por lo tanto, hubo una parte que no actuó de buena fe, porque después lo hemos tenido en las declaraciones, declaraciones terribles para nuestra credibilidad como ciudadanos pertenecientes a la Unión Europea, por parte de Merkel y de Hollande, de que estaba claro que no iban a cumplir los acuerdos de Minsk y que lo que hacían es engañar a Rusia para poder seguir rearmando al Ejército ucraniano hasta convertirlo en el Ejército más poderoso de Europa.

De hecho lo hemos visto. La guerra continúa a día de hoy, se estima que más de 200.000 millones de euros han sido inyectados en ese Ejército, y está claro que para restablecer esa confianza pasarán muchísimos años.

Afortunadamente, la diplomacia tiene capacidad de restaurarlo, restaurarla con verificaciones por ambas partes y un seguimiento, pero yo creo que va a ser muy complicado. Esperemos que algún día la cordura y las buenas maneras dentro de la diplomacia lleguen a Europa y esta sea otra vez un socio de fiar para Rusia, que es uno de nuestros vecinos y con los que inevitablemente tenemos que tener relaciones.

— ¿Por qué Occidente sigue suministrando las armas a Kiev sin pensar en las consecuencias de sus acciones? ¿No le parece que más temprano que tarde la UE tendrá que pagar un precio muy alto por sus errores?

— Bueno, el Occidente colectivo, como se le denomina, es decir, Estados Unidos, la Unión Europea, Canadá, Australia, Japón y Corea del Sur, es decir, pues todos los países que están en la órbita de EEUU, tienen claro que tienen que seguir manteniendo el suministro de armas a Kiev para desgastar y contener a Rusia. Lo han dicho por activa y por pasiva.

Incluso ha dicho algún político estadounidense en activo que es el mejor negocio que han hecho Estados Unidos y Europa, porque ponen dinero y no ponen los muertos. En cambio, producen muertos y desgaste militar de Rusia. Por lo cual, lo peor es que estamos viendo que se han saltado una y otra vez durante estos dos años todas las líneas rojas que había puesto Rusia y, estoy hablando de los ataques a Crimea, la utilización de armas de largo alcance para atacar territorio ruso o el ir escalando en sistemas de armas, que lo que han hecho no es darle un vuelco a la guerra, pero sí han hecho alargarla y hacerla todavía más grave.

Cualquiera de esas escaladas podría llegar a la línea roja de que Rusia sintiera su existencia amenazada, con lo cual podría recurrir a su doctrina de defensa nuclear, lo cual es absolutamente irresponsable. Por eso hay que alabar claramente, muy pocas voces en Occidente lo hacen, pero yo me sumo a ellas, alabar la paciencia estratégica del presidente ruso y de sus estamentos militares y políticos de no hacer caso a estas provocaciones y mantener una operación militar de baja intensidad.

Y lo ha dejado muy claro: si comparamos los muertos civiles, que siempre son horribles en cualquier guerra, con los que se están produciendo por ejemplo en Gaza. El accionar del Ejército ruso no tiene parangón con las acciones militares que ha realizado, por ejemplo, Estados Unidos o está realizando ahora mismo Israel. Solo hay que comparar el caso de Irak. La invasión de Irak produjo a lo largo de su accionar, con los meses y años posteriores, más de un millón de muertos. O actualmente las 100.000 bajas civiles, entre heridos y muertos directamente asesinados, que se han producido en Gaza.

Yo creo que la Unión Europea está pagando un precio muy alto por esto, que yo no los llamaría errores. Es una política activa de confrontación con Rusia, una guerra de la OTAN contra Rusia, una guerra subsidiaria por medio de la carne, o podríamos decir, de las varias generaciones de ucranianos. Va a pagar, y está pagando, su ciudadanía está pagando claramente.

En el terreno político está pagando su falta de credibilidad y un desgaste económico terrible. Y lo peor es que otra vez tenemos una guerra en Europa.

— Observamos que en Ucrania se les está acabando todo sin la ayuda de Occidente. ¿El país tiene futuro? ¿Cómo lo ve?

— Ucrania, tal y como la conocemos, tiene un difícil futuro. De hecho, ya ha perdido más del 20% de su territorio. Es un país que sobrevive gracias a la ayuda exterior. Si no tuviera esa ayuda a nivel económico, financiero y militar, no podría sobrevivir. Y, además, queriendo ser el ariete para atacar a Rusia, no tiene ningún futuro porque, evidentemente, cualquier país, si se siente amenazado —y es una amenaza directa la inclusión de Ucrania en la OTAN o la posibilidad de poner vectores nucleares cercanos a la capital rusa, o otras regiones estratégicas rusas, que no darían tiempo a respuesta— echaría por tierra toda la doctrina de la destrucción mutua asegurada que nos ha proporcionado paz en el mundo durante bastantes años.

Evidentemente, Rusia tendrá que evitar que esas amenazas puedan ser efectivas de cerca de su frontera, aparte, por supuesto, de proteger a poblaciones que han sido expulsadas de ese proyecto de Ucrania y que han querido volver, como se ha demostrado en los diferentes referéndum, a formar parte de la Federación Rusa.

Por lo tanto yo le veo un mal futuro. De hecho si sigue con esta beligerancia y si sigue con esta amenaza podrá quedarse sin salida al mar y si no hay otra dirección política que quiera llegar a la paz, con seguridad para todos, creo que su futuro podríamos calificarlo como muy negro.

— El Gobierno de Fidel Castro en 2006 calificó a la Unión Europea de “lacayo” de Estados Unidos, pero desde entonces la situación solo ha empeorado. Ahora podemos hablar sobre la subordinación absoluta de la UE ante Washington, y la crisis en Ucrania lo confirma. ¿Por qué los intereses políticos y económicos de EEUU siguen siendo más importantes para Europa que los suyos propios?

— Bueno, la frase de Fidel Castro, un personaje histórico al que se le extraña, por su alta catadura a todos los niveles, políticos, morales y éticos, y sobre todo en su concepción de análisis geopolítico del mundo, tiene toda la razón: la Unión Europea es un lacayo de Estados Unidos, yo lo calificaría como una periferia subalterna. De hecho, la Unión Europea es un proyecto, lo dicen algunos historiadores y algunos analistas, exitoso de Estados Unidos.

Igual que la OTAN, que pone nuestras capacidades militares bajo mando estadounidense y la Unión Europea está bajo mando geopolítico estadounidense. Esto se produce claramente porque las élites que gobiernan la Unión Europea, que consiguen convencer a sus ciudadanos para que los voten, aceptan claramente ser subalternos de Estados Unidos, mientras ellos puedan hacer su política interna como les dé la gana.

Lo que pasa es que tienen es un planteamiento teórico y ético igual al de Estados Unidos. Pratican esa política económica, esa democracia liberal y ese neoliberalismo que realmente busca —y el globalismo, evidentemente— la sumisión de los Estados nación, la falta de soberanía y el crecimiento cada día de lugares opacos a la voluntad popular para favorecer los intereses de los emporios financieros, tanto lo industrial-militar como lo financiero por encima de los propios Estados.

De hecho, los países que pertenecemos a la Unión Europea ya no tenemos soberanía en moneda, ni en cuestión marcoeconómica, tampoco en la defensa, y a pesar de que nuestros dirigentes o nuestros políticos, nuestros presidentes defiendan que la Unión Europea y sus países tienen soberanía, tú te das cuenta cuando lo analizas con detenimiento, que siguen claramente la política y las indicaciones en materia de relaciones exteriores que les marca Estados Unidos.

Hemos aceptado en base a construcciones ficticias, en primer lugar que se necesita la tutela militar de Estados Unidos, por medio de todos los vectores nucleares que están desplegados en Europa frente a la construcción de una Rusia que es amenazante a Europa. Y luego también sabemos claramente y se ha estudiado cómo todos los intentos de una autonomía militar por parte de la Unión Europea han sido siempre torpedeados por Estados Unidos, y lo dicen claramente sus documentos. Por lo tanto es una desgracia, yo hablaría de dirigentes y presidentes y presidentas de los países europeos y de la Unión Europea que trabajan para una potencia extranjera, y para que sus naciones y espacio geopolítico no tengan autonomía.

La población de la UE diariamente tiene que pagar de su bolsillo por los errores de sus líderes en el ámbito geopolítico. El precio de la “solidaridad europea” ante el conflicto en Ucrania sube sin parar, lo que provoca el crecimiento de la inconformidad con esta política. ¿Es posible decir que la derrota de Kiev, o sea la derrota de la apuesta de Bruselas en este conflicto, podría provocar la descomposición de la UE?

Bueno, la población de la Unión Europea ya está pagando claramente esta locura del apoyo irrestricto por encima de todo a esa guerra y a una Ucrania moribunda. Hablábamos antes de más de 200.000 millones de los que se cree que la Unión Europea ha aportado la mitad. Además, se hizo en unos momentos en los cuales habían sufrido mucho las poblaciones después de las crisis, primero la crísis de 2008 de las grandes financieras que caían, posteriormente la crisis de la burbuja inmobiliaria y más tarde, para rematarnos, todo lo asociado a la pandemia.

De hecho se habían relajado dentro de la Unión Europea algunos de los estándares de la no-mutualización de la deuda o de que los países no se pudieran endeudar. Se creó además los presupuestos de recuperación de la Next Generation y curiosamente no se ha ido en pos de lograr una Unión Europea más igualitaria, de ayudar a que la precariedad bajara, sino al revés. Se ha mandado dinero a una guerra en la cual no tenemos ni un solo beneficio para los ciudadanos y ciudadanas que pertenecemos a la Unión.

De hemos visto como ha habido 12 rondas de sanciones que han sido prácticamente un búmeran contra la población europea. Al dictado de Estados Unidos nos hemos dado un tiro en un pie, sobre todo Alemania, en cuanto al acopio de energía barata por medio del gas ruso, el ataque a los Nord Stream 1 y Nord Stream 2 es evidente lo que ha producido, claramente con las sanciones a Rusia. Ya lo estamos viendo en Alemania, que era el motor de la Unión Europea, en recesión, y en toda la Unión Europea, una inflación y una subida de cerca del 30% en la cesta de la compra diaria.

Por lo tanto, lo que vemos además es que empieza a haber en algunos países una crítica velada a esta ayuda. Hay países que se quieren negar —lo que pasa es que la Unión Europea, evidentemente, y con el euro y con el Banco Central Europeo, es muy poderosa para poder doblegar a los países díscolos, lo vimos con Ucrania, lo hemos visto hace poco con Hungría, que es uno de los pocos países que se había negado a seguir participando en ello, pero claro, la amenaza de cortar las ayudas o la inyección económica es muy poderosa— pero yo veo que cada día (el deseo de negarse) está creciendo más.

Es cierto que en los países del sur no, pero en países como Alemania están creciendo opciones políticas que hablan claramente de que hay que recomponer nuestras relaciones con Rusia y que no se puede estar pagando a fondo cero a un país que desarrolla una guerra terrible, que manda su propia población al cadalso por cientos de miles —estamos hablando del Gobierno de Ucrania— y que además eso no sea beneficioso para la población europea, sino todo lo contrario.

Entonces yo preveo que va a haber muchas turbulencias, no solo en la Unión Europea, sino en la OTAN porque esta guerra se terminará y por lo que dicen todos los analistas será con una victoria de Rusia. Es decir, no habrán logrado lo que pretendían y aún encima ese pivote estratégico del que hablaba Brzezinski, que era Ucrania, pues era un Estado fallido y partido evidentemente entre una parte a la cual no se ha dejado pertenecer a esa Ucrania que debería ser multiple, diversa como era en su inicio.

Por lo tanto, yo creo que va a afectar claramente, todavía no determinantemente, pero sí en el futuro, tanto a la supervivencia y composición de la Unión Europea como a su moneda y como a la alianza militar, que no solo es de la Unión Europea, son 30 países, que significa la OTAN.

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