El especialista destacó que tanto la pandemia de COVID-19 a nivel global, así como los conflictos en distintas regiones, han provocado un proceso de aceleración en las tendencias geopolíticas.
«El BRICS no es un bloque nuevo. Nació en 2009, tiene 15 años, pero en estos últimos años hemos visto que se han incorporado 18 países (…) 13 ahora, 5 el año pasado. Y bueno, cada vez más países están buscando acceder», ahondó.
Schulz destaca los casos de Arabia Saudita y Turquía, este último integrante de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN), los cuales a pesar de ser aliados de Estados Unidos han optado por la alternativa de los BRICS.
«Están dejando de ser asociados al norte global y están pasando a construir estos organismos del sur global», puntualizó.
La XVI Cumbre del grupo de los BRICS se realizó del 22 al 24 de octubre en la ciudad rusa de Kazán. El presidente Vladimir Putin destacó que hubo un compromiso entre los Estados participantes para la construcción de un mundo más democrático y multipolar.
«Creo que eso es un poco lo que están discutiendo los BRICS hoy, cómo cambiar, y si uno lee la declaración final, hay un énfasis muy fuerte en el protagonismo que deben tener en este nuevo orden internacional los países emergentes y en desarrollo. Digamos, son clave para la construcción de la multipolaridad», consideró al respecto el experto.
Por otro lado, afirmó que los países emergentes y en desarrollo son actualmente los motores del crecimiento económico global, mientras que el norte global es financiarizado.
«Es un norte que, bueno, Estados Unidos ya lo sabemos, el dólar no tiene respaldo, depende de la impresión que hace la Reserva Federal, eso da lugar a burbujas especulativas, es decir, Estados Unidos representa el 24%, 25% del PBI global, pero ese porcentaje, gran parte, es economía ficticia, que no existe en la realidad. En cambio, los BRICS son economías que están asentadas en núcleos productivos, principalmente energéticos y de alimentos», señaló.
El peso del grupo de los BRICS tanto en la producción de alimentos como la energética ha puesto sobre la mesa la necesidad de crear mecanismos financieros que faciliten el comercio y que permitan avanzar hacia la desdolarización.


