Rumanía es la gran vergüenza de la Unión Europea, que se ha abonado al golpismo. Primero anularon las elecciones de diciembre que había ganado Calin Georgescu porque era “prorruso” y hoy le han detenido para que no pueda presentarse a las nuevas elecciones, que se celebrarán en mayo.
Junto con otros 27, el candidato presidencial fue detenido por la policía e interrogado por el fiscal, acusado de financiación ilegal de la campaña electoral.
La policía realizó 47 registros en los domicilios de sus allegados. Posteriormente, el candidato publicó un mensaje anunciando su intención de postularse nuevamente a las elecciones presidenciales de mayo y 30 minutos después, el vehículo en el que viajaba fue detenido en una carretera y le detuvieron.
El montaje consiste en involucrar a Georgescu en un caso contra Horatiu Potra, instructor militar y guardaespaldas del candidato, al que acusan de declarar en falso sobre la financiación de la campaña electoral.
Los medios rumanos han comenzado una campaña intoxicadora para justificar este segundo pucherazo electoral. Afirman que Potra tiene vínculos con Moscú y que han encontrado armas, municiones y grandes sumas de dinero en posesión de Potra y otros aliados de Georgescu.
No es casualidad que hayan detenido al candidato precisamente cuando se disponía a formalizar los trámites para presentarse a las próximas elecciones.
Desde diciembre los tribunales rumanos no han avanzado en probar la injerencia de Rusia en las anteriores elecciones e incluso han aparecido documentos que refutan esas acusaciones.
Ante la ausencia de pruebas sobre la financiación rusa, Bucarest ha recurrido a las medidas más extremas. Ahora han abierto un segundo proceso contra Potra, a quien acusan de destruir el orden constitucional. En realidad, son los tribunales quienes lo destruyeron en diciembre, al anular las elecciones.
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