En cierto modo, la IM resulta semejante a las radiografías de rayos gamma o rayos X, empleadas en medicina para obtener imágenes del cuerpo humano o en la industria para evaluar la integridad y la seguridad de las estructuras y sus componentes, explicó el físico de partículas Andrea Giammanco, quien colaboró con el reporte del OIEA.
Un sinfín de rayos cósmicos viaja por el universo a velocidades cercanas a la de la luz, compuestos por billones de partículas subatómicas, que bañan nuestro planeta segundo a segundo.
Tras chocar con la atmósfera, algunos se desvían hacia el espacio, al ser reflejados por el campo magnético de la Tierra; no obstante, una fracción logra penetrar la atmósfera y desencadena una serie de reacciones, las cuales generan una lluvia de partículas subatómicas, entre ellas los muones.
Al decir de los expertos, los muones son fascinantes, porque algunas de sus propiedades no siguen exactamente las predicciones de la principal teoría de la física de partículas, el modelo estándar.
A pesar de su peculiaridad, permiten analizar objetos de gran tamaño que no podrían estudiarse en un laboratorio, como las edificaciones antiguas, los volcanes e incluso los reactores nucleares, subraya el artículo del OIEA, coordinado por Artem Vlasov.
“No podemos verlos a simple vista, pero los muones se encuentran en todos los lugares de la Tierra, atravesando constantemente los objetos y los seres humanos desde todas las direcciones y a velocidades cercanas a la de la luz”, explicó el físico nuclear Ian Swainson.
Si bien son totalmente inocuos para los seres humanos, pueden penetrar cientos de metros de roca y ser un medio versátil para entender la composición y dimensión de materiales que de otra manera no podríamos percibir, abundó el especialista del OIEA.
Tras los primeros experimentos de los años 50 del siglo XX, la imagenología muónica registra actualmente un amplio uso; además de la pirámide del Sol en Teotihuacán, los muones sirvieron para examinar la estructura interna del Vesubio (Italia), cuya erupción destruyó la ciudad romana de Pompeya y otros asentamientos en el año 79 d. C.
Los investigadores escudriñan los procesos internos del volcán italiano para mejorar los modelos de predicción sobre probables erupciones futuras y sugerir medidas destinadas a proteger la población local, precisó el texto.
Entre los proyectos de investigación, el OIA también mencionó el estudio de un ciclón en Japón, así como de varios glaciares de los Alpes y, recientemente, de un reactor nuclear en Francia que está en proceso de clausura.