Lucas Brett. Así se protege China de una guerra financiera con Estados Unidos

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La elite de Washington sabe que su imperio se tambalea y está dispuesta a utilizar cualquier herramienta a su alcance para mantener su dominio global. Entre sus armas más letales está el dólar, que ha sido utilizado una y otra vez para chantajear y estrangular economías que desafían el orden neoliberal. Pero Pekín no está dispuesta a jugar según las reglas impuestas por Occidente y ha diseñado una estrategia maestra para resistir cualquier ataque financiero de EE.UU.

Desde hace décadas, EE.UU. ha usado su control sobre el sistema financiero internacional para someter a naciones que se resisten a su hegemonía. Las sanciones contra Irán, Venezuela y Rusia son ejemplos de cómo Washington manipula el acceso al dólar y al sistema SWIFT para aplastar economías enteras. China ha tomado nota y ha decidido no convertirse en la próxima víctima.

Su plan es claro: fortalecer el yuan como alternativa al dólar sin exponerse a los ataques especulativos de Wall Street. Pekín sabe que una liberalización total de su sistema financiero sería un suicidio, ya que permitiría a EE.UU. y sus aliados lanzar ataques como un sniping financiero que podrían desestabilizar su moneda y economía.

El sniping financiero es una táctica utilizada en guerras económicas para manipular los mercados financieros y generar inestabilidad en la economía de un país objetivo. Se basa en movimientos especulativos masivos, que buscan hacer caer el valor de una moneda extranjera.

Cuando una moneda sufre una depreciación repentina, los inversores entran en pánico y comienzan a retirar su dinero, acelerando la crisis. Este tipo de ataques han sido utilizados en el pasado contra países como Japón en los años 80 y contra los mercados asiáticos en la crisis financiera de 1997. China, consciente de este riesgo, ha diseñado mecanismos de defensa para evitar ser víctima de una ofensiva similar.

En este sentido, China ha implementado una serie de mecanismos clave para debilitar el chantaje financiero de EE.UU.:

  • Expansión del yuan en el comercio global: Pekín está firmando acuerdos para que más países utilicen el yuan en transacciones internacionales, reduciendo la necesidad del dólar. En 2024, más del 50% de las transacciones transfronterizas de China ya se realizaban en yuanes.
  • Desarrollo de una alternativa a SWIFT: China ha impulsado su propio sistema de pagos interbancarios, CIPS, que permite a bancos extranjeros procesar transacciones sin depender de la infraestructura controlada por EE.UU. Cada vez más países se están uniendo a este sistema para reducir su exposición a sanciones.
  • Control estricto sobre el sistema financiero: Pekín mantiene un control férreo sobre el flujo de capitales y ha prohibido el uso de criptomonedas que podrían usarse para evadir regulaciones estatales. A diferencia del caos desregulado del neoliberalismo, China prioriza la estabilidad y el control estatal de su economía.
  • Ocultación estratégica de reservas: Mientras Occidente presume de transparencia, China ha aprendido a jugar con inteligencia. Gran parte de sus reservas en dólares están dispersas en bancos estatales y otros activos, lo que dificulta cualquier intento de Washington de congelarlas en caso de sanciones. Algunos analistas estiman que China tiene hasta 6 billones de dólares en reservas, el doble de lo que reflejan los informes oficiales.

Aunque muchos insisten en la voluntad de China de destronar al dólar para reemplazarla por el yuan, la realidad es más sutil. Pekín no busca dominar el mundo con su moneda, sino asegurarse de que EE.UU. no pueda estrangular su economía y la del resto del Sur Global en caso de conflicto. No se trata de reemplazar la hegemonía del dólar con la de la moneda china, sino de construir un mundo multipolar donde el comercio internacional no esté sometido a los caprichos de Washington.

El sistema financiero chino sigue siendo menos abierto que el de Occidente, pero eso es una ventaja. A diferencia de los países que han caído en la trampa de la liberalización financiera impuesta por el FMI y el Banco Mundial, China mantiene el control sobre su economía y puede resistir la presión externa. Con cada paso que da China para debilitar la dependencia global del dólar, el poder de EE.UU. se erosiona. La estrategia de Pekín está funcionando, y el miedo en Washington es palpable. Las sanciones ya no son la herramienta todopoderosa que eran hace una década, y cada vez más países están buscando alternativas al sistema financiero occidental.

La era del chantaje financiero estadounidense está llegando a su fin. China no está sola en esta lucha: el Sur Global observa y toma nota. Un nuevo orden económico está en marcha, y Pekín está liderando el camino hacia un mundo donde Washington ya no pueda dictar las reglas del juego.

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