El 28 de agosto de 1978 significó en la ciudad de Matagalpa el inicio del derrocamiento de la Tiranía de Anastasio Somoza, el último marine yanqui en Nicaragua, pues la juventud se sublevó y se enfrentó virtualmente desarmada a los guardias somocistas.
Este jueves, decenas de militantes sandinistas de todas las juventudes rindieron honores al Héroe José Alberto Chavarría Castro, en la estela erigida en el sitio donde fue asesinado en la ciudad de Matagalpa el 28 de agosto de 1978.
El crimen de Alberto Chavarría
José Alberto Chavarría Castro, nace el 15 de febrero de 1953 en la comunidad El Naranjo, departamento de Jinotega, hijo de María Francisca Castro Mairena y Nolberto Chavarría, ambos campesinos empobrecidos. Tuvo cuatro hermanos y una hermana.
A los 14 años, Alberto Chavarría se trasladó a la ciudad de Matagalpa, a vivir con unos familiares y a los 16 años trabajó en la empresa de madera MADECASA.
Cursó la primaria en la escuela pública Rene Schick Gutiérrez y la secundaria en el Instituto Nacional Eliseo Picado, donde se organiza en la Asociación de Estudiantes de Secundaria (AES) y llega a perfilarse como un dirigente estudiantil nato. Fue uno de los jóvenes que la dirección del Instituto castigó por apoyar la huelga de abril-mayo de 1978, exigiendo el cese del aislamiento de los prisioneros sandinistas Marcio Jaen Serrano y Tomás Borge Martínez.
Se integró al Frente Estudiantil Revolucionario (FER), organización intermedia del Frente Sandinista (FSLN) en donde le asignaron responsabilidades mayores y se forjó como cuadro político. La Guardia Nacional detectó su actividad y su liderazgo, por lo que lo vigilaban estrechamente.
El 28 de agosto de 1978, en las inmediaciones de la Colonia el Mazo, barrio el Progreso de la ciudad Matagalpa, la genocida Guardia Somocista secuestró a José Alberto Chavarría Castro y lo asesinó de varios balazos. Su cuerpo ensangrentado quedó tirado en la calle.
La población rescató el cadáver, lo cargó en hombres y lo condujo por las calles de Matagalpa hacia el combativo barrio Palo Alto, donde fue velado por su familia y centenares de jóvenes y vecinos.
Al día siguiente, el 29 de agosto con toda la ciudad insurreccionada, fue sepultado en el Cementerio Municipal de la ciudad de Matagalpa, en medio de expresiones de rabia y dolor de una gran multitud de matagalpinos, sobre todo jóvenes, enardecidos por tan vil asesinato.
Desde el día que asesinaron a Alberto, el pueblo de Matagalpa exhibió una expresión de coraje, valentía y rebeldía nunca vistas en la historia de lucha emancipadora de la ciudad.
La Insurrección de los Niños
Cientos de jóvenes matagalpinos, se levantaron en armas desde el 28 de agosto de 1978 y se enfrentaron a la Guardia Nacional. Estos muchachos con edades de entre 13 y 17 años con esta acción se anotaron en el libro de la historia que en todo el mundo se conoció como la “Insurrección de los Niños”.
Al frente de ese acto de la acción estaban los estudiantes del FER, que ya no soportaban las vejaciones y crímenes del somocismo.
Después que entra la Guardia desde Managua, el Batallón Blindado de Somoza, el Batallón de Contrainsurgencia venido desde Waslala y la Fuerza Aérea se da la retirada estratégica, pero ya queda plantada en la conciencia de los combatientes y de la población que aplicando y desarrollando una estrategia correcta, se podía derrotar el régimen somocista.
La masacre del Hotel Soza
El Hotel Soza, los combatientes sandinistas lo usaban como refugio ya que sus dueños y otros familiares estaban vinculados al FSLN y una de las hijas de sus propietarios, andaba combatiendo en la insurrección.
La Guardia entra disparando al Hotel Soza y asesinan a todas las personas que en ese momento allí se encontraban. Cometen una masacre con gente indefensa y desarmada.
Frente al hotel vivía Rigoberto Delgado Méndez, Jefe Político del régimen somocista en Matagalpa, quien comunica a la Guardia que “los muchachos” están en el Hotel, cuando allí no había ni un solo combatiente. La Guardia entra disparando y asesinan a Justina Arauz Matus de Soza, doña Tina, a un ingeniero, Harold Miranda Téllez, casado con Nidia Soza, hija de doña Tina; a Luis Alfredo Lacayo, originario de El Tuma, que por razones laborales se hospedaba en el Hotel; a Nubia Montenegro, de 16 años que allí trabajaba como asistente del hogar.